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19 de agosto de 2015

Perfecto

Lo vio a lo lejos y no lo podía creer. Casi que los años no le habían pasado. Permanecía igual, o acaso lo estaba mirando a través de los recuerdos. Tímidamente levantó la mano para saludarlo, pero al parecer no fue suficiente. Ese es el problema del centro los domingos, todo el mundo sale a la feria como si no hubiera otra cosa mejor que hacer. Y ahí estaba ella, con el corazón en la boca y las manos sudadas recordando. ¿Por qué fue que no funcionó? Enseguida, golpe de realidad. Es que nunca comenzó. Era casado. Punto final.

Volvió a su búsqueda de un regalo para un cumpleaños insignificante.

Sintió las manos tibias en su rostro mientras ella lloraba desconsolada. Ojalá todo fuera diferente. Él es mayor que ella un poco más de 10 años. Eran colegas de profesión y se encontraban casi que a diario en reuniones y demás. Ella lo vio y pensó que no tiene anillo, por lo tanto, soltero, churro e inteligente, es decir, posibilidades. Pero no, la unión libre existe y no pone argolla. Había atracción. Se hicieron amigos, quizá con esa excusa podrían pasar tiempo juntos, quizá al almuerzo o por las tardes, sin sentir culpa o remordimientos. Pero llegó el día en que eso no fue suficiente. Sintieron esa imperiosa necesidad de besarse, tomarse de las manos, besarse.

Quedó perturbada. ¿Qué habrá sido de su vida? Recorrió todas las posibilidades. Es que para un video, solo falta darle rienda suelta a una idea. Volvió a recorrer el sitio y entre el gentío no volvió a distinguirlo. Olvidó el regalo y comenzó a recorrer el sitio rápido pero sin demostrar la ansiedad.

Pero ella no pudo continuar. Al instante que puso sus labios sobre los de él, entendió perfectamente aquello de lo que todo el mundo hablaba, el amor. Sí, así de ridículo. Sentía que lo amaba profundamente, como si lo amara hace mucho tiempo atrás. Se detuvieron. Hablaron. Racionalizaron. Se repitieron las frases de cajón una y otra vez. Era imposible. Él era incapaz de dejar a la madre de su hijo, ella nunca le pediría que lo hiciera. Él nunca dijo que la amaba. Ella si le puso su corazón en la mano. Lloraron. Definieron que era mejor dejar de verse.

¿Y si, conserva el mismo celular? Buscó en su memoria, que era más buena de lo que cualquiera desearía, y precisamente lo recordó. Marcó el número. 

- ¿María José?
- ¿Carlos?

Silencio.

- Acabo de verte en la feria del centro. ¿Eras tú?
- ¿Dónde estás?
- Frente a las empanadas

Pasaron los minutos más eternos de la vida. Lo vio acercarse y con cada paso, su pulso se aceleraba. No pudo aguantar y los últimos metros corrió hacía él, con un impulso infantil. Se colgó de su cuello y lo abrazó tan fuerte, tan fuerte... que él no alcanzó a corresponderle.

- María José, te presento a Fabrizia, mi esposa.
- Ay, qué pena, perdona la emoción, es que tenía más de 10 años de no verlo. Mucho gusto, María José, pero claro, eso ya lo sabías.
- Mucho gusto. Eres mucho más linda de lo que te imaginaba.

¿Imaginaba? Hablaron de mi en algún momento, y ¿qué habrán dicho?

- Bueno, Carlos, subo al almacén, nos vemos en una hora.
- Perfecto. 

Beso seco en la mejilla y ella siguió su camino. Se sintió perdida. La esposa de Carlos se llamaba Mariana. 

La miró a los ojos, la tomó de las manos y le dijo perdóname, fui un cobarde.

- Quisiera saber qué debo perdonarte...
- No haber aparecido nunca más.
- Bueno, ese fue el acuerdo.
- Si, pero Me separé... y no te busqué.
- Seguramente no estabas listo. Creo que nunca lo estuviste.
- Seguramente esperaba en el fondo que lucharas un poco más.
- El que debía definirlo todo, eras tu, no yo. El de la situación difícil eras tu, no yo. Yo estaba ahí, esperando a que solucionaras y 10 años después de tanto silencio, apareces y está Fabrizzia. Siempre hay otra que no soy yo. Seguro en esta vida nunca será mi turno.
- No se trata de eso...
- ¿Entonces de qué?

No supo qué responder. En realidad, la vida lo había arrollado. Cuando menos lo pensó, la 'ruptura' con María José lo destrozó, terminó alcoholizado, agresivo con Mariana, como si ella tuviera la responsabilidad. Terminó solo y Fabrizzia apareció casi que a rescatarlo. Y merecía todo su agradecimiento, si no, su lealtad. Ella sabía toda la historia. Incluso lo alentó a buscar a María José, pero, en medio de su proceso de recuperación concluyó que si una historia sin comenzar lo había arruinado, como sería si de verdad hubiera existido.

- ¿Te conformaste?
- Si, esa es la palabra correcta.

Sintió mucha pena por él, pena por ella, pena por Fabrizzia. Miró al piso. Se sintió responsable. Intentó decir algo, pero ninguna palabra salió de su boca. Solo lágrimas, como esa última noche. Sintió sus manos tibias en su mejilla. 

- No llores, no vale la pena. Ya lo pasado, fue, y no necesitamos sufrir por eso.
- No es eso. Es que...
- Tenías la esperanza...
- No solo eso...
- Regálame una noche.
- ¿Y si no quiero solo una?
- Eso lo veremos.

Quedaron en verse en su casa. Sería así todo más tranquilo y podrían estar sin mayores complicaciones.

Lo recibió como se recibe a un extraño. Sirvió un par de tragos. Comenzaron a hablar en la sala. Él habló y habló y habló y ella parecía en otro planeta. Distraída, como sin mayor interés. Bebieron más de la cuenta. En un momento ella le dijo. No hables más. Déjame recostarme y acaríciame la cabeza. Él sabía que eso la tranquilizaba. Permanecieron así un rato, hasta que él sintió que todo se desvanecía.

A los dos días el periódico amarillista titulaba "LA HISTORIA DE ROMEO Y JULIETA LOCAL", y relataba la historia de dos amantes suicidas que habían sellado su amor, tomando una gran dosis de veneno.

La carta suicida de María José, escrita y luego desechada, decía:

No podría resignarme a verte partir de nuevo. Me pediste que te regalara una noche, te regalo toda la eternidad. MJ.



23 de junio de 2015

Un libro

Cargaba siempre en su mochila ese libro leído una y mil veces. Esperaba algún día sacar el valor civil para hacerlo firmar. Y no era tan difícil. Sabía perfectamente dónde tomaba café los miércoles a las 4:15 de la tarde o donde almorzaba los viernes a las 12:45 del medio día. Es más, muchas veces se sentaba en alguna mesa cercana solo para observar. Logró, incluso, saber que cuando se estresaba o tenía discusiones telefónicas acribillaba su bolígrafo contra la mesa, o que su plato favorito de fin de mes es la pasta primavera (básico).

Sus cómplices: los administradores del café y del restaurante. Siempre le guardaban la mesa, y la animaban para que de una vez por todas 'saliera del closet' y se le presentara a esa persona dueña, si no solo de su admiración, casi de su adoración. Ella se negaba insistentemente.

¿Era rara? Sus conocidos la calificarían así. Porque le tocó vivir en una sociedad donde ser retraído, tímido y con pocos amigos, adicta a los libros y a los festivales de cine callejeros, se convierte en un factor de definición de persona extraña. Pero eso no la perturbaba. Vivía tranquila entre sus textos, en medio de su trabajo como correctora.

Odiaba sus últimos tres libros. A veces pensaba que debió solo escribir el primero, máximo el segundo y retirarse a hacer otras cosas. Y odiaba a sus lectores. Porque seguían comprando todo lo que publicaba. "Es que si hiciera un texto bordado sobre calzones, hasta los comprarían todos", le gritaba constantemente a su editor, quien vivía feliz con los números de las ventas. "Si quieres escribir otras cosas, haz un diario, pero no dejes de hacer lo que nos da de comer", era su contraargumento.

Es que los años no llegan solos, y las crisis de edad son cada vez más comunes. El ser neurótico, entre los artistas es casi que un requisito. Y en eso no había error. Y cada mañana que se despertaba sabía que sus niveles aumentaban, tanto que a veces se preguntaba si era posible morir de neurosis.

Notaba con frecuencia a la misma mujer, leyendo a veces revistas, a veces libros. Algunos interesantes, otros no tanto. La verdad debe ser una extraña de pocos amigos, pensaba. Otras veces la inquietaba, pero siempre estaba pensando en cosas relativamente más importantes, como para no hacer una indagación más a fondo.

Su primera novela, era majestuosa. La hace vibrar cada vez que repasa sus líneas. El resto las leía bajo un eco de la anterior, y aún mantenía esa magia, un poco añeja, de la primera historia.

Alcanzó a ver a lo lejos que estaba leyendo su última novela. ¿Será que le gusta?, se preguntó. Llamó a la mesera y la interrogó sobre la extraña lectora de los viernes. Se limitó a responder "ella viene acá solo para verla a usted". "¿Es una fanática?" "Más que eso, muere de admiración".

Escribió en una hoja arrancada de su cuaderno: A veces me pregunto qué opinan los lectores de mis libros.

Cuando le entregaron el papel doblado en cuatro, no entendía de que se trataba. Al leerlo, comprendió perfectamente de qué se trataba. Su corazón dio un brinco, le sudaron las manos y su cabeza se hizo un ocho. ¿Celeste Watson quería saber su opinión? ¿Y ahora qué le respondo?

Notó que su escritora favorita la miraba insistentemente desde el otro lado del restaurante. Seguro quería, o necesitaba una respuesta.

Se levantó, caminó los pasos necesarios a la velocidad requerida para que no se notaran los nervios. Sacó de su mochila el ejemplar trajinado de la primera novela, las puso una al lado de la otra sobre la mesa y lo primero que atinó a decir fue: "La primera es magnífica, mi favorita sobre todos los libros de todos los tiempos... La  última, es una mierda".

Celeste levantó la mirada y sonrió. "Lo mismo llevo diciéndole a mi editor desde la tercera novela y no me hace caso. ¿Entonces por qué las sigues comprando?"

"Porque estoy esperando a que vuelva a sorprenderme, y eso solo lo puedo hacer leyendo todo lo que escribe."

Entendió en ese momento que era una leyenda. Comprendió con su sonrisa, que a veces lo que uno necesita es la verdad.



30 de enero de 2013

Abuelo

Para Rita, que es la prueba viviente de que aun hay personas que creen que las historias de amor, con finales felices son las mejores y que  a pesar de todas las cosas malas, el amor siempre va a triunfar.

¿Quién dijo que éste es un día para ponerse tristes? dijo Sebastián, al iniciar el discurso de despedida de su abuelo, Don Ricardo. Ante ésta afirmación los asistentes a la misa abrieron los ojos asombrados.

No lo es, continuó. Sencillamente porque mi abuelo murió más feliz de lo que muchos de ustedes imaginan. Murió rodeado de amor, de ese amor que le fue negado por muchos años en su vida....

Don Ricardo tenía 86 años cuando falleció. Era el típico viejo amargado, a quien la temprana viudez le robó la sonrisa en su rostro. Es cierto que no le faltaba nada. Tenía una familia mediana, con hijos y nietos, quienes se preocupaban por el viejo gruñón, tal y como lo menciona el protocolo: "llamada una vez entre semana; almuerzo familiar los fines de semana; acompañamiento para los chequeos médicos y celebraciones de cumpleaños".

Los días para él eran simples: Despertar, baño, desayuno solo, salir por el periódico a la esquina, darle una vuelta al parque. Volver a la casa, sentarse a leer la prensa, mascullar críticas al gobierno de turno. Cocinarse algo, almorzar, reposar, fumarse un puro, volver a salir sea al parque o al supermercado -dependiendo del día-. Llegar finalizando el día, ver noticias, renegar del país, y acostarse a dormir.

- Ser viejo y estar solo es lo peor que le puede pasar a uno. No entiendo por qué a Elvira se le dio por abandonarme tan pronto. Eso debe ser que algo malo hice y me tocó pagar con esta pena tan grande, repetía una y otra vez cuando alguno de sus nietos le preguntaba por su abuela.

Mi abuelo Ricardo, durante 35 años vivió extrañando y añorando a mi abuela Elvira, como si ella no le hubiera dado permiso de ser feliz nunca. Continuaba Sebastián con una gran alegría en su rostro, como si tuviera entre sus manos el mayor secreto del mundo.

Sebastián era el nieto favorito de Ricardo, no solo por ser el menor de todos, sino porque era el único que se interesó en algún momento en su colección de carros de maderas, completa, pero que dejó de crecer porque "el plástico nos invadió y nunca más se consiguieron carros de este tipo, mijito". Fue entre los carros, que Sebastián se convirtió en el único amigo de su abuelo, a quien le contaba sus historias durante sus visitas mensuales.

Pero, aunque un poco tarde, le llegó a mi abuelo la felicidad y el amor, de la mano de Emma. A quien ustedes no conocen y fue la compañera del último mes, el más feliz de mi abuelito.

Los asistentes no entendían nada, y la mamá de Sebastian, aun con la cara sonrojada, lo excusó. "Es que este niño tiene demasiada imaginación". "Pero Mamá. Es cierto..." Casi que a empujones, lo bajaron del atril.

Emma tenía 85 años cuando murió. Estuvo casada con su esposo por 55 años. Era feliz, si. Pero en algunas ocasiones, cuando caminaba de noche y venía la luna dibujarle una sonrisa al cielo, recordaba a Ricardo.

Y fue precisamente una de esas noches, en la que lo encontró. De casualidad, como pasan las grandes cosas de la vida en materia de amor.

- ¿A nombre de Ricardo Martinez?
- Sí señorita

Al oír el nombre se abrió paso entre las pocas personas que hacía fila en la caja.

- ¿Ricardo?
- Si.... 

Se quedó mirándola, a ver si la reconocía, pero ninguna imagen  venía a su cabeza.

- ¿Perdón? ¿La conozco?
- Soy Emma. Dijo casi que brincando de la emoción.
- ¿Emma? Silencio largo de esos incómodos
- Señor... Son 20.650
Sí, sí, señorita

Pagó y Emma seguía esperándolo al otro lado de la caja.

- Casi no te reconozco.
- Los años no han pasado en vano.
- Pero eres hermosa, igual
- Eso lo dices por compromiso.
- Crees que tengo cara de decir mentiras?
- De pronto algunas piadosas.

Emma había regresado a la ciudad hacía varios años, quizás con la esperanza de encontrarlo, motivaciones nunca reveladas en público.

Caminaron hasta la puerta de la casa de Emma. Intercambiaron números de teléfono y quedaron en almorzar algún día.

Sostenían conversaciones largas, llenas de recuerdos y risas.

- Es que han sido demasiados años. Ya me cansé de contarlos.
- Pero parece que fue ayer cuando nos dimos ese beso en la puerta de tu casa. Con tu mamá espiando por la ventana.
- No puedo creer que mi mamá haya hecho eso.
- También parece que fue ayer el día que me dijiste que tus padres se mudaban de ciudad y que debías ir con ellos.
- En esa época, vivir sola era casi que impensable.
- Y el correo, un desastre!
- Y así, perdimos el contacto.
- Y así nos casamos cada uno por su lado.

Se sentía raro. Ambos casi que habían olvidado cómo se sentía el contacto cariñoso con el otro. Les daba miedo dar el paso equivocado. Pero se sentía bien. Se sentía bien sentir esa adrenalina adolescente. Esa emoción en el estómago y esa sensación de ir volando mientras caminas.

Sí, era amor. De ese amor que todos queremos tener en la vida.

- Emma. ¿Quieres pasar el resto de la vida conmigo?
- ¿Me estás proponiendo matrimonio?
- Creo que ya estamos muy viejos para eso. Además, sin anillo no vale.
- ¿Entonces?
- Quédate esta noche y no te vayas nunca.

Una lágrima corrió lentamente por la mejilla de Emma.

- Sí! Claro que sí!
- No puedo creer que se nos haya ido la vida, el uno sin el otro.
- Lo que cuenta son las últimas cuatro semanas
- Las cuatro semanas más felices de mi vida.
- Y de la mía.

Se abrazaron, como se abrazan los que se aman de verdad. Y ahí, justo en ese instante, cerraron los ojos, para saber que la eternidad es el límite y que ahora, nada podrá separarlos.


**La Idea de esta historia nació mientras veíamos dos caravanas fúnebres por la autopista y con mi Amor, Cami, nos inventamos una historia sobre dos amantes que murieron de viejos, luego reencontrarse. 

20 de septiembre de 2011

All I Need

Él la amaba profundamente en silencio. Nunca fue capaz de decirle nada. Lloraba entre cuatro paredes. Sufría solo. Él la sentía inalcanzable. No era capaz de dar el primer paso. La contemplación era su consuelo. La miraba, la observaba, casi que la seguía. Pero no la tenía.

Ella lo amaba profundamente en silencio. Pero no era capaz de decir nada. Moría de la angustia ante el rechazo. Ella lo creía todo perdido. No era capaz de superar las conversaciones de amigos. Suspirar frente a su ventana era su consuelo. Lo miraba, lo observaba, casi que lo seguía. Pero no lo tenía.

Él tenía que hacer algo. Ella necesitaba hacer algo.

- Hola. Necesito verte.
- Hola. Yo también.

Ninguno de los dos entendía el afán, pero acordaron hora y lugar para verse.

Quiero decirte que... Dijeron los dos al tiempo y explotaron entre risas.

- Hoy me mudé. No podía seguir con Andrés en esta farsa

Él se quedó mudo. no podía creer lo que oía.

- ¿Cómo?
- La verdad es que me enamoré perdidamente de otra persona

Sintió que se ahogaba. ¿Sería posible?

- !Te amo! Dijo en un sobresalto. Sin pensarlo dos veces.

Ella palideció.

- ¿Qué dices?
- Sí. Desde hace mucho tiempo siento todo esto por tí. Te amo con todo mi ser.
- Pero... ¿A qué horas?
- Desde que te conocí
- ¿Y tu esposa?
- Precisamente hoy acabé todo con ella....

Ella lo miró con  los ojos aguados y agachó la cabeza.

En ese momento el supo que su historia de amor -la de ella- no tenía nada que ver con él.

Ella pidió perdón por haber enviado mensajes erróneos. Ella no se perdonó nunca el no haber comprendido la forma cómo la trataba su mejor amigo. Ella decidió ser feliz con otro, aunque a veces pensaba en su dolor -el de él-.

Él inició un largo camino por superar esta historia. Él jamás se perdonó el haber hablado sin pensar. Él perdió a su mejor amiga, su amor y su única esperanza. Él nunca dejo de amarla. No pudo volver a ser feliz.

2 de julio de 2011

QUIERO QUE ME QUIERA

Su vida se convirtió en una constante excusa. Porque esas, las excusas, eran la forma más viable que había encontrado, dentro de su torpeza característica para conquistar hombres. De no ser por las excusas, las posibilidades de tenerlo cerca, hablar, o recibir un mensaje suyo no existirían.

Llegó a ese nuevo trabajo, no solo llena de ilusiones por construir un nuevo proyecto de vida. el tema sentimental estaba descartado de plano. Su estrategia era concentrarse en lo laboral, para evitar desviaciones en su objetivo. Pero como el diablo es cochino y pone tentaciones en todo el camino, no habían pasado dos horas luego de haber pisado el piso 32 de su nuevo trabajo cuando lo vio.

Sí era como un sueño. Dibujado a su medida. Alto, con una barba de 2 días, que le daba un toque descuidado sin llegar a ser sucios, ojos expresivos, de esos que sonríen... Dientes perfectos, sonrisa divina... Brazos, pecho, piernas, culo...

Se quedó fría. Sus pies no respondían. Solo logró girar su cabeza en la misma dirección que él, trazando el recorrido del que en ese momento se convirtió su proyecto de novio. Por fortuna no fue evidente.

El resto del día no pudo pensar en nada más. ¿Cómo hacer para saber su nombre? ¿Quién es? ¿Me habrá notado?

Él no la notó al mismo tiempo que ella a él. Fue en una reunión de equipo en la que presentarían a la nueva estratega de la marca, una extranjera, bajita pero divina. Rubia, flaca, difícil de perder. Con un tono de voz particular, una mezcla de exagerado y tierno.

Durante la presentación se sonrieron. Y ella sintió que se enamoró. Se enamoró de sus ojos, de su sonrisa, de sus manos. A él le causaba curiosidad. Digamos que no le era indiferente.

- No sé... No sé!!! Me encanta!! Me mira y me muero
- ¿Pero han hablado?
- No mucho. Él es uno de los grandes jefes de acá. Está varios niveles por encima mio.
- Y eso ¿qué?
- Pues si fuera un mortal como yo, todo sería más fácil. Pero ¿cómo putas lo conquisto? ¿Cómo hago que me note?
- Sácalo de contexto. De la oficina donde es su centro de poder.
- ¿Cómo lo saco?
- ¿Almuerzo colectivo?
- Ese no almuerza con nadie.
- Mierda, jodido.
- Si yo sé jodida.


Cada conversación era para ella como ir al paraíso y volver. Hasta en los chats de oficina ella buscaba ponerle un tono coqueto, una frase tierna, una expresión de ánimo o admiración. De tanto en tanto ella notaba coqueteos, sonrisas con una intención, roces debajo de la mesa, que podían ser accidentales -o no-. Su corazón brincaba de la emoción, ella sonreía de vuelta, coqueteaba de vuelta, rozaba de vuelta. Y era feliz.




Pero pasaban los días. Las semanas. Ella tenía muchos logros en su trabajo. Uno tras otros. Felicitaciones van y vienen. Menciones van y vienen. Los proyectos iban creciendo. Estaba feliz, su plan inicial tomó su rumbo, y su proyecto de novio se fue desvaneciendo ante la falta de avances significativos.

Perdió el interés. Dejó de sonreírle, de mandarle mensajes tiernos. Dejó de intentar acercarse. Y él lo notó. Notó que ella estaba diferente.

- ¿Hola?
- ¿Cómo estás? ¿Qué necesitas?
- Qué agresiva.
- No agresiva ocupada.
- ¿Ya el trabajo no te deja tiempo para mi?


Entendió que tenía que ese era el momento preciso para atacar.

- ¿Acaso tu alguna vez tuviste tiempo para mi?

El silencio se tomó el chat. Y ella se sintió frustrada. No hubo más mensajes ese día.

Un viernes, de esos que no prometen nada, volvió de almorzar y encontró una nota en su escritorio. ¿Cena hoy? 


Su corazón dio un brinco. Le sudaron las manos.

Tipeó desde el celular. A las 8 en Punta azul -que era su restaurante favorito-

La conversación llevó a que de la cena pasara a tragos, de tragos a baile y del baile  a la cama.

Fue fantástico.

A la mañana siguiente lo vio a su lado, dormido, desnudo. Y quiso salir corriendo. Pero como era su casa, le tocó aguantarse. Volteó su cuerpo y le dio la espalda, a lo que él respondió persiguiéndola entre las cobijas. No le quedó otra opción que seguir durmiendo.

Al rato, él ya no estaba ahí. En cambio una nota "fui por algo de comer. Ya regreso, hermosa. Paul".


Brincó de la cama, corrió a la ducha, se arregló como pudo y salió.

Mientras bajaba los 5 pisos de su edificio envió un mensaje. "Lo siento, toca desayuno otro día, me tocó salir corriendo. Agnes"


Paul se quedó parado en la puerta de la panadería más cercana, con el desayuno en la mano, cuando vio pasar a una hermosa pelinegra, que se lo quedó mirando.

- Hola! ¿Quieres desayunar conmigo en el parque? le dijo
- ¿Por qué no?

17 de abril de 2011

TAL VEZ... QUIZÁS

Se sentaba horas interminables en el balcón de su casa. Era su costumbre. Llegaba el atardecer y pasaba sus piernas por debajo de la baranda, así las colgaba para sentir el viento pasar entre ellas. Apoyaba su casa, cerraba los ojos y escuchaba. No hacía más. Era el momento más íntimo que tenía con ella misma, era el único momento en el que no se sentía triste.

Un día pasando por ahí la vio. Casi que colgada del balcón. No pudo quitarle los ojos de encima. No entendía cómo alguien podía pasar horas en la misma posición. Convirtió esa casa en paso obligado de su ruta nocturna diaria, quería ver si lograba ver el momento en el que esa figura se levantaba y se iba, pero por más que intentaba, pasaban una, dos, tres horas y no sucedía.

No pensó que alguien pudiera percatarse de ella. Pero un día sintió una piedrita caer su lado derecho. Se sobresaltó y comenzó a mirar a su alrededor para entender qué sucedía.

- Hola! Hola! Hey, aquí abajo
- ¿Quien eres?
- No me conoces, pero...


No terminó de pronunciar la frase, cuando la vio esfumarse  entre las cortinas.

No dejó de caminar por la misma ruta, pero pasaron varios días y no la volvió a ver. Temía que algo malo hubiera provocado su interrupción de aquella vez, así que decidió hacer algo: Escribió una nota, la amarró a una piedra y por la mañana bien temprano la lanzó al balcón en cuestión.

Hola
Lamento mucho haberte espantado aquella noche. No era mi intención. Espero poder volver a verte. Mauricio


Ella al despertarse, vio la piedra en el balcón y la recogió. Sintió un sobresalto, pero no supo cómo hacerle llegar una respuesta al personaje.

Pasaron dos días sin noticias de ella. Y la extrañaba casa vez más. Era como si le hubiera quitado un pedazo a sus días. Insistió.

Hola
Me gusraría volver a ver tu cabello al viento durante el atardecer. 
Mauricio


Siguiente noche...


Hola
Vas a matar a este pobre cristiano de la intriga?
Mauricio


Siguiente


Hola
Como ya sabes me llamo Mauricio. Tengo 22 años y tu casa se ha convertido en mi ruta obligada. ¿Te gusta el mar, la luna y el viento? Son mis favoritos, te comparto un poco de ellos.
Yo

Y ella leía las notas diarias y sonreía. Sentía que ese extraño le estaba expulsando del corazón la tristeza, esa tristeza que se anida y que crees que va a acabar con tus entrañas. Pero no.

Hola
No tengo claros los motivos, pero siento que necesito saber algo de ti. Dame una señal si has recibido mis notas.
Mauricio


A la mañana siguiente vio ondeando desde el balcón una pañoleta rosa. Nada más. Su corazón brincó de la emoción, era como un niño a quien por fin le dieron permiso de comerse un chocolate. Y como era de esperarse, quería más. Quería volver a verla, tocarla, incluso besarla. Y mientras se le ocurría una manera de volver a verla, seguía mandando notas que ella leía ya no con una sonrisa, sino con un asomo de alegría, esperanza revivida y algo de amor.

Tenía algo de temor. Encarar a ese sujeto podría matar la magia, sin embargo, la curiosidad la consumía. ¿Qué hacer? Algo se le ocurriría.

Y mientras ella se decidía a salir por la ventana y a él se le acababan las ideas para más ingeniosas cosas. Las ganas iban muriendo.

Una mañana ella salió al balcón, y no la esperaba ninguna nota. Todo se volvió a oscurecer para ella, y ya ni suquiera el viento, el mar o la luna podrían consolarla. Tal vez, quizás, algún día regrese, se repetía una y otra vez.

30 de junio de 2010

QUE VIVAN LOS AMORES PLATÓNICOS

Sí, tengo que aceptarlo. Yo viví durante gran parte de mi vida de amores platónicos. Y sí, también estoy hablando de la época del colegio, y otro tanto en la Universidad.

Y sí, sufrí mucho por ellos. Ese sentimiento de frustración de amor escondido, de no poder hacer nada, y en algunos casos frustración porque cualquier plan de conquista terminaba en una ridiculez absoluta.

Pero eso ya no importa. Con orgullo grito hoy al mundo que ESTOY ORGULLOSA DE HABER TENIDO MUCHOS AMORES PLATÓNICOS entre los 12 y los 18 años. Puedo listar algunos:

-Paul: era como tres años mayor que yo en el colegio, y todos su amigos sabían que yo moría por él, lo que me hacía objeto de burla. Años más tarde nos cruzamos en un bar y me pidió perdón por hacerme sufrir tanto. Bueno, move on... yo no volví a pensar en él desde que se graduó del cole, y me hice una vida
- Daniel, recuerdo que era flaco y alto, pero ni idea más.
-  José Alonso.. moreno medio gordo y también alto... me acuerdo de él porque mis amigas del colegio aun me la montan por la traga tan maluca en la que estaba
- Carlos Parra: creo que hubo un cuaderno con varias notas de amor para él
- Miguel, el que más duró -como unos 4 años de traga, entre los 12 y los 16-, vecino de barrio, hoy gran amigo. Lo peor es que en un momento el destiempo nos jugó una mala pasada.

Y de  la Universidad, recuerdo al profe de historia social de la comunicación II y al de Periodismo cultura, hoy un reputado periodista y novelista, que mejor no menciono porque es casado (con una nena de mi edad) y no quiero morir rapada o asesinada...

Y no hago este recuento solo por recordar gratamente cuando era más pequeña y así como lloraba, me lavantaba. Cuando me "enamoraba" en cada esquina. Sino para agradecerle a todos esos personajes que pasaron por mi vida haciendo el papel de amores platónicos. Por qué? (tengo motivos, aun no me he enloquecido).

1. Mis primeras cartas de amor con un destinatario específico, pero que nunca fueron entregadas, se las debo a ellos (y menos mal todo eso terminó en la basura)
2. Toda la cursilería, empalagosería y estado rosa de mi vida, la descargué en esta serie de personas. Por lo tanto hoy ya puedo identificar el punto medio en estos temas
3. Gracias a mis amores platónicos supe que fue subir al cielo porque una persona te salude o medio sonría, aunque eso no significara la mínima posibilidad de tener algo con él
4. Los amores platónicos estimulan la creatividad y la capacidad de soñar. o no se han imaginado ustedes miles de situaciones con sus amores platónicos? Desde cómo lograr una palabra, hasta una salida formal?

Claro, que uno crece y comienza a buscar cosas más concretas. Comete errores y besa muchos sapos. Pero haber crecido sin haber pasado por la ilusión -sufrimiento - muerte lenta que implica enamorarse platónicamente, no tiene precio (aunque mejor que el enamorarse mutuamente con alguien!!!)