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27 de mayo de 2013

Bailamos


Salí del baño y la vi sentada en la mesa, sola, contemplando una copa de vino, como si en su interior se revelara el futuro. De fondo unos aplausos que se convirtieron en trompetas. lo tomé como la señal inequívoca de que era el momento perfecto. Con paso decidido, sin importar cuantas personas se contoneaban entre ella y yo. Me acerqué y le extendí la mano.

'Quiéreme, como te quiero a ti 
mujer, quiéreme
Quiéreme, como te quiero a ti 
mujer, quiéreme ...'


Me miró, con cara de no entiendo nada. Pero al final aceptó.

'Dime porque las mujeres tienen 
el alma de coco
Dime porque las mujeres tienen 
el alma de coco 
Cuando uno más las quiere, 
más a uno lo vuelven loco....'

La llevé a la pista, la atraje contra mi cuerpo. Bailaba delicioso. Sentí su perfume. Me dediqué a sentirla. El compás era perfecto.

- Soy Antonio
- Yo Margarita. 

Había entendido perfectamente hacia dónde iba.

- ¿Por qué estás sola?
- Hay días en los que no soportas a nadie de tu entorno y decides salir sola. A ver qué pasa
- Y ¿Qué pasa?
- Llegó un Antonio a sacarme a bailar. Y menos mal, porque es mi canción favorita.
- ¿Acaso eres mala mujer?
- No pero a veces me gustaría serlo.

Comenzamos así a conversar como dos extraños. Continuamos toda la noche entre charlas y anécdotas inventadas.

Fingimos para al final reafirmar que, a pesar de los nombres, somos y seremos uno para el otro.


18 de abril de 2013

Mi Jefe

Me siento completamente Bridget Jones escribiendo esto.
Estoy enamorada de mi jefe.

No pudo evitar soltar la carcajada al leer las dos primeras líneas del mail de su amiga. Mar está completamente loca.

Te debes estar burlando de esta afirmación. Pero es real y estoy muy feliz.. Voy a tratar de responder todas las preguntas que te podrían surgir con el siguiente relato. Y espero que no te mueras de algo (sea risa, rabia, envidia...). Pero como lo prometido es deuda, luego de muchos meses de ausencia, esta es mi última historia.

Aquí va...

Llevo dieciocho meses en esta empresa. No era el trabajo soñado pero si una forma de iniciar el camino que me llevaría a ese puesto ideal, en la empresa ideal. Tu sabes que soy de las que cree que uno debe ir paso a paso, hasta conseguir lo que siempre ha querido. Entré a esta productora por mérito propio. Tanto que a las entrevistas me fui de pantalón, pelo recogido y saco negro con cuello alto. Creo que te sabes ese detalle mejor que yo. Entré como asistente -osea mano derecha- de la gerente de producción de arte. Osea, en algún momento ese cargo será mio.

La vieja era una loca demente. De esas que no solo vivía de rumba en rumba, sino que hablaba gritado (sin ser costeña) y trabaja a todo el mundo de 'mi amor'. Y a mi, me tocaba cubrirle los guayabos, los retrasos, los incumplimientos... Claro, nunca me agradecía. Es que la odiaba!! la odiaba!! Perra!

En fin, la loca hace como unos cuatro meses renunció (aunque las malas lenguas dicen que la echaron) y comenzaron a buscar el reemplazo. Claro, como a mi se me alivianó el trabajo, pude tener una vida normal. Entonces me fui de rumba. (Ay... extraño salir contigo)... Me fui con un grupo de amigos de una amiga. Así, casual, de puro desparche. Entre 'mi grupo' no había nada bueno.

Yo ese día estaba en un estado de vulnerabilidad total: Con ganas, con unos tragos en la cabeza y depilada. Ese día tocaba conquistarse a alguien. El trabajo me tenía consumida, ni para una revolcadita me daba tiempo. Total, yo decidí que ese día sería mi noche.

Me fijé un objetivo... Claro que como ya hemos discutido en Bogotá, los manes solteros cada vez son más feos o más babosos, casi que no encuentro entre la multitud a un tipo digno de mi vulnerabilidad. Hasta que lo vi. En la barra -Sí Annie, cliché todo en esta historia es un chiclé-. Se estaba tomando lo que parecía un whisky en las rocas -que resultó ser un ron-.

Yo ya casi no me acordaba cómo ligarme a un tipo solo. Así que me aventé. Sin pensarlo dos veces. Me paré al lado de él en la barra. Así como en las películas gringas. Pedí un gin and tonic (tu sabes, ese es mi favorito y no me da guayabo) y volteé a mirarlo.

- Hola. Marcela, mucho gusto.  Y extendí la mano y le regalé mi mejor sonrisa esperando que él respondiera.

Estaba casi que sudando frío, marica! Annie, tu sabes que yo me cago del susto. Además, sentirse en una escena de película es como muy raro.

Total, me dio la mano. Así fuerte. Como sin miedo.

- Mucho gusto. Joaquín.

Además, tiene uno de esos nombres fabulosos. (Ya hablo como fan enamorada)

El tema para no hacértelo largo es que comenzamos a hablar. Pero no fue una de esas conversaciones como: "en qué trabajas" "qué estudiaste". No nada de eso. Fue algo como lo que te voy a narrar -y es que tengo la conversa pegada en el cerebro-.

Siempre me he preguntado por qué alguien va solo a un bar. ¿No es más fácil tomarse un trago en la casa y se evita uno una cantidad de pendejadas?
- Eso lo puedes responder tu. Estás sola...
- ¿Parece? No. Estoy con un grupo de gente por allá. Los amigos de una amiga.
- ¿Entonces qué haces acá?
- Vine por mi trago, porque allá están tomando whisky (y puse mi cara de 'esto es una seba me voy a vomitar') y me encontré contigo, todo solo. Y como tengo un alma caritativa... pues decidí que te iba a acompañar.
- Uy, ¿eso quiere decir que parezco un niño desamparado?
- Eso quiere decir muchas cosas. Pero si prefieres eso. Pues niño desamparado será. Ahora respondeme la pregunta.
- No dejas pasar una, ¿no?
- Nunca.
- Es que salí de la oficina, que queda aquí cerca. Me iba para la casa y pensé: '¿qué tal que la mujer de mi vida ande hoy suelta por ahí'?

En ese momento yo ya me quería morir. Annie. Tiene una sonrisa perfecta, una barbita de tres días fabulosa... ¿Y va y me dice eso? Seguro vas a pensar que soy una envideada. ¿Pero quién no se envidea?

Hablamos como un rato más. Babosadas y no tan babosadas como que es soltero, sin mucho tiempo pasa salir de ligue. Si última novia lo echó porque ella no era la prioridad en la vida de él. Contra eso, según dijo, uno no puede pelear. Cuando uno encuentra a la que es, se vuelve, la prioridad, el resto son paliativos para pasar los ratos de soledad acompañados.

No hijos. Trabaja en un canal de TV. y vive solo. No tiene ni gato ni perros. Todo tal como me lo recetaron.

Tres rones y tres gin tonics después...

- ¿Te vas conmigo o te quedas con los amigos de tu amiga?
- A esos ya los tengo descartados hace rato.

Me jaló.... Así como en las películas, marica. Hazte la imagen, Annie, por favor. Se paró de la silla, y se iba medio alejando, cuando le jaló del brazo. Y como sincronizados, terminé en sus brazos y nos dimos un beso. Y qué beso. No te voy a decir que el tiempo se detuvo y que solo éramos él y yo, porque eso no pasa. Pero si besaba delicioso.

Salimos de ahí como un par de adolescentes, recién fugados del colegio. Llegamos al parqueadero. Nos subimos en su camioneta. Y salimos hacia la casa de él. Claro que en cada semáforo o en cada pare nos comíamos a besos. El trayecto fue largo, aunque realmente era cerca.

Yo tenía un vestidito negro. De esos que siempre decías que eran mi mejor adquisición. Así que todo iba siendo más fácil desde el carro.

Llegamos al apartamento de Joaquín. Apenas cerramos la puerta, me cargó contra la pared y lo tenía duro, duro. Le saqué la camisa, en un afán. Hasta se le cayeron unos botones. No dejábamos de besarnos.

Esta Mar es la cagada. Me escribe este culo de mail largo, como si estuviéramos tomando café o cerveza. Por algo es mi amiga, pensaba Annie, mientras leía. Fue por algo a la nevera. A juzgar por la barra de desplazamiento la cosa iba para largo. Eso de estar a 15 horas de diferencia es difícil para tener una mejor amiga en problemas o con una historia para contar.

Entonces, Annie. Yo ya quería que me la metiera. Ya... pero én quería jugar. Me sacó el vestidito.  Y me hizo moverme hasta el sofá. Ahí me tiró y mientras yo yacía acostada con el corazón tan agitado que se me quería salir, y tan mojada que ni te cuento. Se quitó el pantalón y las medias -aplauso para los hombres que se quitan las medias sin que uno se lo pida-.

Se puso encima mio. Me seguía besando. La boca, las orejas, el cuello.. Yo comencé a gemir. Osea... como una loca. Bajó hasta mis tetas... y me chupó, más rico... Creo que se dio cuenta de mi ansiedad. Sacó su cosa... (Annieee se oye mejor hablado que escrito) Annie comenzó a reirse a carcajadas. "sí tenemos que cambiar esa puta palabra") y para qué que era perfecta. Me la metió. Primero pasito... así despacito... de esa forma que uno ya quiere morirse... o venirse. Y preciso. Tuve un orgasmo. Creo que era un orgasmo de ganas... Y él se puso como un loco. Y me clavó no sé por cuanto tiempo. Encima mío. En cuatro. En el piso. En la cocina. En el cuarto, en el baño...

Mar siempre y sus historias. Y lo deja a uno iniciado...

Terminó la noche. Y amanecimos uno al lado del otro, ambos con esa sonrisa natural de satisfacción absoluta, de deber cumplido... No hubo formalismos. Me paré de la cama. Me di una ducha. Me vestí y me fui. Él se despertó y con una naturalidad increíble me dijo. Puedes bañarte tranquila. La verdad, viniendo de él no me molesto la frase de 'permiso'.

Antes de irme, saqué un sharpie morado de mi bolso -No me preguntes por qué tenía un sharpie en la cartera. No sé, pero ahí estaba- Y ni corta ni perezosa en la puerta entrada le escribí: Fue fabuloso. Si quieres repetir, no tengo problema. Llámame y le puse mi celular.

Y así comenzamos. Me llamó a los dos días. Fuimos a cenar. Luego a comer... Y así era todo. Cita-sexo. Cita-sexo. No había llamadas de control. No había preguntas incómodas. Creo que ninguno sabía del otro, nada más de lo necesario. No habíamos hablado, o ni siquiera nos habíamos preguntado si esto iría para alguna parte.

Yo era feliz. Seguía haciendo méritos en mi oficina y seguramente me darían el trabajo de mi jefa. Estaba muy concentrada en eso. Así que Joaquín era la mejor forma de terminar mi día.

Entonces, pasó el primer mes. El segundo. Y comenzamos a intimar. Ya sabíamos cosas del uno y del otro. Incluso esas anécdotas vergonzosas que solo se sabe tu mamá y tus mejores amigas. (Algo así por el estilo de la anécdota de la vez que me vomité durante el acto principal del día de la poesía... Así, a ese nivel llegamos).

Ay no. Mar debería dejar de contar esas cosas.

Me daba consejos. Y yo a él. Los días pasaban de una manera maravillosa. Hablábamos todo el día. Estábamos pendientes el uno del otro. Nos fuimos convirtiendo como en novios, pero sin el rótulo. Yo estaba feliz. Muy. Como que todo marchaba.

Sin embargo -Claro porque no hay historias perfectas- citaron a reunión antes de ayer en la oficina. Yo pensaba que ese era mi día. Me compré un vestido nuevo, los zapatos perfectos. Me peiné, me maquillé. Yo estaba radiante.

Buenos días señoras y señores, hoy están todos citados aquí porque quiero presentarles al nuevo Gerente de producción de arte. Menos mal, Annieeee, menos mal no me levanté de la silla!!!! El Presidente de la Compañía iba a anunciar al nuevo jefe y ese no era yo. Se trata de Joaquín Steffens. En ese momento dejé de respirar. Volteó hacia la puerta y lo veo entrar. -Es que les encanta el dramatismo. Siempre anuncian al que llega, y el anunciado entra-. Ahí estaba él. Con su traje perfecto, la sonrisa perfecta. Y su perfume. Él estaba radiante. Y yo ahí. Sentada en la mesa, con mi vestido y maquillaje perfecto. Radiante. A punto de llorar.

Quería matarlo. Esa es la realidad. El corazón se me rompió en doscientos pedazos. Es difícil de explicar y voy a tratar de hacerlo lo mejor posible. El man con el que sales. Que te encanta y tira delicioso. Ese mismo que te hace reír a todas horas del día. Nunca. Nunca Nunca!!! Te comentó que había aplicado para el cargo que tú anhelabas, el que querías. Él, el que te levantaste en un bar, y que te conquistó con un par de frases baratas. Ese, ese mismo, se queda con el siguiente escalón en tu carrera por llegar al trabajo de tus sueños. Ese hombre, del que te enamoraste, está ocupando el puesto que debería ser tuyo.

Cuando lo vi entrar dejé de escuchar. Comencé a armarme el discurso en la cabeza de todo lo que le quería decir. Gracias a dios luego de esa reunión él tenía que entrar a junta y no le dieron espacio de que me diera la cara. Es que además el muy infeliz no me hizo ni un gesto!! ni un gesto me merezco.

Entré a mi oficina y lo primero que hice fue enviarle un mensaje: ¿Me explicas? y me respondió Comamos esta noche. Ok, le dije.

Annie, espero que no te esté aburriendo. Pero es que me haces mucha falta y creo que te mereces este relato completo. Ay mi Mar. Espero regresar pronto a Colombia para escuchar tus cuentos con un trago.

Pasó por mi a las 8 de la noche. Baja por fa, ya estoy en la puerta. Bajé, con todo un discurso armado en la cabeza. Un sermón de siete pisos. Lo iba a acribillar. No lo iba a dejar hablar. Iba a sacar la neurótica que llevo adentro.

- Hola. Y le puse la mejilla.
- Uy. Pero qué pasa
- ¿De verdad quieres que te diga que pasa?
- Te ves hermosa. 
- Me cambias el tema.
- Espera a que lleguemos al restaurante.

Durante todo el camino no hablamos. Yo estaba que vomitaba palabras. Me quería morir. Pegarle era poquito. Pero bueno,  no podía quedar como una loca. Al final por algo Joaquín estaba hablando tan tranquilo.

Nos bajamos en un lugar. Era cerca a aquel barsucho hediondo pero que nos encantaba como por la 80. ¿Te acuerdas? Resulta que era un restaurante. De esos que son muy chiquitos, todos cálidos. Típico de película de amor en Europa.

Éramos los únicos en el lugar. -Obvio, sino nos se completaría el cliché de esta historia-. Me corrió la silla, como los caballeros en vía de extinción, y me hizo sentar. Se sentó en frente mio.

- Te ves hermosa.
- Y dale...
- Y así suene muy culo. Nunca te había visto tan brava, ni un poquito... que te ves preciosa.
Y yo pensaba. Precioso le va a quedar esa jeta después de todo lo que le voy a decir.
- Yo sé que quizás estas sorprendida por todo lo que pasó...
- ¿Sorprendida...? Es que esa no es palabra... Estoy puta, histérica... Es que no lo puedo creer. me utilizaste... Y cuando me iba a despachar, me dice.
- Preciosa. Déjame hablar.
- A ver... pues...
- Tu me dijiste que tu sueñas dirigir una productora. Que tu seas la jefa... 
- ¿Sí y eso qué tiene que ver?
- Estuve hablando con Francisco. Van a dividir los negocios de The Fixer y van a abrir una nueva productora que se llame Scandal... tendrá un enfoque distinto... Y quieren una mujer para ese nuevo proyecto. 

Casi me muero en ese momento. No te imaginas mi Annie. Las cosas se habían conjugado. No lo dejé terminar. Le agarré la cara con las dos manos y le di un beso. Era quizás el beso más tierno y más honesto que había dado. Te amo, dije justo cuando había separado mis labios de los suyos. Yo  también te amo.

Apenas merecido. Mar es maravillosa se lo merece.

Terminó de narrar la historia. Cerró su laptop y dejó que todas las lágrimas corrieran por su mejilla. Annie era su mejor amiga. Y un día hizo prometerle: "Mar. Prométeme que antes de que me muera, me vas a dar una historia con el final más feliz para tu historia". Y esa era la promesa que le estaba cumpliendo a su mejor amiga de infancia, esa misma, a le que le quedan, a partir de ahora dos días de vida.


7 de marzo de 2012

Hace falta

¿No les ha pasado que quieren hacer chichí en la mitad de la fiesta en un bar cualquiera y resulta que no pueden y es ahí cuando se les amarga la fiesta?

Me pasó un par de veces. Y desde entonces me tocó adoptar una metodología poco ecológica y es forrar en papel el inodoro del lugar para no sentir que pego mi cuerpo contra el ligar más lleno de mugre, gérmenes, bacterias y porquerías provenientes de quien sabe cuántas personas. (ewwww)

Sé de amigas que orinan paradas, o en cuclillas. Otras que tiene vejiga con aguante olímpico.


A veces damos por sentado que las cosas son como son y no hay mucho más para inventar. Pero en este tema creo que  falta innovar más.

Es necesario mejorar los inodoros de los baños públicos para mujeres. ¿Por qué? Porque ser mujer y querer hacer chichí en un baño público es literalmente una mierda. 

Quizá los hombres podrán señalarnos y burlarse, porque ellos no deben pelear con el hecho de querer mear y no poder porque el baño les da asco. Orinar de pie es algo que no se nos da a muchas mujeres.

¿Por qué no hemos evolucionado en algo que nos permita a las mujeres orinar de pie sin salir encharcada en el intento?

Esto no es feminismo, es simple higiene, salud y comodidad. ¿Será que alguien se le ocurre alguito para que ir a los baños públicos deje de ser un castigo para las mujeres?

Debo dar el reconocimiento a Maria Clara, por darme la idea de este post.


24 de febrero de 2012

REGGAETON

Hace unos días me fui de rumba a un bar cualquiera. Era el viernes de guacherna en Bogotá y debo confesar que llevaba más de dos meses sin ir a un sitio de rumba. Bailé la salsa, el merengue y todo lo de carnaval que sonó. Hasta que llegamos a la tanda del reggaetón... El problema no es la música, porque la canto y la bailo sin problema (no soy muy sofisticada para el tema musical), pero me sorprendió al oir lo que sonaba.

Te miro y te imagino
con ropa haciendo el amor
En la disco bien arizco...
Con ropa haciendo el amor...


Bueno, de música mala está hecha el mundo, pero ¿¿¿¿'con ropa haciendo el amor'????

Está bien, me la aguanté en las emisoras, en las redes sociales mucha gente mencionaba la canción. Es pegachenta y supremamente ñera. Provoca tararearla. Pero en este sitio de rumba, ponen la tonada y TODOS a grito herido seguían el estribillo... Yo, te miro y te imagino.... bla bla bla.


En ese momento comprendí el delirio colectivo, porque mientras movía mis caderas para bailarlo, me encontré a mi misma tarareando el coro. Deje así, por más detestable que resulta la canción, la masa -en el sentido más puro de la teoría política o de las comunicaciones- me abrazó y me llevó con ella.

Siguiente canción, no recuerdo el nombre. Pero seguramente decía algo como 'ponte en cuatro y te la meto, ri ri rico mami'...  o algo como 'muévelo muévelo que me lo paras'.


Y fue en ese momento cuando me pregunté ¿Cuánto sexo necesita un compositor-cantante de reggaeton? Creo que ese es uno de los grandes misterios del mundo moderno. Todo son tentas y culos, sexo y parolas.  ¿No hay nada mejor de qué escribir letras de canciones? No quiero parecer mojigata, pero luego se sorprenden de las cifras de embarazo adolescente...

No sé. Yo ya no salgo a bailar mucho, pero espero que cuando vuelva a hacerlo no me encuentre a alguien que cante que se imagina a alguien con ropa haciendo el amor.

26 de diciembre de 2011

1 + 1 = Duo

Se puso en posición fetal a ver si así podía contener la ira. Abrazada a la sábana apretaba los dientes para no llorar, o gritar. Ahora debía quedarse en ese lugar, porque volver a su casa sería una violación del acuerdo de viernes por la noche con su compañera.

No podía creer que ese personaje de sonrisa encantadora y mirada dulce fuera un troglodita. El hombre de las cavernas, que había mandado para el carajo lo que sería SU noche. Esa noche reservada para escoger a un extraño cualquiera y tener sexo hasta más no poder. Su olfato nunca le había fallado. Hata hoy.

La excusa era el cumpleaños del novio de cualquiera de sus amigas que se celebraría en el bar de moda. Claramente el sitio perfecto para salir de cacería. Chicos, seguramente habría muchos.

Saludó a sus amigos, estuvo un rato sonriendo falsamente ante los cuentos de oficina de cada uno de ellos, al tiempo que miraba el entorno a ver qué podía gustarle. De un lado a otro, de un lado a otro, hasta que lo vio: Alto, delgado, trigueño... Caminó hacia la barra, se inclinó en ella y pidió un Gin Tonic con más Gin que Tonic, por favor, le dijo al mesero casi que con un susurro. Él estaba al lado de ella, comentando con un trio de amigos los resultados del último partido de fútbol en Europa, aspecto que resultaba completamente desconocido para ella, más por falta de interés en ello que en otra cosa. Mientras esperaba su trago pensó en cómo incluirse en la conversación.

- ¿Por qué siempre se trata de fútbol? dijo mientras cruzaba la pierna en la banca de la barra.

Los cuatro hombres frenaron en seco su conversación y la miraron de arriba a abajo. Definitivamente esas piernas son difíciles de perder de vista.

- ¿Entonces sobre qué quieres que sea, política? replicó el más gordito de todos.
- Asumo que tu agresividad se debe a que crees que esa es la única manera en la que puedes tratar a una mujer como yo, porque sabes que ni en  broma de voltearía a mirar. Dijo. Al terminar tomó un poco de su trago y continuó. Mi pregunta va a que por qué no hablan de golf, de tennis o de atletismo. ¿Por qué fútbol?
- Porque es el más sencillo de todos los deportes que mencionaste antes. Entonces todos podemos declararnos 'expertos' y opinar.
- Eso sí es una respuesta. Mucho gusto Anaí. Extendió su mano hacia la que había declarado su próxima víctima.
- Eduardo. Respondió

Siempre se inventaba nombres para darle mayor dramatismo al asunto. Es que llamarse Silvia no representa nada en especial, más allá de una niña de su casa.

Se quedaron solos hablando de esto y de aquello. Ella, midiendo con cada comentario la capacidad de reacción de su oponente. Él, tratando de parecer lo suficientemente interesante para llevarla a la cama. Ella lo sabía. Siendo así, miró por encima del hombro de Eduardo en dirección al baño. Sabía que a esa hora seguramente no habría fila, porque era demasiado temprano para que las mujeres se arreglaran el maquillaje o los hombres fueran a medir su hombría.

Se acercó a él y le susurró al oído: sígueme al baño de las niñas.


Caminó a paso lento entre la multitud, con paso firme meneando sus caderas. Él, como hipnotizado, la siguió. Como si nada, cerraron la puerta, pusieron el pasador y se besaron por primera vez. La agarró por el cuello, puso su mano en su cintura y la trajo contra él.

- Tenía ganas de comerte desde que te vi.
- Yo te vi primero. Le dijo entre risas.

Metió su mano en su pantalón y lo sintió tan excitado que sabía que sabía que esto tomaría menos tiempo de lo presupuestado. Los bajó y con una pericia de experta sacó con una de sus manos un condón de su escote, mientras con la otra lo sujetaba haciendo movimientos suaves para no perder la erección. Arrancó la esquina del estuche con uno de sus dientes, y sin darle tiempo a él de respirar lo puso.

Se apoyó sobre el lavamanos, asegurándose de que fuera a resistir y le hizo señas para que se acercara. Ahí, se dio cuenta de que no traía ropa interior. Se acercó y en solo tres, cuatro, cinco movimientos, se vino.

- Peor de lo que me imaginaba. Dijo al tiempo que hacía un nudo al condón para lanzarlo con completa exactitud a la canea.


Él la miraba con los ojos a punto de salirse.

- Pero...


Sin dejarlo terminar y con los pantalones aun abajo, se acomodó el vestido, y salió caminando del baño, como si nada hubiera pasado. A duras penas él logró acomodarse, segundos antes de que entrara la siguiente en la fila del baño.

Se perdió entre la multitud.

Volvió ante su grupo de amigos a ver si recomponía su estado de ánimo. Para su sorpresa un desconocido estaba sentado, mirando su entorno y sonriendo en un remedo de falsa atención a los comentarios del grupo. Se sentó a su lado y sin más preámbulos le dijo


- ¿Aburrido?
- ¿Se nota tanto?
- ¿Nos vamos?
- ¿A dónde?
- A dónde mejor te parezca.


Salieron de ahí y terminaron en un hotel cercano. Sin mediar palabra, sin preguntar nada, se sumieron entre los los labios, lengua, brazos, piernas del otro.... Se besaron, se lamieron, se chuparon, se tocaron se sintieron. Esa, definitivamente sería SU noche.

Se levantó por un instante, sacó de su cartera un condón y caminó desnuda hacia él.

- Espera. Espera.
- ¿Qué?
- ¿De verdad me vas a poner a usar eso?
- ¿Tu qué crees?
- No, no no... Es que no me gusta...


En ese instant su cara se transformó. Quería darle un discurso de vieja neurótica sobre el tema, pero se contuvo.

- Perfecto. Vístete y vete.
- Pero...

Al ver que la erección de su compañero de noche se deshizo, entendió que no había nada más que hacer.

Se dio la vuelta, se metió entre la cama. Quería llorar de la rabia. Al sentir el portazo se levantó y se metió a la ducha, pero a pesar del agua fría no pudo hacer que se le pasara. Miró a su alrededor y definió tomarse un trago del mini bar a ver si olvidaba el desastre de noche. Y fue ahí cuando encontró la nota debajo de la puerta.

No sé tu nombre. Quizá algún día volvemos a intentarlo (con condón). Este es mi número. Andrés.


Sonrió, mientras se tomaba un trago sin hielo. Quizá no había sido tan mala la noche, después de todo.

27 de octubre de 2010

REGÁLAME TUS MAÑANAS

La vio a lo lejos entre la gente. Se sintió atraído de una por ella. Le parecía entre inocente y ruda, entre flaca y gorda, entre churra y no tanto. Era como el punto medio de todo. Así como le gustaba: balanceado. Ella era una mujer algo torpe. De esas que no tienen conciencia de sus gestos, de sus caras, porque son tan espontáneas que el autocontrol de sus movimientos no es una posibilidad. Pero sus ojos eran capaz de decirlo todo y con eso lograba casi todo.

Él tenía maestría en hacerse notar y funcionaba. Por eso no fue difícil que la chica de los lindos ojos se fijara en él. Lo vio, lo analizó de arriba a abajo y poco le importó que lo notara. Comentó con sus amigas, ellas hicieron lo propio sin disimular. Ellas sabían bien que la mejor técnica era intimidar al tipo para ganar un poco de terreno.

Para él era claro. Así que llamó al mesero. Un trago para la rubia de vestido negro y zapatos rojos. Cosmopolitan era lo que estaban tomando, así que uno de esos sería. Lo recibió sin pensarlo dos veces. Bolígrafo y servilleta fueron sus cómplices. Gracias. Vas a venir o me vas a mandar razones con el mesero toda la noche.

Eso era precisamente lo que él esperaba. Y ella obtuvo la reacción deseada. Se encontraron en la mitad del camino. Ella caminó como si nada, característico. Él sacó pecho y pensó muy bien su primera frase para lograr engancharla.

- Lástima que aquí no se baile, porque no podría poner tu cuerpo contra el mio.
- Lástima que aquí no se baile, para que intentaras poner tu cuerpo contra el mio y yo bajarte de la nube.

Hablaron hasta que se quedaron prácticamente solos. Sus amigos, los supuestos 'solidarios' se habían ido despidiendo uno a uno, y al par no le importó. Hacía muchos años que no hacían click con alguien tan rápido. Eran diferentes, pero tan parecidos... Y eso les encantaba.

- Señores, disculpas, es hora de cerrar. Esta es su cuenta.
- Claro.Y pagó todo.

Quedó descrestada. Ya los tipos estaban acostumbrados a que todo era miti-miti, que para ella era extraño que alguien pagara.

- Gracias, no me lo esperaba. Creí que los caballeros se habían extinguido.
- Cierto. Solo existimos cuando lo amerita. 
- ¿Y eso cuando es?
- Cuando nos topamos con la princesa perfecta.

No pudo ocultar su sonrisa. La derritió. Su sonrisa le fascinó. Ya en este punto no sabían quien había conquistado a quien, o quién había salido vencedor en la guerra de géneros. Ya el trofeo de llevarlo o llevarla a la cama no era de nadie, pero era de ambos.

- ¿Tu casa o la mía?
- Ese pedazo de la noche me correspondía a mi.
- ¿Según qué película?
- La mia.
- Pues acostúmbrate a andas con una mujer que va un paso adelante.
- Me encantaría acostumbrarme

La casa de él fue el destino. Habían tomado lo suficiente para tener el calor en la cabeza y entre las piernas. Durante todo el recorrido no hizo más que mirarla. Ella no hizo más que sonreir. Dios! qué piernas, que boca, que ojos!!! Por dios... qué manos, qué boca, cómo huele... Pensaba el uno del otro.

Parqueó el carro, se zafó el cinturón y sin pensarlo dos veces, se lanzó sobre ella. Puso sus labios sobre los de ella y se dieron un beso interminable, de esos que comienzan lentos, aceleran, en los que se muerden, se miran y vuelven a comenzar... Él pasó su mano por la espalda. La acarició de arriba a abajo. Ella lo agarró por la nuca. No querían soltarse.

Vidrios empañados... demasiadas ganas, y un carro grande pero incómodo.


(Ponga play ya, y siga leyendo)



Les costó separar sus bocas, sus cuerpos. Se bajaron. En el ascensor, sin importar la cámara de seguridad, volvieron a iniciar los besos, esta vez de pie, uno frente al otro. 

- ¡Qué alto eres!
- ¡Qué churra eres!

Pasó su lengua por la oreja, por el cuello. Puso mano bajo su cabello, la otra fue bajando hasta el culo. Doce pisos subieron, suficientes para incrementar las ganas y estar casi listos. Torpemente caminaron por el pasillo. Entraron al apartamento, y a oscuras él metió la mano entre su escote, bajó la lengua por el cuello, por el pecho. Ahí se detuvo, y entendió que iba camino al cielo.

Ella, iba zafando la correa, los botones, la camisa... todo... Manos ágiles. Al tiempo comenzó a gemir. Él entendió que iba por el camino correcto.Metió una mano entre sus piernas. Sintió la tanga diminuta. Ojalá sea roja, pensó. La jaló, y si, efectivamente roja, match perfecto para los zapatos. Es más que perfecta. Iba a explotar.

Bajó los jeans con todo y boxers. En ese momento estaba muerta de ganas. Que lo haga de una vez!!!, pensaba. Lo agarró por el culo, se apoyó contra la pared, y lo trajo hacia su cuerpo.

- ¿Esta era tu idea de bailar?
- Pero no me bajaste de la nube.
- Al contrario apenas te llevo hasta allá...

Se comieron no solo a besos. Sudaron juntos, rieron, se mordieron, se agarraron... hasta que terminaron juntos. Era casi el amanecer y a ninguno le importó. Ella se volteó. Él admiró su perfecta espalda. La acarició y le dijo:

- ¿Te quedas?
- ¿Quieres?
- No tendría la necesidad de preguntarte. Apenas va a ser sábado.
- Te dije que te acostumbrarías.

Y desde ese día ella no volvió a salir de su apartamento, y él sonreía de saber que era el dueño de todas sus mañanas.


6 de enero de 2010

LA MUJER DE LA SONRISA EXTRAÑA

Esta histori no es mia. Es d mi Hermano Sebas, que tine 20 años y que además de estudiar música, escribe. La escribió ayer, y me autorizó a publicarla. Espero que les guste tanto como las mias

***

Decidí acércame a la barra para pedir un trago, el más barato que tuvieran, esa noche como muchas otras estaba corto de dinero. Le dije al joven que me diera el trago más barato que tuviera, sin importar las miradas inquisidoras de los dos jóvenes que tenia al lado, que me atacaron como a un cachorrito lleno de sarna. Estaba bueno el trago…
Iban pasando los minutos y mis pensamientos volaban sin ninguna cadena que los atara y fue cuando la vi allí sentada. Era una mujer fea, pero sonreía que era lo importante. Me tomó un tiempo decidir si acercarme o no, al final terminé sentado en su mesa. Ella dijo que esperaba a alguien y volteó la cara hacia un lado. Yo seguí tomando mi trago porque no le creí eso de que alguien estuviese con esa mujer fea. No es que oliera a feo ni que fuera desagradable a la vista, si no que tenía unos dientes bien torcidos y unas pecas algo raras. La verruguita que tenía en la frente del lado izquierdo tampoco ayudaba. Le pregunté si le molestaba que a pesar de estar esperando a alguien yo estuviese en el lugar del afortunado. Sonrió, agradablemente mostrando sus dientes naturales, eran blancos pero estaban haciendo fiesta en esa pobre mujer y me dijo que si no la invitaba un trago. Lo pensé por unos segundos y recordé que seguía estando corto de dinero, entonces me acerqué a donde el joven de la barra y le di mi reloj. Era un reloj fino y el joven lo sabía. Me dijo jocosamente que con ese reloj me podía comprar fácilmente todo el licor que hubiese querido. No me importó y le dije que me pasara una botella del licor más fino, el más fuerte.

Regresé a la mesa a paso lento y pongo la botella suavemente en la mesa .Ella me mira asombrada y me dice suavemente… yo solo te pedí un trago y tú me traes una botella. Que pretendes, preguntó, como si le estuviese hablando a un niño pequeño, llevarme a la cama borracha y dejarme tirada como si yo fuese parte de las cobijas…yo no soy fácil de conquistar. Se me salió una sonrisita inconsciente y le dije también suavemente, que no quieras que te conquiste no quiere decir que no sea fácil hacerlo. Ella me miró cautivada, casi sin controlar su lenguaje corporal, como todas las mujeres, le dices algo interesante y se ponen es nerviosas. Vuelve a mostrar su sonrisa desagradable, pero yo también le sonrío mostrando unos dientes falsos, arreglados con un tratamiento que casi todo el mundo se hace.

Se llamaba Andrea y era odontóloga, le pregunté despreocupadamente porque no se había arreglado los dientes. Ella me dice que para qué, que la vida le ha ensañado cosas y que todo ese aprendizaje la había llevado a ese estado. Yo pensé que era un estado de borrachera bien absurda. No le creí, se veía más bien como una gitana o una de esas mujeres que te leen las cartas en la calle.

Entre risas y miradas furtivas ella alzó la cabeza e hizo un gesto con la mano, me dijo que ya habia llegado su hombre y no alcancé a voltear cuando ya me está dando la mano para saludarme. Se llamaba José y era un hombre bien atractivo…me levanté de la mesa y me despedí de Andrea, extrañándola.
Cada noche que llego a ese bar, escojo una botella, la más cara, la más fuerte, porque con el reloj que le di a mi amigo el cantinero, me puedo quedar muchas noches allí, extrañando a la mujer de la sonrisa extraña.

16 de abril de 2009

AQUÍ TAMBIÉN HAY PATANES

Creo que nunca más vuelvo a hacerme del lado de las causas perdidas. Cuando decido defender algo o a alguien, la c..g..n!!! Mucho más si dle género masculino se trata. Bueno como no puedo perder la costumbre me estoy aquí quejando de nuevo (mis amigos hombres deben tener la fusta lista para darme juete, porque me lo advirtieron).

Es un hecho aquí en colombia los manes no son tan lisos, guaches o jaladores como en Buenos Aires... Pero no falta el c...brón que se comporta como un neardental (obviamente se trata de un sujeto espeluznante, entre calvo y panzudo)

A que voy? Simple. Anoche. Una amiga, un amigo y yo de rumba. Inocentemente. Whisky, salsa, chistes, risas.. bla bla bla. Mi amiga (que fue la víctima de los besos no autorizados en su hombro por parte de un porteño en un boliche de buenos aires) toda querida y un poco prenda (o tresquince, como dirían en mi tierra) aceptó la sacada a bailar de cuanto galan, calvo, gordo había en el sitio (claro, sacada a bailar al estilo colombiano, con cortesía, con estirada de mano, pedida de permiso, presentada con nombre y todo... nada que ver con el jalozanazo bonaerense). Pero claro cuando ya el género masculino local había pasado la prueba en materia de caballerosidad, se acerca a nuestra mesa un personaje que de beso en la mano y todo se lleva a mi amiga a la pista de baile.

A lo lejos no se veía nada extraño. Un paso, una vuelta... salsa... Cuando de repenre mi amiga se regresa a la mesa, enfurecida, con esa cara de voy a matar a alguien que es imposible de ocultar... le faltaba hiperventilar... nooo el desastre... me dio miedo y todo. Sabén el hu...vón qué le dijo a la pobre de primerazo, antes del nombre o cualquier otra cosa? "Hace cuánto no haces el amor?"
noooooooooooooooooo además de feo, ñero y abusivo? Peerrdddónnn? Se ganó un empujón y le sacó la piedra a mi amiga... Acaso qué?' por el hecho de bailar con él, ya tenía derecho a pedírselo de esa manera? Pues no!! qué le cueste... Además quién dijo que uno hace el amor con un man que conoce en el bar? o que anda contando sus polvos a un extraño?

Se pifió... la cagó... y generó esta queja... _Me retracto... en colombia hay caballeros y de esos no me quejo, pero el resto que no logra actuar frente a las mujeres y se comporta como de prehistoria... que se jodan...

12 de abril de 2009

NO ME VUELVO A QUEJAR!!!

Hola a todos...

Después de llegar de Buenos Aires, he tomado la firme decisión de no volverme a quejar!!! Pero no del trabajo, del estrés, del tráfico, de la contaminación, del hambre en áfrica, de los políticos ni del Gobierno. No me vuelvo a quejar de los hombres colombianos!!! Síiiii para sorpresa de muchos!!!

Y no es que luego de pasar 10 días entre Argentinos (algunos muy churros, la mayoría no tanto) definitivamente no son taaaan cavernícolas como creemos, chicas!!!

Resulta que si uno no lo vive, no lo cree. Mi amiga que vive en Buenos Aires, hace un año, me contaba sobre las dinámicas locales de conquista de los Porteños, y yo creí que estaba hiperbolizando o haciéndose la víctima. Pero no.

Resulta que estosa personales no conocen lo polite cuando de sacar a bailar se trata. Mucho menos entienden que es pedir permiso para poner la mano sobre ti o darte besos. Es decir, no saben nadaaaaaaaaa de conquista, cortejo o por lo menos de como ser amable cuando recien conoces a alguien. Es decir, conocer a alquien en un sitio, implica salir a tirar... Sin más preludio. Es algo como "Hola, quieres tirar?". Creo que en este caso mi open mind se quedó algo corta. A mi que me inviten un trago, me hagan la conversa, me echen piropos, y me den la posibilidad de saber si de verdad me agrada. Pero así, al rompe, sería como recibir un cachetadón cuando estás esperando un abrazo.

Ok, para que entiendan. Estábamos de rumba, un grupo de 3 colombianas, 1 mexicano, 1 argentino y 1 argentina en un "Boliche" (lo que en nuestro contexto sería un sitio de rumba donde se baila) y a la entrada, luego de pagar el cover, cuando estábamos intentando caminar hacia un sitio donde hacernos, lo primero que aparece es un personaje que me manda la mano al estómago, e intenta sobarme como si fuera buda. Casi lo enciendo a trompadas, pero me acordé de la recomendación de mi amiga (que por cierto cumplía años). Si lo cogía a coñazos, me sacaban del bar, y hasta ahí la rumba que apenas comenzaba (ese "apenas" es relativo porque en BsAs se llega a los sitios a las 2:00 am y se sale después de las 6:00 am). Entonces, aparté al tentáculo del pulpo, y seguí adelante respirando profundo.

A otra de mis amigas colombianas, también advertida, cuando fue secuestrada por un "trencito" (Síii de esos mismos que hacen los tíos en las fiestas familiares) y el personaje que estaba justo detrás de ella comenzó a besarle el hombro. Noooo Gaaaaaaaassss......... Ella, muy decente, entre sonrisas le dio un empujoncito, se volteó y se fue. Cuando le dio la espalda, la cara de asco era evidente. Obvio... el resto nos reíamos.

Y hay otra modalidad de inicio de la conquista, que en este caso se trata de buscar un polvo, y es el bautizado por nosotras, como "jalonazo". Simple: te agarrá del brazo y te jala como diciendo Venga pa acá mamita!!! y a uno siente que pierte la extremidad superior. Claro, en ese caso toca halar de vuelta para resistirse o ceder... Las locales ceden con facilidad, nosotras, a quienes nos parece terrible y hasta espantosa o creepy esta dinámica, nos resistimos.

Hay casos más extremos que no vivimos: pasan y te dan un beso y siguen de largo o simplemente se te paran al lado y te preguntan si quieres sexo y de ahí el salto es al Telo (traducción= motel).

Entonces chicas, si creían que acá estábamos en la edad de piedra, a estos manes lo único que les pasa es ir con un bate o maso a la calle, darle en la cabeza a la mujer que les gusta y arrastrarla por el pelo a la cueva.

Entonces es un hecho... no me vuelvo a quejar!!!!!!!!!!!

30 de marzo de 2009

Y TODO COMENZÓ AL REVÉS


Hola de nuevo. Aquí va otra de ficción. Para evitarles las ganas de preguntar. Sí hay elementos reales, pero casi nada es cierto. No me pasó, pero sí la escribo en honor a un gran amigo que sufre de crisis existenciales profundas... que ya estamos aprendiendo a manejar, o no H???

Besos



Y TODO COMENZÓ AL REVÉS

Se dio cuenta de que no eran el uno para el otro más rápido de lo usual. No era que no se gustaran. La atracción nunca faltó. Era solo que él vivía en medio de un existencialismo de niveles inimaginables, que no la aburrían pero le parecían demasiado para cargar sobre sus hombros.

Se conocieron en un bar. Raro. Nunca se conoce a nadie interesante en un bar. Todos parecen en temporada de caza, babeando por cualquier par de piernas que pareciera disponible. Ella lo estaba, como todas las noches de fin de semana. La única diferencia era que esta vez sí estaba buscando algo.

Antonio siempre hablaba. Ella escuchaba. Era perfecta para ese rol. “Para que me escuchen, están mis amigas”, pensaba. Era una completa enamorada de las causas perdidas. Por eso al comienzo no le pareció complejo tener que aguantar –aunque en un principio lo hacía con placer- todas las crisis existenciales, que eran casi que permanentes.

Es anoche estaba con sus amigas. Todas mujeres, todas atractivas, todas disponibles, todas buscando algo. Él estaba con sus amigos, todos de cacería, todos machos alfa. A él le gustó la menos alta –todas eran muy altas y en tacones-, pero la proporción de sus medidas fue lo que llamó la atención. “Femenina, trigueña… Perfecta”, se dijo a sí mismo mientras pasaba un trago puro de guaro que le calentara la garganta y le diera valor para seguir adelante.

Margie se había convertido en su oído favorito, su compañera permanente, su consejera, tanto que le molestaba. “Es como mi mejor amiga, mi mamá, mi hermana mayor”, le decía a sus amigos, quienes se burlaban a carcajadas porque siempre existía una excusa para no seguir, pero esta era casi ridícula. Lo peor es que no la dejaba. Se quedaba ahí con ella en un acto de lealtad casi canino.

Ella lo vio insignificante, pero con un dejo al caminar y algo profundo en la mirada, que le causaron curiosidad. “Bueno, no es tan bajito”, se consoló. Ella medía 1.65, bastante promedio, pero lo suficiente para que, al subirse a unos tacones, poder ver por encima de la cabeza de la mayoría. Era imposible no voltear a mirarla. A ella le incomodaba. Prefería el bajo perfil, pero con ella todo era excesivo, así que tenía que hacerse a la idea.

Tres tragos después de divisarla, decidió ir por ella.

- “Hola”, debió gritar para que ella le oyera.

Ese era el principal problema de ligar en un sitio con música, pero sin música era imposible levantar. Él era de los que creía en la conquista a la antigua, bailando. No había podido avanzar en nada nunca que no fuera con una pieza de música bailable de fondo. Entre más tropical, mejor. Lograr contacto físico sería imposible si todo fuera electrónica.

-“Hey!! Qué más…” respondió entre un susurro adornado con una sonrisa.

Siguieron las preguntas de rigor. Risas y más risas.

Hizo un inventario de todo lo que le disgustaba de Antonio. La lista era larga:
Es bajito
No baila taaan bien
Tiene 250 millones de proyectos. Todos inconclusos
Anda vaciado
No sabía que Una mente brillante, la película, es un libro. Y así, muchas
Es egoísta
No sabe escuchar
Sus mejores amigas son mujeres. Cómo puede recibir tantos consejos de amigas
mujeres que nunca lo entenderán de verdad.
Es demasiado femenino
Habla, habla, habla… habla y sigue hablando
… una páginas después…
No es detallista
Olvida las cosas
Llora cuando se emborracha
No ha superado sus traumas de infancia
... Dos páginas más adelante…
No es buen polvo
Tamaño, regular
Tiene cama sencilla

En ese momento todo servía como excusa. Por eso se aburrió de la lista. Lloró de tristeza de saber que había rebajado todas sus exigencias, con tal de tener un alguien. Nada se ajustaba a lo que la alguna vez se había imaginado.

En medio de la conversación le pregunta: “Qué es lo que tu haces?”

-“Soy prepago”, respondió.

Le pareció gracioso, pero por un instante creyó que era cierto.

-“Eso que quiere decir?”, insistió haciéndose la boba, por aquello que todos las prefieren brutas.

- “Jajajajjaja. Lo que crees que significa”, dijo.

En ese momento entendió que se trataba de una broma.

Una noche cualquiera ella lo llamó. Él se encontraba fuera de la ciudad, de rumba con sus amigos de infancia. Los tragos hacían estragos en él y comenzó con el monólogo sicótico.

- “Necesito anular mi lado femenino… No entiendo por qué me aterra el compromiso. Nada funciona con las viejas… siempre llegan y a destiempo me doy cuenta de que realmente eran valiosas y que pude haberlo intentado…”, y así por horas.

Ese día se dio cuenta de que no podía más –no solo por la cuenta de su teléfono-. Que su vida no estaba para limpiarle las lágrimas a un tipo. Que no valía la pena. Él creía que a pesar de su inconformismo todo iba medianamente bien. Estaba dispuesto a intentarlo, aunque le molestara la fortaleza de su chica. Él quería cuidar de alguien y ella alguien que la cuidara, pero estaban en los roles equivocados. Lo peor: ninguno decía nada. Era como si estuvieran condenados a estar así, atados por siempre, sin decir nada por pesar.

El pesar es el peor de los males entre dos personas. A corto plazo parece la mejor solución para no lastimar al otro, pero a largo plazo resulta la peor medicina. Envenena el alma, crea abismos profundos entre los dos. Pero nadie se da cuenta sino hasta al final.

Terminaron en la cama. Ella lo buscaba y a él le encantó. Fue directo al grano. Vamos a mi casa. El siguió sus largas piernas. Vestía una falda corta, medias veladas, tacones altos (que parecían una exageración a pesar de su estatura), blusa negra ligeramente transparente, pelo suelto. Todo negro.

- “Las relaciones hoy en día comienzan de la manera equivocada”, le decía a su mejor amiga, quien realmente se comportaba como su verdadera alma gemela. “Antes primero pasaban tiempo juntos, cogerse de la mano era todo un proceso eterno y costaba. Luego de conocerse, con defectos, problemas, hormonas, familia y amigos, si llegaba el sexo. Seguros de que el otro sujeto les gustaba, de que iba para algo serio”, argumentaba.

- “Mi vida. No es que esté en contra, pero todo es culpa de la liberación femenina”, respondía apresuradamente Camila. “Ahora nos toca ponernos como ellos a cazar, y jugar bajo esas reglas, de lo contrario no hay forma de lograrlo y estaríamos completamente veraneadas”

- “Puede ser. Pero podríamos decir que no y que aguanten”, aseguró dándole un pequeño golpe a la mesa. “Pero las ganas nos pueden”

- “Bueno, entonces estamos condenadas. Pero a lo que no estoy dispuesta a someterme es a vivir del vibrador por siempre, solo por aguantarme las ganas para conseguir un novio”, casi que gritaba Camila.

- “Shhhh… Mira que se nos escandaliza el restaurante. No querrás que se pare la mesa del
lado, como nos pasó la semana pasada por andar hablando alto”, regañó Antonia.

- “Ahhh, pero me cortas la inspiración”, replicó Camila

- “Bueno volviendo al tema, creo que por eso es que fracasan las relaciones: comenzamos por el final: primero tiramos, luego nos conocemos y es ahí cuando nos damos cuenta de que el sujeto de verdad no nos gusta”, dijo soltando un suspiro más que desesperanzador.

- “Ay no. Tu lo que estás es frustrada porque este Antonio resultó ser un huevón”, increpó. “Pero como no me haces caso!!!”

Comenzaron los besos. Las manos bajaron. Se tiraron en la cama. Pero todo resultó un desastre. Su correa se enredó en sus medias (Cómo odiaba que se le rompieran las medias). Casi se daña el encanto. Él lo solucionó con un chiste, más bien flojo, que ya ninguno se acordaba. Ella misma se arrancó las medias, a ver si de esa manera se le quitaba el empute. Lo logró. Volvieron los besos… y siguió lo que tocaba, o más bien, a lo que iban.

No le pareció fantástico. “Tiene posibilidades de mejorar”, se dijo mirando al techo a oscuras. Claro que a sus amigas nunca se los aceptaría. Eso sería como admitir que le falló el olfato y que al final no tenían tan buen gusto. Mentir a veces tiene su encanto, y ayuda al ego.

Ella siempre iba en contra de hacer desayunos. Él cocina pero solo en su casa. Eran las 6:30 am, apenas habían dormido, cuando de repente suena una alarma, y esta vez no era la de ella.

- “Me tengo que ir”, dijo él de un sobresalto

No le extraño. Era un buen plan de escape. Al final nada había salido tan bien.

- “No hay lío”, respondió dando una vuelta sobre sí misma
- “Es que tengo que ir a abrir una puerta”, dijo casi que enseguida
- “mmm que mal. Es domingo, tan temprano. Y te pierdes del desayuno”, completa ella entre risas, sabiendo que nunca prepararía desayuno.
- “Resulta que mi mejor amiga me dejó las llaves para que le abra la puerta a una tía de ella que viene a recoger no sé qué cosas”, explicó.
- “Bueno vete”, insistió

Antonio llegó a su casa, se bañó como un gato, sacó la bici, y corrió como un loco a abrirle la puerta a la dichosa tía de su amiga. Llegó, saludó hipócritamente a la señora, intentó abrir la puerta, y nada. Insistió con fuerza, con maña, a madrazos, con calma… Y nada.

- “Jueputa. Perdí el viaje, me perdí el desayuno y el arrunche”, pensó.

Cuando regresó a su casa lo primero que recibió fue un mensaje de ella. Espero que hayas podido abrir la puerta. Le pareció un lindo detalle y ahí decidió intentarlo con ella.

Un día ella lo llamó. Él andaba enfarrado con sus pocos amigos. Ya tenía sus tragos en la cabeza. Ese día se dio cuenta de que no valía la pena. Entre su borrachera le dio el discurso patético de lo difícil que era su existencia. Él la sitió como su mamá.

Se encontraron en un lugar neutral para hablar. Ella pensó en un sitio público para evitar las lágrimas. Él en un parque, para poder hablar tranquilos. Ella ganó el pulso: terminaron en un restaurante.

- “No puedo seguir más con esto”, inició ella mirándolo a los ojos
- “¿Con qué?”, contestó haciéndose el huevón.
- “Esta relación. Llevo meses tratando de entender tu crisis existencial permanente, tus quejas, tus malos ratos, tus lágrimas. Ya no puedo más”, dijo

Él por primera vez la dejó hablar infinitamente. Pero no estaba prensando atención real.

Mientras ella sacaba la lista de mercado sobre sus defectos, él solo pensaba como Margie le había facilitado la tarea. Como siempre ella facilitaba las cosas. Asentía casi que automáticamente. Ella lo miraba, le agarraba las manos pensando que al final de cuentas era mejor así, que era la mejor decisión, que así no sufriría más adelante. Ella se sentía mal, de todos modos Antonio no era una mala persona, solo que no eran el uno para el otro.

Respiró aliviado. Le tomó las dos manos con firmeza y le dijo:

- “Mi linda, no te preocupes. Como siempre me llegan las personas equivocadas, en el momento equivocado. Estoy acostumbrado”.

Se hizo el triste, bajó la mirada. Suspiró. Le dio un beso en la mejilla.

- “Lamento mucho que no estuvieras preparada para alguien como yo”

Ella hirvió de la ira. Al final, luego de tanta mierda, Antonio había salido fuerte. La debilidad ahí había terminado. “Lo que hace el orgullo”, pensó. Se fue y con ella todos los traumas y crisis de Antonio. Ese día nació un hombre nuevo.