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28 de diciembre de 2011

Yo fui una 'niña Barbie'

¡Encontré mis Barbies!
Fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando abrí la caja dentro del clóset y vi los pelos rubios y los vestidos rosas que me remitieron inmediatamente a mi infancia.

Las había dado por regaladas. Es más, creí que ya habían sido destrozadas por el ejército de primas chiquitas, quienes se hicieron acreedoras de la herencia: el Ferrari rojo, el Boogie -carro de playa-, el set de cocina, de cuarto, de piscina, de esta logia de muñecas que hicieron gran parte de mi historia. Pero no. Mi mami guardó 10, de las 23 Barbies pertenecientes a mi hermana y a mi, y un Ken. Una serie de zapatos y unos vestidos.

Las sobrevivientes


Las muñecas están completas: vestidos, accesorios, zapatos e implementos de trabajo. Y, sobre todo, su pelo y su sonrisa, se mantienen  perfectas, como si el tiempo no les hubiera pasado por encima. Y fui feliz, porque retrocedí más de 16 años en el tiempo.

Yo jugué con las Barbies hasta los 14. La primera que me regalaron fue la llamada 'Cristal', que sufrió los embates de la curiosidad infantil: pensaba que a las muñecas les crecía el pelo y se lo corté todo. Claro, lloré mucho -no sé si por el regaño de mi mamá o por haber visto roto mi ilusión de verle crecer el pelo a la muñeca. Y desde ese momento, cada año llegaba una diferente. No recuerdo el orden, solo sé que la última que llegó marcada Para Naty del Niño Dios fue la Barbie edición Bennetton. A mi hermana le siguieron regalando unas más, que también hacen parte del grupo que aún existen.

Si bien muchos de ustedes se deben estar preguntando cómo paso de hablar de sexo en un baño o de condones, a postear sobre las Barbies, he aquí la respuesta: A ellas les debo poder escribir.

¿A ver cómo es esto?

Jugar a las Barbies era tejer todos los días de vacaciones una historia diferente. Eran novelones dignos de Corin Tellado o de alguna productora Mexicana o Venezolana. Recuerdo que había hermanas que terminaban peleando a muerte por un hombre; amigas que definían vengarse de un tipo que les rompió el corazón; dramas de hijos adoptados, abandonados o familiares enfermos... Secuestros, extorsiones, asesinatos. Con las Barbies aprendí a contar historias y a crear personajes.

Las Barbies eran todo lo que yo querían que fuera: buenas, malas; inocentes, astutas; enfermas, saludables; flojas o deportistas... Cada personaje, cada día era diferente. Y como casi siempre el juego era entre mi hermana Dany y yo, nos tocaba a cada una actuar varios personajes. Entonces, aprendí a ponerme en situaciones.

Claro que tuvo otros beneficios, como hacer amigos en el edificio nuevo porque tenía además de la Barbie, el carro de la muñeca, la cama, el tocador y miles de asuntos más que el promedio de niñas de mi edad.

No sé qué mitos haya ahora respecto a las muñecas de niñas. Peor aún, no sé en qué andan las tendencias -si las Bratz o las Monster o no se qué-... Solo sé que jugar con Barbies hace parte importante de mis recuerdos entre los 7 y los 23 años. Y como recordar es vivir, les dejo las fotos de las muñecas que existen intactas gracias a mi mamá, que las guardó todos estos años.