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24 de junio de 2009

EL MUNDO AL REVÉS

Que tire la primera piedra quien no haya violado una norma. Por ejemplo, copiarse en un examen, o colarse en una fila. También levanten una mano aquellos que no hayan cometido un delito: comprar películas piratas, bajar música de internet, o falsificar una contraseña. Los que si -y supongo que son la mayoría- son unos delincuentes. Me incluyo en la lista, por supuesto.

Y es que en Colombia ya ser un delincuente se convirtió en un asunto de poca monta. Los acontecimientos de los últimos años nos han convertido en una sociedad tolerante al delito, que tiene la conciencia dormida, la moral embolatada y que ha "banalizado el mal" (Hanna Arendt usó este término y lo oí en uno de los discursos de mi antigua jefa). Y esto no es un pequeño problema.

Hoy, masacrar, traficar, desplazar es más rentable que habler sido víctima de esos delitos. O ser corrupto es menos grave que ser parapolítico. Si eres mula sales libre -por aquello del principio de oportunidad-, mientras si cargas un porro te vas preso -porque hay que penalizar la dosis mínima-.

Y si eso es en los niveles más graves de los delitos. A dónde nos va a llevar como sociedad el ejemplo de "los padres de la patria"?? A pensar que falsificar una cédula, cometer plagio, meterse a prepago o a traqueto no es tan grave, si al final de cuentas, el ministro de gobierno está planteando una impunidad -disfrazada de inmunidad- para los Congresistas.

El problema en el largo plazo no es si salen libres o no los político-mafiosos que están sentados en el legislativo, o si cada vez existen más mentes delincuenciales haciendo política, sino cómo explicarle a nuestros niños y niñas qué está mal o no, cuando ya tenemos toda la moral invertida.