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27 de abril de 2016

Carta a un hombre perro

Querido hombre perro:

Desde hace varios años me rondan la cabeza una serie de por qués respecto al comportamiento de los hombres que, como tu, son perros. Me refiero a comportamientos tan claros como:

  • Prometer cosas que no vas a cumplir
  • No ser claro sobre lo que quieres al salir con una persona. O lo que esperas de ella
  • Comenzar a salir o coquetear con otras aunque no has terminado con tu chica actual
  • No poner la cara con la verdad, sino dedicarse a inventar excusas cuando quieren terminar
  • Pensar que las mujeres que piden algo serio son intensas y locas
  • Usar aplicaciones de citas cuando tienen novia o sales con alguien
  • Tener un plan B, y peor convivir con ese plan B como si fuera su pareja, cuando la oficial no está
  • O los que quieren tener a todas a la vez y no sueltan ni las dejan ir.
Y la única conclusión a la que llego es que:

SON UNOS COBARDES que además PIENSAN  -por eso nos tratan así- QUE TODAS LAS MUJERES SON IDIOTAS.

Y además que sienten vergüenza de aceptar que son perros.

Esta carta no es una venganza personal, ni quiero hablar de alguna experiencia propia. Por suerte no di con tipos así en mi vida. Pero llevo años viendo a mis amigas llorar destrozadas, más por la forma como el tipo perro de turno les termina la relación (sí salir con alguien una semana, dos, tres o dos meses, es una relación, que significa Correspondencia o conexión que hay entre dos o más cosas!!!), que por la terminada en sí. Es que en medio de tanta excusa barata (siempre escogen las peores), el sentimiento de impotencia de la pobre desengañada es máximo, sólo porque sabe que le vieron la cara de estúpida.

Entonces quiero hacer una serie de reclamos a nombre de todas las mujeres víctimas de los perros, otras preguntas y darles un par de consejos.


Te escribo a ti, hombre perro, porque quiero decirte que eso que haces no te hace ni más hombre ni más macho. Lo que te hace es un cobarde. Sí, porque la cobardía es no dar la cara. La cobardía es mentir. La cobardía es usar palabras lindas y falsas promesas para apuñalar a una mujer por la espalda.

No entiendo por qué tienes que actuar así. Es que acaso las mujeres no somos lo suficientemente maduras para entender un "mira, salgo contigo pero voy a seguir saliendo con otras?" Decirlo, por lo menos le da la posibilidad a la mujer de decir "¿Sabes? Me gustas mucho, pero no". O de aceptar el juego, sin derecho a hacer reclamaciones posteriores.

Tampoco entiendo por qué cuando una mujer te dice al comienzo "Oye, pero yo estoy buscando algo serio", ¿Por qué en lugar de decir "mira que no me interesa", te quedas ahí jugando al novio perfecto? Para un tiempo después andar consiguiendo novia por twitter, o mandando mensajes de amor en fb... pero a otra.

Me confunde esa necesidad de mentir, de tratar demasiado bonito, de ir a conocer a los papás de la chica, de llevarla a donde tu familia. Me confunde aun más que bajes la luna y la estrellas, que armes viajes juntos y hables de futuro y esperes que la víctima de tus actos NO SE SIENTA ESPECIAL, e incluso llegue a sentir que se puede enamorar de ti. ¿Cómo quieres que eso NO pase? Explícame porque la lógica no me da.

Querido, si no quieres que una vieja se enamore de ti, porque te gusta solo para pasar el rato, o porque no es tu 'tipo de novia', no la hagas pasar el oso de presentarte en todos sus espacios, para luego, dos semanas después, mandarla a la mierda, porque te conseguiste por Tinder una con un culo mejor. Sin esos detallitos, te ves más bonito.

Otra cosa que no entiendo es ¿por qué cuando decides que no quieres seguir saliendo con esa persona, en lugar de decir "oye, sabes que ya no quiero salir más contigo porque ya no me gustas tanto" (osea todos estamos en nuestro derecho de que no nos guste la persona cuando la conocemos a fondo) sacas discursos como "es que no tengo tiempo para una relación"; "es que tengo una crisis personal muy fuerte"; "es que mi exnovia apareció y estoy confundido"; "es que esto está muy serio ya y no quiero"; "es que no me gusta tu voz (puta eso lo sabías desde el día uno); "es que no me gusta que tengas perro"; "es que me alejo porque alguna vez me pusieron los cachos y no quiero que me vuelva a pasar"; es que ,es que, es que... Es que uno ha escuchado demasiadas estupideces en la vida.

Aunque hay unos como tu que ni siquiera son creativos como para inventarse un cuento huevón, sino que se desaparecen. Y ya. ¿Me explicas esa falta de capacidad para dar la cara?

¿Es tan difícil sacar cojones, de donde no los tienes y decir la verdad en la cara? No creo. De seguro muchas te lo agradecerán. Y sí, de pronto algunas darán un poco de lora, pero no tanta cuando el motivo es "no eres tu, soy yo". Pues claro que sí es la mujer, porque ya no te gusta!!!!! Simple.

Por otro lado, ¿por qué si te tomaste la tarea de inventarte 7 millones de excusas y de crisis existenciales para terminar con una y para que no se diera cuenta de que tienes otra, comienzas a enviar al día siguiente mensajes cariñosos y de amor con la nueva???? Pucha, ¿No te puedes amarrar el dedo y tener dos de consideración? O por lo menos, tratar de no quedar en evidencia. Es que bien sabio es el dicho de 'más rápido cae un mentiroso que un cojo.' En serio, sé coherente o por lo menos hábil para poder sostener tu mentira.

Quiero invitarte querido hombre perro, a que la próxima vez que salgas de conquista tengas en cuenta esta reflexión y dejes de avergonzarte de ser un perro sarnoso, y asumas con la cabeza en alto que lo eres y para así no hacerle perder el tiempo a todas esas mujeres que quieren amar y ser amadas de verdad, y no utilizadas para engrandecer tu ego de cobarde.

Quiero que la próxima vez antes de terminarle a tu chica de turno pienses que es mejor una verdad incomoda que cuatro buenas mentiras, y que de seguro esa persona agradecerá que seas honesto.

Quiero que por un segundo, antes de echarle los perros a la próxima chica, te detengas y pienses en que seguramente necesitas una mujer más parecida a ti y no una que desee amor, para que puedas seguir saltando de cama en cama impunemente y sin dar explicaciones a nadie.

Porque no te estoy diciendo que no te acuestes con todas las mujeres que quieras. Pero si va a ser así, por lo menos pon tus cartas sobre la mesa... porque conquistar un polvo con mentiras, no tiene ningún mérito.

Con cariño,

Yo.

 Pd: Si se siente aludido, responda en los comentarios, que prometo hacer un post con todas sus respuestas y explicaciones.


2 de diciembre de 2015

Otra Forma

El se creía, cómo yo decía cuando era pequeña: 'la verga en patines'. Es decir, lo mejor de lo mejor de lo mejor... Después de él, nada. Y tal como se configuran esas personas que se creen mejores que los demás, tenía la firme convicción de que podía lograrlo todo. Pero en el fondo, lo que consideraba era que eso le daba licencia casi que para cualquier cosa, incluso, para maltratar a las mujeres.

Pero no era ese maltrato lleno de golpes y patadas. Un maltrato mucho más sutil, de esos que toman su tiempo en llevarse acabo, pero que son de los más dolorosos.

Rocío era feliz. Se despertaba todos los días luego de una larga noche abrazada con su amor. Para ella, despertarse y sentirlo a su lado era la mayor fuente de seguridad y alegría. Para ella todo era rosa, lleno de arcoiris y nubes rosas. Las complicaciones no existían. Pero a veces a la gente buena le pasan cosas malas, o mejor, cosas que no nos agradan, y pues Rocío no iba a ser la excepción. Seguramente algo debería aprender o reafirmar.

Ese día, era como cualquier otro: despertar, desayuno, conversación sobre cómo correría el día, sonrisas, besos, trabajo, almuerzo con alguna amiga, trabajo y de nuevo a la casa a ver alguna película. Pero esta vez le tocó sola. Ricardo no llegó. No contestó. No apareció.

Raro para ella. En tres años nunca lo había hecho. Para él, era solo el inicio.

Rocío estaba con los nervios de punta, imaginándose lo peor. Es que Bogotá no es una ciudad en la que se pueda confiar, pensaba. Celular apagado. Nunca pensó sino en atraco, burundanga, apuñalamiento, robo del carro. Llamó hospitales, a la policía. Nada. 12 de la noche y nada. Aguantó hasta que el sueño venció a los nervios.

Tarde, muy tarde, lo sintió llegar. Brincó de la cama y corriendo lo abrazó.
- ¡Estás bien!
- ¿Claro por qué no he de estarlo?
- ¿Qué hora es?
- Casi las 2-
- Por eso mismo, nunca habías desaparecido tantas horas.
- No desaparecí.
- ¿Entonces?
- Sencillamente estaba ocupado.

Cortante. Ella no entendía. Pero ya con la tranquilidad de que todo estaba en orden, volvió a dormir.

Ricardo escogía mujeres simples, amorosas, buenas. De esas que no necesitan mucho para ser felices, de esas que enamoran con flores recogidas de un jardín, de esas que a veces son fáciles de manipular, si les hablas de la mejor manera. Eso en el fondo lo hacía un cobarde, jugaba con las flores  más débiles del jardín, para poder deshojarlas sin él resultar herido.

A la mañana siguiente no había arcoiris. Una nube negra se posó sobre Rocío y nada la hacía mejorar el ánimo. Le rondaba y le rondaba la cabeza. Llegó incluso a morderse las uñas, gesto que le parecía más que asqueroso, despreciable. Perdió no solo la sonrisa. Sino el hambre y lo que es peor aun, la calma.

- Es que no entiendo nada.-
- ¿Será que te está poniendo los cuernos?
- No creo que sea demasiado bruto para actuar como lo hizo ayer.
- Bueno pues, entonces no es nada y te estás haciendo un gran drama por una tontera.
- Pero, ¿Por qué la actitud? Pues lo mínimo es que me preocupe ¿no? Por algo somos pareja.
- No te vas a responder todas esas preguntas, hasta que hables con él.
- Es cierto.

Esa noche, tampoco llegó.

Ni la siguiente, ni la siguiente, y así por una semana. Rocío y Ricardo pasaron a ser una pareja de desconocidos que no se veían nunca. Los desayunos se acabaron, ahora él llegaba tarde y salía corriendo temprano, casi que antes que ella despertara. Los fines de semana eran de ella encerrada y de él quien sabe dónde. Dejaron de existir los mensajes, los correos, las llamadas.

Vivía con alguien, pero estaba más que sola.

El tema la estaba afectando. No se arreglaba, estaba muy flaca. No era ni rastro de la mujer feliz de hace varias semanas.

Habían pasado casi 3 meses desde que Ricardo comenzó a jugar con Rocío. Le había comenzado a gustar el efecto que estaba causando en ella su abandono no abandono, como decidió llamarlo. Ya faltaba poco para decirle: ¿Sabes? Es que ya no te amo. Y con eso terminaría por romperla. Y nuevamente saldría impune. Como siempre, como todas las 4 veces anteriores.

El espejo, que muchas veces es nuestro peor enemigo, le mostró la salida. Un día, que no recuerda cuál es, porque perdió el sentido del tiempo, levantó la mirada, y no se reconoció. No había brillo en los ojos. Miró a su alrededor y todo eran sombras y desorden. Ya no pertenecía a ese lugar. Necesitaba salir de ese hueco. Llamó a su jefe. Se declaró enferma (cosa que no estaba muy lejos de la realidad).

Alguna vez se había prometido a sí misma que ninguna persona, menos un hombre iba a arruinar su esencia, y estaba faltando a esa promesa fundamental a su ser.

Se arregló. Decidió tomar el toro por los cuernos. Llegó a la oficina de Ricardo. Se anunció. Que si puede esperar. Ni siquiera la hizo subir, como si fuera la de los domicilios... Se indignó, cosa que casi nunca sucedía. Entendió que le estaban dando un trato de segunda que no solo no se merecía, sino que era una completa cabronada. Pasó de la indignación a la ira en 3 segundos y medio, y Ricardo no le conocía el lado iracundo, que puede ser bastante impetuoso.

Así que esperó con calma. Pasaron 3 horas, es decir, llegó la hora del almuerzo. En algún momento debía salir. Y así fue. Venía caminando, sonriente, como si no pasara nada, y la ignoró. Y yo sufriendo como una idiota todos estos meses, se repetía. Lo siguió cautelosamente. Entraron a un restaurante de la zona y ella detrás. Cuando todos se sentaron, se paró al lado de la mesa y le dijo: Ricardo, llevo 4 horas esperando en el lobby de tu oficina. ¿No te avisaron? Tocaba no sonar como una loca histérica en frente de medio mundo.

- No.
- Necesito hablarte.
- Ya sabes que si necesitas algo para la casa, tienes la cuenta.
- No se trata de eso.
- Mira, estoy en medio de una reunión con mis colegas. ¿Me disculpas?

Todos estaban anonadados. Así trataba a su esposa...

Claro qué si lo disculpaba. Salió de ahí derecho a su casa. Llamó a sus tres amigas que estaban listas para actuar cuando se requiriera. Es que pensaba que nunca te ibas a despertar. Que vaya a tratar a otra como te está tratando.

A pesar del show, sintió como si un balde de agua fría le hubiera caído en la cabeza. Rocío volvía a tener un brillo en los ojos, pero no uno de felicidad, era algo diferente. La ansiedad lo consumió el resto de la tarde. Quería llegar a su casa a ver con qué se iba a encontrar.

Ensayó todas las veces en su cabeza el discurso, la estocada final.

Siete de la noche. Toda la casa apagada.

Entró y lo que vio no tenia sentido. O sí, pero él no lo entendía.

Todas las fotos de los dos, reventadas contra el piso. Los cuadros que él había comprados, arruinados por un cuchillo. Comenzó a recorrer el apartamento cuarto a cuarto: en la cocina, la nevera absolutamente vacía; en el cuarto auxiliar, toda la ropa de cama en el piso y en el cuarto principal un letrero escrito a mano en la pared:

TE DISCULPO
PERO NO TE QUITO LO HIJUEPUTA
R.

Se quedó frío. Nunca se imaginó que llevar al límite a Rocío tendría estos efectos. Se sorprendió, y eso casi nunca sucedía. Ricardo sonrío, honestamente por primera vez en toda su vida.

Rocío empacó toda su ropa, tomó todo lo que le gustaba y desechó o rompió lo que siempre odió de ese apartamento. Como bonus track tomó la mejor ropa de Ricardo, y el mercado y se lo regaló al portero. Haga lo que quiera con esto, le dijo, mientras reía de gozo.

Bogotá es una ciudad grande, y uno no esperaría encontrarse a nadie indeseable nunca. Pero no, el destino juega de la peor forma. Un día caminando por el sector de restaurantes de moda, lo vio solo, leyendo una revista en un café.

Se le sentó al lado y sin mayores preámbulos le disparó ¿Entonces nunca me vas a decir qué fue lo que te pasó?

La miró como si estuviera en frente de un fantasma. Le tomó varios segundos armar una respuesta, pero ella no tenía afán.

- No conocía otra forma.
- Es decir, ¿primero enamoras y luego maltratas?
- Pero tu me sorprendiste.
- ¿Pensabas que me iba a morir de amor?
- Era la idea.
- ¿Por qué?
- Era mi forma de sentir poder
- En serio necesitas ayuda.

Hablaron realmente casi toda la tarde. Ella sentía que conocía a un ser muy diferente al que ella conoció y se enamoró por casi 4 años y él entendió que no era lo mejor, y que sí hay vida después de él.



10 de agosto de 2015

Tinder - O El arte de meterse en relaciones sin futuro

Margarita está embarazada.  Fue la frase de sentencia. En este momento entendió lo que se había negado a ver: lo de ellos era imposible. Hubiera podido ser simple, pero como ella ama lo complicado, tuvo que hacer preguntas de más, indagar de más, exigir de más. Así era siempre, casi que imposible conformarse. Es que a ella le enseñaron que uno debe apuntarle a lo más alto, pero lo que nunca pudo aplicar es a retirarse antes de terminar contra el piso y con el corazón roto. Digamos que los autorreguladores nunca le funcionaron, era experta en ignorar las señales, las alertas, al astrólogo y hasta a sus amigas. Era experta en botarse de cabeza al abismo hasta enloquecer. Era experta en decir "esta es la última vez", y nunca lo era.

Todo comenzó con un encuentro casual. Tres horas de chat, luego de darse 'like' en Tinder, bastaron para ponerse una hora de encuentro. Simple: su restaurante favorito medio día. Siempre la excusa de volver al trabajo era buena. Él, todo un caballero, pasó a recogerla en su auto último modelo -¿por qué las mujeres son tan fácilmente impresionables?-. Resultó buen conversador, con un cargo interesante y padre soltero, lo que podía sumarse como un plus, ya que ella tenía su propio hijo y eso traería bastante comprensión. Y además pagó toda la cuenta. Esas fueron las conclusiones del primer almuerzo. Aunque ella no lo notaba, comenzó la película.

Lo que siguió era predecible. Mucho chat, pocas salidas. Es que no entendió la primera alerta, un personaje con ese nivel de cargo y una vida relativamente armada, si está en una aplicación de ese tipo, seguramente solo está buscando sexo. Seguramente nada serio saldría de ahí. Pero ella fue ciega.

Le sudaban las manos cada vez que entraba un mensaje de él. Vivía en una nube. Pero las muestras de interés de él eran pocas. Siempre había ocupaciones, viajes, complicaciones. Pero se veían, poco pero se veían. A veces almuerzo, a veces cenas. Pero más temprano que tarde, a pesar de su promesa de abstenerse por un tiempo, cayó. Se revolcó con él como si no hubiera un mañana. Y lo peor es que le encantó. Quedó enganchada, a pesar de todo.

De ahí en adelante, las llamadas o textos eran para verse temprano en la mañana, antes del desayuno, seguramente para saciar las ganas mañaneras de los hombres. Ella hizo caso. Siempre, nunca se abstuvo. No entendió que correr en la dirección que el hombre dice les mata las ganas. Uno nunca puede ser presa fácil, le dijeron un día, pero a ella le encantaba en bandeja de plata. Se podría suponer que él se acostumbró, y que le gustaba así para lo que la quería: sexo ocasional sin ningún tipo de exigencia. 

Pero ella comenzó a querer más. ¿Es lo normal no? Quería salidas a cine, quería salir de rumba, quería planes varios. Quería ser la única.

- ¿Tu sales sólo conmigo?
- ¿A qué te refieres?
- ¿A que si sales con alguien más?
- Si me preguntas si tengo más amigas, si tengo.
- ¿Te tiras a tus amigas?
- ¿Por qué preguntas eso?
- Porque yo no me tiro a mis amigos, entonces necesito saber qué significa para tí tener amigas.
- Entonces, la respuesta es sí.

Un silencio se apoderó de los dos. Ninguno quizo ahondar más. Ella sabía que tenía que salir corriendo. Pero no podía resistirse a sus ojos, a su sonrisa, a visualizar sus manos sobre su cuerpo. Así que siguió ahí. Pegada a él como si fuera su última posibilidad. Como si no hubiera alternativa.

Pero seguía recibiendo poco. Incluso las llamadas por la mañana cesaron, los encuentros se volvieron casi que cero. Entonces aprovechó la siguiente oportunidad que tuvo para preguntar qué había pasado, por qué la lejanía. Las respuestas eran obvias, que se hubieran intuido sin sencillamente hubiera leído las señales. Quedaron de amigos. Amigos en la versión de ella. Tenía el corazón roto. Se había enamorado tan rápido con tan poco...

Ser amigos implicaba hablar de los días, de la cotidianidad, que el hijo esto, que su mamá aquello, que su trabajo no sé qué... Y ella se mordía el labio para no decirle que lo odiaba por no amarla.

Se vieron, como amigos, para ir a un evento. Antes de entrar, la bomba. Margarita estaba embarazada. Mil quinientas millones de ideas vinieron a su cabeza. La más recurrente, que hubiera podido ser ella, la más triste, que cualquier ilusión moría ese día.

Respiró profundo, lo felicitó con una hipocresía poco evidente, y actuó como si nada. Volvió a prometerse que sería la última vez, que nunca le volverán a romper el corazón y que a la próxima atendería todas las señales.

6 de febrero de 2015

Alguien nos mira


El romance era secreto. Dos razones sencillas: su posición de jefe -la de él-, y sus actuales parejas. A él le preocupaba más que su mujer lo botara, que perder su trabajo. Para ella, lo segundo era más importante.

Todo había comenzado como un juego inocente: miradas van, sonrisas vienen, un par de caricias por  debajo de la mesa, hasta que terminaron juntos en la cama.

Él era jefe de urgencias en una clínica, digamos que cualquiera. Ella una enfermera recién egresada con todas las ganas de aprender. Él era mucho mayor, aunque no aparentaba. Los años de largos turnos y trasnocho no se le notaban en el rostro.

Por el lado de Patricia, solo sabía su mejor amiga. "Ese señor se está aprovechando. Fijo le hace eso a todas las nuevas. La verdad no entiendo qué estás esperando de esto", era la línea discursiva de su cantaleta. La verdad, ni siquiera ella sabía, digamos que actuaba sin pensar. No había querido complicar la cosa: Se vieron, se coquetearon, se gustaron, se tocaron, se besaron, se acostaron, y ahora andaban a hurtadillas para que nadie se enterara en el hospital. Es que ella no creía en el karma, entonces eso le facilitaba actuar mal (teniendo en cuenta que el 'mal' es subjetivo y en este caso se trata de lo mal visto por sus amigos).

Así pasaron los meses. Entre toqueteos en los rincones, escapadas a moteles cercanos y uno que otro polvo oficinero. Patricia se creía invencible, como es la costumbre en los jóvenes. Así que no pensó que el asunto podría salirse de sus manos.

"Me divierte. Tu tranquila, que igual no estoy para casarme", le repetía a su amiga.

Un día, el castillo de naipes fue soplado por un ventarrón. La jefa de personal la citó a su despacho.

Señorita González. Tome asiento. Esto de lo que tengo que hablarle es muy grave.

Sabía que su secreto había dejado de serlo.

He recibido este video. Dijo la matrona, que al hablar de dimensiones, valía por dos, mientras espichaba el botó de 'play' en el control del televisor que se ubicaba a sus espaldas.



Pero eso no quiere decir nada, Doctora Munar.
¿Está segura Patricia?
El Doctor Andrade solo jugaba conmigo.
¿Está segura Patricia?

Y adelantó la imagen hasta que apareció algo un poco más grave.



No pudo ocultar su cara de asombro, seguida de una cantidad infinita de lágrimas. |

Eso no es lo que parece. Fue lo primero que logró balbucear, esperando comprarse un poco de tiempo.
¿Qué no es Patricia?
Es que él... él... él me amenazó. Andrade me amenazó.

Un signo de interrogación se posó en la cara de la doctora Munar. ¿La amenazó con qué?
Con que si no le seguía 'el juego' como él lo llamaba,me haría despedir
¿Y por qué no denunció?
Porque, pues a quien le creerían, a mi, la nueva subalterna recién graduada -que seguro tiene ganas de un aumento- o al gran doctor que es una eminencia? Admítalo, estaba en desventaja.
¿Está insinuando que el Doctor Andrade la acosó? ¿Que no eran amantes? ¿Por qué quien entregó estos videos asegura que ustedes eran amante?.
Yo no sé! Lo único que sé es que me obligó a hacer cosas que no quería hacer.

Rompió en llanto desconsolado. Solo así podría salvarse.

¿Entiende las implicaciones de lo que está asegurando, Patricia?
Sí Señora.Y si esto me va a costar mi carrera, pues que así sea. Estoy aburrida del acoso, del abuso del poder.
Tranquila, Patricia. Por favor, tome este vaso de agua. Tómese la tarde libre y mañana hablamos. Tengo que pensar qué hacer.

Se encerró en su casa. No respondió ninguna llamada. Necesitaba estar segura de que no hubiera ninguna evidencia del romance que sostenía con Santiago.

Efectivamente. Habían sido demasiado cuidadosos, casi sépticos en las comunicaciones. Nunca mensajes de texto, nunca chats. Sólo él la llamaba a ella. Ella no sabía el teléfono de su casa. Coordinaban los encuentros en persona en el hospital. No había forma de que descubrieran su amorío.

Iba ser su palabra contra la de él. No sabía si podía ganar ¿debía buscar un abogado? Quien sabe.

¿Patricia puedes venir a mi oficina hoy?
Claro. Hoy tengo el turno por la tarde. A las 9:30 nos vemos.
Gracias. ¿Cómo estás?
Con algo de temor.
Tranquila. Aquí hablamos.
Ya nos vemos.

Era un manojo de nervios. No lograba controlar el temblor de sus manos. Sabía que iba a toparse con Santiago en algún pasillo del hospital. Después de tantos meses habían memorizado todos sus hábitos y rutinas.

Demasiado cliché, el ascensor. No fue capaz de mirarlo a los ojos. Cobarde le repetía una pequeña voz en su cabeza.

¿Qué haces aquí a esta hora?
Asuntos administrativos
¿Ayer qué te pasó que te fuiste temprano? ¿Estas bien?
Si. Solamente me sentí mal y me fui a mi casa.
¿Por qué no me avisaste?
¿Bueno ahora me toca decirte todo?

Salió del ascensor lo más rápido que pudo. No quería seguir charlando.Santiago la vio caminar por el pasillo hasta que las puertas de metal se cerraron. Definitivamente le encantaba. Definitivamente nadie entiende a las mujeres.

Jefe médico del hospital San Rafael denunciado por acoso sexual. Se leía en todos los diarios de la capital. Santiago trató de mantener la calma. Había intentado manejar el asunto con el más bajo perfil posible para no afectar a su familia.

En el hospital le dieron una licencia durante el proceso penal. Sería demasiado embarazoso enfrentar a sus colegas todos los días y evadir sus miradas de juicio constante. Estaba devastado. Para él su trabajo no lo era todo, pero su familia si. Y estaba a punto de perderlo todo.

Esperó toda la noche y parte de la mañana frente al apartamento de Patricia. El algún momento debe llegar se decía. La reconoció a lo lejos y corrió a su encuentro, antes de perderla tras la puerta del edificio.

¿Qué haces aquí? ¿Sabes que no debemos vernos hasta el juicio.
¿Dime que quieres?
Patricia lo miro con algo de pesar. Estaba desaliñado, barbado, despeinado. La situación lo estaba acabando.

Nada. Esto no se trata de eso...
Entonces dime de que se trata, gritó.
Patricia rompió en llanto.

¿Ahora vas a llorar? ¿Ahora eres una víctima?
Perdóname perdóname!!!
Me asuste no supe que hacer. Y ya todo ha ido demasiado lejos.

Patricia entre lágrimas y sollozos le contó todo lo ocurrido. Y el sentía una profunda rabia, al tiempo que lo invadía un pesar inmenso por esa criatura incapaz de afrontar de otra manera un gran problema. La abrazó por un instante. En ese momento comprendió que era solo una niña.

Perdóname, perdóname. Repetía incesantemente.
Tranquila. Ya veré como resuelvo esto.

Esa fue la última vez que lo vio. Supo, por chismes de pasillo que había logrado un acuerdo con el hospital. Que retiraron la denuncia, a cambio de que confesara y dejara el hospital. Supo también que la esposa no lo abandonó y que se mudó a provincia, donde seguramente el escándalo no había llegado porque le ofrecieron trabajo.

No soportaba estar en ese lugar. Todos la miraban como si fuera un bicho extraño. Definitivamente rumoraban la realidad de la falsa acusación.

Perdió. Ambos perdieron. Si tan solo hubieran sabido que todo el tiempo alguien los miraba. Si tan solo hubieran sabido que en situaciones como estas nunca nadie sale invicto. Siempre hay un precio que pagar.

15 de diciembre de 2013

¿A qué juegan?

Tengo muchas amigas solteras. Algunas de ellas ya se cansaron de desear un novio, se han resignado y enfocan todas sus fuerzas y ánimos en trabajo o ejercicio. Otras, aun conocen gente nueva y por ende, uno que otro personaje que podría convertirse en 'alguien' especial. Y otra minoría comienza contactos con hombres salidos del internet, que demuestran cierto tipo de interés, lo que lo convierte en una potencial cita. 

Después del contacto inicial (sea en una fiesta, o por alguna de las cientos de redes sociales), se intercambian datos, y ¡Oh maldito chat! Los manes comienzan a 'conquistar' por medio de mensajes de whatsapp, facebook y twitter. La minoría, luego de probar que la mujer es menos loca que su anterior ex, que no tiene novio, o que demuestra ganas de volver a salir con él, invita a un café, a cine o a comer algo. Con esos no tengo problema. Pero repito, son la minoría.

Los otros son los que me llevan logran que a veces me cueste trabajo entender a los hombres. Se quedan en el chat. Reclaman atención virtual, tiempo dedicado a horas y horas de charlas. Hasta mandan mensajes a horas inimaginables de la madrugada (seguro creerán que su víctima vive encerrada esperando un mensaje o ¿qué?). Pero nunca se deciden. Le calientan 'la pantalla', porque no el oído (nunca llaman) a la chica que supuestamente les gusta. Para disimular se inventan algún plan, pero siempre 'el destino' se interpone (alguna excusa fantástica que preciso no les permite salir ese día).

¿A qué juegan? 
¿A subirse el ego teniendo a una 'pobre idiota' pendiente de ellos todo el día por chat?
¿A tener un 'arrocito en bajo' digital?
Seguro tienen novia o están saliendo con alguien, pero necesitan un backup...

La verdad me cuesta entender la lógica de esto. A las mujeres o nos gusta un man y salimos con él, pero si no nos gusta, no les hacemos perder el tiempo. Simple. 

Pero algunos de ellos no saben actuar así. Ellos prefieren hacer uso de las ventajas de los chats, para engañar sistemáticamente. Y por lo que he podido averiguar, este tipo de hombres abundan.

Menos mal, ya las mujeres no somos tan ilusas como antes y entendemos que la única regla que le aplica a los hombres es que "si el tipo quiere estar contigo, se esfuerza y hace todo lo posible. Invita a salir regularmente y no saca excusas chimbas. Si el personaje no hace eso, sino que se esconden detrás de un chat, no vale la pena gastarle esfuerzos."

Entonces, ¿si algún hombre lee esto y tiene alguna explicación sobre estas actitudes y formas de actuar, podría ilustrarnos a mi y a muchas mujeres que como yo, no entienden?


Luego de que escribí el posts, @ElHalfling escribió la versión masculina del post... Al parecer hay mujeres que usan el mismo método para tener a los manes colgados del chat! AQUI el post



15 de septiembre de 2013

V

I
Se sentó sobre la piedra y dejó caer sus pies.
Sintió la brisa sobre su frente.
Pensó en ella.
Ella ya no estaba.
¿Y él?
Lo había olvidado.
Debía recuperarse.
No podía seguir viviendo por ella, como ella siempre quiso.
Lo cambió.
Debía regresar.

II
Respiró profundo.
Cerró los ojos.
Recordó la música.
Los sabores.
Los olores.
Qué le gustaba.
Sí ese era él.

III
Bajó de la roca.
Se prometió nunca más olvidarse de él mismo.
Escribió ADIÓS en la arena.
Esperó que una ola llegara.
El mar se la llevó.
Lejos... Lejos.

IV
Sonrió.
Con la boca.
Con los ojos.
Con el pecho.
Con las manos.
Con los pies.

V
Inició un nuevo camino.
Por él y para él.

7 de mayo de 2013

Destino

Había decidido llegar temprano. Era uno de esos días en los que quería sorprender a mi esposa con cualquier detalle culo.

Intenté abrir la puerta y la llave no funcionaba. Inmediatamente recordé aquella frase con la que Emma me sentenció: "Si me entero que me estás diciendo mentiras o andas con otra vieja, te cambio la chapa". Siempre lo tomé como un mero chiste, que hoy, precisamente hoy, cuando quería sorprenderla, se había convertido en realidad.

Bajé a la portería.

- Albeiro, sabe si mi esposa está en la casa
- ¿Dejó las llaves de nuevo, don Javier?
- Imagínate, en la oficina de nuevo.
- Ay doctor, yo si no he visto a doña Emma, y como sabe yo entro a turno a las 6 de la tarde. ¿Quiere que la llamemos desde el citófono?
- Por favor.

Varios intentos infructuosos y nada. Varios mensajes de textos y llamadas al celular. Nada.

- Bueno Albeiro, cualquier cosa, si la ve, le dice que me llame.
- Listo. Listo.

Abordé el carro y comencé a andar sin rumbo. Tratando de tomar vías que no estuvieran tan congestionadas. Que me permitieran entender qué había pasado.

- Doña Emma
- Que no me diga Doña, Albeiro
- Bueno doctora, el doctor que lo llame que dejó las llaves en la oficina.

Claramente no había dejado las llaves en ninguna parte. "Por lo menos no sabe dónde ando y tengo tiempo de empacarle sus maricadas".

Ya eran las 11 de la noche y cada tanto el celular repicaba. Era Javier llamándome. En algunos casos sentía cierto remordimiento. Como que ganas de recibirlo de nuevo. al final, es un gran tipo. Pero en el fondo sabía que no podía seguirme sintiendo desgraciada e infeliz.

Con mucha delicadeza fue agarrando cada traje. Cada  camisa. Cada chaqueta. Y la fui metiendo entre una caja. Con cada elemento, llegaba un recuerdo. Y fue inevitable derramar una que otra lágrima. Me hice la que no sentía. No quería pensar, porque cualquier vestigio de debilidad, me llevaría a cambiar de opinión.

Me paré en la esquina de un parque cualquiera. En esta ciudad todos los parques son iguales. Unos más grandes, otros más pequeños, pero iguales. ¡Qué falta de originalidad!, pensé en ese momento.

Saqué mi libreta y un bolígrafo. A veces las cosas se me hacen más fáciles si comienzo a hacer dibujos y gráficas. Comencé pues a analizar qué mentira me pudo haber encontrado Emma. Pasé por las cuentas bancarias, por el aumento que no le conté, por las noches que me de quedé trabajando solo y le inventé mil y una reuniones. Las veces que pensé en el culo de otra vieja en el centro comercial. Repasé todo... Nada relevante. Pero me sorprendió la cantidad de 'mentiras piadosas' que se va uno echando impunemente por la vida. Me sentí impotente. No encontraba una razón real para el comportamiento de Emma.

¿Por qué no vienes a la casa? Es tarde y hace frío. Em

Recibir ese mensaje fue como una bocanada de aire fresco. Como que me volvió el alma al cuerpo. Ya eran las 4:30 de la mañana. Retomé el camino de regreso a casa y durante el trayecto -bastante largo, por cierto- me rebané los sesos pensando qué había sucedido.

Salí en la mitad de la madrugada del apartamento. No entiendo en qué momento cambió mi plan. Era algo sencillo: le hacía creer que le había descubierto una mentira. Lo dejaba partir... Simple. Pero claro, comenzó a hablar el corazón y no la cabeza. Y ahí fue cuando me di cuenta de lo injusto de mi terminación. Javi me ama. Me adora. No es justo hacerle esto.

Pero de todos modos, cualquier cosa que pasara sería dura. Es que en la vida no hay nada fácil. Así que empaqué. No las cosas de él, sino las mías. Las metí en el carro. Todo es más fácil cuando el portero duerme y no va a lograr entender la situación.

Llegué al hotel donde Javier y yo pasamos nuestra noche de bodas. Pedí el mismo cuarto. Por suerte estaba desocupado. Ahí fue donde me di cuenta que era feliz.

Subí como alma que lleva el diablo. No había recuperado el aire cuando me topé con la puerta blanca. Esa que habíamos cambiado casi 4 veces porque a Emma le parecían todas las opciones aburridísimas. Noté una cuerdita atada al pomo de la puerta. Era agua marina. Su color favorito, al final de ella, la llave.

Abrí y me sentí como de 7 años, cuando creía en monstruos y le tenía miedo a lo que existía debajo de la cama. Noté un vacío sepulcral en todo el apartamento. Busqué en cada rincón, pero nada. Solo vacío. No estaba su ropa. Lo único fuera de lugar era una foto de los dos encima de la cama. Debajo de la almohada una hoja doblada en dos.

Javi

Sabes que soy pésima con las despedidas y al parecer soy pésima para ejecutar los planes también. Tenía uno. Era bueno. Pero no fui capaz.

Supongo que debes estar ahogándote en un mar de incertidumbre. Por eso quiero que me perdones. Por eso te pido que te llenes de amor y desalojes de tu corazón todo vestigio de ira y de rencor. Solo así podrás entenderme.

Hace unos meses me diagnosticaron una enfermedad incurable. Y como sabes lo que opino de esto, supongo que no te sorprende que no haya hecho nada al respecto.

Hoy se vence mi plazo. Y Solo quiero que me recuerdes, feliz. Feliz contigo.

Sé que soy egoísta, pero creo que esta es la mejor forma de ahorrarte un dolor infinito.

Te amaré por siempre.

Emma.

No había salido del asombro, cuando sonó el teléfono de la casa.

- ¿Aló?
- Señor Javier Andrade, le hablamos del hotel El Paraíso.
- ¿Si? Dijo tratando de ocultar sus nervios.
- Necesitamos que venga. Es por un asunto relacionado con la Señora Emma Ángel. Pero no queremos que sea discutido por teléfono.

Asumí lo peor. Me visualicé reconociendo entre sábanas blancas y bolsas negras, el cuerpo sin vida de Emma. Me puse en posición. Lloré todo lo que pude en el camino. Antes de bajarme del carro me compuse. Traté de parecer un ser humano sereno y calmado.

Respiré profundo antes de entrar al lobby del hotel. Estaba tan lleno de recuerdos...

- Buenas, hace un rato recibí una llamada de éste hotel.
- Sí claro señor Andrade. La señora Ángel nos pidió que lo hiciéramos pasar al cuarto de su primera noche de casados. 

Sentí que mi alma sonreía. Esa fue, sin duda, la noche más feliz de mi vida.

- Sígame Señor.

Caminé recordando cada segundo del primer día que pisé ese hotel. Emma y yo le apostamos a pasar esa noche en un hotel tranquilo, pequeño, de esos que evocan los mejores tiempos en la finca de los abuelos. Escogimos El Paraíso, porque era como un oasis en medio de una ciudad ruidosa y sucia.

El encargado me dejó solo en la puerta y se despidió con un hasta luego que denotaba algo de lástima. Sentí que mis rodillas temblaban.

Emma abrió la puerta. Inmediatamente comencé a llorar.
- Pensé que...
- Shhh... no hables. No digas nada. Dijo poniéndome la mano sobre los labios.

Nos abrazamos como nunca antes lo habíamos hecho. Pasé mi mano por su pelo, le limpié las lágrimas de sus ojos, y la besé con las mismas ganas como se besa a la mujer de tu vida por primera vez. Y en ese instante sabíamos que íbamos a pasar el resto de la vida juntos, así el resto de la vida fueran unos segundos o toda la eternidad.




6 de mayo de 2013

Discursos

Hace unos días asistí a un nuevo episodio de la típica echada. Se trataba de una relación entre una chica normal: trabajadora, iniciando su especialización, linda, divertida, tierna y algo tímida; y un man normal: trabajador, tranquilo, con expectativas de cambiar de empleo para mejor.

Se conocieron, comenzaron a salir, se ennoviaron, hicieron planes. Normal.

Narra ella, que un mes antes del día fatal, ella se puso 'un poco' intensa y algo celosa a causa de una vieja. Mi protagonista no quiso entrar en detalles, pero fijo se trataba de una zunga, voluptuosa, de baja autoestima, que goza calentándole el huevo -como se dice popularmente- a cualquier man que tenga novia o esposa. De esas abundan, y son esas típicas viejas que no nos gustan a las novias. Punto.

Pero claro, el personaje llamado novio, se emputó, acusó de loca a mi protagonista, y todo redundó en una serie de discusiones que se prolongaban y prolongaban por los días y semanas. Entraron en el típico ciclo de pelea-reconciliación. Dinámica agotadora, para ser honesta.

Así fue como un mes después de los primeros reclamos a causa de la zunga en cuestión, el llamado novio citó a mi protagonista y luego de una extensa charla, le dice "Es que yo ya no te quiero como antes".


Freno de mano. ¿Me explican?


Osea que ¿10 meses después de andar diciéndole a mi protagonista que la quiere, que hagan planes juntos... el llamado novio se levantó y zas! ya no la quería como antes?

No me crean tan marica.

Entonces, claro conversando con la protagonista, mi conclusión fue que el man seguramente se quería comer a la zunga en cuestión, o a cualquier otra vieja que le mostrara las tetas con un escote, y que por lo tanto mi protagonista estorbaba y decidió que ya no la quería.

Pero el no querer no es el motivo. ¿No hubiera sido más honesto decir: "Mira, es que decidí unánime y egoístamente, que no quiero continuar mi camino contigo, sino que quiero navegar en las turbulentas aguas de las zungas y todos sus sinónimos"?

Así, mi protagonista no estaría pensando que fue ella la culpable de que el llamado novio la dejara, sencillamente porque hizo un reclamo válido en el papel de novia.

A raíz de este asunto, me puse a reflexionar sobre el recurrente tema de los discursos masculinos para terminar a una mujer cuando no tienen reales motivos para hacerlo, más allá de su egoísmo. Y llegué a un par de conclusiones:
Sacado de Faccebook


Primera Conclusión: Los hombres siempre quieren quedar bien e intentarán siempre decir lo más políticamente correcto: "Te mereces a alguien mejor que yo"; "Estoy confundido"; "No quiero hacerte daño pero necesito tiempo"; "Eres demasiado para mi"; "Quiero estar solo"; "necesito tiempo"... Para su cerebro, estas son las frases que se ajustan a su objetivo, a pesar de que la realidad indica que la honestidad, por más cruda que sea, siempre será el arma que los hará quedar bien ante su ex, sus amigas y su mamá.

Segunda Conclusión: Cuando un hombre termina con su novia, justo cuando ella cree que la relación está consolidada, casi NUNCA es culpa de la novia. Siempre hay un motivo externo -llámese otra vieja o la zunga del momento-, que desata en el personaje una serie de crisis, y la más popular de ellas es "necesito tiempo", independientemente de las posibilidades que tenga el man de tener algo con la 'otra'.

Tercera Conclusión: Cuando un tipo quiere botar a su novia por razones egoístas o porque ya no le gustaste -esto último pasa sobre todo durante los primeros tres meses-, lo va a hacer. Así que el discurso que te eche es lo de menos.

Cuarta Conclusión: Cuando un man echa un discurso como los anteriores para botar a su novia, no hay que pensar en los motivos 'reales', esos son los de menos. Llorar, patalear, emborracharse, siempre en privado, sin escándalo ni mensajes de odio. Sacarlo de la vida, de la mente y del corazón es el objetivo, porque así nos rebanemos los sesos tratando de encontrar el por qué real, seguramente nunca lo encontraremos, pasando a ser una completa pérdida de tiempo y una dinámica demasiado autodestructiva.


Entonces, hombres, ya que sabemos cómo funciona su cerebro, para la próxima traten de ser un poco más honestos y chicas, dejen de flagelarse cuando un tipo las bote. Al final, lo que se acaba es porque algo mejor viene.



19 de febrero de 2013

"No hay hombres"

En múltiples conversaciones con mi mamá, me ha expresado su preocupación por primas o amigas nuestras que se acercan a los 30 y no tienen novio, o un prospecto de marido.

"Naty, qué van a hacer si de verdad no hay hombres."

Y sigue

"Es que va uno a ver y en la calle y los tipos bonitos, son casados o ya son separados. Y el resto no valen la pena".

Siempre le saco 300 mil argumentos:

"Es que uno para conseguir novio, tiene que cambiar de entorno, cuando el tradicional de unos e ha agotado. Eso fue lo que me pasó a mi con Cami."

"Los hombres separados no tiene problema. El lío es si tienen una ex intensa."

"La verdad es que si hay hombres, tu te preocupas mucho"

Pero a veces creo que sí tiene razón.

Tengo varias amigas, churras, inteligentes, con trabajos estables, independientes, con criterio y lo único que se levantan es el típico mantenido que vive a las enaguas de su santísima madre; el perdedor sin carrera que vive del rebusque; el sucio hippie que no se baña; o el lengüisopa dos veces separado a quien su segunda mujer lo dejó por un torero.

Si vamos a los profesionales bonitos y exitosos, son perros, andan detrás de nenas ensiliconadas o tienen una novia eterna con la que seguramente se casarán.

Y si entramos al ámbito de los casados acabados de separar, ya tenían una moza cuando se separaron, entonces el divorcio para ellos es un mecanismos para cambiar a la esposa por la moza.

No quiero ser pesimista, queridas lectoras solteras -pero es que me preocupan mis amigas solteras-, pero me pueden explicar ¿dónde se metieron los hombres que valen la pena?


29 de mayo de 2012

Jodi... Dos

Él le hablaba sin parar. Pero ella solo miraba a lo lejos. Esperaba la luz que le indicara que podía cruzar. Sabía que si volteaba a mirarlo y escuchaba todo lo que estaba diciendo se descompondría. Comenzaría a llorar y quizá a gritar lo mucho que lo despreciaba. Ya le había dejado claro el punto. No quería volverlo a ver.

Pero él insistía.

- Perdóname. No quise mentirte.


Como si todo se tratara de una mentira. Era como si existiera un otro Javier que ella no conocía.

Sintió miedo.

- No entiendo por qué no eres capaz tan siquiera de mirarme.


Caminó una cuadra más. Y él continuaba con su discurso. Se desesperó. Le hirvió la sangre. Paró en seco y gritó

- ¡¿¿¿Qué coños quieres que te diga!??? A ver!!!!!! ¿¿Si durante un año de relación conmigo me mantuviste oculto que tenías un hijo???


Él bajó la cabeza. Realmente no sabía qué esperaba.

- ¡¡Vaya que eres un mentiroso de puta madre, eh!! Felicitaciones... 


Él seguía sin decir nada más. Realmente era ridículo. Debía retirarse. Miró a su alrededor y notó cómo todos los que habían escuchado a Johana gritando lo miraban con reprobación.

- ¡¡Lárgate!! ¡¡Lárgate de mi vista!! No quiero volver a verte. Mentiroso. Mentiroso


Aceleró el paso y se perdió entre la multitud.

Él se quedó de pie. ¿Valdrá la pena?, se preguntaba.

Pasaron los días y Johana no aparecía. No respondía. Y él iba perdiendo todas las esperanzas.
Cada mensaje que recibía era como una puñalada. ¿Cómo alguien puede decir amar a otra persona y mentirle de esa forma?, se preguntaba.

Hola Johana


Este es mi último esfuerzo por intentar contactarte. He tratado de darte un espacio para pensar. He tratado de no dejarte olvidar que quiero que arreglemos las cosas. Pero si definitivamente vas a preferir que esto se termine por un aspecto de mi pasado, ya no hay nada que pueda hacer. Entonces te digo adiós. Adiós a todo lo que fuimos y lo que construimos. Adiós a nuestros sueños. Sé que mentí. Sé que la cagué, pero ¿acaso eso arruina nuestro futuro juntos? Te amo, hoy y siempre. Javier.


Arrancó en llanto. No se había permitido derramar ni una lágrima desde el momento que descubrió que  las visitas a su madre en el hospital terminaban en una ida a cualquier parque con un hijo que ella no conocía, ni sabía de su existencia. Eso me pasa por confiada y relajada, le decía a sus amigas.

Pero con esa carta sí se dedicó a pensar. y le dolió. Le dolió la falta de confianza. Le dolió saber que quizá ella era la culpable de que Javier tuviera que mentirle. Que él ya tenga un hijo puede ser la salida para que yo no tenga que tener uno propio, pensaba en medio del llanto.

Se secó la cara, se echó maquillaje y salió corriendo hacia la casa de él. Si lo de ellos era real, claramente esto no debía acabar con su futuro.

Quería darle una sorpresa. Abrió la puerta con cuidado para no hacer ruido. Notó que todo estaba a oscuras. Entró al cuarto y en la cama notó dos cuerpos. No podía creerlo. ¿Para qué pedir tanto perdón su a la vuelta de un minuto ya se iba a acostar con otra?

Dejó las llaves sobre la mesa de comedor y volvió a salir. Quería gritar de la ira, pero sabía que no valía la pena. No más, nunca más, se dijo. 


Bajo en el ascensor y al abrir la puerta en el primer piso. Oh sorpresa!

- ¿Tu no estás arriba?
- ¿De qué hablas?
- Acabo de verte en tu cama con otra persona.
Javier reventó en risa.

- Mi Joha. Desde lo sucedido contigo le presté mi apartamento a mi primo y a su novia que vienen desde Australia, y que me estoy quedando en otro lugar. Los recuerdos son demasiado horrorosos en mi casa.


- ¿Entonces?
- ¿Entonces tu qué haces aquí?
- Quería saber cuándo me presentas a tu hijo.


La abrazó con todas las fuerzas y le susurró al oído. Gracias. Te amo.

20 de mayo de 2012

Ingenuidad

- Llega un momento, en la edad de un hombre, que tiene que decir 'no gracias'.


Al escuchar esas palabras pensó 'quizás ya maduró'. Fue como si le hubieran desatado todas las ganas que había en ella. Decididamente contoneaba sus caderas por todo el lugar. Se paseaba en frente de Alejandro cada cierto tiempo. Se hacía desear. Y él lo notaba. Tenía claro que había logrado atraer, por fin, la atención de Amanda.

Ella nunca había querido aceptarle invitación alguna a Alejandro. 'Es demasiado perro', siempre decía. Pero al parecer, los años y el divorcio, le cayeron bien.

- Te había perdido el rastro, preciosa.
- ¿Nunca perdiste la costumbre de llamar así a las mujeres?
- Quería saber si lo recordabas
- Son de las cosas desagradables que no se olvidan tan fácilmente.
- Ja! Siempre tan agria. ¿Te sirvo un trago?
- Con hielo, por favor.


La sala de la casa estaba llena de nuevos y viejos amigos, los últimos conocedores de cuántas veces Amanda rechazó a Alejandro. Los otros, seguro pensaban que se acababan de conocer y que iniciaban el ritual del coqueteo.

- ¿Cómo estás?
- Bien... Aunque eso ya lo sabes. ¿Exactamente qué quieres saber?
- ¿Por qué hoy me sonríes y ya no me miras con desprecio?
- ¿Quizá estoy probando si aun eres un ser despreciable o si, por el contrario, has cambiado en algo?
- ¿Me preguntas?
- Whatever...


Se dio la vuelta y desapareció entre los invitados.

No volvieron a verse esa noche, pero dos días después...

- ¿Vamos a cenar?
- ¿Por qué crees que te voy a decir que sí?
- Porque de seguro te mueres de ganas de comprobar tu teoría, cualquiera que esa sea.
- A las 9:00 Donde Andrew.
- Perfecto


La cena fue maravillosa. No pararon de hablar, de reírse de coquetear. Con cada respuesta y cada pregunta Amanda se convencía cada vez más de que Alejandro había cambiado. Así que cada momento soltaba más y más.

Se comenzaron a ver con regularidad. Y aunque se moría de ganas, él se ahorró las frases trilladas de 'tantos años deseándote' o 'siempre quise estar contigo, pero nunca me lo permitiste'.

Prefería callar y fingir un poco más. La verdad es que siempre le tuvo ganas, y eso no había cambiado. Solo que esta vez decidió hacer las cosas al derecho.

- A las viejas hay que darles lo que ellas quieren.
- Pero eso es demasiado exhaustivo, replicaba su amigo de tragos
- Pero efectivo. Es transaccional: les das lo que ellas quieren y te terminan 'pagando' con lo que tu quieres
- Tiene sentido...


Y así fue. Era caballeroso, tierno, divertido. Evitaba las frases clichés, de esas que se usan para conquistar chicas fáciles en los bares... Pagaba cuentas caras, veía películas francesas. Todo para poder estar entre sus piernas en las noches y besar sus dulces labios.

Pero como le sucede a los animales, cuando obtienen su presa, se aburren. Pero Alejandro estaba cómodo, y eso le gana al aburrimiento y a las ganas de volver a salir de caza.


- ¿Tú qué haces con Alejandro?
- Me lo reencontré en la fiesta de Sofía y resulta que maduró, y es tan... tan... fantástico.
- ¿Segura?
- ¿Por qué me preguntas?
- Míralo por ti misma.


Y apuntó a la esquina del bar.

- ¿Qué hace aquí?
- Espera...


Cuando menos lo esperaba, y luego de varias noches fabulosas esa semana, no podía creer lo que estaba viendo.

Él, abrazado entre dos chicas de dudosa reputación, de esas que muestran tanto que nada se imagina.

Le dieron ganas de vomitar. Pero tomó aire y fuerzas de donde no las tenía para cruzar el sitio y ponerlo en su lugar.

- ¿Podemos hablar afuera?
- ¿Amanda?
- ¿Así de borracho estás que no me reconoces?
- Señoras y señores, dijo casi que gritando, les presento a la pobre ingenua que creyó que el divorcio me había cambiado.


Se sintió observada por todas las personas del lugar. Y no sabía qué hacer. Es más, no entendía qué pasaba

- Sí, ella, es de quien les estaba hablando. Querida mía, los hombres perros no cambian, solo que aprendí que a una perra frígida como tu se conquista con detalles y falsa honestidad. Y me creíste. ¿Que tu ibas a demostrar una teoría conmigo? Creo que yo demostré una contigo. ¡SALUD!


Y todos alzaron la copa y respondieron ¡SALUD!


Iba a retirarse humillada e iracunda, pero se volteó y se acercó a él. Tuvo que quitarle de encima a una de las lobas y le susurró 'Por lo menos no soy la única con SIDA aquí".


Retomó el paso sonriente y complacida. Mientras la chica que estaba encima de él se fue retirando y le dijo a sus amigas lo que había escuchado. En menos de lo que se alcanza a contar uno, Alejandro estaba solo, pagando la cuenta de lo consumido por sus 'amigos' y contando cuántas veces había tirado con Amanda sin protección.







23 de marzo de 2012

Qué pena me da...

- Es que me da pena que me vean contigo en público.


No pudo continuar leyendo. La ira lo invadió inmediatamente, al punto que su primera reacción fue agarrar el teléfono y reventarlo contra la pared -obvio no-. Quería borrar de un tacazo todo lo que había pasado los últimos dos meses.

- Qué mierda. Este hijueputa qué se cree. Decía casi al grito a su amigo que estaba conectado por skype.
- Calma. Seguramente hay una explicación para todo.
- Es decir. Armamos un viaje a San Andrés, y me deja con todo armado. 
- Eso es lo de menos, te vas con Kate, tu mejor amiga, que sí necesita sol.


Esbozó una sonrisa al recordara su mejor amiga siempre quejándose del color desteñido de su piel.

- No entiendo qué le pasa a los tipos, de verdad. Una cosa que me mamaba de las viejas era lo complicadas, pero los tipos son peor.
- Nico, eso no de manes o de viejas, eso es de humanos. Es que nadie nos entiende. Además deja de joder que nunca te gustaron las viejas. 
- Claro que sí, solo que me gustan más los manes. Te extraño, bro. Quisiera que estés aquí.
- ¿Para romperle la jeta ese malparido? 
- Hasta depronto.


A Alejo lo había conocido por intermedio de unos amigos. No se gustaron, normal. Salieron en una primera date, normal. Con los días hubo química, normal. Hubo muchos besos, caricias, pero el sexo lo quería -Alejo- guardar para un momento especial, no tan normal pero sobrellevable.

Y así inició todo. Largas charlas y planes conjuntos para lo que sería una noche de locura sexual al lado del mar. Mientras llegaba el día del viaje, los planes no se hacían esperar. Cine, rumba, besos, cena, charla, amigos, más cena, caminatas de la mano... Para Nicolás todo iba perfectamente bien, sobre todo luego de que había salido de una relación que no le permitía este tipo de relaciones.

Se sentía feliz. Más de lo que se pudo imaginar cuando vio por primera vez a Alejo. Que un tipo sea divertido es el 70% de su sex appeal, decía siempre que le contaba a alguien de su nuevo chico.

Sus seguridades frente a lo que él comenzaba a llamar relación se incrementaron cuando Alejo lo invitó a pasar una noche con sus tres mejores amigos. Quiero que te conozcan, le dijo. Canceló los compromisos previos con sus padres para poder ir a la noche especial con Alejandro. Todo fue relativamente normal, charla de manes, de amigos, y tragos. Sin embargo, durante una media hora Alejo se perdió de la reunión. Sebe estar hablando afuera por celular, o fumando, pensaba Nicolás. Nada de qué preocuparse. Había sido una noche agradable, cada quien partió a su casa a dormir. En serio, el compromiso de no tener sexo antes del viaje se mantenía.

Pero el domingo, cuando lo saludó por ese impersonal chat, sin el cual la mayoría ya no puede vivir, recibió lo que equivaldría en persona a un cachetadón.

Nico, quiero terminar contigo. Las cosas no están bien. Chao.

Y sin más desapareció. Nicolás, acostumbrado a salir con manes que entran en crisis cada 15 días, no le dio la mayor importancia, ni se imaginó que la noche anterior tenía algo que ver con esta actitud. Se fue de compras, decoró una parte del estudio de su apartamento que faltaba y terminó el día rápido, para evitar pensar maricadas.

Pero pasaron varios días y no había noticias de Alejandro. Sin embargo, no lo buscó. Daba todo por seguro, confiaba en que la promesa del viaje se mantendría.

Ocho días después, en el minuto siguiente de haberse despertado, pensándolo, Nicolás recibió un mensaje de texto al celular.


- Necesito decirte por qué te terminé
- No hace falta
- Es que quiero liberar mi alma.
- No te preocupes, la libero de toda culpa, vete tranquilo y déjame en paz.
- Es que me da pena estar en público contigo, eres un hombre maravilloso, lindo, inteligente pero no quiero que me vean contigo.


En ese instante se sintió en un universo paralelo. ¿Pena? ¿Conmigo? ¿En público? Entonces, ¿qué había sido de todos los días en los que en público se besaban o caminaban de la mano? No entendía nada.


Alejo seguía escribiendo. "Por eso me perdí ese sábado. Fui y me rumbié con otro man. Ahora estoy saliendo con él y pues no quiero que pienses que te dejé por otro, solo que no quería que supieran que estabas conmigo"


Nicolás no respondió nada más. Se fue con su ira al skype a hablar con alguien que lo ayudara a evitar un ataque homicida.

- Es un inmaduro. Hasta virgen debe ser. Imagínate, no te lo dio, solo besitos, y te deja justo antes de 'consumar su amor' Fernando rompió en risas
- No se si eso es lo que más me arde.
- Lo que tienes es puro dolor de ego, y que no pudiste con ese clavito sacarte a Juanito.
- Ay Juanito
- Aeeee... cómo suspiras.


Antes de que acabara el día. Marcó de memoria un número borrado pero no olvidado
- ¿Juan?
- ¿Nico?
- Amor...
- Te extraño...
- ¿Quieres irte de viaje conmigo?
- Sí!
- ¿Y tus padres?
- No te preocupes, ellos ya lo saben todo.
- ¿Y? ¿Qué dijeron? ¿Cómo lo tomaron?
- ¿Me recibes en tu casa?






17 de marzo de 2012

Socioconfusos II

Como ya lo escribí en un post anterior  socioconfuso es aquella persona -en mis ejemplos hombres- que al salir con otra persona plantean unas reglas de juego, pero actúan de una manera diferente: dicen una cosa, y hacen otra, obteniendo como resultado un corazón roto y un cerebro enredad (obvio el del tonto que le creyó).

Esta semana me contaron otra historia. Y espero que la persona que me la contó me perdone (sí, esta vez no he pedido permiso para contarles), pero es que creo que le voy a hacer un favor a la humanidad.

La protagonista, a quien llamaremos Paola, viene de una larga temporada sin salir con nadie por diversos motivos: una tusa ya superada que le consumió gran parte del tiempo; mucho trabajo; un viaje y falta de prospectos que le gusten de verdad.

Hasta que un día, en su trabajo, conoció a un sujeto. Él, a quien llamaremos Eulogio (a manera de venganza por huevón), trabajaba en un área distinta a ella, y sin importarle que fueran compañeros, le puso el ojo. Le comenzó a caer.

Ella tenía sus dudas. Es que salir con un técnico de esa área digamos que no es tan 'play', y si a eso le suman la chismosería laboral y demás asuntos que pasan cuando se acuesta con la nómina, no era muy atractivo el tema.

Pero nuestro amigo Eulogio insistía. Llamadita va, llamadita viene. Piropo va, piropo viene. Y mientras, Paola, hizo unidad investigativa. Resulta que el tipo se graduó de una buena universidad (de esas prestigiosas, que llaman) y que tenía un cargo de técnico, casi que por gusto; vive en un barrio 'bien' y no es un pobre vaciado.

Entonces el tipo cumplía con las expectativas. Churro, pilo y con algo de plata. Y si tres meses después seguía insistiendo, es porque seguro hay un interés real.

Aceptó la primera cita en la que el personaje seguía sumando puntos. Era tierno, detallista, atento, divertido... Y comenzaron a salir. Y a medida que se veían aumentaban los detalles: agarrada de mano, caricias, llamadas antes de dormir... Y llegó el momento de darse besos. Entonces ya era una date oficial. Varias semanas viéndose y besos, efectivamente iba para alguna parte.

Paola se estaba ilusionando, y pensaba que iba de la mano con Eulogio en este camino, cosa que 'confirmó', cuando el tipo llegó un domingo pasadas las 8 am a la casa de ella con desayuno. Obvio, yo también hubiera muerto de amor!!!!!!

Pues pasó la siguiente semana al trágico evento del desayuno y Eulogio, solo llamaba y botaba el culo. Quince días, y seguía evadido. Hasta que un sábado a las 3 pm quedó en llegar a donde Pao, y nada. De ahí en adelante le marcó cada hora a darle una excusa distinta: "ya voy es que se me alargó la vuelta"; "ya voy es que me agarro un trancón"... Es que, Es que, Es que..... Y a las 10:00 pm "Lo siento ya es muy tarde".

Yo lo hubiera matado. No solo dejó a Paola metida, arreglada y con las ganas de verlo alborotadas, sino que le quitó la posibilidad de haber hecho otra cosa ese sábado. ¡¡¡Eso no se hace!!! Que mala maña (el man de la historia pasada, hacía lo mismo, creo que es patológico).

Con todos los motivos, y la ira a flor de piel, Paola le marca a Eulogio y le hace el reclamo (claramente esta es mi versión del reclamo): "Mira, tu y yo no somos nada, lo tengo claro, pero conmigo no juegues. Llevas 15 días botándome el culo y yo como una idiota creyendo tus motivos, cuando lo que en realidad te faltan huevas para ponerme la cara y decirme que no quieres seguir saliendo conmigo. Pero te recuerdo, te recuerdo, que yo no fui la que te busqué, que yo no fui la que me arrastré tres meses para lograr salir contigo. Así que asume las consecuencias de tus actos y ponme la cara. No seas cobarde".

Claramente, lo habría matado. Uno a esta edad no está para maricadas ni para huevones.

¿El tipo qué hizo? Pidió disculpas. Pero no dio ningún motivo. "Si tenemos que hablar"; "Perdóname, no fue mi intensión"; "Tienes toda la razón". El lunes, Le marcó a eso de las 5 de la tarde a Paola y le dijo, "yo sé que tenemos que hablar, apenas salga te llamo para que nos veamos". Y hasta el sol de hoy, no ha vuelto a aparecer. Paola están el proceso de sacar la ira de su corazón y está cuestionándose qué hizo mal, a pesar de que le digo y le repito que nada, que ese man es un típico socioconfuso.

Entonces señores háganos un favor y:

- Si no están seguros de que una chica les gusta: NO la inviten a salir más de tres veces
- Si definitivamente la mujer no las convenció: Díganle la verdad en la cara, la verdad duele menos que desaparezcan sin motivo alguno
- Tengan claro para qué y qué quieren de la mujer con la que salen antes de llevarle desayuno un domingo en la mañana
- NUNCA hagan una cita que no van a cumplir. Es más fácil decir: "Hoy no puedo", y así uno se hace una vida
- JAMÁS llamen a su date a decirle: "Te llamo más tarde para que nos veamos" y luego no aparecer. Eso es jugar con el tiempo y con las ilusiones de las personas.
- Y por favor, antes de invitar a alguien a salir y darle besos, tengan claro si están o no para asumir la responsabilidad que implica salir con alguien. Ante las dudas: ABSTENGASE




12 de febrero de 2012

SOCIOCONFUSOS

Hace más de dos años que dejé de tener 'dates'. Pero mis amigas, que permanecen solteras, sin novio y sin maridos me mantienen al tanto de lo que sucede cuando uno sale con tipos y no funciona. Y debo confesarlo: no dejan de sorprenderme.

Últimamente he escuchado un par de historias que me llevaron a acuñar el término 'socioconfusos', es decir dícese de aquellos hombres que dicen una cosa, y hacen otra completamente opuesta y dejan a las mujeres viendo un chispero pensando 'y es que acaso este personaje no se tomó el litio'?

'Socioconfuso' es aquel tipo aparentemente maduro que plantea la relación que quiere con la mujer que le gusta, pero que en el camino se le pierde el objetivo y comienza a dar tumbos contra la pared. El peor efecto de los socioconfusos sobre las mujeres es que éstas en el afán de entenderlos, darles lo que quieren y no mostrarse como una 'loca neurótica' (porque así nos califican cuando exigimos algo) que pide un poco de claridad, vamos detrás de ellos dando los mismos puntos, hasta que se nos rompe el corazón, o en el mejor de los casos, la esperanza.

Tengo una amiga a la que llamaremos Agnes. Agnes suele ser una mujer libre. Libre de esas que hacen lo que se les da la gana. Si quiere tirarse a alguno, lo hace. Sin  problema, sin remordimientos posteriores. Le gusta el trago, casi que toda la música, baila, canta, va a conciertos. Digamos que sería el prospecto perfecto para algún personaje que quiera divertirse.

Alguna vez salió conmigo a una fiesta en cualquier bar Bogotano. Yo estaba con mi novio, lo que implicaba que ella debía casi que buscarse un parejo, o bailar en la ronda con el resto de des-parejados. En esa rumba conoció en medio de alguna salida a fumar a quien llamaremos Edwin. Hicieron buenas migas, bailaron, hablaron y todo lo que hace uno en un bar. 

En algún momento decidieron irse. Agnes me notificó, yo no hice preguntas. Como siempre. Se fueron a su casa -la de ella- y tuvieron su primera faena.

Con las semanas llegaron al siguiente acuerdo: 'seremos amantes' Sin más. En sus mentes esto era enviarse un mensaje para verse en las noches de los fines de semana. Sin más preguntas ni exigencias. Así funcionó bastante tiempo. Creo que fueron como 5 meses. Sexo, tragos y diálogo. Sin más.

Pero un día, Edwin decidió dejar a Agnes metida. Ella, que estaba en un asado, regresó corriendo antes de tiempo a su casa. Se arregló, organizó todo. Y el personaje, sin más, no avisó que no podía llegar. Agnes, en su plan de no ser una 'loca neurótica' se quedó callada. Edwin, ni se inmutó, creyó que sus derechos de amantes incluían el no aparecer sin dar explicaciones.

En este punto, uno creería, el 'man se aburrió' o se consiguió otra. Podría ser, solo que el acuerdo sí incluía el poder tener sexo con otras personas. Agnes lo aplicaba. Edwin también.

Un día. En una conversación algo borracha, Edwin hizo una exigencia. 'Quiero ser m ás parte de tu vida. Inclúyeme'. La respuesta de Agnes fue 'estás seguro? Quieres que seamos novios y todo lo que eso implica?' No hubo respuesta. Así que ella asumió que Edwin no estaba listo y que todo seguiría tal cual. Y así fue por varias semanas.

Pero el personaje volvió a desaparecer. Y aparecía haciendo reclamos de olvido, abandono, que por qué ella Agnes no aparecía... Todo retomaba el curso normal, hasta la siguiente desaparición.

- "El problema no es que desaparezca, sino que me deje metida y no avise que no va a llegar", me dijo un día emputada.

Y yo la entendía. ¿Hay acaso algo peor que quedarse vestida y organizada, esperando pasar un buen rato y tener buen sexo? Sí. Que la persona que te deja metida, reaparezca, alegue demencia y ni siquiera pida disculpas. 

Y todo empeoró. Agnes trató de ser menos amante nocturna y más cómplice, y estar ahí para Edwin. Entonces una vez ella presintió que algo le pasaba. Lo llamó y el cel desconectado. 'Puta, lo atracaron', me dijo esa vez.

A los días. Resultó que el tipo había metido un par de viejas a su casa luego de una rumba, y lo habían robado. Esto lo supimos casi que 3 semanas después, en las que el tipo se negó a hablar del tema. Sobre el tema lo único que se conversó fue:

- Pero estás bien?
- Si, pero creo que tengo problemas con el trago. 
- ¿Y qué vas a hacer?
- No sé. Estoy muy apenado con esto que pasó.

Yo no entiendo. Es decir. ¿Para qué pidió ser novio de Agnes si no estaba listo? ¿Incluirlo en su vida, si no es capaz de confiar?

¿Para qué aparecer haciendo reclamos chimbos?
¿Para qué no asumir las vainas y ser honesto y decir 'no quiero más'? 
No lo sé y no entiendo. ?Será que los socioconfusos se entienden a sí mismos o son en general todo un  mal de confusiones?

Este fin de semana, después de casi 9 meses de 'amoríos' con Edwin. Lo mandó para el carajo. Después de que el viernes le escribiera a las 11 pm 'Lo siento. No te pude cancelar antes porque no tenía pila en el cel, pero es que me invitaron a comer por el día del periodista'. ¿Para qué coños se comprometió?

Agnes se despachó por whatsapp -porque ahora todo es por mensaje de texto- y le dijo entre más frases que ya no más. ¿Y adivinen la respuesta? Ninguna. 

Ahora, estamos pensando que en exactamente 12 días reaparecerá como si nada pasara, reclamando un olvido.

21 de octubre de 2011

De por qué las mujeres no pagamos la cuenta




Leyendo un post de un bloggero muy famoso en el país, en el que asegura que las mujeres no pagamos las cuentas porque gastamos mucho en nuestro arreglo personal (tratamientos para el pelo, tinte, maquillaje, depilación, ropa y demás), no pude hacer nada más que indignarme.

¿Por qué? Porque el pago de la cuenta por parte del tipo que nos invita a salir no debe ser un acto de 'agradecimiento'. El que nos arreglemos y nos veamos lindas para salir, no merece ser agradecido, ni nada parecido. Bájense del bus, que las viejas nos arreglamos solo para los tipos. ¿Acaso somos como un carro de renta que 'cobramos' por horas por nuestro 'uso'? Pues no. Definitivamente no. Nos arreglamos, nos maquillamos, nos echamos perfumes porque nos gusta vernos y sentirnos lindas con un gran objetivo final que es el despertar envidia entre el resto de mujeres del mundo, no para darle motivo de 'orgullo' al tipo que nos invita a salir por primera vez. La verdad imaginarme como trofeo de un hombre me desagrada.

Por eso, quiero decirle a mi amigo @agomoso -y espero que le quede claro- que las mujeres no pagamos las cuentas no porque se nos va la plata del presupuesto en arreglarnos, sino porque no se nos da la gana. Punto.

Claramente si uno se gasta 70 mil en un champú, 150 mil en una crema para la cara, tiene 100 mil para depilación y uñas, es obvio que tiene para pagar una pinche entrada a cine, o una tanda de shushi.

En lugar de andar pensando que las mujeres necesitamos ser mantenidas para poder darnos nuestros gustos, querido @agomoso piense lo siguiente: Cuando una mujer deja que usted pague toda la cuenta, y ni siquiera amaga con sacar la billetera para 'intentar' pagar la mitad, es seguramente porque la cita le pareció tan aburrida, que usted debe pagar por eso. Por el contrario, si la nena paga la mitad, o un poco más, dése por bien servido, porque quizá fue un buen acompañante (y si cuenta con suerte quizá la próxima cita ella pague toda la invitación y en un mejor restaurante). Pero si se cruza con una que siempre lo hace pagar poniendo cara de borrego degollado, es más simple aún, lo agarró de marrano.

Hombres del mundo: pagar la cuenta no nos aligera nuestros gastos por la belleza, tampoco sirve para 'agradecernos' por nuestra compañía y mucho menos es una obligación. Eso era en la época de la colonia, ya no.

Entonces, hombres búsquense otra excusa para camuflar sus ganas de ser el macho alfa de la manada, el que manda y al que le debemos pleitesía porque nos paga una ida a cine y a comer. Es más, si su objetivo último es tener sexo y cree que pagando la cuenta van a conseguir que nos acostemos, apague y váyanse. A las mujeres se nos conquista por los ojos, los oídos y la nariz, no por la barriga. Así que si van a salir de conquista, en lugar de andar haciendo cuentas para ver cómo pagan las invitaciones, cómprense un buen perfume, lávense bien los dientes y vístanse a la moda... Cositas que no se suplen con una larga cuenta de restaurante.

Ante una cantidad de insultos por este post, le agrego "A mi que no me paguen las cuentas por pesar, porque gasto mucho en maquillaje. A mi que me inviten porque quieren y se les da la gana.

27 de septiembre de 2011

Hombres lichigos y mujeres conchudas

A muchas mujeres nos crían bajo el precepto de que el hombre tiene que pagar todo cuando invita a salir a una mujer. Con el tiempo aprendí que es válido pretender que quien invita, pague, pero que no es un determinante para seguir saliendo con alguien.

También aprendí que hay mujeres conchudas que ni siquiera llevan plata cuando un tipo las invita a salir. Son las que siempre buscan que les paguen todo. Esas, casi siempre terminan acostándose con todos, porque si el tipo paga siempre, necesita tener algo en contraprestación. ¿O no?

Yo, por mi parte, siempre voy con la intención de pagar mi parte, menos que el sujeto diga lo contrario. Porque ¿a quién no le parece chévere que lo inviten?. No soy una mujer machista al extremo, pero sé reconocer el mal gusto cuando se presenta.

Y la lichiguez es equivalente al mal gusto:

Mi amiga salió con un tipo. Fueron a comer. Y a la hora de pagar el personaje sacó un resaltador, señaló lo que él había consumido y le dijo: 'yo pago lo mío'. 

Claramente la chica pagó su parte y jamás volvió a salir con el sujeto, quien perdió todo su encanto con ese detalle.

Y la conchudez lo es también:

- Si vieras que anoche salí con un man. Pues me invitó a comer. Yo llevé esta misma carterita, donde solo cabe la cédula, el labial, las llaves de la casa y el celular.
- ¿No llevaste plata?
- No. Si el man me invitó...
- Aja... ¿y entonces?
- Pues cuando terminamos de comer, el tipo me dice 'Son 40 mil pesos tuyos'
- Puta, ¿qué hiciste?
- Puse cara de ¿Cómo? Te voy a pegar si no pagas. Y el tipo entendió el mensaje y pagó completa la cuenta.
- Pero eso no se hace!! Conchuda!
- No, pero los tipos pagan cuando salen con uno. Simple.


Al tipo faltó embarcarla en un taxi y ver cómo pagaba. Pero fue un caballero y la dejó en su casa.

Como siempre. Todo en sus proporciones. Ni tan lichigo que no queden ganas de salir con el tipo, ni tan conchuda que ni el sexo lo compense.






20 de septiembre de 2011

All I Need

Él la amaba profundamente en silencio. Nunca fue capaz de decirle nada. Lloraba entre cuatro paredes. Sufría solo. Él la sentía inalcanzable. No era capaz de dar el primer paso. La contemplación era su consuelo. La miraba, la observaba, casi que la seguía. Pero no la tenía.

Ella lo amaba profundamente en silencio. Pero no era capaz de decir nada. Moría de la angustia ante el rechazo. Ella lo creía todo perdido. No era capaz de superar las conversaciones de amigos. Suspirar frente a su ventana era su consuelo. Lo miraba, lo observaba, casi que lo seguía. Pero no lo tenía.

Él tenía que hacer algo. Ella necesitaba hacer algo.

- Hola. Necesito verte.
- Hola. Yo también.

Ninguno de los dos entendía el afán, pero acordaron hora y lugar para verse.

Quiero decirte que... Dijeron los dos al tiempo y explotaron entre risas.

- Hoy me mudé. No podía seguir con Andrés en esta farsa

Él se quedó mudo. no podía creer lo que oía.

- ¿Cómo?
- La verdad es que me enamoré perdidamente de otra persona

Sintió que se ahogaba. ¿Sería posible?

- !Te amo! Dijo en un sobresalto. Sin pensarlo dos veces.

Ella palideció.

- ¿Qué dices?
- Sí. Desde hace mucho tiempo siento todo esto por tí. Te amo con todo mi ser.
- Pero... ¿A qué horas?
- Desde que te conocí
- ¿Y tu esposa?
- Precisamente hoy acabé todo con ella....

Ella lo miró con  los ojos aguados y agachó la cabeza.

En ese momento el supo que su historia de amor -la de ella- no tenía nada que ver con él.

Ella pidió perdón por haber enviado mensajes erróneos. Ella no se perdonó nunca el no haber comprendido la forma cómo la trataba su mejor amigo. Ella decidió ser feliz con otro, aunque a veces pensaba en su dolor -el de él-.

Él inició un largo camino por superar esta historia. Él jamás se perdonó el haber hablado sin pensar. Él perdió a su mejor amiga, su amor y su única esperanza. Él nunca dejo de amarla. No pudo volver a ser feliz.

16 de septiembre de 2011

Las últimas Citas

Si hay algo  complicado para una mujer soltera, son las primeras citas. Pero para mi lo son las últimas. Aquellas en las que uno le va a decir al tipo con el que sale que ya no más. No estoy hablando de esas citas para terminar con tu pareja -esas son otra historia-, sino de aquella que tienes que agendar para quitarte de encima a un tipo con el que has venido saliendo los últimos fines de semana, que regala chocolates o flores, a lo que has respondido con unos cuantos besos y quizá algo de sexo.

Son las citas para echar a alguien que seguramente querrá ser tu novio si sales con él 2 o 3 veces más pero que no logró hacerte morir de amor, por más detalles que tuviera contigo.

¿Por qué es difícil?
Porque así uno esté mamada de verle la cara al man, romper las ilusiones es una cosa muy complicada. Supongo que algunas mujeres simplemente desaparecerán de la vida del tipo, o harán una llamada diciendo "esto no va para ninguna parte, lo siento". Yo era de esas últimas. Porque me daba lata llamar al tipo, citarlo, para verle la cara de perro regañado al sujeto que creyó que la cita era para algo más emocionante.

Lo peor de citar a alguien para echarlo, es escoger el lugar perfecto. En la casa de uno, o de él, es jodido porque se pueden echar a llorar -ellos o uno-, o pueden armar un escándalos de esos de alzar la voz y demás. Un restaurante... y luego qué, ¿pagar la cuenta por la echada? ¿La banca de un parque? ¿La portería del edificio? ¿En el carro? No se sabe qué es peor: si darle la oportunidad de que te haga show privado, o intentar acabar con esa posibilidad en un sitio público, arriesgándote que la lagrimeada salga peor entre meseros que en la sala de tu casa.

Segundo punto: La pinta. Cómo vestirse. Generalmente uno echa al tipo con el que venía saliendo y se va de rumba con los amigos. Pero resulta que esto no puede ser tan evidente, porque seguramente el discurso tendrá implícito que te da persar que todo termine. Pero tampoco puede irse uno como alma en pena, porque el de la tusa será otro... ¿Quedarse con la pinta de oficina?

Y toca montar el drama. Si bien en las primeras citas uno se preocupa por parecer interesante, inteligente, divertida... en esa última uno tiene que parecer que tiene un buen corazón, que no es una malparida y bla bla bla... Toca poner cara de ternura, con ojo semi aguado y fingir dolor.

Demasiado complicadas esas últimas citas. Demasiado. Mejor mandar un sms, un chat de blackberry o hacer una llamada a ponerse a cuadrar últimas citas para ser "políticamente correcta".


11 de septiembre de 2011

Uno no está para hacer de Cupido

Un fin de semana cualquiera armé un plan para juntar a mi mejor amiga y aun chico que recién conocía. Supuse que sería una buena manera de que ella conociera personas nuevas. No es que sea fea o bruta, todo lo contrario. Solo que  a medida que van pasando los 20 y los 30 llegan, el tema de conocer personas nuevas se va complicando, y la recursividad propia es bastante precaria en ese sentido. Así que pensé que esta era una maravillosa idea. Pero no.

Y como uno no nace para cupido, todo fue un desastre. Supuestamente el chico saldría con mi amiga, mi novio y yo, en plan tragos una noche de sábado. Pero ese mismo día me dice "Naty me da pena contigo y con tu amiga, pero mañana (es decir el domingo) hago deporte, y no quiero trasnochar hoy".


¿¿¿Tierra llamando a Naty??? WTF? ¿Un tipo que no trasnocha por hacer deporte? ¿Me perdí de algo en el desarrollo o evolución del género masculino?

Pues parece que sí. Atrás quedaron esos sujetos que prefieren un par de cervezas a madrugar el gimnasio.

Mi sorpresa no se relacionaba con el encuentro con mi amiga, porque las posibilidades de que se gustaran eran equivalentes a que no se gustaran, sino que nunca en la vida, bajo ninguna circunstancia un tipo me había sacado esa excusa para cancelar una salida.

¿Estaba siendo sincero? O simplemente le dio mamera el plan y decidió sacar el culo con esa excusa. Supongamos que simplemente le dio pereza salir.

No sé qué es peor: Que se haya inventado semejante excusa, o que en realidad quisiera no trasnochar a causa de su jornada de deporte del domingo.

En todo caso, invitar a chicos a salir para que tus amigas conozcan gente, o viceversa, siempre va a estar condenado al fracaso. Entonces, si uno tiene un círculo de amistades pequeño, ¿cómo le hace para conocer a personas nuevas?

Ojalá alguno de ustedes tenga la fórmula, porque yo ya agoté todos mis recursos.

PD: Vayan pensando por qué mejor tener novio/novia o amante que andar solo por el mundo...

21 de agosto de 2011

A pesar...

Gustave Klimt - El Beso Sacado de aquí

Habían perdido todo contacto. Ella había decidido salir a oriente, a explorar las culturas ancestrales. Quería aprender a ver el mundo de otra manera. Él partió después que ella. Decidió que necesitaba alejarse,  que necesitaba un poco de naturaleza para comprender por qué. Se fue a recorrer los rincones del mundo donde todo sigue siendo virgen.

Cinco años era el plazo que se habían puesto para el reencuentro.

- ¿Usted me ama, verdad?
- ¿Claro, eso lo sabes, por qué?
- Entonces dentro de cinco años, volveremos a estar juntos.
- ¿Volveremos? ¿Acaso no estamos?
- Me voy a Asia. Está definido.
. ¿Cómo? ¿Me dejas?
- No te dejo. Parto por cinco años. Ya nos reencontraremos.

Le dio un beso profundo y salió del apartamento que en ese momento pertenecía a ambos. Días después recibió una postal.

No la volvió a ver.

El punto de encuentro era París, los Tulleries. Donde ese día hace siete, a las tres de la tarde se habían cruzado. Él se parqueó en el punto exacto, recordaba todo a la perfección. Desde ese día la había amado. No se la pudo despegar de su piel, de su mente... A pesar de todo. Su volatilidad lo tenía ahí pegado durante años, yendo al vaivén de su existencia, la de ella.

Como siempre, tarde. Casi una hora después apareció ella. Venía con un tipo a quién él no reconocía. Sintió los pies helados, la barriga hirviendo y una tensión en toda la espalda. Respiró profundo para asumir todo con la mejor reacción del mundo.

Apenas ella lo vio, aceleró el paso, corrió. Se lanzó en brazos y le dio un beso, el mismo beso que guardaba hace cinco años, desde que ella se fue. Sintió que la amaba más que nunca. Pero no salía del desconcierto: al lado de ellos seguía el tipo que no conocía. Quería salir corriendo de ahí con ella en sus brazos y no volver a dejarla ir nunca más.

- David, te presento a Charles.
- Mucho gusto Charles.
- Gusto el mio, respondió el desconocido con un español medianamente decente.

Un silencio los rodeó. Hasta que ella definió hablar.

- Estuve con Charles los últimos tres años del viaje...

Y David moría por dentro.

- Él conoce nuestra historia y a pesar de eso me ama.
- Creo que no es necesario que me cuentes los detalles. ¿Entonces qué haces aquí?
- A pesar de todo, de los recorridos, de las maravillas que aprendí, me di cuenta de que solo quería que pasara el tiempo para verte.
- ¿Por qué no me buscaste?
- No quería hacerlo hasta estar 100 por ciento segura...

La comenzó a odiar.

- ¿Segura de qué? dijo casi que gritando
- De que podías amarme a pesar de mi, respondió con los aguados.


David miró a Charles y preguntó. ¿Por qué viniste con él?


- Le pedí que viniera, porque no sabía si ibas a estar aquí, si aun me amarías. Me dijo que sí me acompañaba, que él iba a estar ahí para mi, cuando yo necesitara.

Magdalena arrastró a Charles a unos metros. Le habló en Francés unos minutos más largos de lo presupuestado, hasta que el extraño se fue alejando sin mirar atrás.

Cuando ella volvió, David ya no estaba. Miró al rededor y no lo vio. Comenzó a llorar silenciosamente. Una niña se le acercó y le entregó una carta.

Magdiss:


Desde que te vi sabes que te amé. Te he entregado todo. No dejé de pensar en tí un instante todos estos años. Te escribí miles de cartas, confiando en poder enviarlas algún día. ¿Y tú? ¿Qué hiciste?

Necesito volver a mi. Voy a aclarar mi cabeza. Nos vemos en una hora en en cementerio de Montmartre.

Siguió llorando. No entendía nada. En este momento solo quería morirse. ¿Y si me deja?
Comenzó a imaginarse conversaciones, posibles respuestas, escenarios. No podía dejar de llorar.

Caminó, y ya París no le parecía tan fascinante.

Llegó antes al cementerio. Se sentó en una banca donde podía ver sin dificultad el arco de la entrada. Así de puntual como era él, entró. Caminaba despacio, con las manos entre los bolsillos de la chaqueta. Ella se levantó de un brinco. Le sudaban las manos.

Se detuvo delante de ella. La miró a los ojos. Acercó su mano derecha a su rostro e intentó limpiarle el maquillaje corrido en sus mejillas.

- Chiquita, ¿has llorado mucho?
Asintió con la cabeza.
La abrazó tan fuerte como para no dejarla ir nunca más.

Sacó de uno de sus bolsillos una cajita.

- A pesar de todo, y a pesar de ti, como tu lo dices, te amo. Magdiss comenzó a llorar de nuevo, esta vez intercalando lágrimas con risas. Así que por esto, esta vez, no voy a irme sin tí.


**esta historia se me ocurrió, luego de escuchar 15 veces esta canción**