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27 de marzo de 2017

Libertad

Siempre le habían dicho que uno no termina de conocer a las personas, pero ella era de las que pensaba que uno siempre sabe, pero mira para arriba, para pasar de largo todos los indicios. Lo tenía claro pero aun así le sucedió. Solo cuando pudo hablar en voz alta del tema con sus amigas pudo relacionar sus fallas. El puede ser el peor ser humano del mundo, pero me siento como una idiota por no haber entendido. Y así comenzó el círculo vicioso de la auto recriminación. Salir de ahí le costó mucho trabajo.

He debido salir corriendo en el minuto que vi cómo se comportaba cuando se tomaba un par de tragos..., era la frase con la que comenzaba todos sus monólogos... Pero los detalles, las flores, los besos, el sexo, la familia, todo era más fuerte que esa pequeña falla.

Se conocieron como se conocen las personas hoy en día, por alguna aplicación para emparejar solteros de acuerdo a sus intereses -o de acuerdo a su foto-. Del like, al chat, del chat a la llamada, de la llamada a la primera salida, la segunda, la tercera... y de ahí a la cama. Comenzaron como comienzan las relaciones hoy en día: sin ganas de comprometerse. Formalizaron cuando se dieron cuenta que no estaban buscando nada más en otras personas. Cuando dejaron de loggearse en las aplicaciones, cuando ya no había nadie más sexy que ellos en la calle.


Así construyeron muchas cosas: una relación de pareja sólida, con propuestas e ideas de futuro, un hogar lleno de matas, hasta de comprar un perro hablaron. Pero al momento de irse a vivir juntos algo cambió. La palabra control se apoderó de él y su relación. Ya cualquier cosa era motivo de sospecha. Pero para ella era un simple periodo de transición. "Está en la etapa de celos", le decía a sus amigas, a quienes no les parecía normal, pero "si no llega a las agresiones o insultos, no hay problema", respondían.

Llegó un día en el que solo la veían en cumpleaños o fiestas. Siempre había una excusa. Pero la comidilla claramente era que el tipo había enloquecido y que ella mantenía encerrada. Ella lo desmentía con un No pasa nada simplemente estamos ocupados.

Los reclamos y la violencia no eran todo el tiempo, pero con el tiempo fueron escalando. De las escenas de celos, a los reclamos, del reclamo a los insultos y de los insultos a la violencia. Aun no llegaba a pegarle, pero ella decidió evitar. Pero la verdad es que tenía miedo. Miedo de él, miedo de sus reacciones, miedo de decir cualquier cosa. También temor de fracasar. El miedo se apoderó de ella en el momento que lo vio reventar a patadas la puerta de un closet, porque le dijo que iba a cebar con sus compañeros de oficina.

Cuando no había motivos, todo era perfecto. Eran un gran equipo, se divertían. Ella se sentía amada. Pero en el fondo sabía que vivía en una cárcel de la que no sabía cómo escapar. Era su vida, era lo que había querido. ¿Pero y ella?

Llegó la noche que temía que sucediera. Estaban en casa, cenando y tomando vino. Sin temor dio su opinión sobre el tema de coyuntura del día: Es que definitivamente este país no tiene de dónde escoger. Ese vicepresidente es miedoso, no se merece dirigir este país. Sin saber que había destapado Pandora, se puso fúrico, argumentó, pataleó, la agarró de los brazos muy duro y le grito en su cara que era una bruta, que no entendía nada.

En ese momento creyó firmemente que era el trago hablando. Apenas la soltó, tomó su copa de vino y se fue hacia el estudio y cerro la puerta con llave. Él le gritaba que no se escondiera, que no lo dejara hablando solo, que no fuera cobarde. Ella se aferraba a sí misma, en la penumbra, rezando que no intentara entrar a ese cuarto.

Se escuchaban gritos y cosas caer al piso. Creyó que él estaba destrozando todo. Incluso llegó a pensar que salir sería una opción para evitar un desastre mayor. Pero no pudo levantarse para abrir la puerta.

Cada minuto era eterno. Cuando salió del letargo vio que tenía el computador al alcance. Lo encendió y envió un mensaje interno por Facebook a su mejor amiga. "Este man enloqueció. Mi celular está en el otro cuarto. Llama a la policía." Seguro no era necesario nada más, porque el contexto y los antecedentes lo decían todo.

Silencio. Quizá se había quedado dormido.

Abrió la puerta y su único plan era escabullirse hacia la salida y correr lejos de ahí. Seguro no era lo más inteligente, pero fue lo único que se le ocurrió.

Cuando iba por el pasillo, oyó su voz. El personaje no estaba dormido, seguro estaba esperando.

- Por fin decidiste salir. Ven amor.

No era capaz de responder. No entendía cómo podía tratarla normal.  Se apoyó contra la pared y con sus manos contra su pecho le dijo.

- Nada de mi amor, me voy en este instante.

Vio como sus ojos se volvían de fuego mientras se acercaba a ella. Sacó todas sus fuerzas y corrió hacia la puerta. Abrió como pudo y siguió corriendo hacia las escaleras. Pero como es torpe, un piso más abajo la alcanzó. Siempre quiso aprender de sus amigos de infancia cómo bajar las escaleras saltando de a 4 escalones sin sentir temor de romperse la cara.

La jaló del pelo.

Perra, para donde vas.

De un momento a otro, sintió una rabia que nunca antes. La invadió el odio. Desechó todos los sentimientos positivos hacia ese hombre al que le había dado todo. El miedo pasó a un segundo plano. Sabía que si no reaccionaba, seguramente no vería el próximo amanecer. Así que se volteó, comenzó a pegarle como pudo, sin técnica, solo con la fuera de la rabia. Él se fue disminuyendo, hasta que dejó de poner resistencia y comenzó a pedir perdón.

Lo dejó solo, y terminó de bajar las escaleras. No tenía nada consigo, solo sus ganas de salir de esa situación. Consiguió un taxi y llegó a donde su mejor amiga.

- No te preocupes yo me encargo. Llamé a la policía, pero es imposible conseguir que contesten. No sabía si ir a tu casa, te marqué al celular pero en silencio. Ven... ven entra.

Por fin se sintió a salvo.

- Espero que no se le ocurra venir a buscarte acá.

Gracias al cielo hay amigas como ángeles que son capaces de soportarte cuando más lo necesitas.

Pasó el fin de semana sin noticias de él. El lunes llamó a su jefe y le explicó. Entendió que ella no estaría disponible para las entregas esos días. Ella necesitaba resolver la situación, no podía quedarse sin vida, por temor a que el personaje la asesinara.

Llamó a su hermana, a su otra mejor amiga y fueron a su antiguo apartamento. El portero les dijo que no estaba, por fin respiraron tranquilos.

- Pero señorita, ¿está bien? Los vecinos se quejaron de una horrible pelea, y mi compañero me dijo que usted se fue muy mal el viernes.

- Tranquilo Jose, todo está bien, pero por favor me avisa si este señor llega.

Lograron empacar lo más que pudieron: ropa, zapatos, teléfono, computador, cargadores... Y sonó el citófono. Va subiendo. 

Las cuatro se formaron en la sala, una al lado de la otra con las maletas en la mano. No sabían cuál de ellas estaba más asustada. Lo único que pensaba era que todo sería más sencillo si él no trabajara en la casa.

Entró y no pudo ocultar su cara de sorpresa a ver a su novia con tres guardaespaldas con cara de terror. "¿Qué es esto?, preguntó enseguida, al tiempo que lanzaba las llaves en la mesa de comedor. "¿Ahora tenemos un complot? Esto era lo único que faltaba. ¿Ya las arrastró a ustedes en esta locura? A falta de una loca, cuatro".

Todas sintieron ganas de molerlo a golpes, pero se contuvieron. Al final, la violencia genera más violencia. Sacó fuerzas de donde pudo, y pronunció las primeras palabras.

"Mira, aunque sé que de pronto sobran las explicaciones después de lo del viernes, quiero decirte que no voy a soportar más esta situación. Si aquí hay alguien que está loco eres tú. Busca ayuda, un psiquiatra, algo. Eso de maltratar a quien dices amar, no tiene sentido..."

A medida que ella hablaba, sus ojos se iban transformando.

"... Yo te amé, como a nadie nunca en la vida. Tenía planes, no lo voy a negar. Pero hoy más que tristeza siento rabia, por permitir que llegaras a esto, por no darme cuenta de lo que eres realmente. Eres un monstruo."

Solo fue que pronunciara esa última palabra u se fue encima de ella. Las tres amigas sin pensarlo dos veces intentaron separarlo de ella. "Perra loca, eso es lo que tu eres, una perra loca", no dejaba de gritar. Una de las acompañantes no tuvo ningún problema en correr a la cocina y regresas con un cuchillo. "O te detienes o no respondo", gritó mientras se acercaba a él, muy decidida a hacerle daño. Él se levantó del piso, liberando a la que consideraba su amor días atrás y fue retrocediendo. "Llamen a la policía, y al portero. Que vengan todos y se den cuenta de lo que hace este desgraciado."

Así lo tuvo, entre la pared y el cuchillo hasta que llegaron todos quienes debían llegar. Él intentó decir que era en defensa propia lo que estaba haciendo pero los golpes en la cara de Tatiana eran demasiado evidentes.

Costó mucho trabajo cerrar el capítulo. Porque a los funcionarios de justicia al parecer no le corre sangre por las venas. Pero logró encerrarlo, y no perder la cordura en el proceso. Hoy sabe que nada vale su tranquilidad y que nadie tiene derecho a quitarle sus libertades. Sigue su vida, sola pero tranquila.



***Ojalá todas las mujeres víctimas de violencia de pareja, pudieran tener un final como este. Pero muchas terminan muertas, o envueltas en un proceso judicial injusto para ellas, porque se beneficia a los maltratadores. Ojalá algún día todas entendamos que las violencias contra las mujeres son un problema que nos afectan a todos, y nos quitan los derechos a todos***






Por aquí me inspiré para esto.



10 de agosto de 2015

Tinder - O El arte de meterse en relaciones sin futuro

Margarita está embarazada.  Fue la frase de sentencia. En este momento entendió lo que se había negado a ver: lo de ellos era imposible. Hubiera podido ser simple, pero como ella ama lo complicado, tuvo que hacer preguntas de más, indagar de más, exigir de más. Así era siempre, casi que imposible conformarse. Es que a ella le enseñaron que uno debe apuntarle a lo más alto, pero lo que nunca pudo aplicar es a retirarse antes de terminar contra el piso y con el corazón roto. Digamos que los autorreguladores nunca le funcionaron, era experta en ignorar las señales, las alertas, al astrólogo y hasta a sus amigas. Era experta en botarse de cabeza al abismo hasta enloquecer. Era experta en decir "esta es la última vez", y nunca lo era.

Todo comenzó con un encuentro casual. Tres horas de chat, luego de darse 'like' en Tinder, bastaron para ponerse una hora de encuentro. Simple: su restaurante favorito medio día. Siempre la excusa de volver al trabajo era buena. Él, todo un caballero, pasó a recogerla en su auto último modelo -¿por qué las mujeres son tan fácilmente impresionables?-. Resultó buen conversador, con un cargo interesante y padre soltero, lo que podía sumarse como un plus, ya que ella tenía su propio hijo y eso traería bastante comprensión. Y además pagó toda la cuenta. Esas fueron las conclusiones del primer almuerzo. Aunque ella no lo notaba, comenzó la película.

Lo que siguió era predecible. Mucho chat, pocas salidas. Es que no entendió la primera alerta, un personaje con ese nivel de cargo y una vida relativamente armada, si está en una aplicación de ese tipo, seguramente solo está buscando sexo. Seguramente nada serio saldría de ahí. Pero ella fue ciega.

Le sudaban las manos cada vez que entraba un mensaje de él. Vivía en una nube. Pero las muestras de interés de él eran pocas. Siempre había ocupaciones, viajes, complicaciones. Pero se veían, poco pero se veían. A veces almuerzo, a veces cenas. Pero más temprano que tarde, a pesar de su promesa de abstenerse por un tiempo, cayó. Se revolcó con él como si no hubiera un mañana. Y lo peor es que le encantó. Quedó enganchada, a pesar de todo.

De ahí en adelante, las llamadas o textos eran para verse temprano en la mañana, antes del desayuno, seguramente para saciar las ganas mañaneras de los hombres. Ella hizo caso. Siempre, nunca se abstuvo. No entendió que correr en la dirección que el hombre dice les mata las ganas. Uno nunca puede ser presa fácil, le dijeron un día, pero a ella le encantaba en bandeja de plata. Se podría suponer que él se acostumbró, y que le gustaba así para lo que la quería: sexo ocasional sin ningún tipo de exigencia. 

Pero ella comenzó a querer más. ¿Es lo normal no? Quería salidas a cine, quería salir de rumba, quería planes varios. Quería ser la única.

- ¿Tu sales sólo conmigo?
- ¿A qué te refieres?
- ¿A que si sales con alguien más?
- Si me preguntas si tengo más amigas, si tengo.
- ¿Te tiras a tus amigas?
- ¿Por qué preguntas eso?
- Porque yo no me tiro a mis amigos, entonces necesito saber qué significa para tí tener amigas.
- Entonces, la respuesta es sí.

Un silencio se apoderó de los dos. Ninguno quizo ahondar más. Ella sabía que tenía que salir corriendo. Pero no podía resistirse a sus ojos, a su sonrisa, a visualizar sus manos sobre su cuerpo. Así que siguió ahí. Pegada a él como si fuera su última posibilidad. Como si no hubiera alternativa.

Pero seguía recibiendo poco. Incluso las llamadas por la mañana cesaron, los encuentros se volvieron casi que cero. Entonces aprovechó la siguiente oportunidad que tuvo para preguntar qué había pasado, por qué la lejanía. Las respuestas eran obvias, que se hubieran intuido sin sencillamente hubiera leído las señales. Quedaron de amigos. Amigos en la versión de ella. Tenía el corazón roto. Se había enamorado tan rápido con tan poco...

Ser amigos implicaba hablar de los días, de la cotidianidad, que el hijo esto, que su mamá aquello, que su trabajo no sé qué... Y ella se mordía el labio para no decirle que lo odiaba por no amarla.

Se vieron, como amigos, para ir a un evento. Antes de entrar, la bomba. Margarita estaba embarazada. Mil quinientas millones de ideas vinieron a su cabeza. La más recurrente, que hubiera podido ser ella, la más triste, que cualquier ilusión moría ese día.

Respiró profundo, lo felicitó con una hipocresía poco evidente, y actuó como si nada. Volvió a prometerse que sería la última vez, que nunca le volverán a romper el corazón y que a la próxima atendería todas las señales.

5 de septiembre de 2013

Ejercicio de Clase: Reencuentro

Como algunos de ustedes saben, estoy haciendo un curso de novela corta. Dentro del curso, nos pusieron a escribir una novela corta, con la meta de que durante 31 días escribamos 1.000 palabras diarias, sin revisar lo anterior. Hoy debo cumplir 5.000.

Por otro lado, en la primera clase el escritor Elmer Mendoza, nos puso el ejercicio de escribir algo bajo unas condiciones. Me dispongo a escribirlo, y al final les transcribo mis apuntes de clase, para que me ayuden, por medio de los comentarios, si logré el objetivo.

Gracias de antemano por su ayuda.

REENCUENTRO

La vio pasar y casi no la reconoció. Pero fue ese dejo al caminar, el que le hizo entender que efectivamente se trataba de ella.

¡Oriana! Gritó sin pensar en la cantidad de gente que estaba a su alrededor. Ella volteó, siguió adelante. Definitivamente era ella. Corrió a lo que le dieron los zapatos, hasta que la alcanzó. Seguro no te acuerdas de mi. ¿Perdón, te conozco? Soy Enrique. Enrique Prieto. Luego de un corto silencio... Una reacción.

- Ay! Hola!!! Vaya que has cambiado. 
- Es que los años no pasan solos.
- ¿Pero calvo? ¿Tan pronto, en un año? Estás exagerando.
- La herencia.
- ¿Cómo estás?
- Bien. Tranquilo. Tu sabes, el trabajo. La vida adulta deja de tener altos y bajos, para quedarse en plano por siempre. ¿Tu? ¿Estás viviendo acá?
- Ah, no. Mi esposo vino por trabajo y yo decidí acompañarlo.
- Siempre es una buena idea recorrer la calles del pasado.
- Estoy tratando de encontrarle la gracia a esa frase, pero hoy todo se ve tan diferente, que hay poco de pasado. Y tu ¿vives acá todavía?
- No, vine a solucionar el tema de la casa de mi mamá. Estoy trabajando en la Capital.
- ¿Y te llenaste de recuerdos? 
- La verdad solo tengo uno que me persigue. Precisamente hace un año desapareciste.
- No desaparecí, me fui a estudiar teatro fuera.
- La verdad nunca me diste la oportunidad de ayudarte.
- Yo no necesitaba ayuda...
- Supongo que la negación hace parte del proceso.
- Negar ¿qué?
- Que Armando casi te mata después de esa fiesta de fin de semestre.
- Creo que ese día estabas demasiado ebrio.
- Si yo no fui a la fiesta. Pero recuerdo perfectamente en qué estado de encontré.
- Mira Enrique, la verdad no tengo ni idea de lo que hablas.
- Tremendo bloqueo.
- Tremendo loco.
- Explícame por qué no me cuentas qué pasó después de esa noche. ¿Cómo así que te casaste tan pronto?
- Pues así es la vida ¿no? Nacemos, crecemos, nos reproducimos y para reproducirnos hay que casarnos.
- ¿Y quién es el afortunado?
- Un ingeniero, nada fuera de lo común.
- ¿Y has estado bien?
- Ya te dije que si.
- ¿Y fuiste a un psicólogo o algo? ¿Te quedó alguna secuela de los golpes?
- La verdad, no sé de qué golpes me estás hablando, dijo casi que manoteando.
- Pues los golpes que Armando te dio esa noche que desapareciste, planteó mientras aceleraban el paso. ¿Por qué huyes?

Paró en seco.

- ¿Huyo? Crees que tienes derecho a abordarme por la calle, a creer que me conoces, que sabes todo de mi y a inventar episodios de mi vida sin ningún fundamento... dijo a los gritos.
- Cálmate. No quería incomodarte. Solo que estuve muchos meses preocupado por ti, no pude ubicarte. Era como si te hubieras borrado.
- Claro, seguro estabas preocupado como te preocupabas por todas las viejas que te comías a punta de mentiras.
- Bueno, entonces vamos a jugar a sacarnos los trapitos al sol.
- Yo no quiero jugar con usted. Más bien me voy. Voy tarde para mi almuerzo.
- No. No vas a ninguna parte!!! Gritó como nunca había gritado a una mujer.
- ¿Entonces? ¿Quiere que me quede acá oyéndolo decir incoherencias sobre algo que pasó, seguramente solo por su mente?
- Solo pido una explicación. Fui tu mejor amigo por mucho tiempo...
- No hay tal explicación. Usted está loco. Se le corrió el champú. Razón tenían los que decían que no me juntara con usted.
- No podía faltar que sacaras a la perra que llevas dentro.
- Ahora la perra soy yo... 
- Perra cobarde, para ser más exacto.
- Eso siga siga, valiente hombre insultando a una mujer en medio de la calle.
- Nos podríamos evitar todo esto. Vamos a mi casa.
- Yo no voy con usted para ninguna parte, psicótico loco. ¿Ya se tomó su dosis de hoy?
- Creo que la quedó loca después de esa paliza que le dio su ex novio fue otra.
- Y dale...
- Si, y no nos movemos de aquí hasta que me des la explicación que me merezco.
- Usted no se merece nada de mi. Permiso. Que tenga una vida feliz. 

Se volteó y comenzó a caminar a paso acelerado. Enrique salió detrás de ella y la agarró del brazo. Ella intentó soltarse, él la jaló con más fuerza.

- Suélteme. Suélteme! Ayuda Ayuda!
- Por favor cálmate, le dijo cuando en voz baja para no llamar más la atención.

Ella se detuvo y abrió los ojos como si hubiera visto un fantasma.

- Hola amor. 
- Hola preciosa. El restaurante queda a media cuadra, ¿vamos?

La agarró de gancho y Enrique vio estupefacto cómo ella se alejaba con Armando. Ahora todo tomaba sentido...

**

La idea del ejercicio era crear curvas de emoción. Llevar el diálogo a un nivel de alta emoción, bajarlo y volverlo a subir. Las condiciones eran:

- Dos personajes de distinto sexo
- A confiesa haber vivido con B una experiencia significado en la ciudad X. B lo niega.
- Ninguno de los dos vive en X
- el encuentro se lleva a cabo en la época actual
- Es necesario enfrentar a los dos personajes que jamás se ponen de acuerdo. Hay que negarlo sistemáticamente.
- De ser necesario se puede usar violencia verbal.
Hay que crear emoción con palabras.

¿Lo logré?

2 de septiembre de 2013

Una Historia Cualquiera IV

Viene de Acá
Pero si ya no se acuerda, comience la historia desde la primera parte acá

Y fue así como terminamos de novios. Un día nos enrumbamos y en medio de los tragos, me pregunta si quería que fuéramos novios, que si la iba a 'nombrar' y pues uno entre trago y trago obvio no va a decir que no. Y eso fue lo peor, fue como si le hubiera cambiado la personalidad. Bipolar, ella es la definición de esa enfermedad.

- Yo no entiendo qué hice, Juana. Un día era todo lindo. Tu misma lo viste, lo viste. Y ahora, todo ha cambiado.
- ¿Pero estás segura de que no hiciste nada? No. lo último relevante fue que le dije que fuéramos novios y él dijo que si.
- ¿Será que se asustó?
- Si te pusiste intensa como la última vez, seguro que si.
- No. Que no

Pero en el fondo yo sabía que si. Que la había embarrado. Que comencé a celarlo como a nadie. A pedir cuentas. Literalmente a joder por todo. Qué pesada. Pero no lo podía evitar.

- Mira, sabes qué Dany. Yo creo que mejor nos tomamos un tiempo-
- ¿Pero por qué?
- ¿Acaso no te das cuenta?
- Pero somos novios...
- Eso no debía cambiar nada. Te convertiste en todo lo que odio...

Me dio pesar verla llorar con tanto sentimiento. Pero uno no quiere una vieja que ande midiéndole los pasos. Uno quiere una cómplice, alguien con quien divertirse. Simple. Me despedí de ella, fueron 3 buenos meses y 3 semanas de infierno. Lo siento. Así no juego yo.

- Me echó. Dijo que me convertí en lo que él odia...
- Lo siento mi vida. Te toca cambiar eso, la loca siempre se te termina saliendo. No me parece. Y qué fue lo que pasó.

Simple, que me le metí al facebook, al twitter, le revisaba el celular constantemente... Le leía los correos y claro, le comencé a reclamar cada cosa. Lo perseguía. Veía cosas que no existían.

- Nada especial Juana. Solo creo que me pasé.
- Pues ni modos, a dejar de llorar.

Pero no lo hizo. Se llenó de llanto. Pero aun así desapareció.

Y lo peor, fue que me comenzaron a hacer falta sus locuras. Mis amigos me dijeron que se me había corrido el Champú. Comencé a esperar correos de ella, o algún mensaje y nada. ¿Por qué me estaba sintiendo así? ¿Me gustaba sentirme acosado? No entiendo nada. Seguro la había llegado a querer mucho. ¿Qué hacer?

Me parqueaba en frente de su casa y lo veía salir y llegar. Comencé a faltar a clase, con tal de seguirlo a toda hora. Vivía pendiente de su facebook, de su twitter. Tenía extorsionados a los porteros de su casa y de la mía para que me contaran cualquier cosa que oyeran. Me pegaba a la pared cuando sabía que estaba en la casa de mi vecina. Mis amigas me buscaban y yo me negaba. Dejé de tener una vida.

Compañeros: me di cuenta de que soy una adicta. Sufro de adicción a las personas. Mi médico me dijo que la definición más simple es que: "amo con una intensidad desmedida. Se obstaculiza la posibilidad de vivir en paz y con felicidad. Regalé mis propios intereses, deseos y necesidades para someterme a una relación destructiva", que en este caso, era una relación de una. Mía con mi cabeza.

Llevo 6 meses en tratamiento. Llevo 6 meses interna. Y me falta. Aun pienso en Sebastián, en salir corriendo hacia él. Así que hoy siento que he perdido la batalla.

Fin

12 de agosto de 2013

Una Historia Cualquiera III

Viene de Acá

Salió del doceavo piso con un encontrón de emociones. Se había quedado dormido. ¿Eso qué quería decir? Nunca le había pasado eso de besar a una nena y quedarse dormido en pleno proceso. Caminó un par de cuadras mientras conseguía un taxi, acompañado de una serie de preguntas que le recordaban a su mejor amiga. ¿Será que estoy madurando?

Cerró el debate mental, diciéndose a sí mismo que estaba cansado y punto.

Pasó el día sin preguntarse más sobre el tema o sobre Daniela. Pero antes de acostarse a dormir recibió un correo en su cuenta institucional. Destinatario: Daniela Pulido. Hola. Eso le dañó la cabeza. Pero decidió acostarse tranquilo, sin leerlo, como para no darle importancia. Está claro que es mejor dejar que las mujeres mueran de ansiedad un poco, para avivar el interés.

Sabía que al abrir el mail, se dispararía un mensaje automático. Sebastián Laguado recibió su mensaje. Pronto le dará una respuesta. Muchas Gracias.Y la firma al pie del correo. Sebastián Laguado correo slaguado@ac.com Celular: 3148896545.

- ¿Un correo de acuse de recibo? ¿De verdad?
- Imagínate
- Bueno por lo menos sabes que lo leyó.
- Claro, un desastre. No quiere volverme a ver.
- Bueno ahora no te eches a la muerte. Fue solo una noche y un besito.
- Si claro.
- No vayas a hacer nada más. Que no note la gana.
- Seguro.
- Beso
- Beso

Cuando llegó a su casa ese lunes por fin tuvo tiempo de pensar en aquel correo. Debía reconocer que Daniela era bastante arriesgada y creativa.

- Seguro es de esas viejas que lo googlean a uno cuando lo conocen
- Fijo, hermano. Y ahora tiene mi correo. 
- Pues, ¿está buena?
- Si, aguanta bastante.
- Entonces hágale. ¿Qué tiene que perder? Sale, y si no le gusta se vuelve el patán que es, como siempre y sale despavorido. Con que una nena más lo odie, no va a pasar nada.
- Usted es la cagada, ¿no?
- Aprendí del mejor.

Y Sebastián siguió el consejo de su mejor amigo. Hola Dany. Tienes razón, no caímos en cuenta de intercambiar celulares. ¿Te parece si vamos a Wolverine el viernes en el Andino? yo hago las reservas. S.

Claramente me brincó el corazón. Esa maña que tenemos las mujeres de montar una película antes de que pase nada. Era tarde y no podía joder a Juana. Así que me tocó hacer memoria de todas sus lecciones inaplicadas. Que no muestre la gana, que no sea intensa y que no dé más información de la necesaria. Listo. Nos vemos allá. D.

Eso si es claro, aunque mis amigas me critiquen, no comparto esa dependencia de algunas mujeres de querer que el tipo las recoja desde el día uno. Al final uno puede irse y devolverse sola. El tiempo comenzaba a correr cada vez más lento. No podía ser que llevaba dos días de conocerlo y ya me tenía el mundo de cabeza. No dormí nada pensando en el viernes.

- Ay Dany. ¿Tu siempre con la misma no?
- ¿Qué misma?
- Armando videos. Es que no aprendes. Siempre te pasa lo mismo.

Juana siempre me anda recordando mis fracasos. Es que eso me emputa, ella lo sabe. Así que terminé la conversación de repente. Decidí actuar como yo y sin pensarlo dos veces abrí el chat y comencé.

- ¡Hola! ¿Cómo estás?

Sin tener que esperar muchos minutos recibí una respuesta.

- No había conocido a nadie que pusiera tantos signos en un mensaje de chat.
- Para que veas... Amo las normas ortográficas
- Bueno, eso sonó aburrido.

Y así con esas charlas intermitentes en el día, logré sobrevivir con mis uñas intactas y sin gastritis. Llegué confiada al teatro, sabiendo que por lo menos algo le gustaba.

Y con esa ida a cine, comenzamos a salir.







5 de agosto de 2013

Una Historia Cualquiera II

Viene de Acá

Abrí los ojos y sentí un peso encima mio. Claro. Era Sebastián. Menos mal antes de recriminarme algo noté que ambos teníamos la ropa puesta. En ese momento recordé todo. Él entró. Serví dos copas de algo y como mi apartaestudio no tenía nada más que un par de cojines por sala, una banca en la barra de la cocina y una cama sencilla en mi cuarto, fue allí donde nos sentamos a beber ese algo. Al rato caímos fundidos, asumo, porque ya no recuerdo más.

Me quería levantar, pero me daba pena despertarlo. Estaba realmente profundo, a pesar de la incomodidad de la cama. Eso de ser independiente y no recibirle plata a los papás por cuenta de quitárselos de encima tenía sus desventajas! ¡Adiós Lujos!

Apenas me dio un respiro, me paré de la cama. Entré a la ducha y me bañé para quitarme la cara de trasnochada que tenía. ¡Qué oso que me vea despeinada y con tufo! Segunda acción del día, preparar algo de almuerzo. Era ya medio día del domingo y no soportaba un minuto más sin comer. Con lo que había en la nevera preparé cualquier cosa, no tan simple ni tan sofisticado. Que no se noten las ganas. Así que una ensalada, con carne con chapiñones, sería. De tomar, cualquier cosa disuelta, aun no lograba comprar una licuadora.

Cuando ya estaba todo casi listo para servir, fui al cuarto y al oído le susurré: Sebas. Hora de despertar. Pegó un brinco. Pobre, te asusté. Ya va a estar listo el almuerzo. Ahí está el baño por si quieres bañarte o algo, le dije señalando la puerta.

Le tomó un par de segundos entender dónde estaba. Cuando logró coordinar las ideas salió a la sala-comedor-cocina y me preguntó.

- ¿Nos quedamos dormidos?
- Tal cual.
- ¿Qué hora es?
- Casi la una. Apúrate que ya casi está listo.
- Hubiéramos pedido algo...
- Ayer no tuve la oportunidad de preguntarte cuál es tu comida favorita, ni lo que odias, menos qué sueles pedir a domicilio. Es más, no sé si eres vegetariano y preparé carne...
- Tranquila, en eso soy bastante estándar. Gracias por ponerte en eso. Soltó una sonrisa y entró al baño.

Oí la ducha sonar. Calculé el tiempo que le puede tomar a un hombre darse un duchazo, y en el momento preciso comencé a servir. Efectivamente cuando salió -viéndolo a la luz del día, con el pelo mojado, me pareció más churro que la noche anterior- volvió a darme las gracias y a mi casi que se me sale un suspiro.

Terminamos de almorzar sin mayores sobresaltos. Charlamos otro poco. Me elogió mi comida de 'cualquier cosa que hay en la nevera' y al terminar miró la hora en el celular y casi que asustado me dijo Dany, me tengo que ir, quedé en acompañar a mi mamá al taller, y mira la hora. Ya me ha llamado cuatro veces. Tranquilo. Yo entiendo, le respondí, aunque hubiera preferido que pasáramos la tarde juntos.

Busqué su chaqueta en el cuarto, lo acompañé a la puerta y a la salida me dio otro beso. Este ya tenía un sabor diferente. Ya no era un beso de un desconocido... Fue demasiado real. sonreí. Me tomó de las manos y me dijo: Vamos a cine el viernes. Asentí con la cabeza, y tenía ganas de llorar de la emoción.

Cerré la puerta. Pegué la oreja a ver si oía sus pasos alejarse. Apenas sentí que ya había terminado el pasillo. Comencé a dar alaridos de la emoción y a brincar por toda la sala como una loca. Busqué corriendo el celular para llamar a Juana.

- Asumo que la rumba estuvo buena, porque ni un mensaje.
- Conocí a alguien...
- Noooo... Quiero saberlo todo ya!
- Se llama Sebastián y durmió aquí, se acaba de ir.
- Bueno, me imagino la faena... La sacaron del verano.
- No!!! Nada de eso. Nos quedamos dormidos arrunchados en cucharita y no pasó nada!

Le narré con pelos y señales, tal como hacemos las mujeres con nuestras amigas. Creo que los hombres nunca lograrán entender esa dinámica femenina de las narraciones de nuestras propias historias. Pero toda la alegría se vino al piso cuando Juana me preguntó:

- ¿Y te pidió el teléfono?
- Brutas...
- ¿No? ¿Entonces cómo van a cuadrar para ir a cine?
- No me digas... mucha animal! ¿Y ahora?
- Él sabe dónde vives... dijo de seguro Juana para animarme.
- Pues será esperar a ver si aparece, ¿no?
- Ay, no!!! Tomemos acción. ¿Dónde fue que me dijiste que trabajaba?
- En Accountability...
- Cierto, cierto... Allá trabaja mi prima Estela. Déjame y le escribo para que me dé el mail.
- ¿Será?
- Pues si no hacemos esto, te conozco, y vas a durar torturándome toda la semana.
- Bueno bueno.

Al final de la conversación teníamos el correo del personaje. Saqué valentía de donde no la tengo y le mandé un correo. Traté de sonar informal y fresca; cero intensa y nada impositiva. Todo un  reto.

Hola Tu.
Creo que para poder coordinar la ida a cine, necesitas alguno de mis datos.
Mi celu es 3126589877

Nos vemos

Dany

Eso fue el domingo finalizando el día. Y comencé a comerme las uñas. La angustia frente a la reacción de Sebastián comenzó a consumirme. Así que me harté de televisión toda la noche hasta que me quedé dormida. El lunes, entre la universidad y los trabajos en grupo, alcancé a bajarle un poco a la ansiedad. Hasta que a eso de las seis de la tarde: Sebastián Laguado. Decía el destinatario del correo.


17 de julio de 2013

Una Historia Cualquiera

El timbre de la puerta me despertó con un sobresalto. Me emputé. ¿A quién se le ocurre visitar sin avisar un sábado antes del medio? Fijo un ñoño que no se va de rumba. Claro que uno no piensa claro en esos momentos. El citófono no había sonado, y de seguro a todos mis amigos los anuncian.

Me levanté con una pereza infinita, con la pestañina algo corrida y bastante tufo.
- "¿Quién es?", pregunté con voz de mamera.
- "Tu vecina", respondió una voz femenina bastante enérgica del otro lado de la puerta. A esa como que no se le acaba la pila nunca, pensé.

¿Qué querrá la loca desconsiderada que vive en el apartamento del lado? La verdad me causaba curiosidad, desde que el portero me contó que ya estaba muy aburrido de que la señorita Cristina hiciera fiestas cada sábado y todos los vecinos le echaran la policía. Cada vez que veo a José me pregunto por qué un poco de emoción al portero le cae gorda. "Debe ser porque se la pasa dormido", me decía Juana, mi mejor amiga. Y de pronto tiene razón: portero que no duerma, no es portero.

Abrí la puerta, y tal debía ser mi estado, que Cristina abrió sus ojotes azules como si hubiera visto un espanto.

- "Niña. ¿A tí que te hicieron anoche?"
- "Tequila"
- "Uy".

Para mi sorpresa no era costeña. Me imaginaba a una cartagenera, trigueña, alta, amiguera hasta el extremo. Nada. Era rola. Su acento la delataba. Y por la bulla de las fiestas, la cantidad de gente que circula en el pasillo durante las rumbas, la forma de amanecer y las referencias de Jose, debía estar frita.

- "¿Qué necesitas?"
- "¿Pensé que llevas dos meses viviendo aquí y me parece una completa descortesía no haberte nunca invitado a mi casa..."

La miré esperando la conclusión del tema. De seguro no me iba a invitar al té.

- "... Hoy vienen unos amigos y pues pensé que sería una buena oportunidad para invitarte."

Fijo los amigos de esta loca están de cacería y se les acabó el material nuevo y necesitan más posibilidades.

- "No sé. Tengo que confirmar unos planes y te aviso", respondí sin mostrar mayor emoción. Parecía como si estuviera escuchando a mi mamá, a mi tía y a mi abuelita que por favor no recibiera nada de los extraños.

- "Listo, si te animas, ahí estamos", me respondió con una gran sonrisa en la cara.

Dormí todo el resto del día. Si no lograba recuperarme, de seguro no podría pasar por la casa de la vecina.  "Ay Dan, si no pasas, seguro te vas a perder de algo. Tu sabes que es en nuevos espacios,con nueva gente, el lugar donde podrás conocer a alguien". Esa fue la respuesta de Juana cuando le conté. Ella siempre pensando en conseguirme un novio. Se parece a la mejor amiga del colegio de mi mamá, bien costeña ella, que repetía cada tanto "Daniela, arréglate hasta para ir a la tienda, no va a ser que allá conozcas al hombre de tu vida". La forma de ver el mundo de las mujeres simples me fascinaba, casi todo, por no decir todo, lo miden en torno a las posibilidades de conseguir o no un marido.

Entonces agarré todo el conocimiento de las mujeres de mi vida, y me vestí con la actitud suficiente para ir a un sitio tetiado de extraños. Al final, lo máximo que podía pasar era que me aburriera y me devolviera a mi cama, que está a una puerta de distancia.

Terminé de arreglarme y eran como las 8:30. No sentía mucho ruido. En ese momento me asaltó la duda sobre si sera mejor llegar de primeras e interactuar con la dueña de la fiesta, o llegar cuando ya todo estuviera llena y pasar desapercibida. Odio conocer extraños. Hay muchas cosas que no sé como manejar. Concluí que era mejor llegar de primeras, hablar un rato y tomarme un trago para relajar los nervios.

- "¡Viniste!", dijo Cristina con tal emoción que comencé a pensar que su interés por mi era legítimo.
- "Bueno, creo que era lo mínimo luego de dos meses de oirte rumbear sola", intenté ser querídísima. "Mira, te traje esto", le entregué una botella de vino.
- "Tan querida"
- "Creo que mi mamá me dejó bien educadita".
- "Sigue, sigue. ¿Qué te quieres tomar? Espero que no un vinito"
- "¿Qué tienes?"
- "Hay un poco de todo: Ginebra, tequila -pero creo que de ese no quieres-, guaro, roncito, whisky y ahora vino", dijo haciendo un gesto con la botella que tenía en su mano.
- "Bueno, tienes un bar".
- "Obvio. Con lo que me gusta fiestiar, claro que tengo."

Me enteré que Cristina había vivido en mi apartamento, pero que odiaba a la dueña. Si es un poco intensa, pero me pareció radical que le quemaran la alfombra y le rompieran el inodoro antes de irse como venganza por toda la lora que dio durante un año que tuvo el contrato. "Es vieja era una mamera. Yo sí llamé a todos mis amigos, hice una rumba y la única regla era apagar todos los cigarrillos en la alfombra". Confirmado. La nena está loca.

Uno a uno fueron llegando los invitados. Los había de todos los sabores, olores y colores. Estaturas, razas, estilos y peinados. Más hombres que mujeres. A todos les decía: "Les presento a Daniela, mi vecina. Lleva dos meses aguantándonos la rumba, así que decidí invitarla antes de que llegara con la policía". Yo me moría del oso. Socializar no es lo mio. Pero ya entrados en gastos, convertí a la ginebra en mi mejor aliado.

En medio de tantas rarezas, vi llegar a Sebastián  Mono, fornido, alto. Camisa blanca y unos jeans. Regio. Apenas como me gustaban. Muy raro un sujeto así en medio de tanto rasta y hippie desgastado.

- "Te presento a Daniela, la vecina". 
- "Ahhh, la vecina".... Entendí o quise creer que ya habían hablado de mi en algún momento.
- "Mucho gusto, el primo responsable de esta loca". Bueno por lo menos no era la única que pensaba que Cristina estaba demente.

Encontré con quien hablar el resto de la noche, que era bastante largo. De no ser por Sebastián, a las 12 hubiera aplicado la de Cenicienta, y me hubiera ido a dormir. Realmente fumar, oler y beber, no era mi parche.

Con Sebastián fue muy divertido. Teníamos los mismos intereses, leer novelas, cero poesía o autoayuda; el arte lo entendíamos de la misma manera y odiábamos el brócoli por sobre todas las cosas. Tenía buen sentido del humor y era capaz de armarle una historia a cada uno de los sujetos presentes en el lugar.

- Mira a ese negro en el rincón. Él, está esperando a que su novia que se fue a vivir lejos, regrese y esté con él. Le hizo una promesa. Que no se iba a cortar ni a lavar el pelo hasta que volvieran a estar juntos. Lo que no sabe es que la vieja, está embarazada de otro, por allá en Europa. 

No paraba de reír. Montaba películas en un instante. La verdad hizo mi noche y lo mejor es que me salvó de ser el hongo de la fiesta.

A las cuatro se comenzaron a ir. Para las 5 ya quedábamos unos cuantos en la sala. Sebastián y yo estábamos echados, literalmente en el sofá. Yo un poco prenda, él menos. Cuando nos dimos cuenta, de los ocho que quedábamos, solo dos estaban despiertos. El resto había sucumbido a la mezcla de alcohol. Cristina no estaba cerca. "De seguro está en el cuarto... y no precisamente sola", dijo Sebastián.

No sabía qué hacer. Según las películas ese es el momento de beso más fabuloso que le dan a las protagonistas. Pero... ¿y si no...? Así que decidí no dármelas de osada y me levanté del sillón.

- "Bueno... me voy"
- "¿Para dónde?"
 - "Para mi casa..."

Aún sentado en el sofá, me tomó de la mano, y me jaló hacía él. Claramente no caí sentada en sus piernas decorosamente, sino que me quedé toda tiesa de pie y lo único que se me ocurrió decirle fue "¿Qué pasa?". Ante mi torpeza, Sebastián se levantó, puso mi cara entre sus manos, y me besó. Yo me dejé. No fue romántico. No fue de película, pero diablos, cómo besaba de bien!

No sé cuánto duró, pudo ser un segundo pero a mi me pareció un siglo y hubiera querido que durara para siempre. No sentí pena ni temor. Entendí a Juana cuando me decía "Ese momento en el que el extraño te besa, puede ser el más emocionante del mundo. Con ese beso entiendes que lo conquistaste, que le gustas y que, así no quiera saber más, quiso probarte". Solo hasta ese momento entendí esa descripción del beso al extraño. Y me gustó.

Cuando separamos nuestros labios, me miró a los ojos y me dijo: "Te acompaño hasta tu puerta". Claramente no era el recorrido más peligroso del mundo, pero me pareció válida la intensión.

Abrí con dificultad, y parada en el umbral de mi estómago salió un "¿Quieres pasar?". Y el me dijo "".


4 de julio de 2013

Los 30... Sucks (¿?)

Los seres humanos vivimos llenándonos de mentiras. Todo el día nos repetimos discursos que nos ayudan, quizá a sobrevivir este 'mundo dual complicado', como me dice mi doctora del reiki. Desde temas como el príncipe azul, la princesa desvalida, el sapo que rehabilitado se convierte en el hombre de tus sueños... hasta la vida feliz de una familia con carro, casa, beca, hijos y vacaciones cinco estrellas. Todos son cuentos con lo que nos rellenamos.

Nos autoconvencemos de una idea, y caminamos toda la vida buscándola. Supongo que eso le da un poco de sentido a nuestra existencia, y bastante frustración y motivos de suicidio, cuando no lo conseguimos.

Otras de las mentiras más comunes que nos venden y nos comemos, es que los treinta son la mejor década de nuestra existencia. Ay mujeres. Nos venden artículos que nos dicen que a los 30 ya tenemos el puesto que queremos, hemos salido con los hombres que queremos, y somos independientes, pilas y que viajamos y nos gastamos la plata en moda y maquillaje. Que eso debe ser suficiente para adorar los 30 y renegar de los veinte o de la adolescencia.

Bueno, les voy a decir lo que pienso. Sí, los treinta están bien, pero son peores de lo que nos quieren hacer ver. Veamos por qué.

A los 30, nos toca madurar. Ser responsable. Asumir nuestra propia responsabilidad. La excusa de la recién graduada que aun puede 'parasitear' de sus padres, se va acabando. Comienza toda la familia a dar lora con el tema de 'el novio para cuando', si eres soltera y disponible; 'y el matrimonio para cuando', si tienes un novio; 'el hijo para cuando', si estas casada o te fuiste a vivir con tu pareja; 'el otro hijo para cuando', si te adelantaste y en los 20 ya construiste tu familia. Y no contentos con eso, también comienzan 'recuerda que no de puedes gastarte toda la plata y tienes que comenzar a ahorrar'; 'el carro para cuando', 'la casa para cuando'... Y así. Podrían darnos discursos infinitos sobre la responsabilidad y sus distintas manifestaciones.

Los 30 no son los 20. Un día a los 30 y tantos te levantas y como por arte de magia, eres todo un ser lleno de celulitis. Entonces te toca correr a comprar el kit para removerla y prevenirla, dejar de tomar coca cola y disminuir las cinco tazas de tinto que te tomabas al día. Compras crema reductora e inicias los masajes.

Pero entonces, la desgracia ha comenzado: ya no adelgazas con la facilidad de antes, y todo lo que te comas engorda. Adiós helado, adiós el chocolate. El postre queda solo para el cumpleaños, y el té verde comienza a convertirse en tu mejor amigo.

Y cuando ya crees que tienes la dieta controlada: sopa y ensalada cuatro veces por semana, de merienda manzana, una sola harina al día, poco en la cena y NADA de dulces... Te das cuenta que eso no es suficiente. El estado físico está jodido. Subir un par de pisos corriendo es algo imposible. Tocó hacer deporte. Algunas trotan, otras hacen crossfit, algunas vamos a zumba y otras se la pasan haciendo cardio.

Pero como a los 30 te comienzan a cobrar las primeras cuentas de cobro del abuso de los 20, cuando menos piensas, te miras al espejo y todas las líneas de expresión se te comienzan a marcar. Para qué me reí tanto, para qué fruncí tanto el ceño... Toca comprar la mundial de la crema. Ya una no es suficiente: toca entonces bloqueador, humectante de día, humectante de noche, la del contorno de ojos, la especial para desmaquillar, para después de ir a tierra caliente, la de después de la rumba.

Como si eso no fuera poco, llegas a los 30 y salir a rumbear ya no es lo mismo. Las de 20 se ven mucho más regias que tu, pueden mostrar más piel que tu y, sobre todo, pueden perder la compostura y tu no. Claro, la competencia aprieta. Si llegas a los treinta soltera, te toca entrar en una competencia a muerte con las de 20 por lograr ligarte a alguien. Y si de casualidad de pasaste de tragos... el guayabo se vuelve en una condena de casi dos días en los que sientes que de verdad vas a morir.

Creo que a los 30 seguro tienes para la cuota inicial de tu casa, compraste el carro que querías, has conocido varios países con los que siempre soñaste, pero a los treinta comienza la decadencia y le llega a uno la decencia. A los 20 uno podía ser irresponsable, cagarse el mundo, y aun así seguir siendo bella con un culo firme, pero a los ¿34, 35, 36? Toca ser coherente disciplinada, responsable, seria, bien puesta, bien hablada.

Así, creo que si bien los treinta tienen todas sus ventajas en materia de autonomía económica e independencia, no podemos olvidar que también tiene sus desventajas, tantas, que a veces quisiera volver a los 20 y perder el control más seguido, o llegar pronto a los cuarenta para perderle el miedo al botox y a rellenarme las marcas de la comisura del labio, y definitivamente ya haber asumido que muchas cosas se quedaron atrás y que ya no hay posibilidad de devolverse.

*Nota: Como muchos me han dicho que soy muy negativa... les cuento que decidí mostrar la parte negra de los 30, porque ya muchas han dedicado millones en letras a hablar bien de ésta década. Aquí algunos links:

Elogio al elogio de los 30 en Susana y Elvira
LOS 30, SON LOS NUEVOS 20 O SIMPLEMENTE LOS 30 SON NUESTROS MEJORES AÑOS?
Poema: No tengo treinta años. 

7 de mayo de 2013

Destino

Había decidido llegar temprano. Era uno de esos días en los que quería sorprender a mi esposa con cualquier detalle culo.

Intenté abrir la puerta y la llave no funcionaba. Inmediatamente recordé aquella frase con la que Emma me sentenció: "Si me entero que me estás diciendo mentiras o andas con otra vieja, te cambio la chapa". Siempre lo tomé como un mero chiste, que hoy, precisamente hoy, cuando quería sorprenderla, se había convertido en realidad.

Bajé a la portería.

- Albeiro, sabe si mi esposa está en la casa
- ¿Dejó las llaves de nuevo, don Javier?
- Imagínate, en la oficina de nuevo.
- Ay doctor, yo si no he visto a doña Emma, y como sabe yo entro a turno a las 6 de la tarde. ¿Quiere que la llamemos desde el citófono?
- Por favor.

Varios intentos infructuosos y nada. Varios mensajes de textos y llamadas al celular. Nada.

- Bueno Albeiro, cualquier cosa, si la ve, le dice que me llame.
- Listo. Listo.

Abordé el carro y comencé a andar sin rumbo. Tratando de tomar vías que no estuvieran tan congestionadas. Que me permitieran entender qué había pasado.

- Doña Emma
- Que no me diga Doña, Albeiro
- Bueno doctora, el doctor que lo llame que dejó las llaves en la oficina.

Claramente no había dejado las llaves en ninguna parte. "Por lo menos no sabe dónde ando y tengo tiempo de empacarle sus maricadas".

Ya eran las 11 de la noche y cada tanto el celular repicaba. Era Javier llamándome. En algunos casos sentía cierto remordimiento. Como que ganas de recibirlo de nuevo. al final, es un gran tipo. Pero en el fondo sabía que no podía seguirme sintiendo desgraciada e infeliz.

Con mucha delicadeza fue agarrando cada traje. Cada  camisa. Cada chaqueta. Y la fui metiendo entre una caja. Con cada elemento, llegaba un recuerdo. Y fue inevitable derramar una que otra lágrima. Me hice la que no sentía. No quería pensar, porque cualquier vestigio de debilidad, me llevaría a cambiar de opinión.

Me paré en la esquina de un parque cualquiera. En esta ciudad todos los parques son iguales. Unos más grandes, otros más pequeños, pero iguales. ¡Qué falta de originalidad!, pensé en ese momento.

Saqué mi libreta y un bolígrafo. A veces las cosas se me hacen más fáciles si comienzo a hacer dibujos y gráficas. Comencé pues a analizar qué mentira me pudo haber encontrado Emma. Pasé por las cuentas bancarias, por el aumento que no le conté, por las noches que me de quedé trabajando solo y le inventé mil y una reuniones. Las veces que pensé en el culo de otra vieja en el centro comercial. Repasé todo... Nada relevante. Pero me sorprendió la cantidad de 'mentiras piadosas' que se va uno echando impunemente por la vida. Me sentí impotente. No encontraba una razón real para el comportamiento de Emma.

¿Por qué no vienes a la casa? Es tarde y hace frío. Em

Recibir ese mensaje fue como una bocanada de aire fresco. Como que me volvió el alma al cuerpo. Ya eran las 4:30 de la mañana. Retomé el camino de regreso a casa y durante el trayecto -bastante largo, por cierto- me rebané los sesos pensando qué había sucedido.

Salí en la mitad de la madrugada del apartamento. No entiendo en qué momento cambió mi plan. Era algo sencillo: le hacía creer que le había descubierto una mentira. Lo dejaba partir... Simple. Pero claro, comenzó a hablar el corazón y no la cabeza. Y ahí fue cuando me di cuenta de lo injusto de mi terminación. Javi me ama. Me adora. No es justo hacerle esto.

Pero de todos modos, cualquier cosa que pasara sería dura. Es que en la vida no hay nada fácil. Así que empaqué. No las cosas de él, sino las mías. Las metí en el carro. Todo es más fácil cuando el portero duerme y no va a lograr entender la situación.

Llegué al hotel donde Javier y yo pasamos nuestra noche de bodas. Pedí el mismo cuarto. Por suerte estaba desocupado. Ahí fue donde me di cuenta que era feliz.

Subí como alma que lleva el diablo. No había recuperado el aire cuando me topé con la puerta blanca. Esa que habíamos cambiado casi 4 veces porque a Emma le parecían todas las opciones aburridísimas. Noté una cuerdita atada al pomo de la puerta. Era agua marina. Su color favorito, al final de ella, la llave.

Abrí y me sentí como de 7 años, cuando creía en monstruos y le tenía miedo a lo que existía debajo de la cama. Noté un vacío sepulcral en todo el apartamento. Busqué en cada rincón, pero nada. Solo vacío. No estaba su ropa. Lo único fuera de lugar era una foto de los dos encima de la cama. Debajo de la almohada una hoja doblada en dos.

Javi

Sabes que soy pésima con las despedidas y al parecer soy pésima para ejecutar los planes también. Tenía uno. Era bueno. Pero no fui capaz.

Supongo que debes estar ahogándote en un mar de incertidumbre. Por eso quiero que me perdones. Por eso te pido que te llenes de amor y desalojes de tu corazón todo vestigio de ira y de rencor. Solo así podrás entenderme.

Hace unos meses me diagnosticaron una enfermedad incurable. Y como sabes lo que opino de esto, supongo que no te sorprende que no haya hecho nada al respecto.

Hoy se vence mi plazo. Y Solo quiero que me recuerdes, feliz. Feliz contigo.

Sé que soy egoísta, pero creo que esta es la mejor forma de ahorrarte un dolor infinito.

Te amaré por siempre.

Emma.

No había salido del asombro, cuando sonó el teléfono de la casa.

- ¿Aló?
- Señor Javier Andrade, le hablamos del hotel El Paraíso.
- ¿Si? Dijo tratando de ocultar sus nervios.
- Necesitamos que venga. Es por un asunto relacionado con la Señora Emma Ángel. Pero no queremos que sea discutido por teléfono.

Asumí lo peor. Me visualicé reconociendo entre sábanas blancas y bolsas negras, el cuerpo sin vida de Emma. Me puse en posición. Lloré todo lo que pude en el camino. Antes de bajarme del carro me compuse. Traté de parecer un ser humano sereno y calmado.

Respiré profundo antes de entrar al lobby del hotel. Estaba tan lleno de recuerdos...

- Buenas, hace un rato recibí una llamada de éste hotel.
- Sí claro señor Andrade. La señora Ángel nos pidió que lo hiciéramos pasar al cuarto de su primera noche de casados. 

Sentí que mi alma sonreía. Esa fue, sin duda, la noche más feliz de mi vida.

- Sígame Señor.

Caminé recordando cada segundo del primer día que pisé ese hotel. Emma y yo le apostamos a pasar esa noche en un hotel tranquilo, pequeño, de esos que evocan los mejores tiempos en la finca de los abuelos. Escogimos El Paraíso, porque era como un oasis en medio de una ciudad ruidosa y sucia.

El encargado me dejó solo en la puerta y se despidió con un hasta luego que denotaba algo de lástima. Sentí que mis rodillas temblaban.

Emma abrió la puerta. Inmediatamente comencé a llorar.
- Pensé que...
- Shhh... no hables. No digas nada. Dijo poniéndome la mano sobre los labios.

Nos abrazamos como nunca antes lo habíamos hecho. Pasé mi mano por su pelo, le limpié las lágrimas de sus ojos, y la besé con las mismas ganas como se besa a la mujer de tu vida por primera vez. Y en ese instante sabíamos que íbamos a pasar el resto de la vida juntos, así el resto de la vida fueran unos segundos o toda la eternidad.




6 de mayo de 2013

Discursos

Hace unos días asistí a un nuevo episodio de la típica echada. Se trataba de una relación entre una chica normal: trabajadora, iniciando su especialización, linda, divertida, tierna y algo tímida; y un man normal: trabajador, tranquilo, con expectativas de cambiar de empleo para mejor.

Se conocieron, comenzaron a salir, se ennoviaron, hicieron planes. Normal.

Narra ella, que un mes antes del día fatal, ella se puso 'un poco' intensa y algo celosa a causa de una vieja. Mi protagonista no quiso entrar en detalles, pero fijo se trataba de una zunga, voluptuosa, de baja autoestima, que goza calentándole el huevo -como se dice popularmente- a cualquier man que tenga novia o esposa. De esas abundan, y son esas típicas viejas que no nos gustan a las novias. Punto.

Pero claro, el personaje llamado novio, se emputó, acusó de loca a mi protagonista, y todo redundó en una serie de discusiones que se prolongaban y prolongaban por los días y semanas. Entraron en el típico ciclo de pelea-reconciliación. Dinámica agotadora, para ser honesta.

Así fue como un mes después de los primeros reclamos a causa de la zunga en cuestión, el llamado novio citó a mi protagonista y luego de una extensa charla, le dice "Es que yo ya no te quiero como antes".


Freno de mano. ¿Me explican?


Osea que ¿10 meses después de andar diciéndole a mi protagonista que la quiere, que hagan planes juntos... el llamado novio se levantó y zas! ya no la quería como antes?

No me crean tan marica.

Entonces, claro conversando con la protagonista, mi conclusión fue que el man seguramente se quería comer a la zunga en cuestión, o a cualquier otra vieja que le mostrara las tetas con un escote, y que por lo tanto mi protagonista estorbaba y decidió que ya no la quería.

Pero el no querer no es el motivo. ¿No hubiera sido más honesto decir: "Mira, es que decidí unánime y egoístamente, que no quiero continuar mi camino contigo, sino que quiero navegar en las turbulentas aguas de las zungas y todos sus sinónimos"?

Así, mi protagonista no estaría pensando que fue ella la culpable de que el llamado novio la dejara, sencillamente porque hizo un reclamo válido en el papel de novia.

A raíz de este asunto, me puse a reflexionar sobre el recurrente tema de los discursos masculinos para terminar a una mujer cuando no tienen reales motivos para hacerlo, más allá de su egoísmo. Y llegué a un par de conclusiones:
Sacado de Faccebook


Primera Conclusión: Los hombres siempre quieren quedar bien e intentarán siempre decir lo más políticamente correcto: "Te mereces a alguien mejor que yo"; "Estoy confundido"; "No quiero hacerte daño pero necesito tiempo"; "Eres demasiado para mi"; "Quiero estar solo"; "necesito tiempo"... Para su cerebro, estas son las frases que se ajustan a su objetivo, a pesar de que la realidad indica que la honestidad, por más cruda que sea, siempre será el arma que los hará quedar bien ante su ex, sus amigas y su mamá.

Segunda Conclusión: Cuando un hombre termina con su novia, justo cuando ella cree que la relación está consolidada, casi NUNCA es culpa de la novia. Siempre hay un motivo externo -llámese otra vieja o la zunga del momento-, que desata en el personaje una serie de crisis, y la más popular de ellas es "necesito tiempo", independientemente de las posibilidades que tenga el man de tener algo con la 'otra'.

Tercera Conclusión: Cuando un tipo quiere botar a su novia por razones egoístas o porque ya no le gustaste -esto último pasa sobre todo durante los primeros tres meses-, lo va a hacer. Así que el discurso que te eche es lo de menos.

Cuarta Conclusión: Cuando un man echa un discurso como los anteriores para botar a su novia, no hay que pensar en los motivos 'reales', esos son los de menos. Llorar, patalear, emborracharse, siempre en privado, sin escándalo ni mensajes de odio. Sacarlo de la vida, de la mente y del corazón es el objetivo, porque así nos rebanemos los sesos tratando de encontrar el por qué real, seguramente nunca lo encontraremos, pasando a ser una completa pérdida de tiempo y una dinámica demasiado autodestructiva.


Entonces, hombres, ya que sabemos cómo funciona su cerebro, para la próxima traten de ser un poco más honestos y chicas, dejen de flagelarse cuando un tipo las bote. Al final, lo que se acaba es porque algo mejor viene.



18 de abril de 2013

Mi Jefe

Me siento completamente Bridget Jones escribiendo esto.
Estoy enamorada de mi jefe.

No pudo evitar soltar la carcajada al leer las dos primeras líneas del mail de su amiga. Mar está completamente loca.

Te debes estar burlando de esta afirmación. Pero es real y estoy muy feliz.. Voy a tratar de responder todas las preguntas que te podrían surgir con el siguiente relato. Y espero que no te mueras de algo (sea risa, rabia, envidia...). Pero como lo prometido es deuda, luego de muchos meses de ausencia, esta es mi última historia.

Aquí va...

Llevo dieciocho meses en esta empresa. No era el trabajo soñado pero si una forma de iniciar el camino que me llevaría a ese puesto ideal, en la empresa ideal. Tu sabes que soy de las que cree que uno debe ir paso a paso, hasta conseguir lo que siempre ha querido. Entré a esta productora por mérito propio. Tanto que a las entrevistas me fui de pantalón, pelo recogido y saco negro con cuello alto. Creo que te sabes ese detalle mejor que yo. Entré como asistente -osea mano derecha- de la gerente de producción de arte. Osea, en algún momento ese cargo será mio.

La vieja era una loca demente. De esas que no solo vivía de rumba en rumba, sino que hablaba gritado (sin ser costeña) y trabaja a todo el mundo de 'mi amor'. Y a mi, me tocaba cubrirle los guayabos, los retrasos, los incumplimientos... Claro, nunca me agradecía. Es que la odiaba!! la odiaba!! Perra!

En fin, la loca hace como unos cuatro meses renunció (aunque las malas lenguas dicen que la echaron) y comenzaron a buscar el reemplazo. Claro, como a mi se me alivianó el trabajo, pude tener una vida normal. Entonces me fui de rumba. (Ay... extraño salir contigo)... Me fui con un grupo de amigos de una amiga. Así, casual, de puro desparche. Entre 'mi grupo' no había nada bueno.

Yo ese día estaba en un estado de vulnerabilidad total: Con ganas, con unos tragos en la cabeza y depilada. Ese día tocaba conquistarse a alguien. El trabajo me tenía consumida, ni para una revolcadita me daba tiempo. Total, yo decidí que ese día sería mi noche.

Me fijé un objetivo... Claro que como ya hemos discutido en Bogotá, los manes solteros cada vez son más feos o más babosos, casi que no encuentro entre la multitud a un tipo digno de mi vulnerabilidad. Hasta que lo vi. En la barra -Sí Annie, cliché todo en esta historia es un chiclé-. Se estaba tomando lo que parecía un whisky en las rocas -que resultó ser un ron-.

Yo ya casi no me acordaba cómo ligarme a un tipo solo. Así que me aventé. Sin pensarlo dos veces. Me paré al lado de él en la barra. Así como en las películas gringas. Pedí un gin and tonic (tu sabes, ese es mi favorito y no me da guayabo) y volteé a mirarlo.

- Hola. Marcela, mucho gusto.  Y extendí la mano y le regalé mi mejor sonrisa esperando que él respondiera.

Estaba casi que sudando frío, marica! Annie, tu sabes que yo me cago del susto. Además, sentirse en una escena de película es como muy raro.

Total, me dio la mano. Así fuerte. Como sin miedo.

- Mucho gusto. Joaquín.

Además, tiene uno de esos nombres fabulosos. (Ya hablo como fan enamorada)

El tema para no hacértelo largo es que comenzamos a hablar. Pero no fue una de esas conversaciones como: "en qué trabajas" "qué estudiaste". No nada de eso. Fue algo como lo que te voy a narrar -y es que tengo la conversa pegada en el cerebro-.

Siempre me he preguntado por qué alguien va solo a un bar. ¿No es más fácil tomarse un trago en la casa y se evita uno una cantidad de pendejadas?
- Eso lo puedes responder tu. Estás sola...
- ¿Parece? No. Estoy con un grupo de gente por allá. Los amigos de una amiga.
- ¿Entonces qué haces acá?
- Vine por mi trago, porque allá están tomando whisky (y puse mi cara de 'esto es una seba me voy a vomitar') y me encontré contigo, todo solo. Y como tengo un alma caritativa... pues decidí que te iba a acompañar.
- Uy, ¿eso quiere decir que parezco un niño desamparado?
- Eso quiere decir muchas cosas. Pero si prefieres eso. Pues niño desamparado será. Ahora respondeme la pregunta.
- No dejas pasar una, ¿no?
- Nunca.
- Es que salí de la oficina, que queda aquí cerca. Me iba para la casa y pensé: '¿qué tal que la mujer de mi vida ande hoy suelta por ahí'?

En ese momento yo ya me quería morir. Annie. Tiene una sonrisa perfecta, una barbita de tres días fabulosa... ¿Y va y me dice eso? Seguro vas a pensar que soy una envideada. ¿Pero quién no se envidea?

Hablamos como un rato más. Babosadas y no tan babosadas como que es soltero, sin mucho tiempo pasa salir de ligue. Si última novia lo echó porque ella no era la prioridad en la vida de él. Contra eso, según dijo, uno no puede pelear. Cuando uno encuentra a la que es, se vuelve, la prioridad, el resto son paliativos para pasar los ratos de soledad acompañados.

No hijos. Trabaja en un canal de TV. y vive solo. No tiene ni gato ni perros. Todo tal como me lo recetaron.

Tres rones y tres gin tonics después...

- ¿Te vas conmigo o te quedas con los amigos de tu amiga?
- A esos ya los tengo descartados hace rato.

Me jaló.... Así como en las películas, marica. Hazte la imagen, Annie, por favor. Se paró de la silla, y se iba medio alejando, cuando le jaló del brazo. Y como sincronizados, terminé en sus brazos y nos dimos un beso. Y qué beso. No te voy a decir que el tiempo se detuvo y que solo éramos él y yo, porque eso no pasa. Pero si besaba delicioso.

Salimos de ahí como un par de adolescentes, recién fugados del colegio. Llegamos al parqueadero. Nos subimos en su camioneta. Y salimos hacia la casa de él. Claro que en cada semáforo o en cada pare nos comíamos a besos. El trayecto fue largo, aunque realmente era cerca.

Yo tenía un vestidito negro. De esos que siempre decías que eran mi mejor adquisición. Así que todo iba siendo más fácil desde el carro.

Llegamos al apartamento de Joaquín. Apenas cerramos la puerta, me cargó contra la pared y lo tenía duro, duro. Le saqué la camisa, en un afán. Hasta se le cayeron unos botones. No dejábamos de besarnos.

Esta Mar es la cagada. Me escribe este culo de mail largo, como si estuviéramos tomando café o cerveza. Por algo es mi amiga, pensaba Annie, mientras leía. Fue por algo a la nevera. A juzgar por la barra de desplazamiento la cosa iba para largo. Eso de estar a 15 horas de diferencia es difícil para tener una mejor amiga en problemas o con una historia para contar.

Entonces, Annie. Yo ya quería que me la metiera. Ya... pero én quería jugar. Me sacó el vestidito.  Y me hizo moverme hasta el sofá. Ahí me tiró y mientras yo yacía acostada con el corazón tan agitado que se me quería salir, y tan mojada que ni te cuento. Se quitó el pantalón y las medias -aplauso para los hombres que se quitan las medias sin que uno se lo pida-.

Se puso encima mio. Me seguía besando. La boca, las orejas, el cuello.. Yo comencé a gemir. Osea... como una loca. Bajó hasta mis tetas... y me chupó, más rico... Creo que se dio cuenta de mi ansiedad. Sacó su cosa... (Annieee se oye mejor hablado que escrito) Annie comenzó a reirse a carcajadas. "sí tenemos que cambiar esa puta palabra") y para qué que era perfecta. Me la metió. Primero pasito... así despacito... de esa forma que uno ya quiere morirse... o venirse. Y preciso. Tuve un orgasmo. Creo que era un orgasmo de ganas... Y él se puso como un loco. Y me clavó no sé por cuanto tiempo. Encima mío. En cuatro. En el piso. En la cocina. En el cuarto, en el baño...

Mar siempre y sus historias. Y lo deja a uno iniciado...

Terminó la noche. Y amanecimos uno al lado del otro, ambos con esa sonrisa natural de satisfacción absoluta, de deber cumplido... No hubo formalismos. Me paré de la cama. Me di una ducha. Me vestí y me fui. Él se despertó y con una naturalidad increíble me dijo. Puedes bañarte tranquila. La verdad, viniendo de él no me molesto la frase de 'permiso'.

Antes de irme, saqué un sharpie morado de mi bolso -No me preguntes por qué tenía un sharpie en la cartera. No sé, pero ahí estaba- Y ni corta ni perezosa en la puerta entrada le escribí: Fue fabuloso. Si quieres repetir, no tengo problema. Llámame y le puse mi celular.

Y así comenzamos. Me llamó a los dos días. Fuimos a cenar. Luego a comer... Y así era todo. Cita-sexo. Cita-sexo. No había llamadas de control. No había preguntas incómodas. Creo que ninguno sabía del otro, nada más de lo necesario. No habíamos hablado, o ni siquiera nos habíamos preguntado si esto iría para alguna parte.

Yo era feliz. Seguía haciendo méritos en mi oficina y seguramente me darían el trabajo de mi jefa. Estaba muy concentrada en eso. Así que Joaquín era la mejor forma de terminar mi día.

Entonces, pasó el primer mes. El segundo. Y comenzamos a intimar. Ya sabíamos cosas del uno y del otro. Incluso esas anécdotas vergonzosas que solo se sabe tu mamá y tus mejores amigas. (Algo así por el estilo de la anécdota de la vez que me vomité durante el acto principal del día de la poesía... Así, a ese nivel llegamos).

Ay no. Mar debería dejar de contar esas cosas.

Me daba consejos. Y yo a él. Los días pasaban de una manera maravillosa. Hablábamos todo el día. Estábamos pendientes el uno del otro. Nos fuimos convirtiendo como en novios, pero sin el rótulo. Yo estaba feliz. Muy. Como que todo marchaba.

Sin embargo -Claro porque no hay historias perfectas- citaron a reunión antes de ayer en la oficina. Yo pensaba que ese era mi día. Me compré un vestido nuevo, los zapatos perfectos. Me peiné, me maquillé. Yo estaba radiante.

Buenos días señoras y señores, hoy están todos citados aquí porque quiero presentarles al nuevo Gerente de producción de arte. Menos mal, Annieeee, menos mal no me levanté de la silla!!!! El Presidente de la Compañía iba a anunciar al nuevo jefe y ese no era yo. Se trata de Joaquín Steffens. En ese momento dejé de respirar. Volteó hacia la puerta y lo veo entrar. -Es que les encanta el dramatismo. Siempre anuncian al que llega, y el anunciado entra-. Ahí estaba él. Con su traje perfecto, la sonrisa perfecta. Y su perfume. Él estaba radiante. Y yo ahí. Sentada en la mesa, con mi vestido y maquillaje perfecto. Radiante. A punto de llorar.

Quería matarlo. Esa es la realidad. El corazón se me rompió en doscientos pedazos. Es difícil de explicar y voy a tratar de hacerlo lo mejor posible. El man con el que sales. Que te encanta y tira delicioso. Ese mismo que te hace reír a todas horas del día. Nunca. Nunca Nunca!!! Te comentó que había aplicado para el cargo que tú anhelabas, el que querías. Él, el que te levantaste en un bar, y que te conquistó con un par de frases baratas. Ese, ese mismo, se queda con el siguiente escalón en tu carrera por llegar al trabajo de tus sueños. Ese hombre, del que te enamoraste, está ocupando el puesto que debería ser tuyo.

Cuando lo vi entrar dejé de escuchar. Comencé a armarme el discurso en la cabeza de todo lo que le quería decir. Gracias a dios luego de esa reunión él tenía que entrar a junta y no le dieron espacio de que me diera la cara. Es que además el muy infeliz no me hizo ni un gesto!! ni un gesto me merezco.

Entré a mi oficina y lo primero que hice fue enviarle un mensaje: ¿Me explicas? y me respondió Comamos esta noche. Ok, le dije.

Annie, espero que no te esté aburriendo. Pero es que me haces mucha falta y creo que te mereces este relato completo. Ay mi Mar. Espero regresar pronto a Colombia para escuchar tus cuentos con un trago.

Pasó por mi a las 8 de la noche. Baja por fa, ya estoy en la puerta. Bajé, con todo un discurso armado en la cabeza. Un sermón de siete pisos. Lo iba a acribillar. No lo iba a dejar hablar. Iba a sacar la neurótica que llevo adentro.

- Hola. Y le puse la mejilla.
- Uy. Pero qué pasa
- ¿De verdad quieres que te diga que pasa?
- Te ves hermosa. 
- Me cambias el tema.
- Espera a que lleguemos al restaurante.

Durante todo el camino no hablamos. Yo estaba que vomitaba palabras. Me quería morir. Pegarle era poquito. Pero bueno,  no podía quedar como una loca. Al final por algo Joaquín estaba hablando tan tranquilo.

Nos bajamos en un lugar. Era cerca a aquel barsucho hediondo pero que nos encantaba como por la 80. ¿Te acuerdas? Resulta que era un restaurante. De esos que son muy chiquitos, todos cálidos. Típico de película de amor en Europa.

Éramos los únicos en el lugar. -Obvio, sino nos se completaría el cliché de esta historia-. Me corrió la silla, como los caballeros en vía de extinción, y me hizo sentar. Se sentó en frente mio.

- Te ves hermosa.
- Y dale...
- Y así suene muy culo. Nunca te había visto tan brava, ni un poquito... que te ves preciosa.
Y yo pensaba. Precioso le va a quedar esa jeta después de todo lo que le voy a decir.
- Yo sé que quizás estas sorprendida por todo lo que pasó...
- ¿Sorprendida...? Es que esa no es palabra... Estoy puta, histérica... Es que no lo puedo creer. me utilizaste... Y cuando me iba a despachar, me dice.
- Preciosa. Déjame hablar.
- A ver... pues...
- Tu me dijiste que tu sueñas dirigir una productora. Que tu seas la jefa... 
- ¿Sí y eso qué tiene que ver?
- Estuve hablando con Francisco. Van a dividir los negocios de The Fixer y van a abrir una nueva productora que se llame Scandal... tendrá un enfoque distinto... Y quieren una mujer para ese nuevo proyecto. 

Casi me muero en ese momento. No te imaginas mi Annie. Las cosas se habían conjugado. No lo dejé terminar. Le agarré la cara con las dos manos y le di un beso. Era quizás el beso más tierno y más honesto que había dado. Te amo, dije justo cuando había separado mis labios de los suyos. Yo  también te amo.

Apenas merecido. Mar es maravillosa se lo merece.

Terminó de narrar la historia. Cerró su laptop y dejó que todas las lágrimas corrieran por su mejilla. Annie era su mejor amiga. Y un día hizo prometerle: "Mar. Prométeme que antes de que me muera, me vas a dar una historia con el final más feliz para tu historia". Y esa era la promesa que le estaba cumpliendo a su mejor amiga de infancia, esa misma, a le que le quedan, a partir de ahora dos días de vida.


11 de marzo de 2013

Sensiblona

Inundarse viendo una peli es uno de mis hobbies....
No les pasa a ustedes?
Gracias a Agustina Guerrero por  darnos la Volátil

30 de julio de 2012

Deseos

Ella simplemente quería que la quisieran. Quería un novio.

Y se esforzaba para que eso pasara. Era casi que la mujer perfecta. De esas que todos dicen "ella sería la mamá de sus hijos". Buscaba el equilibrio, ni tanto que asuste, ni tan poco que aburra. No se las daba de lista, pero no se dejaba tildar de boba. En las citas comía lo necesario para que el hombre pensara "Qué bueno una mujer que coma", pero paraba justo antes de llegar el punto de pasar por una 'marrana'.

Era linda. Sabía caminar, coquetear, maquillarse, mirar, besar, hablar.

Pero algo pasaba. Dos fechas, dos citas y luego nada. Era como si se los tragara la tierra. Todos iniciaban con un gran interés, llamadas, invitaciones y de resto, nada. Es como si ninguno de los tipos fuera capaz de darle algo más de un beso.

¿Qué pasaba? Todos tejían teorías sobre el asunto. El grupo de amigas no entendía.
- Eso es que los tipos son idiotas y se asustan con una vieja como tu...
- Es que se dan cuenta o saben que estás desesperada buscando novio
- Ay, eso es porque el que no muestra no vende
- Es que le pones mucho misterio a salir con los manes....


Todas las apreciaciones, llegaban a la misma conclusión: se estaba usando la estrategia equivocada. Pero era lo único que conocía. Al final de cuentas, ella no fingía. Así era ella: todo en sus justas proporciones.

Así que definió que el problema no era de ella, sino del mundo masculino que no la entendía. Simple. Dejó de salir. A todo le decía que no. Dejó de importarle el asunto de tener a alguien que la quisiera, de tener un novio. Llegó el momento en que se olvidó del tema.

Hasta que un día, desapareció.

¿Seguramente nunca han pensado que son nuestros deseos los que nos mantienen vivos?

20 de mayo de 2012

Ingenuidad

- Llega un momento, en la edad de un hombre, que tiene que decir 'no gracias'.


Al escuchar esas palabras pensó 'quizás ya maduró'. Fue como si le hubieran desatado todas las ganas que había en ella. Decididamente contoneaba sus caderas por todo el lugar. Se paseaba en frente de Alejandro cada cierto tiempo. Se hacía desear. Y él lo notaba. Tenía claro que había logrado atraer, por fin, la atención de Amanda.

Ella nunca había querido aceptarle invitación alguna a Alejandro. 'Es demasiado perro', siempre decía. Pero al parecer, los años y el divorcio, le cayeron bien.

- Te había perdido el rastro, preciosa.
- ¿Nunca perdiste la costumbre de llamar así a las mujeres?
- Quería saber si lo recordabas
- Son de las cosas desagradables que no se olvidan tan fácilmente.
- Ja! Siempre tan agria. ¿Te sirvo un trago?
- Con hielo, por favor.


La sala de la casa estaba llena de nuevos y viejos amigos, los últimos conocedores de cuántas veces Amanda rechazó a Alejandro. Los otros, seguro pensaban que se acababan de conocer y que iniciaban el ritual del coqueteo.

- ¿Cómo estás?
- Bien... Aunque eso ya lo sabes. ¿Exactamente qué quieres saber?
- ¿Por qué hoy me sonríes y ya no me miras con desprecio?
- ¿Quizá estoy probando si aun eres un ser despreciable o si, por el contrario, has cambiado en algo?
- ¿Me preguntas?
- Whatever...


Se dio la vuelta y desapareció entre los invitados.

No volvieron a verse esa noche, pero dos días después...

- ¿Vamos a cenar?
- ¿Por qué crees que te voy a decir que sí?
- Porque de seguro te mueres de ganas de comprobar tu teoría, cualquiera que esa sea.
- A las 9:00 Donde Andrew.
- Perfecto


La cena fue maravillosa. No pararon de hablar, de reírse de coquetear. Con cada respuesta y cada pregunta Amanda se convencía cada vez más de que Alejandro había cambiado. Así que cada momento soltaba más y más.

Se comenzaron a ver con regularidad. Y aunque se moría de ganas, él se ahorró las frases trilladas de 'tantos años deseándote' o 'siempre quise estar contigo, pero nunca me lo permitiste'.

Prefería callar y fingir un poco más. La verdad es que siempre le tuvo ganas, y eso no había cambiado. Solo que esta vez decidió hacer las cosas al derecho.

- A las viejas hay que darles lo que ellas quieren.
- Pero eso es demasiado exhaustivo, replicaba su amigo de tragos
- Pero efectivo. Es transaccional: les das lo que ellas quieren y te terminan 'pagando' con lo que tu quieres
- Tiene sentido...


Y así fue. Era caballeroso, tierno, divertido. Evitaba las frases clichés, de esas que se usan para conquistar chicas fáciles en los bares... Pagaba cuentas caras, veía películas francesas. Todo para poder estar entre sus piernas en las noches y besar sus dulces labios.

Pero como le sucede a los animales, cuando obtienen su presa, se aburren. Pero Alejandro estaba cómodo, y eso le gana al aburrimiento y a las ganas de volver a salir de caza.


- ¿Tú qué haces con Alejandro?
- Me lo reencontré en la fiesta de Sofía y resulta que maduró, y es tan... tan... fantástico.
- ¿Segura?
- ¿Por qué me preguntas?
- Míralo por ti misma.


Y apuntó a la esquina del bar.

- ¿Qué hace aquí?
- Espera...


Cuando menos lo esperaba, y luego de varias noches fabulosas esa semana, no podía creer lo que estaba viendo.

Él, abrazado entre dos chicas de dudosa reputación, de esas que muestran tanto que nada se imagina.

Le dieron ganas de vomitar. Pero tomó aire y fuerzas de donde no las tenía para cruzar el sitio y ponerlo en su lugar.

- ¿Podemos hablar afuera?
- ¿Amanda?
- ¿Así de borracho estás que no me reconoces?
- Señoras y señores, dijo casi que gritando, les presento a la pobre ingenua que creyó que el divorcio me había cambiado.


Se sintió observada por todas las personas del lugar. Y no sabía qué hacer. Es más, no entendía qué pasaba

- Sí, ella, es de quien les estaba hablando. Querida mía, los hombres perros no cambian, solo que aprendí que a una perra frígida como tu se conquista con detalles y falsa honestidad. Y me creíste. ¿Que tu ibas a demostrar una teoría conmigo? Creo que yo demostré una contigo. ¡SALUD!


Y todos alzaron la copa y respondieron ¡SALUD!


Iba a retirarse humillada e iracunda, pero se volteó y se acercó a él. Tuvo que quitarle de encima a una de las lobas y le susurró 'Por lo menos no soy la única con SIDA aquí".


Retomó el paso sonriente y complacida. Mientras la chica que estaba encima de él se fue retirando y le dijo a sus amigas lo que había escuchado. En menos de lo que se alcanza a contar uno, Alejandro estaba solo, pagando la cuenta de lo consumido por sus 'amigos' y contando cuántas veces había tirado con Amanda sin protección.







17 de marzo de 2012

Socioconfusos II

Como ya lo escribí en un post anterior  socioconfuso es aquella persona -en mis ejemplos hombres- que al salir con otra persona plantean unas reglas de juego, pero actúan de una manera diferente: dicen una cosa, y hacen otra, obteniendo como resultado un corazón roto y un cerebro enredad (obvio el del tonto que le creyó).

Esta semana me contaron otra historia. Y espero que la persona que me la contó me perdone (sí, esta vez no he pedido permiso para contarles), pero es que creo que le voy a hacer un favor a la humanidad.

La protagonista, a quien llamaremos Paola, viene de una larga temporada sin salir con nadie por diversos motivos: una tusa ya superada que le consumió gran parte del tiempo; mucho trabajo; un viaje y falta de prospectos que le gusten de verdad.

Hasta que un día, en su trabajo, conoció a un sujeto. Él, a quien llamaremos Eulogio (a manera de venganza por huevón), trabajaba en un área distinta a ella, y sin importarle que fueran compañeros, le puso el ojo. Le comenzó a caer.

Ella tenía sus dudas. Es que salir con un técnico de esa área digamos que no es tan 'play', y si a eso le suman la chismosería laboral y demás asuntos que pasan cuando se acuesta con la nómina, no era muy atractivo el tema.

Pero nuestro amigo Eulogio insistía. Llamadita va, llamadita viene. Piropo va, piropo viene. Y mientras, Paola, hizo unidad investigativa. Resulta que el tipo se graduó de una buena universidad (de esas prestigiosas, que llaman) y que tenía un cargo de técnico, casi que por gusto; vive en un barrio 'bien' y no es un pobre vaciado.

Entonces el tipo cumplía con las expectativas. Churro, pilo y con algo de plata. Y si tres meses después seguía insistiendo, es porque seguro hay un interés real.

Aceptó la primera cita en la que el personaje seguía sumando puntos. Era tierno, detallista, atento, divertido... Y comenzaron a salir. Y a medida que se veían aumentaban los detalles: agarrada de mano, caricias, llamadas antes de dormir... Y llegó el momento de darse besos. Entonces ya era una date oficial. Varias semanas viéndose y besos, efectivamente iba para alguna parte.

Paola se estaba ilusionando, y pensaba que iba de la mano con Eulogio en este camino, cosa que 'confirmó', cuando el tipo llegó un domingo pasadas las 8 am a la casa de ella con desayuno. Obvio, yo también hubiera muerto de amor!!!!!!

Pues pasó la siguiente semana al trágico evento del desayuno y Eulogio, solo llamaba y botaba el culo. Quince días, y seguía evadido. Hasta que un sábado a las 3 pm quedó en llegar a donde Pao, y nada. De ahí en adelante le marcó cada hora a darle una excusa distinta: "ya voy es que se me alargó la vuelta"; "ya voy es que me agarro un trancón"... Es que, Es que, Es que..... Y a las 10:00 pm "Lo siento ya es muy tarde".

Yo lo hubiera matado. No solo dejó a Paola metida, arreglada y con las ganas de verlo alborotadas, sino que le quitó la posibilidad de haber hecho otra cosa ese sábado. ¡¡¡Eso no se hace!!! Que mala maña (el man de la historia pasada, hacía lo mismo, creo que es patológico).

Con todos los motivos, y la ira a flor de piel, Paola le marca a Eulogio y le hace el reclamo (claramente esta es mi versión del reclamo): "Mira, tu y yo no somos nada, lo tengo claro, pero conmigo no juegues. Llevas 15 días botándome el culo y yo como una idiota creyendo tus motivos, cuando lo que en realidad te faltan huevas para ponerme la cara y decirme que no quieres seguir saliendo conmigo. Pero te recuerdo, te recuerdo, que yo no fui la que te busqué, que yo no fui la que me arrastré tres meses para lograr salir contigo. Así que asume las consecuencias de tus actos y ponme la cara. No seas cobarde".

Claramente, lo habría matado. Uno a esta edad no está para maricadas ni para huevones.

¿El tipo qué hizo? Pidió disculpas. Pero no dio ningún motivo. "Si tenemos que hablar"; "Perdóname, no fue mi intensión"; "Tienes toda la razón". El lunes, Le marcó a eso de las 5 de la tarde a Paola y le dijo, "yo sé que tenemos que hablar, apenas salga te llamo para que nos veamos". Y hasta el sol de hoy, no ha vuelto a aparecer. Paola están el proceso de sacar la ira de su corazón y está cuestionándose qué hizo mal, a pesar de que le digo y le repito que nada, que ese man es un típico socioconfuso.

Entonces señores háganos un favor y:

- Si no están seguros de que una chica les gusta: NO la inviten a salir más de tres veces
- Si definitivamente la mujer no las convenció: Díganle la verdad en la cara, la verdad duele menos que desaparezcan sin motivo alguno
- Tengan claro para qué y qué quieren de la mujer con la que salen antes de llevarle desayuno un domingo en la mañana
- NUNCA hagan una cita que no van a cumplir. Es más fácil decir: "Hoy no puedo", y así uno se hace una vida
- JAMÁS llamen a su date a decirle: "Te llamo más tarde para que nos veamos" y luego no aparecer. Eso es jugar con el tiempo y con las ilusiones de las personas.
- Y por favor, antes de invitar a alguien a salir y darle besos, tengan claro si están o no para asumir la responsabilidad que implica salir con alguien. Ante las dudas: ABSTENGASE




7 de marzo de 2012

Hace falta

¿No les ha pasado que quieren hacer chichí en la mitad de la fiesta en un bar cualquiera y resulta que no pueden y es ahí cuando se les amarga la fiesta?

Me pasó un par de veces. Y desde entonces me tocó adoptar una metodología poco ecológica y es forrar en papel el inodoro del lugar para no sentir que pego mi cuerpo contra el ligar más lleno de mugre, gérmenes, bacterias y porquerías provenientes de quien sabe cuántas personas. (ewwww)

Sé de amigas que orinan paradas, o en cuclillas. Otras que tiene vejiga con aguante olímpico.


A veces damos por sentado que las cosas son como son y no hay mucho más para inventar. Pero en este tema creo que  falta innovar más.

Es necesario mejorar los inodoros de los baños públicos para mujeres. ¿Por qué? Porque ser mujer y querer hacer chichí en un baño público es literalmente una mierda. 

Quizá los hombres podrán señalarnos y burlarse, porque ellos no deben pelear con el hecho de querer mear y no poder porque el baño les da asco. Orinar de pie es algo que no se nos da a muchas mujeres.

¿Por qué no hemos evolucionado en algo que nos permita a las mujeres orinar de pie sin salir encharcada en el intento?

Esto no es feminismo, es simple higiene, salud y comodidad. ¿Será que alguien se le ocurre alguito para que ir a los baños públicos deje de ser un castigo para las mujeres?

Debo dar el reconocimiento a Maria Clara, por darme la idea de este post.


17 de noviembre de 2011

Salir del Verano

Cuando hablamos de 'verano' nos referimos no a la estación del año en la que hace más calor según los meteorólogos, sino al estado civil de un ser humano cuando pasa mucho tiempo sin sexo. Cuando alguien dice 'estoy en verano', ya todos entendemos, sin más, todas las implicaciones del tema.

Geralmente, un largo periodo de verano se debe a un solo motivo: falta de voluntad, pero que se decora con muchas excusas. 'Es que no tengo tiempo'; 'es que no hay con quien'; 'es que no creo en el sexo casual'... Es que... Es que... Es que...


Y son tantos esos motivos inventados para no tener sexo, que cuando la persona cae en cuenta de que le hace falta una revolcadita y de que ya no se recuerda con facilidad qué se siente un orgasmo, ha pasado tanto tiempo que se ha perdido toda la experiencia adquirida para levantarse a alguien. Y es ahí cuando el 'veraneado' se convierte en una sucesión de fracasos en materia de conquista, que comienza a sufrir de falta de esperanza absoluta. Y no los culpo.

Entonces la pregunta del millón es: ¿Y cómo salir del verano?

Esta es mi teoría... Usemos un nombre cualquiera: Adriana.

Resulta que nuestra amiga Adri lleva algo más de dos años sin salir con nadie, sin besar a nadie, sin tirar con nadie. Todo porque terminó una larga relación de varios años, y le pegó tan duro que primero se deprimió, segundo se encerró, tercero se llenó de trabajo, cuarto comió tanto que se engordó... y cuando decidió volverse a mirar al espejo como un ser humano 'normal', se dio cuenta de que: primero, tenía que hacer dieta; segundo, volver a sonreír; tercero, tenía que recuperar a sus amigos; cuarto, volver a salir; y quinto, levantarse a alguien para tener algo de sexo.

Y comenzó. Con éxito hasta el número tres. Había pasado tanto tiempo sin salir que Adri no tenía ni idea cómo era rumbear, qué música sonaba o, peor, cómo se interactúa con la humanidad cuando está en un bar. Pero, sin importar sus frustraciones iniciales, continuó saliendo, hasta que se acostumbró a la música, al ruido y a las personas. Sin embargo, ya entrar a levantarse a un tipo es todo un nivel y había olvidado todos sus trucos.

Entonces decidió intercalar entre ir a reuniones con sus amigas y amigos, quienes a su vez tenían más amigos, y rumbas en bares... Pero nada. Nada le gustaba, no se levantaba nada.

Un día, hablando con un par de amigas planteó su lío

- Yo ya no sé qué hacer. Este verano me va a matar
- ¿Todavía??? dijo Carolina
- Yo ya le dije lo que tiene que hacer, pero es terca como una mula, planteó Angélica
- Ay dios... ¿Acaso no que conseguir un polvo era fácil? ¿No que los tipos se comen todo lo que se mueva? ni que fuera la más fea pues!!!
- No es eso. Solo que no se te nota que quieras que te coman, dijo Carolina
- ¿Perdón? Ahora me tengo que colgar un letrero?
- No solo eso, sino que no te gusta ninguno. Difícil si no ves a los hombres con ojos de posibilidad, sentenció Angélica
- Me perdí. Entonces me toca ponerme un letrero en la frente que diga 'Quiero Sexo' y otro en la espalda que diga 'Me gustan todos' ¿O qué?
- A ver fiera. te explico cómo funciona. Todo es cuestión de actitud. No tienes que ir mostrando las tetas en cada bar para conseguir un polvo. Te toca expresarte, mirar, hablar, respirar sexo. Y eso es actitud. Tienes que darle a todo tu entorno la sensación de que te acostarías con cualquiera.
- Como una zunga.
- No, a ver idiota!!!!!! Ella no entiende nada. Creo que se te llenó de moho el cerebro, gritó Angélica
- Pues parece que sí, porque no entiendo nada, dijo en voz bajita Adriana
- Es simple, si le abres a todos los tipos de un bar tu puerta y les dejas ver que pueden entrar, ellos van  a sentir curiosidad, y es ahí cuando puedes elegir con quien acostarte. 
- Ay Dios...  te parece tan difícil? a ver...
- Ya voy entendiendo....
- Pero falta un pedazo importante: Quitarte las telarañas.
- ¿Y eso es...?
- Simple... te toca tirarte a cualquiera para que todo el resto te salga natural, explicó Angélica
- Entonces volvimos al comienzo: cómo me consigo a ese cualquiera?
- Cómo te dijimos. Solo que como es la primera vez que lo harás, seguro no tendrás mucho de donde elegir. Pero peor es nada, dijo Caro.
- A este paso..., dijo seguido por un suspiro Adriana.


Entonces, si estar en verano es cuestión de falta de voluntad, salir de él y tener siempre alguien con quien tener sexo, es cuestión de actitud. Querer y demostrar que se quiere es la clave.