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27 de abril de 2016

Carta a un hombre perro

Querido hombre perro:

Desde hace varios años me rondan la cabeza una serie de por qués respecto al comportamiento de los hombres que, como tu, son perros. Me refiero a comportamientos tan claros como:

  • Prometer cosas que no vas a cumplir
  • No ser claro sobre lo que quieres al salir con una persona. O lo que esperas de ella
  • Comenzar a salir o coquetear con otras aunque no has terminado con tu chica actual
  • No poner la cara con la verdad, sino dedicarse a inventar excusas cuando quieren terminar
  • Pensar que las mujeres que piden algo serio son intensas y locas
  • Usar aplicaciones de citas cuando tienen novia o sales con alguien
  • Tener un plan B, y peor convivir con ese plan B como si fuera su pareja, cuando la oficial no está
  • O los que quieren tener a todas a la vez y no sueltan ni las dejan ir.
Y la única conclusión a la que llego es que:

SON UNOS COBARDES que además PIENSAN  -por eso nos tratan así- QUE TODAS LAS MUJERES SON IDIOTAS.

Y además que sienten vergüenza de aceptar que son perros.

Esta carta no es una venganza personal, ni quiero hablar de alguna experiencia propia. Por suerte no di con tipos así en mi vida. Pero llevo años viendo a mis amigas llorar destrozadas, más por la forma como el tipo perro de turno les termina la relación (sí salir con alguien una semana, dos, tres o dos meses, es una relación, que significa Correspondencia o conexión que hay entre dos o más cosas!!!), que por la terminada en sí. Es que en medio de tanta excusa barata (siempre escogen las peores), el sentimiento de impotencia de la pobre desengañada es máximo, sólo porque sabe que le vieron la cara de estúpida.

Entonces quiero hacer una serie de reclamos a nombre de todas las mujeres víctimas de los perros, otras preguntas y darles un par de consejos.


Te escribo a ti, hombre perro, porque quiero decirte que eso que haces no te hace ni más hombre ni más macho. Lo que te hace es un cobarde. Sí, porque la cobardía es no dar la cara. La cobardía es mentir. La cobardía es usar palabras lindas y falsas promesas para apuñalar a una mujer por la espalda.

No entiendo por qué tienes que actuar así. Es que acaso las mujeres no somos lo suficientemente maduras para entender un "mira, salgo contigo pero voy a seguir saliendo con otras?" Decirlo, por lo menos le da la posibilidad a la mujer de decir "¿Sabes? Me gustas mucho, pero no". O de aceptar el juego, sin derecho a hacer reclamaciones posteriores.

Tampoco entiendo por qué cuando una mujer te dice al comienzo "Oye, pero yo estoy buscando algo serio", ¿Por qué en lugar de decir "mira que no me interesa", te quedas ahí jugando al novio perfecto? Para un tiempo después andar consiguiendo novia por twitter, o mandando mensajes de amor en fb... pero a otra.

Me confunde esa necesidad de mentir, de tratar demasiado bonito, de ir a conocer a los papás de la chica, de llevarla a donde tu familia. Me confunde aun más que bajes la luna y la estrellas, que armes viajes juntos y hables de futuro y esperes que la víctima de tus actos NO SE SIENTA ESPECIAL, e incluso llegue a sentir que se puede enamorar de ti. ¿Cómo quieres que eso NO pase? Explícame porque la lógica no me da.

Querido, si no quieres que una vieja se enamore de ti, porque te gusta solo para pasar el rato, o porque no es tu 'tipo de novia', no la hagas pasar el oso de presentarte en todos sus espacios, para luego, dos semanas después, mandarla a la mierda, porque te conseguiste por Tinder una con un culo mejor. Sin esos detallitos, te ves más bonito.

Otra cosa que no entiendo es ¿por qué cuando decides que no quieres seguir saliendo con esa persona, en lugar de decir "oye, sabes que ya no quiero salir más contigo porque ya no me gustas tanto" (osea todos estamos en nuestro derecho de que no nos guste la persona cuando la conocemos a fondo) sacas discursos como "es que no tengo tiempo para una relación"; "es que tengo una crisis personal muy fuerte"; "es que mi exnovia apareció y estoy confundido"; "es que esto está muy serio ya y no quiero"; "es que no me gusta tu voz (puta eso lo sabías desde el día uno); "es que no me gusta que tengas perro"; "es que me alejo porque alguna vez me pusieron los cachos y no quiero que me vuelva a pasar"; es que ,es que, es que... Es que uno ha escuchado demasiadas estupideces en la vida.

Aunque hay unos como tu que ni siquiera son creativos como para inventarse un cuento huevón, sino que se desaparecen. Y ya. ¿Me explicas esa falta de capacidad para dar la cara?

¿Es tan difícil sacar cojones, de donde no los tienes y decir la verdad en la cara? No creo. De seguro muchas te lo agradecerán. Y sí, de pronto algunas darán un poco de lora, pero no tanta cuando el motivo es "no eres tu, soy yo". Pues claro que sí es la mujer, porque ya no te gusta!!!!! Simple.

Por otro lado, ¿por qué si te tomaste la tarea de inventarte 7 millones de excusas y de crisis existenciales para terminar con una y para que no se diera cuenta de que tienes otra, comienzas a enviar al día siguiente mensajes cariñosos y de amor con la nueva???? Pucha, ¿No te puedes amarrar el dedo y tener dos de consideración? O por lo menos, tratar de no quedar en evidencia. Es que bien sabio es el dicho de 'más rápido cae un mentiroso que un cojo.' En serio, sé coherente o por lo menos hábil para poder sostener tu mentira.

Quiero invitarte querido hombre perro, a que la próxima vez que salgas de conquista tengas en cuenta esta reflexión y dejes de avergonzarte de ser un perro sarnoso, y asumas con la cabeza en alto que lo eres y para así no hacerle perder el tiempo a todas esas mujeres que quieren amar y ser amadas de verdad, y no utilizadas para engrandecer tu ego de cobarde.

Quiero que la próxima vez antes de terminarle a tu chica de turno pienses que es mejor una verdad incomoda que cuatro buenas mentiras, y que de seguro esa persona agradecerá que seas honesto.

Quiero que por un segundo, antes de echarle los perros a la próxima chica, te detengas y pienses en que seguramente necesitas una mujer más parecida a ti y no una que desee amor, para que puedas seguir saltando de cama en cama impunemente y sin dar explicaciones a nadie.

Porque no te estoy diciendo que no te acuestes con todas las mujeres que quieras. Pero si va a ser así, por lo menos pon tus cartas sobre la mesa... porque conquistar un polvo con mentiras, no tiene ningún mérito.

Con cariño,

Yo.

 Pd: Si se siente aludido, responda en los comentarios, que prometo hacer un post con todas sus respuestas y explicaciones.


23 de marzo de 2016

Bloqueando los Impulsos

A veces quisiera poder apagar el corazón y dejar solo la cabeza funcionando. Pero es un imposible para alguien como ella, que toda su vida había sido manejada por impulso. Esta vez sí que le estaba trayendo problemas.

Mensaje tras mensaje él la provocaba; la sacaba de sus mejores momentos; la hacía sentir un poco miserable; un poco no merecida; bastante mal.

A veces su cabeza le preguntaba al corazón: ¿no será que eso que sientes es puro deseo? Pero insistía en que era más que eso. Más fuerte, más constante. Al final, el deseo se puede satisfacer con cualquiera.

Ella intentaba por todos los medios olvidarlo. Salir con otros, encerrarse en su casa, leer libros de superación de tusas, emborracharse, ir a misa, repetirse todos los días: 'solo somos amigos'... Claro que lo que menos funcionaban eran los discursos de la humanidad circundante: 'no te conviene'; 'es un inestable'; 'no te quiere, solo te usa'... Pero a ella eso qué le importaba, si lo sabía desde siempre y aún así estaba metida hasta el cuello en esa historia. Solo no intentó dejar de hablar con él. Esa cobardía que no nos deja soltar lo que nos lastima por temor a perderlo.

Entonces, ahí estaba ella, con su teléfono en la mano, siempre lista a recibir esos mensajes calurosos y hasta cariñosos, que terminarían en una revolcada monumental que, al final, la haría sentir miserable. Sencillamente porque ella lo quería todo, y él no estaba dispuesto a ofrecerle nada.

Los días transcurrían igual: ella naufragaba entre la ansiedad por saber algo de él y él aparecía cuando se le daba la gana. En el juego gana el que tenga la ventaja.

Comenzó a salir con un nuevo alguien. Otro de los tantos que terminaban sacrificados en la mitad de estas andanzas que no conducen a nada. Solo que este, no se iba a dejar. Seguro era por impulso, y todos sus impulsos lo llevaban hacia ella.

La ventaja es que le inspiraba confianza. Podía contarle todo. Y así lo hizo, pensando en el dicho de su abuela 'el que advierte no es traidor'. Y aún así, él decidió quedarse.

- Es que no estoy lista para una relación.
- Nunca nadie está listo. Es cuestión de tiempo y de no pensarlo. Cuando menos lo esperas, lo estarás.
- Pero no entiendo por qué quieres insistir con alguien que vive pensando en otro.
- Estoy seguro que desde hace 1 mes, piensas menos en él.

Siempre la dejaba desarmada. Ella quería salir corriendo para volver a los brazos y a los besos ingratos de Javier. Pero sus palabras la detenían. Y así, como pagando una pena placentera en la que no se cuentan los días, fue pasando el tiempo hasta que Javier dejó de escribir mensajes teñidos de ganas y de mentiras. Ella no se dio cuenta. Simplemente logró empaquetarlo en el cajón de los viejos recuerdos a olvidar. Comenzó a gozar sin restricciones cada minuto con Santiago. Era simple, transparente, amoroso. No sentía una pasión desenfrenada, pero eso era mejor, balance entre cabeza y corazón, que andar dando botes de acuerdo a los impulsos.

Pero el destino es cochino y pone zancadillas cuando menos las esperamos a ver si algo aprendimos. Javier apareció. No por teléfono, no por mail, no con flores ni regalos... En persona, de frente, en la calle. Lo vio acercarse y es como si todo lo sucedido en su vida los últimos 6 meses no hubiera ocurrido. Se derritió en sus brazos. Todo su ser le pertenecía.

- Pensé que me habías olvidado, le susurró al oído.
- Yo también, respondió entre labios.

Antes de pensarlo, era su casa y ambos nadando entre besos y entre promesas que no sabía si iban a resultar ciertas, pero que igual quería creerlas.

Horas -que parecieron minutos- más tarde Paula salió del letargo en el que se encontraba y lo primero que quiso decir que: '¿Y ahora?'

Las dos palabras retumbaron en el pecho de Javier. 'Ahora podemos quedarnos juntos'.

La mente de Paula comenzó a jugar del lado del corazón. 'Y entonces lo único que se necesitaba era que me extrañara'; 'entonces sí me quiere'; 'sí quiere estar conmigo'. Durmió con esos pensamientos.

Salió de allí directo a su casa. Armando el discurso perfecto en su cabeza para decirle a Santiago que lo siente pero que no más. Se arregló sin prisa, lo citó para la cena y le dejó a él que escogiera el lugar, así por lo menos el golpe sería menos duro, pensaba.

Prefirió que no la recogiera. Así evitaría en el carro los temas espinosos o preguntas como por qué había desaparecido la noche anterior y todas esas cosas. Al llegar sus nervios la dominaban. ¿Estaba decidida a clausurar a Santiago por una noche de 'amor' con Javier? Dudas, dudas.

Llegó al sitio indicado, un lugar al que nunca antes había ido. Vio a Santiago sentado solo iluminado con la luz de una vela, y sintió una gran paz. Algo maravilloso. Solo hasta ese momento supo cómo se siente el amor verdadero y pudo responderle a la cabeza. Sí era deseo.

A la mitad de la cena, un mensaje de Javier, sudor en las manos, temblor en la rodilla. Comenzaba a detestar esa capacidad para desestabilizarla. En lo que miró el celular y regresó la vista a la mesa, Santiago tenía entre sus dedos un anillo. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Automáticamente su cabeza asintió. Sonreía con el corazón.

Esa misma noche casi en la madrugada con mucha cautela texteó: 'De verdad hubiéramos podido ser felices, en serio lo creo. Pero hoy no es ayer y ya no lo deseo', gracias por enseñarme que el verdadero amor es todo menos algo que se relacione contigo. Adiós.'







10 de agosto de 2015

Tinder - O El arte de meterse en relaciones sin futuro

Margarita está embarazada.  Fue la frase de sentencia. En este momento entendió lo que se había negado a ver: lo de ellos era imposible. Hubiera podido ser simple, pero como ella ama lo complicado, tuvo que hacer preguntas de más, indagar de más, exigir de más. Así era siempre, casi que imposible conformarse. Es que a ella le enseñaron que uno debe apuntarle a lo más alto, pero lo que nunca pudo aplicar es a retirarse antes de terminar contra el piso y con el corazón roto. Digamos que los autorreguladores nunca le funcionaron, era experta en ignorar las señales, las alertas, al astrólogo y hasta a sus amigas. Era experta en botarse de cabeza al abismo hasta enloquecer. Era experta en decir "esta es la última vez", y nunca lo era.

Todo comenzó con un encuentro casual. Tres horas de chat, luego de darse 'like' en Tinder, bastaron para ponerse una hora de encuentro. Simple: su restaurante favorito medio día. Siempre la excusa de volver al trabajo era buena. Él, todo un caballero, pasó a recogerla en su auto último modelo -¿por qué las mujeres son tan fácilmente impresionables?-. Resultó buen conversador, con un cargo interesante y padre soltero, lo que podía sumarse como un plus, ya que ella tenía su propio hijo y eso traería bastante comprensión. Y además pagó toda la cuenta. Esas fueron las conclusiones del primer almuerzo. Aunque ella no lo notaba, comenzó la película.

Lo que siguió era predecible. Mucho chat, pocas salidas. Es que no entendió la primera alerta, un personaje con ese nivel de cargo y una vida relativamente armada, si está en una aplicación de ese tipo, seguramente solo está buscando sexo. Seguramente nada serio saldría de ahí. Pero ella fue ciega.

Le sudaban las manos cada vez que entraba un mensaje de él. Vivía en una nube. Pero las muestras de interés de él eran pocas. Siempre había ocupaciones, viajes, complicaciones. Pero se veían, poco pero se veían. A veces almuerzo, a veces cenas. Pero más temprano que tarde, a pesar de su promesa de abstenerse por un tiempo, cayó. Se revolcó con él como si no hubiera un mañana. Y lo peor es que le encantó. Quedó enganchada, a pesar de todo.

De ahí en adelante, las llamadas o textos eran para verse temprano en la mañana, antes del desayuno, seguramente para saciar las ganas mañaneras de los hombres. Ella hizo caso. Siempre, nunca se abstuvo. No entendió que correr en la dirección que el hombre dice les mata las ganas. Uno nunca puede ser presa fácil, le dijeron un día, pero a ella le encantaba en bandeja de plata. Se podría suponer que él se acostumbró, y que le gustaba así para lo que la quería: sexo ocasional sin ningún tipo de exigencia. 

Pero ella comenzó a querer más. ¿Es lo normal no? Quería salidas a cine, quería salir de rumba, quería planes varios. Quería ser la única.

- ¿Tu sales sólo conmigo?
- ¿A qué te refieres?
- ¿A que si sales con alguien más?
- Si me preguntas si tengo más amigas, si tengo.
- ¿Te tiras a tus amigas?
- ¿Por qué preguntas eso?
- Porque yo no me tiro a mis amigos, entonces necesito saber qué significa para tí tener amigas.
- Entonces, la respuesta es sí.

Un silencio se apoderó de los dos. Ninguno quizo ahondar más. Ella sabía que tenía que salir corriendo. Pero no podía resistirse a sus ojos, a su sonrisa, a visualizar sus manos sobre su cuerpo. Así que siguió ahí. Pegada a él como si fuera su última posibilidad. Como si no hubiera alternativa.

Pero seguía recibiendo poco. Incluso las llamadas por la mañana cesaron, los encuentros se volvieron casi que cero. Entonces aprovechó la siguiente oportunidad que tuvo para preguntar qué había pasado, por qué la lejanía. Las respuestas eran obvias, que se hubieran intuido sin sencillamente hubiera leído las señales. Quedaron de amigos. Amigos en la versión de ella. Tenía el corazón roto. Se había enamorado tan rápido con tan poco...

Ser amigos implicaba hablar de los días, de la cotidianidad, que el hijo esto, que su mamá aquello, que su trabajo no sé qué... Y ella se mordía el labio para no decirle que lo odiaba por no amarla.

Se vieron, como amigos, para ir a un evento. Antes de entrar, la bomba. Margarita estaba embarazada. Mil quinientas millones de ideas vinieron a su cabeza. La más recurrente, que hubiera podido ser ella, la más triste, que cualquier ilusión moría ese día.

Respiró profundo, lo felicitó con una hipocresía poco evidente, y actuó como si nada. Volvió a prometerse que sería la última vez, que nunca le volverán a romper el corazón y que a la próxima atendería todas las señales.

6 de febrero de 2015

Alguien nos mira


El romance era secreto. Dos razones sencillas: su posición de jefe -la de él-, y sus actuales parejas. A él le preocupaba más que su mujer lo botara, que perder su trabajo. Para ella, lo segundo era más importante.

Todo había comenzado como un juego inocente: miradas van, sonrisas vienen, un par de caricias por  debajo de la mesa, hasta que terminaron juntos en la cama.

Él era jefe de urgencias en una clínica, digamos que cualquiera. Ella una enfermera recién egresada con todas las ganas de aprender. Él era mucho mayor, aunque no aparentaba. Los años de largos turnos y trasnocho no se le notaban en el rostro.

Por el lado de Patricia, solo sabía su mejor amiga. "Ese señor se está aprovechando. Fijo le hace eso a todas las nuevas. La verdad no entiendo qué estás esperando de esto", era la línea discursiva de su cantaleta. La verdad, ni siquiera ella sabía, digamos que actuaba sin pensar. No había querido complicar la cosa: Se vieron, se coquetearon, se gustaron, se tocaron, se besaron, se acostaron, y ahora andaban a hurtadillas para que nadie se enterara en el hospital. Es que ella no creía en el karma, entonces eso le facilitaba actuar mal (teniendo en cuenta que el 'mal' es subjetivo y en este caso se trata de lo mal visto por sus amigos).

Así pasaron los meses. Entre toqueteos en los rincones, escapadas a moteles cercanos y uno que otro polvo oficinero. Patricia se creía invencible, como es la costumbre en los jóvenes. Así que no pensó que el asunto podría salirse de sus manos.

"Me divierte. Tu tranquila, que igual no estoy para casarme", le repetía a su amiga.

Un día, el castillo de naipes fue soplado por un ventarrón. La jefa de personal la citó a su despacho.

Señorita González. Tome asiento. Esto de lo que tengo que hablarle es muy grave.

Sabía que su secreto había dejado de serlo.

He recibido este video. Dijo la matrona, que al hablar de dimensiones, valía por dos, mientras espichaba el botó de 'play' en el control del televisor que se ubicaba a sus espaldas.



Pero eso no quiere decir nada, Doctora Munar.
¿Está segura Patricia?
El Doctor Andrade solo jugaba conmigo.
¿Está segura Patricia?

Y adelantó la imagen hasta que apareció algo un poco más grave.



No pudo ocultar su cara de asombro, seguida de una cantidad infinita de lágrimas. |

Eso no es lo que parece. Fue lo primero que logró balbucear, esperando comprarse un poco de tiempo.
¿Qué no es Patricia?
Es que él... él... él me amenazó. Andrade me amenazó.

Un signo de interrogación se posó en la cara de la doctora Munar. ¿La amenazó con qué?
Con que si no le seguía 'el juego' como él lo llamaba,me haría despedir
¿Y por qué no denunció?
Porque, pues a quien le creerían, a mi, la nueva subalterna recién graduada -que seguro tiene ganas de un aumento- o al gran doctor que es una eminencia? Admítalo, estaba en desventaja.
¿Está insinuando que el Doctor Andrade la acosó? ¿Que no eran amantes? ¿Por qué quien entregó estos videos asegura que ustedes eran amante?.
Yo no sé! Lo único que sé es que me obligó a hacer cosas que no quería hacer.

Rompió en llanto desconsolado. Solo así podría salvarse.

¿Entiende las implicaciones de lo que está asegurando, Patricia?
Sí Señora.Y si esto me va a costar mi carrera, pues que así sea. Estoy aburrida del acoso, del abuso del poder.
Tranquila, Patricia. Por favor, tome este vaso de agua. Tómese la tarde libre y mañana hablamos. Tengo que pensar qué hacer.

Se encerró en su casa. No respondió ninguna llamada. Necesitaba estar segura de que no hubiera ninguna evidencia del romance que sostenía con Santiago.

Efectivamente. Habían sido demasiado cuidadosos, casi sépticos en las comunicaciones. Nunca mensajes de texto, nunca chats. Sólo él la llamaba a ella. Ella no sabía el teléfono de su casa. Coordinaban los encuentros en persona en el hospital. No había forma de que descubrieran su amorío.

Iba ser su palabra contra la de él. No sabía si podía ganar ¿debía buscar un abogado? Quien sabe.

¿Patricia puedes venir a mi oficina hoy?
Claro. Hoy tengo el turno por la tarde. A las 9:30 nos vemos.
Gracias. ¿Cómo estás?
Con algo de temor.
Tranquila. Aquí hablamos.
Ya nos vemos.

Era un manojo de nervios. No lograba controlar el temblor de sus manos. Sabía que iba a toparse con Santiago en algún pasillo del hospital. Después de tantos meses habían memorizado todos sus hábitos y rutinas.

Demasiado cliché, el ascensor. No fue capaz de mirarlo a los ojos. Cobarde le repetía una pequeña voz en su cabeza.

¿Qué haces aquí a esta hora?
Asuntos administrativos
¿Ayer qué te pasó que te fuiste temprano? ¿Estas bien?
Si. Solamente me sentí mal y me fui a mi casa.
¿Por qué no me avisaste?
¿Bueno ahora me toca decirte todo?

Salió del ascensor lo más rápido que pudo. No quería seguir charlando.Santiago la vio caminar por el pasillo hasta que las puertas de metal se cerraron. Definitivamente le encantaba. Definitivamente nadie entiende a las mujeres.

Jefe médico del hospital San Rafael denunciado por acoso sexual. Se leía en todos los diarios de la capital. Santiago trató de mantener la calma. Había intentado manejar el asunto con el más bajo perfil posible para no afectar a su familia.

En el hospital le dieron una licencia durante el proceso penal. Sería demasiado embarazoso enfrentar a sus colegas todos los días y evadir sus miradas de juicio constante. Estaba devastado. Para él su trabajo no lo era todo, pero su familia si. Y estaba a punto de perderlo todo.

Esperó toda la noche y parte de la mañana frente al apartamento de Patricia. El algún momento debe llegar se decía. La reconoció a lo lejos y corrió a su encuentro, antes de perderla tras la puerta del edificio.

¿Qué haces aquí? ¿Sabes que no debemos vernos hasta el juicio.
¿Dime que quieres?
Patricia lo miro con algo de pesar. Estaba desaliñado, barbado, despeinado. La situación lo estaba acabando.

Nada. Esto no se trata de eso...
Entonces dime de que se trata, gritó.
Patricia rompió en llanto.

¿Ahora vas a llorar? ¿Ahora eres una víctima?
Perdóname perdóname!!!
Me asuste no supe que hacer. Y ya todo ha ido demasiado lejos.

Patricia entre lágrimas y sollozos le contó todo lo ocurrido. Y el sentía una profunda rabia, al tiempo que lo invadía un pesar inmenso por esa criatura incapaz de afrontar de otra manera un gran problema. La abrazó por un instante. En ese momento comprendió que era solo una niña.

Perdóname, perdóname. Repetía incesantemente.
Tranquila. Ya veré como resuelvo esto.

Esa fue la última vez que lo vio. Supo, por chismes de pasillo que había logrado un acuerdo con el hospital. Que retiraron la denuncia, a cambio de que confesara y dejara el hospital. Supo también que la esposa no lo abandonó y que se mudó a provincia, donde seguramente el escándalo no había llegado porque le ofrecieron trabajo.

No soportaba estar en ese lugar. Todos la miraban como si fuera un bicho extraño. Definitivamente rumoraban la realidad de la falsa acusación.

Perdió. Ambos perdieron. Si tan solo hubieran sabido que todo el tiempo alguien los miraba. Si tan solo hubieran sabido que en situaciones como estas nunca nadie sale invicto. Siempre hay un precio que pagar.

25 de julio de 2014

Evidente

En cuatro le parecía bien. No era su pose favorita porque no podía olerlo. Pero repito, no le molestaba. Pero esa noche, la indiferencia pasó a ser disgusto. Él, en un acto espontáneo y nunca en cinco años visto, tomó su cabellera negra entre su mano derecha y le dio un tirón.

Las mujeres tienen una gran capacidad de armar videos en su cabeza. Enseguida se rayó. No pudo volver a concentrarse tratando de entender ese giro en medio de un polvo menos bueno que el promedio. Tiene otra. Esa fue su conclusión. Calculó el momento en que él iba a venirse y fingió sin ganas un orgasmo mediocre.

Terminaron y a pesar del sudor. Tomó la ropa e inició su retirada. 

- ¿Por qué te vas, linda?
- Mañana tengo que madrugar.
- Pero puedes quedarte.

No tenía excusas, pero tampoco quería estar ahí al lado de él, tragándose las palabras para no vomitar un discurso lleno de suposiciones, dudas y cuestionamientos que, de seguro terminarían en un "estás loca!" de parte de él.

- Si, pero acá no tengo la ropa apropiada para la reunión de mañana.
- Como quieras... Luego no digas.

Se despidió con un beso simple y bajó las escaleras como si estuviera escapando por haber cometido un delito. No podía ser que después de todo lo que han vivido juntos, de haberlo defendido ante sus amigas, no haber creído los chismes, ahí estaba la prueba. 

Le entró la paranoia. Tener celos, y más de un fantasma, no es vida. Era lo que siempre le repetía a sus amigas y ahí estaba ella, acabando con su esmalte y con los nervios a punto de estallar.

- Necesito que me ayudes
- Qué pasó.
- Andrés tiene otra
- ¿Cómo sabes?
- Solo lo sé.
- ¿Qué necesitas?
- Que mañana tu papá te preste el carro y me acompañes.
- Entiendo. Cuenta con eso.

El plan era simple, mañana Andrés supuestamente -y es supuestamente porque ya cualquier certeza quedaba descartada- tenía partido de fútbol con las personas de la oficina. Marcela y su amiga Evelyn se parquearían en frente de su oficina para seguir sus pasos y descubrir sus reales actividades nocturnas cuando estaba solo. Algo maniático, es cierto, pero era el único plan que pudo tejer.

A las 6:00 de la tarde estaban muy puntuales el par de amigas esperando a que el personaje apareciera por el parqueadero. 

- No puedo creer que estemos en esto solo porque te haló el pelo. O peor aún, me parece tétrico que en 5 años nunca lo hubiera hecho. Seguro tiran como abuelitos.
- La verdad que me hubiera gustado que se hubiera planteado desde el comienzo así, sucio, lleno de jalones y de arañazos, pero a Andrés eso no le parecía correcto. En sus palabras -que no recuerdo exactamente- las mujeres de la calle son las que se portan así en la cama.
- Mucho doble moral.
- Ni me digas.
- Pero no puede ser que solo por eso.
- Tu sabes que me habían dicho muchas cosas pero, no hay peor ciego que el que no quiere ver....

Apareció la camioneta plateada. Iba solo. Guardaron prudente distancia y notaron que la vía que tomó no era la que lo llevaba a la cancha de fútbol. A pocas cuadras se detuvo en un edificio. Tres minutos después aparece una 'Ella'. Piernas largas, rubia, caminado perfecto -a pesar de los tacones tan altos-. Evelyn miró a Marcela y vio como la tristeza, mezclada con rabia se dibujaba en su cara.

- Vamos, Marce. Eso no quiere decir nada.

Marcela tomó su celular y le marcó.

- Hola Linda. ¿Cómo estás?
- Bien cariño, llegando a mi casa. Vamos a ver películas con Evelyn que llega más tarde. Ya sabes, cosas de niñas. ¿Y tu? Ya estás en el partido?
- Estoy entrando, ¿te marco cuando salga, te parece?

De haber tenido un teléfono fijo, Marcela lo hubiera reventado contra la pared.

- Mentiroso.

El carro arrancó y las dos amigas lo siguieron. Pararon en una pizzería cercana. 

- Eve, bájate y los saludas como si nada. Dañémosle la noche así sea. Que sepa que ya sabes.
- Pero... 
- Vamos a ver como reacciona.

Estaba improvisando. Pero creyó firmemente que funcionaría.

Eveluyn trataba de caminar lo más natural posible, pero sentía que todos la observaban. Era pésima para decir mentiras.

Ingresó al local, pensó en una excusa para estar ahí. Se dirigió a la caja y se paró justo al lado de la pareja, que iba agarrada de la mano como si se acabaran de jurar amor eterno.

- Ay hola Andrés!!!
- Hola Evelyn dijo con la voz entre cortada.
- ¿Qué haces aquí¡?
- Tenemos que regresar a la oficina a trabajar y vinimos por algo de comer. ¿Cierto Clarissa? - la mujer asintió con la cabeza, casi sin mirar a Evelyn. Algo ocultaba, era evidente.
- ¿Y tu?
- Voy para donde Marce que vamos a ver películas, entonces pasé por algo de comer, porque me han hablado muy bien de este sitio. Pensó que se merecía un Oscar

Se quedaron en silencio, cada quien esperó su pedido y casi al tiempo abandonaron el lugar. Se despidieron displicentemente y cada quien a lo suyo.

Marcela quería matar. Le daba vueltas a su anillo tratando de aclarar su cabeza para ver qué hacer. Mientras Evelyn manejaba con cuidado para no ser descubierta.

Llegaron a la casa de él. Pasaron varios minutos antes de que Marcela encontrara una forma de resolver la situación.

Sin decir nada, se bajó del carro. Evelyn intentó agarrarla para que no lo hiciera. Pensó en todas esas series en las que las escenas de infidelidad terminan en un homicidio. Saludó al portero. Llegó al piso 8vo, buscó la llave de repuesto entre el marco de la puerta y sin hacer mucho ruido, entró.

Las luces estaban apagadas. Del cuarto salía música. Sacó el anillo de su mano, buscó un papel y un bolígrafo en la cocina que conocía de memoria. Dejó una nota y salió de la misma manera como había entrado.
-  ¿Y?
- Vamos a la casa. Está hecho.
- ¿Qué hiciste?
- Digamos que ya no hay matrimonio. Nos toca ver cómo desarmamos todo.
- Bueno.

Evelyn sabía que era hora de no hacer más preguntas.

Andrés
Espero que a Clarissa le guste mucho que le jales 
el pelo mientras la tienes en cuatro.
Quizá el anillo le quede.

M.

Desde la casa de Evelyn, Marcela escribió un correo electrónico:

Estimados todos.
Como bien saben Andrés y Yo habíamos decidido casarnos el próximo mes. Y digo habíamos porque he tomado la decisión de no hacerlo. Los motivos los sabrán cuando esto no duela tanto. Pero quería avisarles lo más pronto posible para ahorrarles la molestia de seguir pensando en regalos, vestidos y peinados.

Un abrazo a todos y muchas gracias.

Marcela.

Cerró el computador y se dispuso a comer de la pizza que Evelyn había comprado. Por lo menos estaba rica.

- ¿Crees que la gente va a responder?
- Se demoran. La gente no sabe que decir en esos casos.
- Seguro.
- ¿Crees que te busque?
- Si. Pero yo ya no estaré.

Iba pasando la noche y con cada minuto una llamada o mensaje de Andrés. Todas rechazadas o ignoradas. En medio de ese torrente un mensaje de un número desconocido.

Marce.
Debería no alegrarme con las noticias de que no te casas, sencillamente porque debe ser muy doloroso para ti. Pero la verdad es que esta ha sido la mejor noticias que he recibido en años. Cuando quieras hablar, márcame. Felipe Sanchéz.

Y como de los peores momentos también salen cosas buenas, al poco tiempo Marcela reescribió su historia, más tranquila porque desde el primer día Felipe le jaló el cabello mientras estaba en cuatro.




18 de junio de 2013

Miedos VIII



La decisión de Andrea fue sencillamente esperar. Si me quiere. Que aparezca.
La decisión de Marco fue un poco más compleja. Le voy a dar unos días de espacio. Ella no va a aparecer. Si me muero de la angustia aparezco yo.

Y se murió de las angustia. En estos momentos es en los que Marco se preguntaba por qué era un empleado, al que le tocaba cumplir horario. Si fuera por él se hubiera quedado en su casa, durmiendo. El estar despierto implicaba pensar en ella y por qué no había aparecido.

- Le dejé una nota diciendo 'Don´t let me go'. ¿No era suficiente?
- Tu eres como tarado. De verdad te caíste de la cama cuando chiquito, ¿cierto? Le dijo su hermana con tono burlón.
- Se supone que luego de la cagada que hiciste por la noche. Es que no entiendo cómo carajos Andrea se quedó contigo esa noche...
- Más bien yo me quedé con ella...
- Peor, te dejó entrar a su casa.... Lo que sea. El tema es que le dices 'Don´t let me go', en la frase más egocéntrica del mundo.
- Pero a mi no me parece...
- ¡¡¡No te parece!!! Eres un burro!. Piensa... A ver... De verdad. Le estás echando a ella TODA la responsabilidad de lo que pase entre ustedes. Cómodo... eso es lo que eres. Un cómodo!
- Bueno. Sí tienes razón. Si lo miras así...
- Es que no entiendo cómo lo estabas mirando tu.
- No sé, solo me pareció romántico.
- Vaya concepto de romántico.

Se sintió como un imbécil de tiempo completo. Definitivo. Llegó a su casa. Destapó una cerveza, a pesar de ser apenas martes, e intentó llenarse de razones para no llamar. Pero al final de la reflexión no encontró nada. Al final Andrea le gustaba mucho, la pasaba bien con ella, le pasaba corriente por el cuerpo cada vez que la besaba. Pero, renunciar a su vida de cazamujeres, le sonaba un poco aburrido. Tampoco entendía por qué estaba teniendo tanta consideración con Andrea. Era como si de un día para otro tuviera consciencia y su yo bueno hubiera renacido de las cenizas para reprocharle su actitud. En definitiva, estaba jodido. Y en definitiva debía salir de ese estado.

- Hola
- Hola, ¿con quien hablo?
- Con Marco... ¿Ya te olvidaste de mi?
- Créeme que eres bastante difícil de olvidar.
- Eso me da esperanzas.
- Es que te encanta poner todo en positivo.
- ¿Te parece si nos vemos mañana?
- Bueno, para que hay alguien que no puede vivir sin mi.
- Eso está por verse. Te espero en mi casa a las 8. Yo cocino.
- Eso suena prometedor.

Andrea había decidido echarse al agua. Ese miércoles se arregló, y puso todo su optimismo en esa noche del miércoles.

Llegó antes de las ocho. Pero esperó en su carro unos minutos para calmar la ansiedad. Cuando estaba haciendo uno de los ejercicios de respiración -de algo ha de servir toda la plata invertida en Yoga-, levantó la mirada hacia la portería. No podía creer a quien estaba viendo. Esperó a que entrara y se dirigió a la puerta.

- Buenas, noches. Señor, ¿me puede decir si ella va para donde Marco?
- Así es Señorita. ¿La anuncio? 
- No gracias. Pero venga y me hace el favor de entregar esta nota.


Marco:

Dice Huxley que 'el amor ahuyenta el miedo y recíprocamente el miedo ahuyenta el amor'. Y tiene razón. Hoy conmigo se va la posibilidad de construir algo conmigo. 

Vine a tu casa, haciendo caso de tu estúpida nota. Don´t let me go. A eso venía. A rescatarte de tus miedos. A que mi amor los desplazara. Pero veo que eso no es lo que tu quieres.

Lo siento. No juego más.

Un abrazo. Hasta Nunca

Andrea.

Pd: Que tengas una linda velada con Jimena.

- La puede subir enseguida, por favor.
- Si claro señorita.

Salió caminando calmada. Sorprendentemente no sentía angustia, ni tristeza. Estaba tranquila. Mucho mejor que en la mañana cuando se despertó. Había despejado la incertidumbre y eso la liberaba.

De repente su teléfono comenzó a timbrar. Era Marco.

- Hola
- ¿Que más?
- ¿Donde estás?
- Subiéndome a mi carro.
- Bajo. 
- Marco, no tienes que bajar. Tu prefieres seguir siendo Wallstreet. Seguir tranzando relaciones. Entiendo.
- Pero...
- Pero nada. Tranquilo. Mejor así, nadie sale lastimado.Yo quiero entregarle mi amor, mi vida y liberarme de mis miedos, con alguien que se lo merezca. Y, claramente no eres tu esa persona.
- Entonces, no hay nada que hacer.
- Eso lo decidiste tu. 

Volvió a la sala de su casa, donde Jimena lo esperaba con una gran sonrisa y una expresión de alegría en su cara.

- Tu sabes que puedo vivir sin ti, ¿cierto?
- Lo tengo claro. ¿Por?
- Es que eso lo hace más sencillo.

Le dio un beso, pensando en Andrea. Y de ahí en adelante, muchos otros, hasta que un día, la imagen se hizo borrosa, casi que inexistente. y ese día supo que ya no había marcha atrás en el camino. La posibilidad del amor, para él, se había perdido.


FIN


14 de junio de 2013

Miedos VII

Viene de Acá

El domingo pasó para Andrea sin ningún sobresalto. Había tenido suficiente con el viernes y el sábado. Así que decidió apagar el teléfono y dedicarse a ella misma. Baño de sales, masaje en el pelo, arreglo de uñas. Era de esas intensas a las que les gustaba casi todo por su cuenta. Entonces hasta la depilación corría por su cuenta. Esos espacios le encantaban. Consentirse, no pensar en nada más que en ella misma. Pero este domingo era algo contradictorio. Se trataba de ella y de Marco. Entre cremas, esmaltes y menjurjes de belleza un pensamiento no la dejaba en paz. ¿Será que valdría la pena?

Claro, es que las mujeres tenemos esa costumbre de querer tener todo claro y casi que asegurado cuando nos metemos con un tipo. Seguramente nos gustaría que a la segunda cita nos entregaran un papelito que diga a qué nos vamos a enfrentar. Algo como "Esta relación va a durar 5 meses. Va a ser divertido pero su carácter, sumado con las amigas de este señor, van a hacer que se termine. Pero gócelo. Pero si quiere algo más de largo plazo, mejor búsquese otro." Así, seguramente nos ahorraríamos miles de horas pensando sobre si valdrá la pena, o sencillamente le perderíamos el miedo al teléfono.

Pero no. Nos toca vivir con la incertidumbre, aunque le tengamos pavor. Nos toca sobrevivir a esa palabra que los diccionarios definen como "Sustantivo Femenino" que significa duda, vacilación, irresolución, indecisión, perplejidad, problema. Falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando crea inquietud. Los antónimos son certeza y decisión. Otras definiciones dicen que «La incertidumbre proviene de la falta o escasez de conocimientos. La duda, de la escasez o insuficiencia de las razones o pruebas en las que se funda una opinión o un hecho.»

Andrea se estaba cuestionando precisamente si era capaz de vivir con la incertidumbre.  Su respuesta fue simple. No. Así que iba a tomar cartas en e asunto.

Marco llegó a su casa y a pesar de todo, no pudo volver a dormir. Sabía que no sería justo con Andrea que la usara tal como lo había venido haciendo con cuanta mujer llegaba a su vida. Pero, él no sabía actuar de otra manera. Duró dándole vueltas al asunto. ¿Cuándo fue la última vez que sintió algo real por alguna mujer? La respuesta se remontaba al colegio. Desde ese primer corazón roto, nunca más permitió que nadie entrara de verdad. ¿Estaba listo? No sabría hasta intentarlo.

En este punto, ambos tenían dos posibilidades. Salir corriendo despavoridos, o jugársela y esperar no salir destrozados....


11 de junio de 2013

Miedos VI

Viene de acá

Mientras veía a Jimena acercarse, Andrea comenzó a preguntarte, ¿Y yo qué hago acá? ¿Peleando por un tipo? Alcanzó a imaginarse arrastrada en la mitad del restaurante por cuenta de la 'amiguita' de Marco. Lo odió por un instante. Y se odió a si misma por haberse puesto en esa situación -y fue así como echó a la caneca 75 sesiones de terapias aprendiendo a no tratarse mal a ella misma-. Pensó en agarrar su cartera e irse. Pero, al dudarlo por un instante, ya Jimena estaba justo en frente suyo.

- Hola, le dijo Jimena.
- Hola, le respondió esperando que comenzara a gritarla...
- Yo sabía que meterme con Marco no era negocio, ¿sabes? Cuando uno tiene que tragarse tantos sapos para que las cosas funcionan, generalmente es uno el que sale perdiendo. Me engañé pensando que al presentarme como algo parecido a él mismo, las cosas iban a ser como yo quería en algún momento. Estúpido, ¿no?

Andrea no podía concentrarse. Estaba embelesada con Jimena. Era realmente preciosa. Y no podía entender cómo tremenda vieja se había puesto en esa situación. Y claro, luego pensaba en cómo ella misma podría estar ahí, en un restaurante, escuchando cómo esa mujer sufre por cuenta del man con el que está 'saliendo' - si a un polvo y una cena casi fallida se le puede llamar así-.

- No sé si sea estúpido. Solo creo que son cosas que pasan.
- Seguramente algo tendré que aprender de esto.
- Eso dice mi psicóloga.
- El problema es qué.
- Es lo más complicado.
- El asunto es que podría decirte que Marco no se merece que ambas estemos aquí, sollozando por sus acciones. Pero no. Yo no soy nadie para decirte lo que debes hacer. Solo quiero que tengas en cuenta que por más que le des a él todo lo que el quiere o espera, nunca va cambiar. Creo que él no funciona así y no está configurado para poder mantener una relación estable, como la que todas las mujeres queremos.

'¿Y qué quiero yo?' Ni siquiera había tenido tiempo de reflexionar a fondo sobre el tema. ¿Quiero de verdad estar con Marco? ¿Lo quiero? ¿Estoy encaprichada? Digamos que hasta hace unas horas estaba convencida de que estaba al borde de morir de amor por él y ahora se preguntaba si eso era lo que realmente quería. Fuck! Fuck! Fuck! Todo iba a ser demasiado fácil. Y ahora esta loca dándome lora.

- Solo quiero desearte suerte. Por ahora ganaste. Pero quien sabe más adelante.

"Perdón! ¿Ahora viene a amenazarme? ¿Ganar? Bueno. Yo estaba toda tranquila y ella llegó a mear su poste y le salió mal y resulta que ahora es mi culpa. ¡El mundo está lleno de gente demente", pensó y justo antes de abrir la boca y despacharse como una arrabalera, se tomó un trago, respiró profundo y dijo: GRACIAS, espero que a ti también te vaya bien. Se levantó del lugar y caminó derecho al baño. Necesitaba contenerse porque de lo contrario iba a matar a alguien.

Marco no entendía nada de lo que estaba pasando en la barra del bar. Le sudaban las manos, que era el peor síntoma. Estaba nervioso al extremo. Pensó que se iba a venir un desastre. Pero no. Solo venía a Jimena en un monólogo que fijo era en contra de él y Andrea asentía con la cabeza, demostrando algo de atención. Para distraerse pidió pagar la cuenta de la cena, más la de los tragos de Andrea.

Se miró al espejo y se sentía algo bipolar. Mil ideas le daban vueltas en la cabeza. ¿Y ahora qué le iba a decir a Marco? ¡Qué agotamiento! Ya ni el trago le hacía efecto de la rabia, el susto, la angustia del tema.

Jimena salió caminando del lugar como si andara por una pasarela. No volvió a mirar a Marco ni a Andrea. Era como si hubiera cerrado el capítulo y no pensara releerlo. Pero como la procesión va por dentro, estaba histérica. Sentía rabia consigo misma. Era una imbécil de tiempo completo. Dignidad cero. Puso un pie fuera del restaurante y lo primero que hizo fue borrar todos los datos de Marco, mensajes de texto y demás asuntos que podrían jugar en su contra en algún momento de debilidad. Caminó unos metros donde la esperaba su grupo de amigos. Punto final.

Tomó el polvo y el labial y se compuso. Así como en las películas se dijo por última vez ante el espejo: Keep it together, Andrea! Y salió caminando por toda la mitad del restaurante. Seguro ninguno alrededor entendía lo que pasaba, pero ella sintió que todos la miraban y la juzgaba.

- ¿Vamos?

Sabía que le esperaba una larga cantaleta. Mujer que no joda, es hombre, siempre le decían sus amigos, así que en el camino hasta el parqueadero se organizó un discurso lleno de lugares comunes. Seguro que era bueno e inventar excusas y discursos, así que se relajó.

- No sé tu. Pero te toca ver como me compensas esto, dijo apenas cerro la puerta del carro, tratando de hacerse la relajada.

La respuesta de Marco fue sencilla. Se le lanzó encima y le puso un beso que le salió del estómago. Ya sin tragos, a Andrea todo le parecía como más simplón. Seguramente las cosas estaban demasiado revueltas para poder gozarse el momento. Su yo digno no se lo permitía. Puso las manos entre los dos, lo agarró por los hombros y lo separó.

- ¿Sabes? Mejor llévame a mi casa.
- Pero... Estaba pesando que fuéramos a tomarnos algo más.

Preciso, Marco estaba a punto de destapar el 'genio' de la botella. Una frotadita más, y le iba a tocar mamarse un drama.

- ¿Algo más? ¿Acaso tienes guardado alguna otra sorpresita de tus múltiples novias?
- !No! ¿Cómo se te ocurre?
- Pues no se me ocurrió que llegara 'Jime' al restaurante.
- Bueno, eso sí que fue inaudito. Tremenda loca.
- Claro... así nos dirás a todas.
- No. Claro que no. Si ves! Yo sí sabía que no podía faltar el drama.
- Creo que la porción de drama de la noche corrió por cuenta tuya.    
- Hagamos algo. Déjame compensaste, dijo mirándola a los ojos y poniéndole la mano entre las piernas.
- Pero en mi casa...

Así, sin más diálogo, ni explicaciones, llegaron a la casa de ella. Era un apartamento pequeño, atiborrado de libros. Libros en la biblioteca, libros en la mesa de centro, libros en el suelo...

- Ya voy entendiendo muchas cosas...
- ¿Porque leo mucho?
- No. Sólo que puedes ser la mujer con más libros que conozco. Eres algo única. 

Luego de oír esa simplificación de sí misma, decidió que lo mejor era no pensar más. Así que fue a la cocina, sacó una botella de tequila, partió varios limones, agarró la sal y sin más se sentó a su lado en el sofá.

- Te pusiste ruda.
- Siempre. Parece que nunca hubieras salido conmigo
.

Marco sonrió ynasumió que ya todo el momento del trama había pasado. Era lo mejor que podía sucederle. Andrea sabía que el resto de la noche iba a ser sencillo. Unos cuantos tequilas después, se dejó llevar. Sin pensarlo dos veces se trepó encima de Marco y lo besó sin vergüenza alguna. Como se besa a un amante furtivo.

Marco se sintió realmente excitado. Con afán y muchas ganas le arrancó la ropa y  sin mucho preámbulo entró en su ser con tanta fuerza que logró que Andrea dejara de lado la ternura que la había caracterizado la vez pasada y estallara en un grito larguísimo. Eso lo excitó más. Le mordió las orejas, mientras ella le arañaba la espalda. Le mordió los pezones y ella comenzaba a sudar. Le jaló el pelo. Le pegó en las nalgas. Se agarraban duro. Iban quedando marcas. Cada vez más gemidos. 

No hizo la cuenta de cuantas veces logró venirse, pero gozó tanto que al término pensó: "Definitivamente puedo lograr vivir con cosas como las de hoy."

Marco, aún extasiado la miro a su lado y pensó: "definitivamente podría quedarme aquí."

Sin mucho dramatismo y bastante frialdad, se levantó del sofá, se medio puso la ropa y le dijo a Marco:

Te saco una cobija porque no puedes irte manejando así. 

El no dijo nada. Con lo que el silencio se entendió que ella tenía la razón.

Fue hasta su cama y cayó enseguida profunda. Marco quería dormir a su lado, pero quizá era mejor de esa manera. Había tenido suficientes escenas esa noche. Asumió su suerte de dormir solo y medio ebrio y se dejó vencer por el sueño. 

Al despertarse, una parte de ella esperaba encontrarlo aun en el sofá y otra deseaba que no estuviera para evitarse una echada algo penosa. 

Efectivamente ya no estaba. Pero sobre las cobijas perfectamente dobladas estaba un libro: La Insoportable Levedad del Ser.

Tomó el libro entre sus manos y encontró un papelito doblado en 2 y en las páginas del libro subrayada la frase: "La felicidad es el deseo de repetir".

Abrió la nota y en una letra bastante masculina decía: don't let me go.... 



7 de junio de 2013

Miedos V

Viene de acá

A Jimena, Marco la conoció en un bar hacía varios meses. Con los años se había convertido en un experto en cacería nocturna. Sabía cómo atrapar viejas, y cómo despacharlas antes de la tercera cita, haciéndolas sentir como unas Diosas, no fuera que emprendieran una venganza en su contra. Y a él le encantaba.

Pero a Jimena no la había despachado antes de la tercera cita, sencillamente porque no tenían. Se encontraban entre frecuente y esporádicamente, por decisión  mutua, sin reclamos y sin compromisos. Ella era como él. No pedía nada a cambio. Estaba contenta con la situación, con no hacer preguntas. O por lo menos eso le hizo creer. Pero ahora, que veía su rostro perfecto y todo su ser en frente de Andrea, diciendo que es 'la novia de Marco', entendió que al final de cuentas Jimena es una mujer, y todas las mujeres (y lamentó haberse olvidado de este detalle) siempre están buscando algo serio. Solo que esta jugaba diferente, y había logrado mantenerse a su lado por un promedio más largo de tiempo. Pero al fin y al cabo, una mujer siempre busca marcar su territorio y esta escena era prueba de ella.

Tampoco podía creer que Andrea tuviera tanta cabeza fría. Sintió hasta temor de una mujer tan calculadora, pero también le fascinó saber que si se controlaba de esa manera, seguramente se iba a evitar un par de escándalos en el futuro.... ¡Perdón!? Estaba pensando en un F U T U R O con Andrea. Se sacudió esos pensamientos.

Ahora, ¿Por qué cuando pensó que se había salvado del drama del mensaje de texto, la vida le ponía en frente tremendo novelón? !Maldita Sea!, pénsó.

Antes de que Marco pudiera tan siquiera decir una palabra. Jimena se volteó y le dijo:

- ¿Eso es cierto?
- ¿Qué de todo?
- ¿Que ella es tu ex esposa?
- Si. ¿Y?

Estaba tratando de organizar la cabeza para evitarse un escándalo. Si había algo en la vida que le generara angustia era verse en medio de una pelea a gritos en un lugar público, y en los ojos de Jimena veía ira, odio... Iba a explotar en cualquier momento.

Miró a Andrea con cara de 'sálvame de ésta', a lo que ella respondió. Les voy a hacer la vida un poco más fácil. Jime -¿te puedo decir, así?-, siéntate y yo me voy a la barra por otro de estos. Señaló el vaso vacío sobre la mesa. Se levantó y caminó hacia el fondo del restaurante. Se estaba divirtiendo. Le gustaba esa nueva ella, con todo bajo control.

- ¿Tienes una exesposa? ¿Y me cancelaste porque estabas con ella?
- Vamos por partes Jimena. Creo que el que tiene que hacer las preguntas soy yo.
- Pero es que yo tengo derecho a saber.
- ¿Derecho? Derechos los que están en la Constitución. A ver y recapitulamos la última conversación que tuvimos, que mejor parecía tu último discurso entre mis cobijas: 'Mira Marco, yo sé que llevamos varios meses viéndonos. Y quiero que las cosas sigan como van. A mi la verdad no me interesa nada más. Estoy súper cómoda sin tener que responder preguntas, o dar explicaciones de lo que hago o dejo de hacer...", ¿Sigo?
- Pero...
- Pero ¿qué? Nuestra relación no amorosa, ni sentimental, no mediada por los rótulos ni los compromisos, se basaba en no preguntar. Entonces, si no preguntábamos, lo normal es no saber nada del pasado del otro... Por eso funcionaba.
- ¿Funcionaba¡? 
- Mira Jimena. De verdad me gustas. Eres demasiado espectacular. Pero yo no salgo con mercaderistas. Y eso eres tu. Te conviertes en lo que la otra persona quiere, para que te acepte. Eso hiciste. Te convertiste en la versión femenina de mi... y así me tuviste contigo un buen rato. Pero yo así no juego. Zafo.
- Pero... ¡Yo te amo!
- Jimena. Eso no es amor. El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece. Y tu aquí solo has ofrecido mentiras. Te suena conocido.

Andrea se sentó en la barra del bar y ordenó otro trago. Intentaba darle la espalda a la pareja, pero su curiosidad no la quería dejar. Tenía curiosidad pero miedo al mismo tiempo. ¿Y si la cosa salía mal para ella? La loca neurótica que lleva adentro intentó dominarla a punta de preguntas y sembrando dudas. Entonces, entre trago y trago se repetía. Todo va a estar bien. Lo que ha de ser será. lo repitió tanto, que comenzó a sentirse estúpida.

Marco sabía que tenía fácil la salida. Podía quitarse a tremenda loca de encima. Pero... una parte de él sabía que ella no merecía ser lastimada. Se fue doblegando al tiempo que en los ojos de Jimena comenzaron a avistarse unas lágrimas. Fue en ese momento que comprendió que la mujer frágil había desplazado a la femme fatale de los últimos meses.

- Yo no quería hacerte daño. Nunca te dije mentiras. Solo que después de tanto tiempo... Creí que podíamos...
- Mira Jime, dijo y puso sus manos entre las de él. Andrea no es mi ex esposa. Ella solo estaba jugando contigo. Jimena, en lugar de alegrarse con la noticia, vio venir noticias más desconsoladoras para ella y arrancó a llorar son contemplación.
- Ella es la mujer que si tiene algún tipo de chance contigo, ¿cierto? Dijo inundada en lágrimas.
- Así es.

Jimena se aferró a las manos de marco, y se acercó a su cara por encima de la mesa. Cuídate, sé muy feliz. Le dio un besito en la mejilla, agarró su cartera y caminó hasta la barra. Marco quiso atajarla, pero confió en la Jimena de antes y detuvo su impulso. Andrea no la vio venir, estaba demasiado entretenida dominando sus pensamientos. Jimena se paró en frente de Andrea y mirándola derecho a los ojos y luego de tomar un poco de aire para evitar llorar de nuevo -porque uno puede llorar delante de un man, pero nunca en frente de la competencia- le dijo...

5 de junio de 2013

Miedos IV


Viene de acá

No pudo creer lo que estaba viendo. Andrea lo estaba espiando. ¡Pero si apenas se habían echado un polvo! Su macho alfa intentó salir con toda su furia a masacrar a la mujer que estaba invadiendo su privacidad. Por razones del destino el camino entre el fondo del restaurante y la mesa al lado de la chimenea era lo suficientemente largo para que la razón dominara la ira y cuando se parqueó en frente de ella, lo único que atinó a decir fue: ¿Qué haces con mi teléfono?

En los microsegundos que transcurrieron entre la pregunta y la reacción de Andrea, alcanzó a autorecriminarse. ¡Pues Huevón!! ¿Qué hace con tu teléfono? Pues espiando!!!! Imbécil....

En eso, Andrea levantó la cabeza aun con el celular en la mano. Puso en marcha todos los mecanismos para evitar que su cara hablara.

- Nada. Solo quería mirar la hora. ¿Te estabas como demorando no?
- Si, es que había un problema con uno de los baños. Terrible. ¿Me regalas el teléfono?
- Claro, no me lo pienso quedar, esta marca no me gusta.

Transcurrió uno de esos momentos que uno nunca quiere tener con nadie. Silencio entre los dos. Y si uno se pone en posición, seguramente entendería que esos momentos a Andrea y a Marco se los estaba carcomiendo las ganas de regarse en prosa. Mil ideas y mil discursos para insultar a la contraparte, pero una ausencia completa de valor para dar el primer paso. Al final, ambos cometieron una falta, ambos le debían al otro, pero creían que tenían derecho a un reclamo. Ambos se sentían burlados. Digamos que estaban en la misma situación, pero sentados en diferentes esquinas del cuadrilátero.

- Señores, ¿desean algo? Preguntó el mesero, sin saber que estaba a punto de destapar una olla a presión.
- Claro que sí. ¿Será que ud. me puede decir quién diablos es 'Jime'?

El mesero la miró con cara de esta vieja debe ser la propia novia demente y no respondió. Se quedó parado como manda el 'manual del buen mesero' y no musitó expresión. Por su parte Marco hervía por dentro. Efectivamente había leído todo. Pero sus sentimientos comenzaron a confundirse. Se sabía expuesto, pero al tiempo violado. Complejo. Lo único que tenía claro es que debía evitar una escena y que Andrea se veía increíblemente sexy con esa cara de seriedad, que pocas veces le había visto. Sonrió y le dijo al mesero.

- Olvídese de eso. Jime es muy aburrida. Por favor tráiganos un gin tonic para la señorita y para mi un whisky en las rocas. Y no sé ella, pero yo tengo hambre. Por favor tráiganos para comenzar un carpaccio de salmón y unos calamares al ajillo. Y por favor no traiga pan que aquí estamos a dieta.

- Enseguida Señor. Respondió el mesero con tono y actitud de admiración absoluta por aquel hombre.

Andrea quería morirse de la risa, pero su lado histérico no la dejó. Esa parte de su ser seguía demandando una respuesta, pero no fue capaz de volver a preguntar. Marco, en su habitual habilidad asumió el control. El toro, por los cuernos, era su lema para estos momentos.

- ¿Entonces viste los mensajes de Jimena?

Andrea, que no esperaba una pregunta tan directa, asintió con la cabeza.

- ¿Y te parece muy bonito agarrar el celular de otro y, sin más, leer sus mensajes?
Creo que aquí no se trata de bonito o feo, Marco.  Sí. Fue una falta de respeto, es cierto. Pero hellow... Tu eres un perro y quiero saber a qué atenerme. Es simple, pura autoprotección. Además, tu y yo no nos conocemos hace 2 horas, ni dos días. ¡A ver! Y ahora no me digas que era mejor que te preguntara y te respondo de una vez: obvio no! Preguntarte no es una opción, porque con las palabras se elaboran las mentiras, con los actos no.
- Pero acaso ¿qué quieres de mi?
- Yo que sé. Por lo menos que nos tengas un poco de fe.
- ¿Ya estas hablando de 'nos'? Ustedes las mujeres son demasiado. Les da uno la mano y ven matrimonio en el horizonte.
- Ay deja de ser tan envideado. La verdad. Osea, ni siquiera me habías recogido y ya estabas organizando backup. Eso quiere decir que yo soy tan aburrida o tu eres un pelmazo.

Él sabía que ella tenía toda la razón. No tenía más argumentos, pero no se sentía derrotado. Así que cambió el tema.

- ¿Y qué le respondiste?
- ¿A quién?
- A Jimena... 
- Nada. Y de nuevo tuvo que poner todo su esfuerzo par que su rostro no revelara la mentira.
- Si claro.
- Bueno, si. Le cancelé.
- Y ¿por qué hiciste eso?
- Simple. Estoy segura de que no necesitas backup.

Andrea recobró toda la confianza en sí misma. Volvió a ser la mujer segura con control de todas las cosas. Por un momento dejó a la loca neurótica que lleva adentro moviera las fichas, pero cientos de horas de terapia, yoga y talleres por fin estaban surtiendo efecto. Al final, estaba aprendiendo a sacar provecho de su parte menos positiva.

Marco sonrío casi que complacido. Toda la ira había desaparecido. Seguro que se sentía tranquilo de que todo el incidente no hubiera terminado en un show de celos inmamable. Además le había gustado el hecho que Andrea le cancelara a Jimena, y no porque ella no le gustara, sino porque demostraba que Andrea era diferente a las demás. Por un rato repasó las caras de sus múltiples amantes y exprospectos de novias, y pudo listar las tres reacciones standar en las que hubieran caído todas: histeria pública -le hubieras hecho un berrinche de dimensiones monumentales-; el drama desconsolado -se hubiera aguantado todo lo que él hubiera tenido que decir y al estar solos se hubieran echado a llorar por el 'maltrato' y la 'falta de respeto'; o finalmente la locura momentánea -esa que hubiera agarrado el teléfono, hubiera llamado a Jimena y la hubiera tratado de zunga aguardientera quita maridos. Suspiró y dio gracias al cielo porque Andrea no cabía en ninguna de esos estereotipos.

El resto de la noche transcurrió como las buenas primeras citas suceden: divertidas al extremo, llenas de temas y anécdotas. El mundo dejó de andar a su alrededor y solo existían ellos, sus conversaciones y risas, y el mesero que se encargaba de rellenar los vasos de vez en vez.

Pero como todo no podía ser perfecto...

- Hola Marco. Vi que estabas en la zona y decidí pasar a preguntar en persona por qué, o quien, me habías dejado metida.

- Mucho gusto, Jimena. La 'novia' de Marco.

La mujer, que podía medir un metro con ochenta centímetros, tener el pelo negro más perfecto del mundo, una boca envidiable y un cuerpo esculpido a punta de esfuerzo, extendió la mano hacia Andrea, mirándola con cara de 'no te mato porque estamos en un lugar público, perra'

Andrea la miró fijamente a los ojos y por primera vez tenía la cabeza en blanco. Quería llorar y salir corriendo. Así que pronunció con tono fuerte, lo primero que se le ocurrió:

- Mucho gusto. Andrea, la exesposa de Marco.

¡Continuará!

27 de mayo de 2013

Miedos III

Viene de acá

Marco estuvo todo el sábado desparchado. Sin nada que hacer, concentrarse en otra cosa que no fuera Andrea y sus múltiples posibilidades fue todo un reto. Si hubiera sido por él, hubiera trotado todo el día. Lavó el carro, fue al supermercado, llevó ropa a la lavandería. Necesitaba callar la cabeza, pero no lo logró.

Llegó a su casa y se botó, literalmente, sobre la cama. La cabeza lo había derrotado. Así que dio rienda suelta a sus múltiples ideas y trató de organizarlas para no sentirse tan demente.

Alternativa 1: La cita es un desastre y no somos capaces de estar los dos solos, por eso las cosas no van a funcionar.

Alternativa 2: La pasamos delicioso. Nos reímos. Decidimos seguir saliendo. Pero luego nos aburrimos y no va a funcionar

Alternativa 3: La paso bien.. Nos llamamos y vemos un par de veces más. Pero al final nos aburrimos.

Su cabeza le estaba jugando la peor de las pasadas. Estaba terminando todo antes de comenzar.

La rutina de Andrea los sábados se centraba en visitar a su abuelita en el hospital. Había adquirido ese compromiso desde hace dos años, cuando ella quedó en coma sus hijos no habían sido capaces de desconectarla.

Abuelita. Hoy no te voy a leer un libro. Te voy a contar una historia. Imagínate que conocí a un chico. Bueno, no es que lo haya conocido, porque ya hace rato de eso. Pero creo que estoy enamorada de él. Supongo que te estás sorprendiendo, porque aquí sentada, muchas veces, te eché un discurso antiamor, anti hombres. Pero es que creo que con Marco es diferente. Seguramente él es como todos los otros hombres, sí, así. Perros y todo. Porque yo sí creo que solo el mínimo porcentaje es fiel -pero de eso lo sabes tu mejor que yo-, pero algo me dice que esta vez, conmigo, él va a ser diferente. La historia es que lo conocí hace como 8 años. Es amigo de una amiga, de Ángela, ¿la recuerdas? Bueno, en algún cumpleaños de ella nos conocimos. Pero yo en esa época andaba con el imbécil de Ramón. Desde ese entonces Marco siempre me ha gustado físicamente. Nos encontramos en las fiestas, en las reuniones, pero como que nunca pasaba nada. Éramos dos más del grupo. Pero yo lo miraba. y él lo notaba. Pero él también me miraba y yo lo notaba. Había como química. Pero es que ninguno daba el paso. Ángela me dice que somos unos cobardes. Que somos tal para cual. Pero yo no le quiero creer. Es que él sale con una cada vez. Pero algo me dice que esta vez es diferente.

Y así habló y habló durante varias horas. Ella pensaba que su abuelita la escuchaba y que al final, se alegraba por ella. Por eso ponía todo su empeño en sus relatos.



Llegó por ella muy puntual. Le sudaban las manos. Estaba inquieto. No se hallaba. Por un instante pensó en  encender el carro y salir a toda velocidad, perderse y no regresar. Encendió el vehículo y la vio salir por la puerta del edificio. Hermosa en jeans.

Solo fue que ella se subiera al carro y comenzó a sonar una canción de esas que a él le parecían románticas, decadentes:

Ay amor, que pasó
tiembla el piso y tiemblo yo, corazón
ay amor, que pasó
tiembla el piso y tiemblo yo, fue una ilusión

Y ella lo entendió como la perfecta descripción de lo que estaba sintiendo. Lo tomó como una premonición de que las cosas iban a salir bien.

- Hola!
- Hola!
- ¿Cómo estás? Días sin verte.

Se rió con el comentario. Y él se dio cuenta de que una de las cosas que más le gustaba de ella era su risa.

- Tengo el apodo perfecto para ti.
- Uy, ¿y eso? ¿Duraste todo el día pensando en mí? Te dejé traumatizado.
- Casi, pero te faltó un poquito más para eso.
- Ja... si claro! ¿Cómo me vas a bautizar, WallStreet?
- Naciones Unidas.
- Juaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ¿Por qué?
- Porque siempre le andas diciendo a los otros lo que hay que hacer
- Eso no es verdad.
- ¿Quieres que entremos en esa discusión?
- No gracias.
- Cobarde.

El escogió el restaurante, porque ella de solo pensar en tener que escoger algo referente a comida, le parecía la tarea más complicada del mundo, que terminaba resolviendo de la manera más simple. Así que dejó que Marco intentara sorprenderla. Su elección: un sitio clásico, cerca al centro. Callado a media luz. Típico lugar romántico. A ella le pareció bien.

Se sentaron en la mesa cerca a la chimenea. Él se excusó para ir al baño y dejó el celular encima de la mesa. Mientras recorría el lugar con los ojos y hacía fuerza para que le llevaran la carta, porque estaba muerta del hambre, notó que el celular vibró. Intentó hacer caso omiso del tema. Pero su curiosidad femenina le ganó. Agarró el teléfono, entró a los mensajes y se encuentra una serie entre Marco y una tal 'Jime'.

- Precioso: ¿Qué harás hoy?
- Tengo una comida.
- ¿No me llevas?
- Tu sabes que no.
- Entiendo.
- Te aviso apenas me desocupe en la noche y paso a tu casa.
- Perfecto, precioso. Te espero ansiosa

Sintió que le hervía la sangre. Este es mucho descarado!!!! Quería llorar. Pensó en irse y salir corriendo. Pero pensó que la venganza es un plato que mejor se come frío. Sin pensarlo dos veces, volvió a tomar el celular, vigilando que no viniera Marco. Enseguida el mesero se acercó y le dijo Señorita, hay un lío en el bañó, ya su compañero viene. ¿Quiere tomar algo mientras tanto? Un Gin Tonic, respondió para que el mesero la dejara sola rápido.

- Lo siento hoy no voy a poder. Escribió como respuesta al último mensaje.
- Lástima. Fue la respuesta inmediata.

Borró los últimos tres mensajes y apenas levantó la mirada vio a Marco que la observaba con una curiosidad infinita.

- ¿Qué haces con mi teléfono?




19 de mayo de 2013

Miedos II

Viene de Aquí

Sintió un dolor en la espalda insoportable, acompañado de un frío compacto. Abrió los ojos y entendió. Estaban ambos bastante torcidos contra el sofá, pero más en el piso. Se levantó evitando que Marco sintiera sus movimientos. Ya de pie, buscó su ropa regada por todo le lugar. Lo miró y sintió un corrientazo por toda su espalda. Comprendió que estaba jodida.

Fue al closet de ropas. Le sorprendió que un hombre tuviera tantas sábanas, toallas y cobijas tan bien organizadas. Seguro son cosas de la empleada, pensó. Sacó una cobija gruesa y arropó a Marco, quien aun yacía en el piso. Ya iba a salir y pensó que sería bastante descortés no avisar los motivos de su retiro.

Se devolvió en puntillas, buscó en la cocina algo con que dejar una nota.

Wallstreet:

Marco se levantó con un sentimiento de angustia que le presionaba el pecho. Recordó inmediatamente los ataques de ansiedad en la época del colegio. No le gustó sentir algo tan fuerte, tan extraño y tan lejano. ¿Era miedo? ¿Miedo él? Entonces fue en ese momento cuando realizó que estaba jodido.

Recogió el desastre. Mientras ordenaba sentía que la nota sobre la mesa lo miraba. Como que lo seguía. No quería leerla. Estaba esperando lo peor.

Estaba tan ensimismado en sus pensamientos que había olvidado por completo que aun quedaba alguien en su casa.

- Huevón! Me explica qué pasó anoche.
- No, Toño. Usted tiene que ver qué hace con esa forma de beber.
- ¿Y Mañe?
- Ese sigue allá durmiendo.
- Venga y hacemos desayuno.

Tenía unas ganas inmensas de contarle todo a sus amigos. Pero, sin saber qué decía la nota, era imprudente porque esos fijo le hacían leerla en voz alta. Así que se guardó su secreto.

Eras las 4:30 de la mañana cuando salió del apartamento de Marco. Estaba echa un ocho, no solo por el trago. Su cabeza estaba casi tan enredada como su cabello. Su taxi de confianza llegó por ella y mientras recorría las húmedas calles de Bogotá, su lado promedio la azotó. ¿Y si no aparece? ¿y si no funciona? ¿y si sigue siendo un perro? Las preguntas la agobiaron. Necesitaba enfriar la cabeza.

Se dio una ducha. Puso en marcha todas las recomendaciones del terapeuta para callar los pensamientos. Respiró profundo varias veces, fue a su templo interior... Y así se calmó. Trataré de vivir el aquí y el ahora.

Cada vez que su mejor amiga le decía esa frase como consejo su respuesta era la misma, Como si fuera tan fácil. Cargamos el pasado sobre nuestros hombros y hacemos todo pensando en las consecuencias del futuro. No me puedes decir que nos podemos deshacer de todo eso para vivir el aquí y el ahora. Pero al parecer por este momento fue reconfortante, por lo menos la intensión de no pensar en el futuro.

Se acostó a dormir. El sábado siempre era un día complicado para ella...

Por fin pudo despachar a sus amigos. Es que ellos tienen delirio de bonbril, pensó cuando cerró la puerta. Regresó a su sala. Agarró la notica respiró profundo y se dijo a sí mismo: Será lo que tiene que ser, y se sorprendió de lo zen que sonaba eso. Mierda, mi hermana me está afectando.

Wallstreet: No pudo evitar sonreir
No sé qué vaya a pasar después de esta noche. Tampoco sé si estoy preparada. Y menos claridad tengo sobre qué esperar de ti. Yo tampoco, Andre, yo tampoco.
Me voy porque no quiero que Toño y Mañe se despierten y comiencen a hacer preguntas. Tu sabes cómo se ponen de pesados. Uffff, menos mal no fue por otra cosa.
Besos,

Andre
Pd: No tenemos un apodo para mi.... Ese tenemos que construirlo

¿Y ahora? ¿Cómo operar? Necesitaba un consejo.

Comenzó a recorrer su teléfono para ver quién podría ser la mejor consejera para estos casos.
Alina
Ana
Angélica
Beatriz
Carolina
Catalina
Celmira
Dania
Daniela
Diana
...
...
...
No pudo detenerse. Seguía leyendo nombres y nombres de mujeres.

Juliana
Liliana
Maurice
Nat
Pao
Paula
Rose
Susy
Tati
Vivi
Xime

Comenzó a hacer un recorrido por todas esas historias. Todas insignificantes. Todas sin fondo. Erra un perro. Cierto. Pero nunca se había detenido a pensar qué pasaba con alguna de esas mujeres después de salir una o dos veces con ellas. Siempre se escudaba en que ellas saben a qué estamos jugando. ¿Pero era cierto?

Haciendo memoria notó que siempre era él quien decidía hasta cuando salir con las esas mujeres. Nunca las había dejado decidir. ¿Se sentirían utilizadas?

Por primera vez en muchos años se había cuestionado. Todo por cuenta de Andrea. Su yo sensible, comenzó a atacarlo con preguntas. ¿Y si él no está listo? ¿Y si no funciona? ¿Y si no le gusta tener una novia? ¿Y qué querrá Andrea?

Se hizo un ocho peor. Decidió que necesitaba dejar de pensar. Se puso una sudadera, unos tennis y una camiseta y salió a trotar. Eso, generalmente lo calmaba.

Terminó en la casa de su hermana.

- ¿Qué más? Y ese milagro.
- Deja de decir eso que vengo dos veces a la semana.
- Tienes cara de fantasma... ¿Qué fue?
- Me metí con Andrea...
- No!!!!
- Si!!!!
- Y si estás listo para ella
- Eso es lo que no sé

Relató con todos los detalles la historia de la noche anterior. Lo hacía con mucha emoción y sentimiento. Lo hacía feliz recordar cada instante, cada palabra, cada gesto. Cuando terminó Vicky sentenció: Nunca te había visto tan emocionado. Creo que debes llamarla. Lánzate. ¿Qué tienes para perder?

Salió de ahí más confundido que nunca. Cuando sintió vibrar su celular. Era un mensaje de texto de Andrea. Lo volvieron a invadir los nervios.

¿Qué haces, Wallstret?

Dio la opción de responder.

Terminando de trotar. ¿Tu?

Se sintió aliviado. No era tan complicado 'iniciar' algo.

Me desocupo a las 6 de la tarde. ¿Vamos a comer?
Por primera vez no le molestó que determinaran su agenda. Era una buena señal.

- A las 7 paso por tí.
- Listo

Se sintió demasiado intensa. Coño. ¿Por qué le era tan difícil esperar que los hombres tomaran el primer paso? Es por eso que no te toman en serio le decía su mamá.

Trató de mantenerse enfocada, tranquila. a las siete sabría cómo van a ser las cosas.

15 de mayo de 2013

Miedos

La rumba estuvo desbordada. En la sala solo quedaban Marco y Andrea. A su rededor los que siempre caían en los sofás, Antonio y Manuel.

- Ese par no sabe nunca cuando parar, ¿no?
- Son un completo desastre. Por algo no le duran las novias.
- Jaaa imagínate a una loca en tacones tratando de levantarlos.

No quedaba ya mucho trago. Digamos que estaban en el punto en el que cualquier cuncho era suficiente para rematar la noche.

- Es la primera vez que no salgo corriendo temprano
- Es que tu siempre me has tenido miedo.
- Que va! Tan convencido el hijueputa.

Para Marco, Andrea la vieja perfecta. Esa a la que uno tiene que temerle. "El día que me meta con ella, es para quedarme ahí por siempre", solía decirle a sus amigos. Pero claro, siempre le faltaba el valor.

- ¿Te parezco muy hijueputa?
- Y buen conversador, a pesar de eso.
- No me cambies el tema...
- ¿Qué tema?
- Hazte la loca...
- ¿Quieres de verdad que entremos ahí?

Para Andrea, Marco tenía algo. Ese algo que uno no identifica, pero aterra. Nadie sabía que Marco le gustaba. Así se libraba de las argucias casamenteras de su mejor amiga. Obvio nunca iba a hacer nada al respecto.

- A ver. Muy hijueputa ¿por qué?
- Por como despachas a las viejas.
Marco soltó una carcajada.

- Mi niña, pero si ellas saben a qué juegan conmigo. Digamos que es algo de beneficio mutuo.

"Es que me emputa que me digan niña! Tiene huevo este man.

- Claro. Es que todo contigo es una transacción. Te tengo el apodo perfecto: "WallStreet".

"Lo mejor es que esta loca tiene buen sentido del humor".

Se levantó. "¿Para dónde vas?" "A buscar algo en la reserva y a ver si este par de borrachos se van para el cuarto."

Lo vio arriando a sus dos amigos borrachos hacia el cuarto principal. Mientras. Recogió todo lo que sobraba de la mesa de centro en la sala. Vasos, botellas vacías, platos de comida. Lo organizó todo perfectamente en la cocina. Sabía que este ritual del orden era para preparar el terreno. "Lo que es, será", se repitió.

Buscó en el último rincón de su clóset el par de botellas que había reservado para LA ocasión. "Quedo en sus manos". Desde el pasillo, bajó la intensidad de las luces.

- Dos de reserva...
- Uy... ¿me quieres impresionar?
- No nada... es que no hay más...

Se sentó al lado de ella, mucho más cerca que la última vez. "Si no se corre, es porque estoy a salvo". 

-Usted huele rico. Como todos los perros.
- De hijueputa, a perro. Vamos mejorando. Pero sí, mejor perro con perfume, que perro oloroso.
- Usted si es mucho ordinario.

Sirvió ambas copas y le entregó una a Andrea. Ella aprovechó y dio un rápido vistazo al apartamento. Le encantó. Todo en sus justas proporciones. Masculino, pero no tanto, con un toque bohemio.

- No había visto el cuadro del fondo. Interesante.
- Cuando lo vi, tuve que comprarlo. Es de esas cosas que uno tiene que tener.
- Tiene un algo que atrae.
- ¡Salud! Por todo el tiempo desperdiciado.
- ¡Salud! Por el tiempo que viene.

Al terminar el brindis. Ella lo miró a los ojos. y el aprovechó para sutilmente, poner sus labios sobre los de ella. Al sentir la boca de Marco sobre la suya, cerró los ojos. Respiró profundo y le permitió fundirse con ella. Sintió su lengua penetrarla, sintió ganas de morderlo un poquito. La rodeó con sus brazos y la trajo hacia él. Olía también delicioso. Su boca era suave, sus labios la mejor entrada a su ser. Sin pensarlo dos veces, corrió la boca hacia el cuello. Ella inclinó su cabeza y sintió un corrientazo recorrer todo su cuerpo. Sin pensarlo dos veces dijo:

- ¿Estás seguro? al tiempo que soltó un suspiro...
- ¿De esto? Le susurró al oído.
- Yo no soy un cajero automático, WallStrett.... dijo en tono cortante, al separarlo un poco para poder mirarlo a la cara.

Él, entendió que se trataba de una escena de esas en las que las mujeres necesitan algo de seguridad. Pero no sabía qué hacer.

- Andre. Y la tomó de las manos. Nunca serías una transacción. Jamás.
- ¿Cómo creerte? dijo y lo miró con temor.
- Te va a tocar creerme.

Ella agarró la copa de vino y se bajó completa. Se sirvió de nuevo. Se levantó del sofá y dio una vuelta por la sala. Él la miraba de arriba a abajo. El vestido negro le quedaba perfecto. Se paró de inmediato y se acercó. La miró desde arriba. Lo miró desde abajo. La volvió a abrazar y la trajo hacia sí. Yo sé, que si me meto contigo, es para siempre. Han pasado muchos años desde que nos conocimos y solo hasta hoy di el primer paso. Estoy seguro. Ya estando aquí tengo todo el tiempo del mundo para demostrártelo.

- Tengo miedo.
- Yo también...

La volvió a besar. Más lento. Más tierno. Sabía que debía usar otras maneras, porque de lo contrario, ella de deslizaría entre sus manos.

Ella recibió el beso. Nunca la habían besado así antes. Levantó sus brazos y se aferró a su cuello.

Se dejó llevar. Entre besos y caricias fue cayendo la ropa. Sus manos se acoplaban perfecto a sus curvas. Se sentía bien a pesar de que su cabeza comenzaba a mandar mensajes de prevención. "Tu sabes cómo va a terminar esto". "Seguro te esta viendo la cara"... Pero con cada beso, Marco anulaba los miedos hasta que todo su ser, hasta sus pensamientos pedían más.

Se besaron hasta los lugares más insospechados. Él, desnudo se veía delicioso y ella se sentía como una diosa. Es perfecta, se decía, mientras intentaba sus mejores maniobras para impresionarla. Nunca antes había puesto tanto esmero en un polvo. Este merecía todo. Era por primera vez su inicio para algo.

Esa madrugada el sofá y la alfombra de convirtieron en sus cómplices. Encima de ellos sellaron un 'algo' indefinido. Que solo el tiempo diría en lo que se convertiría.

Terminaron al tiempo. Un suspiro conjunto marcó el fin del comienzo.

Ella se escurrió entre sus brazos y a su lado se acurrucó. Él la miraba con ternura. Justo antes de caer profunda dijo algo entre dientes que él entendió como un "te amo".

Sonrió y por primera vez se sentía completo. Feliz.... Cayó dormido y al rato, de un sobresalto se despertó. Encima suyo una cobija y Andrea no estaba. Miró a su alrededor y no estaba la ropa, pero encima de la mesa, una notica.

                                              Continua acá

18 de abril de 2013

Mi Jefe

Me siento completamente Bridget Jones escribiendo esto.
Estoy enamorada de mi jefe.

No pudo evitar soltar la carcajada al leer las dos primeras líneas del mail de su amiga. Mar está completamente loca.

Te debes estar burlando de esta afirmación. Pero es real y estoy muy feliz.. Voy a tratar de responder todas las preguntas que te podrían surgir con el siguiente relato. Y espero que no te mueras de algo (sea risa, rabia, envidia...). Pero como lo prometido es deuda, luego de muchos meses de ausencia, esta es mi última historia.

Aquí va...

Llevo dieciocho meses en esta empresa. No era el trabajo soñado pero si una forma de iniciar el camino que me llevaría a ese puesto ideal, en la empresa ideal. Tu sabes que soy de las que cree que uno debe ir paso a paso, hasta conseguir lo que siempre ha querido. Entré a esta productora por mérito propio. Tanto que a las entrevistas me fui de pantalón, pelo recogido y saco negro con cuello alto. Creo que te sabes ese detalle mejor que yo. Entré como asistente -osea mano derecha- de la gerente de producción de arte. Osea, en algún momento ese cargo será mio.

La vieja era una loca demente. De esas que no solo vivía de rumba en rumba, sino que hablaba gritado (sin ser costeña) y trabaja a todo el mundo de 'mi amor'. Y a mi, me tocaba cubrirle los guayabos, los retrasos, los incumplimientos... Claro, nunca me agradecía. Es que la odiaba!! la odiaba!! Perra!

En fin, la loca hace como unos cuatro meses renunció (aunque las malas lenguas dicen que la echaron) y comenzaron a buscar el reemplazo. Claro, como a mi se me alivianó el trabajo, pude tener una vida normal. Entonces me fui de rumba. (Ay... extraño salir contigo)... Me fui con un grupo de amigos de una amiga. Así, casual, de puro desparche. Entre 'mi grupo' no había nada bueno.

Yo ese día estaba en un estado de vulnerabilidad total: Con ganas, con unos tragos en la cabeza y depilada. Ese día tocaba conquistarse a alguien. El trabajo me tenía consumida, ni para una revolcadita me daba tiempo. Total, yo decidí que ese día sería mi noche.

Me fijé un objetivo... Claro que como ya hemos discutido en Bogotá, los manes solteros cada vez son más feos o más babosos, casi que no encuentro entre la multitud a un tipo digno de mi vulnerabilidad. Hasta que lo vi. En la barra -Sí Annie, cliché todo en esta historia es un chiclé-. Se estaba tomando lo que parecía un whisky en las rocas -que resultó ser un ron-.

Yo ya casi no me acordaba cómo ligarme a un tipo solo. Así que me aventé. Sin pensarlo dos veces. Me paré al lado de él en la barra. Así como en las películas gringas. Pedí un gin and tonic (tu sabes, ese es mi favorito y no me da guayabo) y volteé a mirarlo.

- Hola. Marcela, mucho gusto.  Y extendí la mano y le regalé mi mejor sonrisa esperando que él respondiera.

Estaba casi que sudando frío, marica! Annie, tu sabes que yo me cago del susto. Además, sentirse en una escena de película es como muy raro.

Total, me dio la mano. Así fuerte. Como sin miedo.

- Mucho gusto. Joaquín.

Además, tiene uno de esos nombres fabulosos. (Ya hablo como fan enamorada)

El tema para no hacértelo largo es que comenzamos a hablar. Pero no fue una de esas conversaciones como: "en qué trabajas" "qué estudiaste". No nada de eso. Fue algo como lo que te voy a narrar -y es que tengo la conversa pegada en el cerebro-.

Siempre me he preguntado por qué alguien va solo a un bar. ¿No es más fácil tomarse un trago en la casa y se evita uno una cantidad de pendejadas?
- Eso lo puedes responder tu. Estás sola...
- ¿Parece? No. Estoy con un grupo de gente por allá. Los amigos de una amiga.
- ¿Entonces qué haces acá?
- Vine por mi trago, porque allá están tomando whisky (y puse mi cara de 'esto es una seba me voy a vomitar') y me encontré contigo, todo solo. Y como tengo un alma caritativa... pues decidí que te iba a acompañar.
- Uy, ¿eso quiere decir que parezco un niño desamparado?
- Eso quiere decir muchas cosas. Pero si prefieres eso. Pues niño desamparado será. Ahora respondeme la pregunta.
- No dejas pasar una, ¿no?
- Nunca.
- Es que salí de la oficina, que queda aquí cerca. Me iba para la casa y pensé: '¿qué tal que la mujer de mi vida ande hoy suelta por ahí'?

En ese momento yo ya me quería morir. Annie. Tiene una sonrisa perfecta, una barbita de tres días fabulosa... ¿Y va y me dice eso? Seguro vas a pensar que soy una envideada. ¿Pero quién no se envidea?

Hablamos como un rato más. Babosadas y no tan babosadas como que es soltero, sin mucho tiempo pasa salir de ligue. Si última novia lo echó porque ella no era la prioridad en la vida de él. Contra eso, según dijo, uno no puede pelear. Cuando uno encuentra a la que es, se vuelve, la prioridad, el resto son paliativos para pasar los ratos de soledad acompañados.

No hijos. Trabaja en un canal de TV. y vive solo. No tiene ni gato ni perros. Todo tal como me lo recetaron.

Tres rones y tres gin tonics después...

- ¿Te vas conmigo o te quedas con los amigos de tu amiga?
- A esos ya los tengo descartados hace rato.

Me jaló.... Así como en las películas, marica. Hazte la imagen, Annie, por favor. Se paró de la silla, y se iba medio alejando, cuando le jaló del brazo. Y como sincronizados, terminé en sus brazos y nos dimos un beso. Y qué beso. No te voy a decir que el tiempo se detuvo y que solo éramos él y yo, porque eso no pasa. Pero si besaba delicioso.

Salimos de ahí como un par de adolescentes, recién fugados del colegio. Llegamos al parqueadero. Nos subimos en su camioneta. Y salimos hacia la casa de él. Claro que en cada semáforo o en cada pare nos comíamos a besos. El trayecto fue largo, aunque realmente era cerca.

Yo tenía un vestidito negro. De esos que siempre decías que eran mi mejor adquisición. Así que todo iba siendo más fácil desde el carro.

Llegamos al apartamento de Joaquín. Apenas cerramos la puerta, me cargó contra la pared y lo tenía duro, duro. Le saqué la camisa, en un afán. Hasta se le cayeron unos botones. No dejábamos de besarnos.

Esta Mar es la cagada. Me escribe este culo de mail largo, como si estuviéramos tomando café o cerveza. Por algo es mi amiga, pensaba Annie, mientras leía. Fue por algo a la nevera. A juzgar por la barra de desplazamiento la cosa iba para largo. Eso de estar a 15 horas de diferencia es difícil para tener una mejor amiga en problemas o con una historia para contar.

Entonces, Annie. Yo ya quería que me la metiera. Ya... pero én quería jugar. Me sacó el vestidito.  Y me hizo moverme hasta el sofá. Ahí me tiró y mientras yo yacía acostada con el corazón tan agitado que se me quería salir, y tan mojada que ni te cuento. Se quitó el pantalón y las medias -aplauso para los hombres que se quitan las medias sin que uno se lo pida-.

Se puso encima mio. Me seguía besando. La boca, las orejas, el cuello.. Yo comencé a gemir. Osea... como una loca. Bajó hasta mis tetas... y me chupó, más rico... Creo que se dio cuenta de mi ansiedad. Sacó su cosa... (Annieee se oye mejor hablado que escrito) Annie comenzó a reirse a carcajadas. "sí tenemos que cambiar esa puta palabra") y para qué que era perfecta. Me la metió. Primero pasito... así despacito... de esa forma que uno ya quiere morirse... o venirse. Y preciso. Tuve un orgasmo. Creo que era un orgasmo de ganas... Y él se puso como un loco. Y me clavó no sé por cuanto tiempo. Encima mío. En cuatro. En el piso. En la cocina. En el cuarto, en el baño...

Mar siempre y sus historias. Y lo deja a uno iniciado...

Terminó la noche. Y amanecimos uno al lado del otro, ambos con esa sonrisa natural de satisfacción absoluta, de deber cumplido... No hubo formalismos. Me paré de la cama. Me di una ducha. Me vestí y me fui. Él se despertó y con una naturalidad increíble me dijo. Puedes bañarte tranquila. La verdad, viniendo de él no me molesto la frase de 'permiso'.

Antes de irme, saqué un sharpie morado de mi bolso -No me preguntes por qué tenía un sharpie en la cartera. No sé, pero ahí estaba- Y ni corta ni perezosa en la puerta entrada le escribí: Fue fabuloso. Si quieres repetir, no tengo problema. Llámame y le puse mi celular.

Y así comenzamos. Me llamó a los dos días. Fuimos a cenar. Luego a comer... Y así era todo. Cita-sexo. Cita-sexo. No había llamadas de control. No había preguntas incómodas. Creo que ninguno sabía del otro, nada más de lo necesario. No habíamos hablado, o ni siquiera nos habíamos preguntado si esto iría para alguna parte.

Yo era feliz. Seguía haciendo méritos en mi oficina y seguramente me darían el trabajo de mi jefa. Estaba muy concentrada en eso. Así que Joaquín era la mejor forma de terminar mi día.

Entonces, pasó el primer mes. El segundo. Y comenzamos a intimar. Ya sabíamos cosas del uno y del otro. Incluso esas anécdotas vergonzosas que solo se sabe tu mamá y tus mejores amigas. (Algo así por el estilo de la anécdota de la vez que me vomité durante el acto principal del día de la poesía... Así, a ese nivel llegamos).

Ay no. Mar debería dejar de contar esas cosas.

Me daba consejos. Y yo a él. Los días pasaban de una manera maravillosa. Hablábamos todo el día. Estábamos pendientes el uno del otro. Nos fuimos convirtiendo como en novios, pero sin el rótulo. Yo estaba feliz. Muy. Como que todo marchaba.

Sin embargo -Claro porque no hay historias perfectas- citaron a reunión antes de ayer en la oficina. Yo pensaba que ese era mi día. Me compré un vestido nuevo, los zapatos perfectos. Me peiné, me maquillé. Yo estaba radiante.

Buenos días señoras y señores, hoy están todos citados aquí porque quiero presentarles al nuevo Gerente de producción de arte. Menos mal, Annieeee, menos mal no me levanté de la silla!!!! El Presidente de la Compañía iba a anunciar al nuevo jefe y ese no era yo. Se trata de Joaquín Steffens. En ese momento dejé de respirar. Volteó hacia la puerta y lo veo entrar. -Es que les encanta el dramatismo. Siempre anuncian al que llega, y el anunciado entra-. Ahí estaba él. Con su traje perfecto, la sonrisa perfecta. Y su perfume. Él estaba radiante. Y yo ahí. Sentada en la mesa, con mi vestido y maquillaje perfecto. Radiante. A punto de llorar.

Quería matarlo. Esa es la realidad. El corazón se me rompió en doscientos pedazos. Es difícil de explicar y voy a tratar de hacerlo lo mejor posible. El man con el que sales. Que te encanta y tira delicioso. Ese mismo que te hace reír a todas horas del día. Nunca. Nunca Nunca!!! Te comentó que había aplicado para el cargo que tú anhelabas, el que querías. Él, el que te levantaste en un bar, y que te conquistó con un par de frases baratas. Ese, ese mismo, se queda con el siguiente escalón en tu carrera por llegar al trabajo de tus sueños. Ese hombre, del que te enamoraste, está ocupando el puesto que debería ser tuyo.

Cuando lo vi entrar dejé de escuchar. Comencé a armarme el discurso en la cabeza de todo lo que le quería decir. Gracias a dios luego de esa reunión él tenía que entrar a junta y no le dieron espacio de que me diera la cara. Es que además el muy infeliz no me hizo ni un gesto!! ni un gesto me merezco.

Entré a mi oficina y lo primero que hice fue enviarle un mensaje: ¿Me explicas? y me respondió Comamos esta noche. Ok, le dije.

Annie, espero que no te esté aburriendo. Pero es que me haces mucha falta y creo que te mereces este relato completo. Ay mi Mar. Espero regresar pronto a Colombia para escuchar tus cuentos con un trago.

Pasó por mi a las 8 de la noche. Baja por fa, ya estoy en la puerta. Bajé, con todo un discurso armado en la cabeza. Un sermón de siete pisos. Lo iba a acribillar. No lo iba a dejar hablar. Iba a sacar la neurótica que llevo adentro.

- Hola. Y le puse la mejilla.
- Uy. Pero qué pasa
- ¿De verdad quieres que te diga que pasa?
- Te ves hermosa. 
- Me cambias el tema.
- Espera a que lleguemos al restaurante.

Durante todo el camino no hablamos. Yo estaba que vomitaba palabras. Me quería morir. Pegarle era poquito. Pero bueno,  no podía quedar como una loca. Al final por algo Joaquín estaba hablando tan tranquilo.

Nos bajamos en un lugar. Era cerca a aquel barsucho hediondo pero que nos encantaba como por la 80. ¿Te acuerdas? Resulta que era un restaurante. De esos que son muy chiquitos, todos cálidos. Típico de película de amor en Europa.

Éramos los únicos en el lugar. -Obvio, sino nos se completaría el cliché de esta historia-. Me corrió la silla, como los caballeros en vía de extinción, y me hizo sentar. Se sentó en frente mio.

- Te ves hermosa.
- Y dale...
- Y así suene muy culo. Nunca te había visto tan brava, ni un poquito... que te ves preciosa.
Y yo pensaba. Precioso le va a quedar esa jeta después de todo lo que le voy a decir.
- Yo sé que quizás estas sorprendida por todo lo que pasó...
- ¿Sorprendida...? Es que esa no es palabra... Estoy puta, histérica... Es que no lo puedo creer. me utilizaste... Y cuando me iba a despachar, me dice.
- Preciosa. Déjame hablar.
- A ver... pues...
- Tu me dijiste que tu sueñas dirigir una productora. Que tu seas la jefa... 
- ¿Sí y eso qué tiene que ver?
- Estuve hablando con Francisco. Van a dividir los negocios de The Fixer y van a abrir una nueva productora que se llame Scandal... tendrá un enfoque distinto... Y quieren una mujer para ese nuevo proyecto. 

Casi me muero en ese momento. No te imaginas mi Annie. Las cosas se habían conjugado. No lo dejé terminar. Le agarré la cara con las dos manos y le di un beso. Era quizás el beso más tierno y más honesto que había dado. Te amo, dije justo cuando había separado mis labios de los suyos. Yo  también te amo.

Apenas merecido. Mar es maravillosa se lo merece.

Terminó de narrar la historia. Cerró su laptop y dejó que todas las lágrimas corrieran por su mejilla. Annie era su mejor amiga. Y un día hizo prometerle: "Mar. Prométeme que antes de que me muera, me vas a dar una historia con el final más feliz para tu historia". Y esa era la promesa que le estaba cumpliendo a su mejor amiga de infancia, esa misma, a le que le quedan, a partir de ahora dos días de vida.