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27 de marzo de 2017

Libertad

Siempre le habían dicho que uno no termina de conocer a las personas, pero ella era de las que pensaba que uno siempre sabe, pero mira para arriba, para pasar de largo todos los indicios. Lo tenía claro pero aun así le sucedió. Solo cuando pudo hablar en voz alta del tema con sus amigas pudo relacionar sus fallas. El puede ser el peor ser humano del mundo, pero me siento como una idiota por no haber entendido. Y así comenzó el círculo vicioso de la auto recriminación. Salir de ahí le costó mucho trabajo.

He debido salir corriendo en el minuto que vi cómo se comportaba cuando se tomaba un par de tragos..., era la frase con la que comenzaba todos sus monólogos... Pero los detalles, las flores, los besos, el sexo, la familia, todo era más fuerte que esa pequeña falla.

Se conocieron como se conocen las personas hoy en día, por alguna aplicación para emparejar solteros de acuerdo a sus intereses -o de acuerdo a su foto-. Del like, al chat, del chat a la llamada, de la llamada a la primera salida, la segunda, la tercera... y de ahí a la cama. Comenzaron como comienzan las relaciones hoy en día: sin ganas de comprometerse. Formalizaron cuando se dieron cuenta que no estaban buscando nada más en otras personas. Cuando dejaron de loggearse en las aplicaciones, cuando ya no había nadie más sexy que ellos en la calle.


Así construyeron muchas cosas: una relación de pareja sólida, con propuestas e ideas de futuro, un hogar lleno de matas, hasta de comprar un perro hablaron. Pero al momento de irse a vivir juntos algo cambió. La palabra control se apoderó de él y su relación. Ya cualquier cosa era motivo de sospecha. Pero para ella era un simple periodo de transición. "Está en la etapa de celos", le decía a sus amigas, a quienes no les parecía normal, pero "si no llega a las agresiones o insultos, no hay problema", respondían.

Llegó un día en el que solo la veían en cumpleaños o fiestas. Siempre había una excusa. Pero la comidilla claramente era que el tipo había enloquecido y que ella mantenía encerrada. Ella lo desmentía con un No pasa nada simplemente estamos ocupados.

Los reclamos y la violencia no eran todo el tiempo, pero con el tiempo fueron escalando. De las escenas de celos, a los reclamos, del reclamo a los insultos y de los insultos a la violencia. Aun no llegaba a pegarle, pero ella decidió evitar. Pero la verdad es que tenía miedo. Miedo de él, miedo de sus reacciones, miedo de decir cualquier cosa. También temor de fracasar. El miedo se apoderó de ella en el momento que lo vio reventar a patadas la puerta de un closet, porque le dijo que iba a cebar con sus compañeros de oficina.

Cuando no había motivos, todo era perfecto. Eran un gran equipo, se divertían. Ella se sentía amada. Pero en el fondo sabía que vivía en una cárcel de la que no sabía cómo escapar. Era su vida, era lo que había querido. ¿Pero y ella?

Llegó la noche que temía que sucediera. Estaban en casa, cenando y tomando vino. Sin temor dio su opinión sobre el tema de coyuntura del día: Es que definitivamente este país no tiene de dónde escoger. Ese vicepresidente es miedoso, no se merece dirigir este país. Sin saber que había destapado Pandora, se puso fúrico, argumentó, pataleó, la agarró de los brazos muy duro y le grito en su cara que era una bruta, que no entendía nada.

En ese momento creyó firmemente que era el trago hablando. Apenas la soltó, tomó su copa de vino y se fue hacia el estudio y cerro la puerta con llave. Él le gritaba que no se escondiera, que no lo dejara hablando solo, que no fuera cobarde. Ella se aferraba a sí misma, en la penumbra, rezando que no intentara entrar a ese cuarto.

Se escuchaban gritos y cosas caer al piso. Creyó que él estaba destrozando todo. Incluso llegó a pensar que salir sería una opción para evitar un desastre mayor. Pero no pudo levantarse para abrir la puerta.

Cada minuto era eterno. Cuando salió del letargo vio que tenía el computador al alcance. Lo encendió y envió un mensaje interno por Facebook a su mejor amiga. "Este man enloqueció. Mi celular está en el otro cuarto. Llama a la policía." Seguro no era necesario nada más, porque el contexto y los antecedentes lo decían todo.

Silencio. Quizá se había quedado dormido.

Abrió la puerta y su único plan era escabullirse hacia la salida y correr lejos de ahí. Seguro no era lo más inteligente, pero fue lo único que se le ocurrió.

Cuando iba por el pasillo, oyó su voz. El personaje no estaba dormido, seguro estaba esperando.

- Por fin decidiste salir. Ven amor.

No era capaz de responder. No entendía cómo podía tratarla normal.  Se apoyó contra la pared y con sus manos contra su pecho le dijo.

- Nada de mi amor, me voy en este instante.

Vio como sus ojos se volvían de fuego mientras se acercaba a ella. Sacó todas sus fuerzas y corrió hacia la puerta. Abrió como pudo y siguió corriendo hacia las escaleras. Pero como es torpe, un piso más abajo la alcanzó. Siempre quiso aprender de sus amigos de infancia cómo bajar las escaleras saltando de a 4 escalones sin sentir temor de romperse la cara.

La jaló del pelo.

Perra, para donde vas.

De un momento a otro, sintió una rabia que nunca antes. La invadió el odio. Desechó todos los sentimientos positivos hacia ese hombre al que le había dado todo. El miedo pasó a un segundo plano. Sabía que si no reaccionaba, seguramente no vería el próximo amanecer. Así que se volteó, comenzó a pegarle como pudo, sin técnica, solo con la fuera de la rabia. Él se fue disminuyendo, hasta que dejó de poner resistencia y comenzó a pedir perdón.

Lo dejó solo, y terminó de bajar las escaleras. No tenía nada consigo, solo sus ganas de salir de esa situación. Consiguió un taxi y llegó a donde su mejor amiga.

- No te preocupes yo me encargo. Llamé a la policía, pero es imposible conseguir que contesten. No sabía si ir a tu casa, te marqué al celular pero en silencio. Ven... ven entra.

Por fin se sintió a salvo.

- Espero que no se le ocurra venir a buscarte acá.

Gracias al cielo hay amigas como ángeles que son capaces de soportarte cuando más lo necesitas.

Pasó el fin de semana sin noticias de él. El lunes llamó a su jefe y le explicó. Entendió que ella no estaría disponible para las entregas esos días. Ella necesitaba resolver la situación, no podía quedarse sin vida, por temor a que el personaje la asesinara.

Llamó a su hermana, a su otra mejor amiga y fueron a su antiguo apartamento. El portero les dijo que no estaba, por fin respiraron tranquilos.

- Pero señorita, ¿está bien? Los vecinos se quejaron de una horrible pelea, y mi compañero me dijo que usted se fue muy mal el viernes.

- Tranquilo Jose, todo está bien, pero por favor me avisa si este señor llega.

Lograron empacar lo más que pudieron: ropa, zapatos, teléfono, computador, cargadores... Y sonó el citófono. Va subiendo. 

Las cuatro se formaron en la sala, una al lado de la otra con las maletas en la mano. No sabían cuál de ellas estaba más asustada. Lo único que pensaba era que todo sería más sencillo si él no trabajara en la casa.

Entró y no pudo ocultar su cara de sorpresa a ver a su novia con tres guardaespaldas con cara de terror. "¿Qué es esto?, preguntó enseguida, al tiempo que lanzaba las llaves en la mesa de comedor. "¿Ahora tenemos un complot? Esto era lo único que faltaba. ¿Ya las arrastró a ustedes en esta locura? A falta de una loca, cuatro".

Todas sintieron ganas de molerlo a golpes, pero se contuvieron. Al final, la violencia genera más violencia. Sacó fuerzas de donde pudo, y pronunció las primeras palabras.

"Mira, aunque sé que de pronto sobran las explicaciones después de lo del viernes, quiero decirte que no voy a soportar más esta situación. Si aquí hay alguien que está loco eres tú. Busca ayuda, un psiquiatra, algo. Eso de maltratar a quien dices amar, no tiene sentido..."

A medida que ella hablaba, sus ojos se iban transformando.

"... Yo te amé, como a nadie nunca en la vida. Tenía planes, no lo voy a negar. Pero hoy más que tristeza siento rabia, por permitir que llegaras a esto, por no darme cuenta de lo que eres realmente. Eres un monstruo."

Solo fue que pronunciara esa última palabra u se fue encima de ella. Las tres amigas sin pensarlo dos veces intentaron separarlo de ella. "Perra loca, eso es lo que tu eres, una perra loca", no dejaba de gritar. Una de las acompañantes no tuvo ningún problema en correr a la cocina y regresas con un cuchillo. "O te detienes o no respondo", gritó mientras se acercaba a él, muy decidida a hacerle daño. Él se levantó del piso, liberando a la que consideraba su amor días atrás y fue retrocediendo. "Llamen a la policía, y al portero. Que vengan todos y se den cuenta de lo que hace este desgraciado."

Así lo tuvo, entre la pared y el cuchillo hasta que llegaron todos quienes debían llegar. Él intentó decir que era en defensa propia lo que estaba haciendo pero los golpes en la cara de Tatiana eran demasiado evidentes.

Costó mucho trabajo cerrar el capítulo. Porque a los funcionarios de justicia al parecer no le corre sangre por las venas. Pero logró encerrarlo, y no perder la cordura en el proceso. Hoy sabe que nada vale su tranquilidad y que nadie tiene derecho a quitarle sus libertades. Sigue su vida, sola pero tranquila.



***Ojalá todas las mujeres víctimas de violencia de pareja, pudieran tener un final como este. Pero muchas terminan muertas, o envueltas en un proceso judicial injusto para ellas, porque se beneficia a los maltratadores. Ojalá algún día todas entendamos que las violencias contra las mujeres son un problema que nos afectan a todos, y nos quitan los derechos a todos***






Por aquí me inspiré para esto.



9 de febrero de 2017

La Conquista y El Miedo

Ahora que estoy a punto de casarme y más de 7 años de una relación estable, me pongo a ver a mis amigas solteras, y rememoro mis épocas sin pareja y vuelvo a pensar: ¡Qué pereza la etapa de conquista!

Rico sentir mariposas en la panza. Rico querer ver a esa otra persona. Pero cuando se convierte en nervios, angustia, no entender ni saber leer a la otra persona, me muero del cansancio. Entiendo que todos tienen barreras y muros para protegerse porque siempre hubo alguien antes que nos hizo daño. Pero saber que seguro la otra persona está escondiendo parte de su ser para agradarte, o para no dejarse joder, es agotador.

Siempre he tenido mil preguntas, y en serio no entiendo a los seres humanos en eso. Al conocer a alguien...
¿Por qué no somos transparentes?
¿Por qué no jugamos las cartas sobre la mesa?
¿Por qué cuando queremos conquistar nos volvemos otros?
¿Por qué convertimos la conquista en un juego donde debe haber un ganador sin derecho a empate?

Creo que los miedos están dominando la mayoría de nuevas relaciones de los solteros. Y creo que la falta de transparencia está rompiendo demasiados corazones.

¿Qué pasará cuando entiendan que las barreras y el miedo no sirven para nada, y que mejor es andar sin máscaras? Espero que no sea demasiado tarde y hayan dejado pasar la oportunidad de encontrar el amor de su vida.

3 de agosto de 2016

Ya ganó

El motivo de la llamada era muy simple: poner en cintura a su novia. Claramente era muy bajo marcarle a ella y decirle "por favor madura y deja de andar inventando cuentos de mí y vetando a mis amigos de tus eventos empresariales. Déjame en paz. Ten una vida". Así que optó por la opción menos denigrante, pero más dolorosa. 

- Hola Felipe.
- Hola Catalina.
- ¿Cómo estás?
- Yo bien. Aquí saliendo del turno.

Se le espichó el corazón. En otra época sería ella la que lo esperara en la puerta del Noticiero para ir a cenar juntos, a cine o simplemente a la casa de alguno.  Pero no. Seguramente estaría ella, Catalina T. (porque claro, tenía que escoger a la que no sólo era su amiga, sino a la que tenía su mismo nombre y las mismas iniciales del apellido) esperándolo, reclamando lo que por derecho era de ella.

- Ah si claro, es que es tarde. 
- ¿Qué necesitas?
- Es algo muy simple. Pensé mucho antes de llamarte pero es que esta situación ya es insostenible...

Catalina y Catalina T. se volvieron mejores amigas por cuestiones laborales. Se comenzaron a cruzar por los pasillos del edificio oficial donde trabajaron y a fuerza de encuentros diarios terminaron almorzando, yendo de rumba, y confiándose sus secretos. A Felipe también lo había conocido por el trabajo. Eran periodistas ambos y de rueda de prensa en rueda de prensa comenzaron los coqueteos, los besos y las caricias. 


Catalina no sabe si fueron novios. Pero durante un año salieron, tiraron, tuvieron algo. Pero él nunca quiso ponerle nombre. Entonces eran, pero no eran. Se encontraron siempre en ese limbo entre lo real y lo irreal. Es ese estado en el que las mujeres suelen enloquecer pensando si cada acción del tipo implica amor, o no.

Pero ella se cansó. Se cansó de esperar más de lo que recibía. Se cansó de pensar que no era suficiente, se cansó de querer más. Y Catalina T., que eran en ese momento su mejor amiga, le echó carbón a la rabia. La frase menos ofensiva era que Felipe no la merecía. Y pues, en teoría, eso es lo que hacen las amigas, dar buenos consejos y cuidar la una de la otra.

- Es que necesito que hables con Catalina. Estoy cansada de los chismes, estoy cansada de los corrillos. Que lo supere en serio.
- Pero es que no entiendo... ¿De qué me hablas?
- Es muy simple, tu novia, tiene un delirio de quien sabe qué, o no confía en ti, pero es que no tiene sentido que cada vez que tu y yo nos cruzamos o que hablemos para algo de trabajo, me llegue un cuento, una amenaza o cosas peores.
- Eso no puede ser posible.
- Ay tu sabes que ella tiene sus problemas, pero no me corresponde a mi resaltarlos.
- Pero es que no me suena nada de lo que me dices.
- Claro que no te suena, porque claramente a ti no te ha dicho nada. ¿O sí?
- Bueno, la verdad me ha reclamado por hablar contigo...
- Pero ¿Cómo carajos no vamos a hablar, si tu eres periodista y yo la fuente? Esa niña como que se golpeó de chiquita en serio.
- Bueno, no seas así.

Catalina terminó con Felipe porque había comenzado a salir con alguien más, que si la quería de novia y le daba el lugar que ella deseaba. Pero en el fondo tenía la frustración de no haber conseguido eso con Felipe... Ni siquiera había dado el debate. "Para qué? Si él no lo ha planteado es porque no quiere," le decía a sus amigas Por más doloroso que fuera, pues era la verdad.

Pasaron un par de meses y la nueva relación de Catalina no había funcionado, Felipe la había comenzado a evitar y Catalina T. no le hablaba. De él no le parecía raro, al fin y al cabo es hombre, y pues con Catalina T. las cosas se habían puesto extrañas cuando se dio cuenta de que la mitad de hitos narrados dentro de la historia de su vida eran mentira. Es que es mitómana, reflexionó un día. Entonces la confrontó y todo se quebró. Vivir entre mentiras era un tema que a ella no le gustaba, más aún si la persona fingía tener más o ser de "mejor familia" de lo que era. Culísimo le pareció.

- Ok lo siento. Pero entiéndeme, que esto es cero profesional y tu sabes cómo soy yo con estas cosas. ¿Vas a hablar con ella? 

Luego del distanciamiento, la traición. Su teléfono sonó muy temprano ese domingo.

- ¿Tú por qué no viniste ayer a la fiesta?
- Porque me comí una pizza que me cayó al culo y no pude.. Intoxicada.
- No, no no... Te perdiste de la entrada triunfal de la Catalina T.
- Bueno pero eso no tiene nada novedoso, siempre le encanta llamar la atención. ¿Qué hizo ahora?
- Entró de la mano, hecha la muy novia con Felipe. Y así la presentó.

Un balde de agua fría la sacó de la cama. 

- Te moriste, ¿Cata?
- No, no. Aquí estoy. Menos mal no fui entonces. Me hubiera muerto.
- Ay. Tu deberías superar a ese man, en serio. Tu le diste toda la comodidad. Se la hubieras puesto un poco más difícil, seguro no estaríamos teniendo esta conversación.
- Si yo sé. Pero tu sabes, ese cuento fue así, y me quedó faltando un pedazo.
- Lo sé. Pero bueno, ya con esto salgo de todas las dudas.
- ¿De qué? 
- De lo perra de la Catalina T. y de lo estúpido de Felipe.

Las mujeres siempre se llenan de insultos cuando pierden.

En ese momento no supo qué le dolía más: que ella, que había sido su amiga no hubiera sido honesta; o que él la cambiara por ella. Entonces concluyó que la ruptura entre las dos no se dio por el tema de las mentiras, sino porque andaba metiéndose con Felipe; y seguro cada consejo para que lo dejara no fue honesto, sino buscando quedarse con él. Arpía. De él no esperaba nada, era un tipo. Ella era su amiga. Puñalada.

- Pero es que no sé qué quieres que le diga Cata.
- Pues pararla. Que madure, que lo supere. Está bien, yo fui primero que ella; pero ella ganó el juego. ¿O no se quedó contigo?
- Sí... pero...
- Entonces dile que me deje en paz. Que no arme cuentos, que no nos espíe cuando trabajamos y peor aún, que no excluya a mis amigos en los medios de sus eventos.
- Ella no hace eso.
- ¿Seguro?

Entonces comenzó la persecución, y los chismes eran plan de cada día, y llegaban todos los comentarios malos, de esos que plantan las nuevas novias cuando quieren dejar en ridículo a las 'ex'. "Tanto que saliste con él, para que nombrar novia a la otra..." Pero ella aprendió a hacer caso omiso de eso. Digamos que hacía de tripas corazón para no romper en llanto y sobrevivir a la jornada. Y siguió adelante.

Y no vamos a negar que Catalina pensaba en algunas ocasiones en que ellos terminaran, que les fuera bien mal. Tampoco vamos a negar que Felipe y ella se coqueteaban cuando se veían. Había tensión siempre entre ellos. Es que sobre todo el sexo era demasiado bueno, y pelear contra ese tipo de atracción es algo complejo.

- Bueno, ella tiene sus momentos.
- ¿Sus momentos? Creo que es más que eso. O hablas con ella o me va a tocar tomar medidas, porque tanta humillación ya no es tolerable.
- Pero cálmate.
- Cálmate nada. No entiendo por qué soy tan importante para ella. 

Catalina no entendía por qué la perseguía con cuentos y rumores; por qué intentaba desprestigiarla con todo el mundo. Es que este mundo de la política es muy chiquito y cualquier cosa hace mucho daño.

- Es que debe sentirse insegura.
- ¿De qué? ¿De mi? Si yo soy una hueva que no te pude confrontar, que no te pude decir que me enamoré, que no fui capaz de decirte que fuéramos novios y tuviéramos una relación. Y ella sabe todo eso. Ahora que no venga a decir que estoy haciendo algo para que vuelvas a estar conmigo. 
- ¿Qué es todo eso que dices?
- Así como lo oyes. 

Rompió en llanto.

- Yo solo quiero no volver a saber de ustedes. No quiero que nadie me vuelva a decir nada. No quiero que tengan nada que ver conmigo. Ya suficiente tengo con verlos cuando la recoges, cuando almuerzan, en redes sociales... Suficiente tengo con verte y que no estés conmigo.
- Pero yo no entiendo todo este drama. Si tú terminaste lo nuestro.
- Pues porque tu nunca propusiste nada más que sexo y pasarla en la casa... y si acaso cine.
- ¿Acaso tu querías más?
- Soy mujer, !Dios Santo! Claro que quería más.

Para ella Felipe fue su gran amor frustrado. Era evidente que algún día reventaría. Para Felipe ese momento era algo extraño como traído de un cuento que a él no le tocó vivir.

- Lo siento...
- Tranquilo, que ese es mi problema. Porque al final de la historia ella organizó todo para quedarse contigo. Para ganar. Al fin y al cabo ella se dejó de tomar las pastillas para quedar embarazada, aunque tu no querías. Al final, yo soy solo una "ex" y ella es tu novia oficial a la que hiciste abortar. Dile que se quede tranquila, que no solo te tiene a ti, sino que también tiene a tu conciencia.

Y al día siguiente se enteró que Catalina T. había renunciado. Que Felipe había pedido cambio de fuente para no verla. Y así fue como se dio cuenta que en una frase se puede pasar de víctima a bruja.


12 de mayo de 2016

Sean conscientes

Muchas veces nos preguntamos: ¿he sido feliz? Y me gustaría que todos pudieran responder que si. Sin dudas y sin peros. 

Yo lo he sido. Eso no me hace ni mejor ni peor persona. Solamente siento que así es. Tengo 35 y mirando para atrás agradezco haber podido hacer literalmente todo lo que se me ha dado la gana. 

Por ejemplo, nací en Barranquilla, debía llegar virgen al matrimonio, casarme por la iglesia y tener hijos antes de los 30. Obvio la familia debería estar conformada con un costeño. Pero no. Nada de eso pasó. 

Mi adolescencia en Barranquilla no me gustó mucho. Fui feliz, eso sí, pero el bulliying, y la forma de verme a mí misma a través de los ojos de otros, no me ayudaba en aquello que llamamos autoestima. Pero de eso también aprendí, y seguramente todo aquello negativo que los otros dijeron de mí, me sirvió después para ser mejor: mejor estudiante, mejor persona. Mejor profesional. 

Entonces me fui. Me vine a Bogotá a reinventarme y funcionó. Adiós a los traumas y las inseguridades. Por eso seguro tengo cero amigos de mi época de Barranquilla, porque a veces la única forma de poder ser nosotros mismos es  romper con todo aquello del pasado que nos hizo daño.

A mis 20 hice sin duda todo lo que quise: salí con todos los tipos que me gustaban, rompí corazones, me rompieron el alma y me repuse, muchas veces. Trabajé donde quise, y mucho -casi que entregando mi vida a los proyectos y a los jefes-, viajé poco, ahorré mucho, bailé, bebí mucho trago, probé algunas drogas. También terminé el pregrado, la especialización y la maestría, hice a mis amigos del alma, conseguí novio-esposo, el amor de mi vida... Por internet claro, cuando no era moda buscar pareja por redes sociales. Es rolo.... No costeño, obvio.

A los 30 me fui a vivir con él, compramos una casa con una deuda y viajamos a todos los destinos soñados. Rumbeo poco, casi nunca tomo trago, medito y comprendí que el trabajo no es la vida, solo un medio. Hago ejercicio, como verduras -algunas- y escucho a mi cuerpo para tener una vida saludable. Me reconcilié conmigo misma, con mi familia y con mi pasado. Tengo menos amigos que antes, pero no me importa, entendí que la cantidad es menos importante que la calidad.

Toda esta reflexión porque hace poco leí una frase que decía algo así como "cásate a los 20 para que puedas ser feliz a los 30". Claramente lo posteó alguien que se casó a los 20 y su relación no duró nada y claramente fue absolutamente infeliz en su matrimonio. Pobre. Seguramente las frases como esas la ayudan a sentirse menos mal por su fracaso matrimonial.

¿Por qué perder una década para ser feliz la siguiente?

La reflexión sobre la felicidad de cada uno depende de cómo nos ha ido en el baile de la vida. Les hice un recorrido por mis décadas, sencillamente para demostrarle que uno siempre debería ser feliz. Para decirles que hagan lo que se les de la gana. 

Si lo de ustedes es ser solteros y vivir bebiendo, adelante. Si lo que quieren es un novio que las quiera, y armar su matrimonio de sueño, adelante. Si quieren viajar, leer, escribir, dormir, culiar, beber, tener perros o gatos... Háganlo. 

Pero sean conscientes, háganlo entendiendo cada paso y cada aprendizaje. Pero sobre todo sean felices con cada cosa, con cada acción. Todo para que cuando miren su pasado, no tengan que escribir que fueron infelices con las desiciones que tomaron. No hay nada correcto, o nada mejor. Lo bueno es lo que te haga feliz. Punto. 

En definitiva cada paso de la vida nos trae una lección. Y eso es lo más valioso. Solo si somos conscientes de por qué hacemos lo que hacemos, y buscamos siempre la felicidad en nuestros actos, podremos mirar hacia atrás y nunca renegar del pasado. 

8 de mayo de 2015

Valientes


Cumplí 34 años el pasado 30 de abril. Y con la celebración regresaron las preguntas sobre si voy a tener hijos. Esta vez, supongo porque he madurado, no me rayó la pregunta, ni me molestó, para nada. Sencillamente respondí que no lo tengo tan claro aun. Los motivos, creo que los que son padres o quienes no han decidido serlo las conocen, no necesito pontificar sobre mis motivos personales, que no son más que puntos comunes movidos por el miedo.

Sumado a esto, hoy precisamente un amigo me contó que pronto nace su hija y que está muy ansioso. Es la primera. Claramente debe estar hecho 10 ochos. Esos 9 meses antes de un nacimiento deben ser los más eternos, es la real prueba a la paciencia.

Cuando mi amigo me contó la noticia, lo felicité con la euforia que permiten los mensajes de chat: mil signos de admiración y palabras alargadas con muchas vocales. En serio me emociona que las personas definan ser padres y no que lo sean porque les tocó, sobre todo, porque a mi parecer, estos seres humanos son los más valientes sobre la tierra.

Tener hijos "es el mayor acto irracional", me respondió cuando le dije que era muy valiente por tener un hijo en este mundo tan difícil. Y sí, y debe serlo, porque entre más lo reflexionamos, más motivos van a salir para decir, "uy, yo en ese video no me meto".

Y como ser valientes no es para todos, por eso creo que muchas personas han reemplazo el tener hijos, por tener mascotas. Porque eso requiere menos valor civil. (y no pretendo decir que una cosa sea mejor que la otra). Aunque son más valientes los que tienen hijos y mascotas.

¿Por qué digo que son valientes?
Porque ser padres -asumiendo que es con responsabilidad- implica firmar un contrato gigante con la sociedad de que se va a hacer todo lo posible por criar un buen ser humano, y eso necesariamente quiere decir que hay que sacrificar... y bastante. Y eso asusta.

Es que más que los dolores del parto, las trasnochadas, o las cambiadas de pañal, los berrinches públicos, las pocas horas de descanso y de autocomplacencia que quedan, el aprender a cocinar para bebés, entre muchas otras cosas... El desprendimiento de uno mismo para comenzar a vivir por otro ser, debe ser algo muy complicado. Dejar de ser egoístas, y anteponer al otro, por encima de nosotros mismos, es un reto. Y más, cuando -como en mi caso- se carga con el peso de hacerlo bien.

Entonces, aprovechando que viene el día de la madre y luego el del padre, y como ando muy sensible últimamente, quiero aprovechar este espacio para decirle a todos aquellos progenitores y progenitoras que felicidades por haber decidido dar el paso más valiente de la humanidad.


16 de octubre de 2014

A veces....



Dio un paso al frente y 
encontró en el vacío 
la única solución a su tristeza...


A veces la muerte de un conocido nos estrella contra la realidad.
A veces nos creemos invencibles e inmortales, y resulta que no somos ni lo uno ni lo otro.
A veces necesitamos que el corazón nos recuerde que venimos a este mundo por un ratico.

A veces nos damos cuenta que nos hubiera gustado tener más tiempo  para ver más allá de las apariencias,
o, quizás, para haber ayudado a sanar alguna herida.

A veces, la muerte llega para recordarnos la importancia de lo pequeño, de los detalles.

Y a veces, solo a veces quisiera tener la certeza de que todo va a salir bien.


15 de julio de 2014

Sufriendo con Avianca

Queridos lectores. Esto me pasó ayer lunes mientras intentaba viajar hacia Barranquilla. Juzguen ustedes

En este momento me encuentro en la sala de espera del aeropuerto El Dorado de Bogotá. Son las 3:40 de la tarde y mi vuelo a Barranquilla que estaba programado para la 1:35 de la tarde aun no sale.

 ¿El motivo? Aún no sé...  Porque cada media hora cambia. El personal de Avianca, la que se precia de ser ´la mejor aerolínea de Latinoamérica’ o la que tiene por lema algo así de ‘Lo hacemos por tí’, no es capaz de hablarnos con la verdad.

No sé si es problema de comunicaciones internas, de procesos, o del personal en tierra que no es capaz de atender una crisis –si quieren, les monto un cursito para ver si mejoran- pero esto parece uno de los círculos del infierno de Dante.

Este es el recuento de los hechos:

A eso de las 12:45 llamé a Avianca a averiguar por el estado de mi vuelo. Me dicen: Está atrasado, y en lugar de salir a la 1:35 va a salir a las 2:52 de la tarde. Pensé: Perfecto, alcanzo a almorzar. Y
eso ya es un gran logro para mi, porque suelo agarrarme a pelear por cualquier cosa. Pero como no podía pelear en twitter o en Facebook, porque mi viaje era una sorpresa para mis papás, preferí no arruinarla por hacerle un motín a la empresa Aérea con peor reputación de
Colombia.

Llegué al aeropuerto. Verifiqué en la puerta 86 que el vuelo estuviera efectivamente atrasado para almorzar tranquila. Cuando llego, la encargada se echa por micrófono la primera mentira de la jornada: “Estimados pasajeros del vuelo 9628 con destino a Barranquilla, les informamos que el vuelo que cubría la ruta Bucaramanga – Bogotá se encuentra atrasado, debido al cierre del Aeropuerto por clima de esta mañana. Por lo tanto no tenemos hora estimada de salida del vuelo. Esté atento a cualquier novedad.”

Perfecto, puedo almorzar tranquila. Salgo de la sala de espera, me como una ensalada mediocre y un jugo peor de mediocre –pero peor es nada- y me dispuse a regresar a la sala 86 con el tiempo suficiente para la supuesta salida del avión que en internet en la página de Avianca decía que era a las 14:52.

Regreso a la sala y me dicen que me vaya para la número 80, que cambiaron la sala, que en a 86 sale Pereira. Entonces agarro mis cosas, bajo las escalera y llego a la dichosa sala.Diez  minutos después, que por favor los del vuelo a Barranquilla, nos movamos a la sala 86 –de nuevo- que ahí sale el avión. Vuelvo a coger mis cosas y me trasteo de nuevo.

Quince minutos después (2:40 aprox), la señorita del micrófono dice la
segunda mentira: “Pasajeros del vuelo 9528 con destino a Barranquilla, les informamos que el avión que cubría la ruta Bogotá-Bucaramanga ya aterrizó, apenas esté en condiciones ordenaremos el abordaje. Por favor esté atento a las novedades”.

Yo pensaba que ya casi me iba a ver a mi mamá llorar de la emoción.nPero no. Pasaron los minutos, se hicieron las 3 de la tarde… las 3 y 15 y nada que nos llamaban a abordar. Entonces la gente comenzó a preguntar. Algunos en tono más alzado que otros que qué pasaba. La respuesta y tercera mentira: El aeropuerto está cerrado por cuenta de la revista aérea del 20 de Julio.  Mientras decían eso, acababan de llamar a abordar vuelos de Satena e Easy Fly y veía por la ventana con impotencia otro avión de una aerolínea que no alcancé a ver, alzar vuelo.

¿En serio?  No sabía si reírme, llorar o unirme a toda la gente emputada, que entre eches y nojodas reclamaban sus derechos.

Mientras todos reclamaban, llamaron a abordar –cuando supuestamente el aeropuerto estaba cerrado- el vuelo a Barranquilla de la sala del frente que desde el comienzo estaba programado para salir después del nuestro. Entonces claro, todo el mundo peleó más.

Y yo me decía: Por más que uno pelee, no hay nada que hacer. No hay avión, el nuestro se lo asignaron a otros con más suerte… ni modos.

Entones pasaron los minutos y la gente seguía reclamando. Entonces la señora encargada de la puerta 86 agarró el micrófono y dice lo siguiente: “estimados pasajeros del vuelo 9528 con destino a Barranquilla les informamos que el itinerario presenta un retraso, porque la aeronave que iba a cubrir la ruta tuvo un impacto con un ave. Por favor diríjanse a la sala 87 a esperar allá que llegue otra aeronave que estará aterrizando cerca de las 3:55 pm”.

Bueno no lo podía creer. Hay que ser bastante caraduras para inventar e inventar tantas cosas. Entonces me reí. Con mi compañero de silla de espera hicimos un recuento de las mentiras y decidí escribir este post (aunque la verdad mi intensión real era descargar toda mi ira en twitter, pero de nuevo por no dañar la sorpresa,  me abstuve), abrí el portátil y me dispuse a escribir esto.

Ya son las 4:03.  Y hace 15 minutos la señorita del micrófono volvió a hacer uno de sus flamantes anuncios “Señores del vuelo en cuestión nos acaban de comunicar de servicio técnico que la aeronave que tuvo el impacto con el ave está en perfectas condiciones, en 20 minutos los haremos abordar”.

No sé ustedes pero yo ya no les creo nada.  Son las 4:05 y nos llaman
a abordar. Finalmente.

Menos mal no me toca esperar más, porque ya estaba a punto de dañarle
la sorpresa a mis papás y agarrar a trinos el mundo para hacer respetar mis derechos.

Mi conclusión de esto es que a Avianca le falta mucho para ser una aerolínea seria. No sé de quien sea la responsabilidad, pero esto parece manejado como una tienda de barrio, o un burdel de mala muerte.

Pareciera que no tienen procesos claros, sistemas de información veraces. Uno le pregunta algo a las asistentes y si no sale en la pantalla, no saben dar una respuesta. Dan muchas versiones sobre lo mismo. Mienten. Mienten descaradamente. Guardan silencio…

Esto se hubiera evitado si hubieran sido claros. Si no hubieran anunciado la llegada de un avión, que nunca llegó, si hubieran explicado por qué después del anuncio de dicho arribo nunca nos
llamaron a abordar. Si no hubieran dicho mentiras sobre el cierre del aeropuerto por el tema del 20 de Julio. Es que en esto es muy simple agarrarlos en los engaños.

Definitivamente o los empleados de Avianca o son muy brutos o no tienen ni idea de cómo manejar al negocio.

Algunos me dirán que eso me pasa por viajar por Avianca. Que es mejor LAN o Copa, así sean más caros. Que lo barato sale caro... Pero es que con LAN me pasaron cosas jartas alguna vez y Copa no solo es más costoso, sino que vale más del doble y yo no soy millonaria. Creo que así el tkt haya sido el más económico, no costó 3 pesos, como para decir que no tengo derecho a quejarme.

Entonces, para terminar señores Avianca: Sé que manejar tantos vuelos debe ser difícil y lidiar con tanto pasajero quejoso y revoltoso debe ser peor de complicado, pero hombre…  ¿No les parece que meremos un poquito de respeto como clientes y que pueden ser honestos con nosotros?


Con cariño de cliente insatisfecho,

Natalia

Pd: Si alguno de los que está leyendo esto trabaja en el área de comunicaciones de  Avianca y tiene ganas de arrastrarme por quejarme
sobre el -mal- servicio que presta su amada empresa, le recomiendo que
cambie de oficio o de sector, o que se acostumbre, porque como clientes tenemos el derecho a quejarnos siempre que una empresa haga las cosas mal, y en este caso sí que la cagaron...


Momento en el que la gente comenzaba a quejarse 

4 de diciembre de 2013

Muñecas

A veces a la gente le cuesta entender mi fascinación por las muñecas a pesar de que tengo 32 años. Amo las barbies, las princesas de Disney, las de porcelana...

Todo eso me encanta y no por falencias de etapa, sino que tuve tantas de chiquita, y me hicieron tan feliz, que hoy por hoy las sigo admirando... Podría durar horas viendo muñecas en un almacén!! (Claro que me toca sola porque casi nadie alcahuetea semejante hobby.

Y paseando hoy por varias páginas web, me antojé un poquito, y decidí contarles, si tuviera 20 años menos qué querría que me compraran de Navidad.

La colección de Felpa de Disney.






La Barbie de la temporada




La muñeca de Mattel de Katniss Everdeen







Barbie de Colección de Audrey Hepburn - Sabrina




Barbie de Colección Couture Angel




La barbie de Colección Museo - Klimt y Van Gogh














9 de octubre de 2013

Ay mi país


A veces me despierto pensando cómo se podrá solucionar este país.
No los problemas. El país completo.
Todo es un desastre.


En días como hoy, amanezco desilusionada. Aburrida. Pensando en que quizá nos merecemos nuestra suerte. Pero, ¿qué fue primero? ¿la apatía? o fue que sencillamente nos rendimos porque nos cansamos de empujar en contra del sistema.

Ya ni sé.
¿Son los congresistas?
¿Son los concejales?
¿Es el Presidente?
¿Es nuestra historia?

Ya ni sé y cuando comienzo a pensar sobre el tema, me siento como un  perro cuando se persigue la cola.

Algún día.... me resigno.

8 de septiembre de 2013

Café

Aun con la vista nublada, destapó la lata. Solo se veía el reflejo del fondo. ¡Puta vida!, pensó. No fue suficiente trabajar hasta las tres de la mañana, sino que ahora el castigo venía por cuenta de la ausencia de café.

Resignada, se arregló y trató de parecer una persona sensata. Para eso, el negro era el mejor aliado. Un poco de polvo, algo de pestañina, para que las ojeras no fueran lo más notorio en su rostro. Cruzó la calle. Don Albeiro, me da un tinto, por favor. Señorita, se me dañó la greca, y usted sabe que no soy amigo del café instantáneo. Quiso llorar, o mejor, agarrar a patadas el mostrador del viejo. Tranquilo don Albeiro, yo entiendo. Y sonrió obligada.

Miró el reloj. Tenía el tiempo justo.
Caminó hasta la vía principal. No tenía ganas de pelear con los demás transeúntes por un taxi. Seguro todos ellos ya tomaron café. Se sentía en desventaja.

Así que caminó en la dirección donde se veían menos personas. Arrastraba los pies. El cansancio la dominaba. Y de pronto. Comenzaron a pitarle. Volteó y cuando iba a soltar una sarta de insultos... Un milagro. Cata, ¿vas para la oficina? Te llevo. El imbécil del novio de su hermanita. Que sirva para algo, pensó.

Habló tres babosadas con Enrique mientras llegaba a su oficina. Por el camino veía cafeterías, tiendas de café, restaurantes, desayunaderos y solo podía pensar en su café mañanero que hoy no podía ser. Le pareció conchudo decirle a su piloto que se detuviera, así que se aguantó las ganas.

Se bajó en la esquina. Seguro camino a su oficina podía comprar un café. No se había fijado. En esa cuadra no había donde comprar uno. Pensó que quizás podría ser un buen negocio poner un café ahí.

Llegó corriendo a su piso. María, me regala un cafesito. Claro, pero se le demora unos cinco minuticos, doctora. Si no hay más remedio. Y la miró aliviada.

En su oficina estaban las carpetas y los materiales para la reunión. Tenía nueve minutos para alistar todo. Armó una pila de papeles, en su bolso metió los bolífrafos y la usb con la presentación. Si hacía menos viajes, más le rendiría. Corrió por el pasillo y a mitad del camino tropezó con María que llevaba su taza de café. Vio cómo caía en cámara lenta. Traasshhh, se reventó la porcelana de I Love NY. El olor de café se le impregnó en su nariz. Ay María, dijo realmente apenada, más por sus ganas, que por el desastre que se había hecho. Ay, doctora. Su tacita. María no se preocupe. Tráigame otro a la sala de juntas.

Ordenó los materiales. Prendió el computador, puso la presentación y se detuvo en la puerta para esperar a que llegaran los asistentes y su tan anhelado café.

Entraron todos, vicepresidentes, coordinadores y el 'country manager', quien pidió que cerraran la puerta. María, con la bandeja de agua, tinto y aromáticas se quedó por fuera. No la dejaron entrar.

Anna se sentó en su puesto, comenzó a tomar notas. Tal era la magnitud del anuncio y la importancia de la reunión que sus deseos de café se fueron disminuyendo con los minutos.

Todo podía ser peor que una mañana sin café, un futuro sin trabajo.



22 de agosto de 2013

Estado: Ausente - Motivo: Tesis

Hola a todos....

Sé que parece que los tengo olvidados. Pero no es así. Les debo la continuación de la historia, les debo posts, pero es que ando terminando la tesis de la maestría. Estoy en la etapa final. Así que por eso ando ausente... Pero no se me asusten, I'll be back... Soon! Y espero que con buenas noticias.

Beso a todos


7 de agosto de 2013

A veces la suerte

Puntual. Como si se tratara de una cita amorosa diaria, llegaba él al café Merlot en el centro de la ciudad. Las primeras veces a ella le pareció curioso que volviera. Por el sitio donde se encontraba ubicado no era normal tener clientes habituales. Pedía lo mismo. Primero un capuccino, con más café que leche y una galleta de avena. A los 40 minutos un vaso de agua, 'no en botella porque contamina y tanto plástico es un desperdicio'. Durante las dos horas en las que duraba sentado en la mesita de la esquina al lado de la ventana leía algo, a veces un libro, a veces una revista, a veces un periódico. Ella sentía que durante ratos se la quedaba mirando. Le incomodó las primeras veces. Con las semanas, cuando cruzaban miradas, le sonreía.

Llegó un momento en el que el Señor Gonzalo era uno de sus motivos para soportar las jornadas en el restaurante, con las que podía pagar su habitación y de vez en cuando unas clases de actuación o fotografía. Nunca habían cruzado más de un par de palabras corteses, pero ella ya había montado toda una versión de su ser.

Gonzalo tenía poco más de 67 años. Durante toda su vida había sido todo menos un ser humano triste o aburrido, a pesar de las cientos de pruebas que le puso su vida. Intentó ser optimista, tener una sonrisa en el rostro. Pero el último año esa luz se apagó.

La primera vez que fue al café, fue por una casualidad. Su conductor se retrasó y no quería volver a entrar al edificio de su abogado, donde estaba organizando una serie de cosas aburridísimas. Miró hacía la esquina opuesta y vio un sitio como parado en el tiempo. Decidió que esperaría a Mariano ahí dentro. Recordó inmediatamente que ahí hace muchos, pero muchos años había conocido a su primera esposa Ángela. Lo invadió una enorme dicha y una gran tristeza, todo al mismo tiempo. 'Alba' rezaba el botón colgado en el uniforme de la mesera. Al mirarla a los ojos, recordó a su hija, Manuela. Llenarse de tantos recuerdos lo llevó a decidir que iba a pasar todos los días a tomarse un café en ese lugar.

A Alba, que le encantan las historias de amor, pero de las tristes, le parecía que Don Gonzalo estaba esperando a la mujer de su vida, pero que esta no llegaba nunca. Todos los días un percance, y una nueva excusa para dejarlo plantado. Le tenía lástima y ya casi un poco de cariño filial.

Ella tenía ganas de hablar con él. Y él no sacaba el valor para dejarle la nota que desde su segunda visita cargaba entre su bolsillo. Quisiera caminar unas calles contigo y hablar un par de cosas. G, rezaba la corta misiva.

Un jueves la vio llorar al teléfono fuera del café. Esperó discretamente a que ella terminara la llamada, se le acercó por detrás y le dijo "Alba, ¿quieres tomar aire?" Se limpió las lágrimas como pudo y sin pensarlo dos veces comenzó a contarle la historia que había provocado las lágrimas mientras caminaba con pasos largos. "Y ahora resulta que me toca sacar mis cosas del cuarto, porque la amiga que me lo alquila decidió mudar al novio con ella y no quiere que yo ande merodeando. Como si yo tuviera tiempo para andar robándole el marido a nadie. Bastantes problemas tengo ya..." Gonzalo le siguió el pasosin decir mucho. Sabía que a las mujeres hay que dejarlas hablar cuando están bravas, para así evitar discusiones inútiles. Ese había sido el mejor  consejo que le había dado su abuela.

- Ay, Don Gonzalo, qué pena que lo aburra con mis cuentos. Pero es que en este país uno se puede esforzar como una mula y no logra nada. Nada
- Alba, primero, dime Gonzalo, sin el Don. 
- Bueno
- Y segundo.A veces no se necesita tanto esfuerzo, sino un golpe de suerte.
- Pues yo solo golpes y nada de suerte

Ambos rieron.

- Por lo menos hoy ya le alegré el día
- Eso es seguro. Volvamos al café que lo último que falta es que me echen.

Y así fue como se volvieron amigos un hombre de casi setenta, con una joven que apenas sobrepasaba los 20. Casi siempre hablaba ella. Le contó como la crió su tía abuela, porque su mamá era una irresponsable que prácticamente la dejó abandonada de recién nacida. "De pronto eso de que es importante que a uno le de teta la mamá es importante para la inteligencia, porque yo si que soy más bien medio bruta", anotaba mientras contaba la historia. Ante este tipo de apuntes, Gonzalo hacía apuntes que la hicieran recapacitar. "No hables demasiado mal de ti misma, que podrían creer que todo es cierto", era su frase más repetida.

A ella le hacía más sobrellevaderos sus días y a él ella le ponía energía a su vida.

Pero un día Gonzalo no llegó. Ni al siguiente. Alba no sabía cómo ubicarlo. No tenía su número, ni su dirección. Ni siquiera sabía su apellido. Se lamentó por haber hablado tanto, sin detenerse a preguntar quién era de verdad ese personaje. No le quedó otra cosa que resignarse. Al final, ya estaba acostumbrada que la botaran al cajón del olvido fácilmente.

Un día un señor vestido de paño la buscó en el restaurante. Sin decir más que buenos días, le entregó un sobre. No lo pudo leer durante el turno, porque eran demasiadas páginas. Así que a pesar de la angustia y la ansiedad, a la hora del almuerzo salió hacia el parque ubicado a cuadra y media de su lugar de trabajo. 

Se sentó sobre el pasto debajo de un árbol. Le sudaban las manos. No sabía bien de que se trataba todo esto, pero tenía claro que Gonzalo sería el único que le escribiría una carta así de larga. No era a mano. Comenzaba con una frase bastante cursi para su gusto, pero se deshizo de esa idea y comenzó la lectura.

Alba

Recuerda siempre que 'Quien con fe sabe esperar, ve al fin la suerte llegar'.

Lamento haberme ausentado estos días sin previo aviso, pero mis problemas de salud no me permitieron cumplir con nuestra cita diaria. Espero no haberte preocupado. Si te preguntas si estoy bien, no, no lo estoy. Pero tranquila, que a cada quien le llega su hora.

El motivo de esta carta es sencillo: voy a contarte quien soy y por qué comencé a frecuentar el café. 

Soy un viejo que en algún momento tuvo tu edad. Y fue en a esa edad, en ese café donde tu trabajas, que conocí a mi primera esposa. Se llamaba Ángela. Fue el amor de mi vida. Ella leía una novela mientras se tomaba un jugo. Yo entré en un afán a comprar una botella de agua y al verla quedé paralizado. Frené mi carrera y me detuve. Le dije que era la mujer más hermosa que había visto en la vida. La convencí de que me diera si dirección. No te alargo más la historia: a los 2 años yo había terminado la carrera y apenas obtuve mi primer empleo, nos casamos. Al tiempo quedó embarazada de mi única hija, Alma (por cierto, muy parecido a tu nombre). 

A veces, Alba, Dios tiene formas muy extrañas de enseñarnos cosas, y para mi, una de ellas fue haberme quitado a mis dos amores sin avisarme. Un accidente de tránsito, cuando Alma tenía 15 años, fue ese momento fatal para mi. 

Traté de mantenerme en pie. De seguir mi vida a pesar de la profunda tristeza que me embargaba. Seguí siendo sonriente y optimista. Así salí adelante en los negocios. Tenía muchos amigos, aunque por dentro estaba solo. Conocí a la que fuera mi segunda esposa cuando tenía 35 años. Con ella hice otra vida, aunque sin hijos logramos ser felices. Pero hace poco más de un año, murió. Cáncer. Esa enfermedad moderna, tan dolorosa, que se ha ido llevando a muchos a mi alrededor. 

Fue pocos meses después de su muerte que comencé a frecuentar el café. Y ahí recobré las ganas. Como te dije, Dios tiene formas extrañas de demostrar su poder y de poner a prueba nuestra fe. Justo cuando te encuentro, te comienzo ver como a una hija y a sentirme lleno de nuevo, me enfermo. Y de manera grave.

Espero que ahora entiendas. Y luego de explicado esto, quisiera que vinieras a verme. Mañana, a la salida del restaurante, Mariano, quien te entregó la carta hoy, pasará por ti.

Gracias, Gracias por todo. 
Con Cariño, Gonzalo.

Terminó de leer y tenía los ojos llenos de lágrimas. Nunca antes nada la había conmovido tanto. Y fue en ese momento entendió que quizá Gonzalo era la persona a quien más quería en este momento de su vida.

Al día siguiente, Alba renunció al restaurante. Tengo que encargarme de algo, Doña Mari, por eso no puedo quedarme. Gracias por todo. Dijo antes de salir. Consigo llevaba su maleta con lo esencial y su vieja cámara de fotos, comprada de segunda y con la que aspiraba a convertirse en una fotógrafa cuando la vida se lo permitiera.

- Usted lo que necesita es alguien que lo cuide. Los enfermos solos no se curan, le dijo al entrar en el cuarto donde Gonzalo se encontraba acostado.

Sonrió porque sabía que Alba había llegado para quedarse. No estaría más solo y a cambio él la ayudaría a cumplir todos sus sueños.

- Alba querida, creo que hoy comienza nuestro golpe de suerte.
- Eso creo. Eso creo, le respondió tomándolo de la mano.

-FIN-



29 de julio de 2013

¿Qué es el amor? Por Rodolfo Llinás

Me robo este fragmento de una entrevista a Rodolfo Llinás publicada aquí. Me pareció bastante genial.



En definitiva, ¿qué es el amor?
Es un estado funcional, como una golosina, y los enamorados son golosos ("que me ame, que me ame"). Eso hace que se sienta rico y que se activen los sistemas de gratificación. Por eso gusta. Claro, eso es indistinto de lo que se ame o a quién se ame. Amar la plata o a alguien del mismo sexo es, funcionalmente, la misma vaina. Eso sí, nunca es demasiado, nadie se muere por exceso de amor. No es como la epilepsia.

¿Y el odio y la envidia?
Son estados funcionales automáticos de los núcleos de la base del cerebro.Como todos los pecados capitales, no son negociables: el señor se enamoró y, como el que se va de rabo, no hay nada que hacer.Ahora, como todos los patrones de acción fijos, se pueden modular con otros. Por ejemplo, en el caso de la señora que ama a su marido y luego lo odia por infiel, hay un cambio de patrón de acción fijo, que era el amor, por otro, que es el odio... ¡Simple!

¿Y el amor a primera vista?
Funciona como en el cerebro de los pájaros: el patrón de acción fijo estaba activado, disponible y listo cuando apareció la persona que le gustó, y listo.

¿Y el amor eterno?
Ese es de inteligentes que estructuran y modulan los patrones de acción fijos sobre la base de ver al otro como la mano de uno. Cuidarla es mi responsabilidad y viceversa. Saber que no habrá puñalada trapera es la norma. ¡Nunca, primero me matan tres veces! Esa es la clave neuronal del amor eterno, la que mantiene el estado funcional activo y bloquea cualquier cosa que le sea contraria. Es una calidad de estado mental. Si se entiende no hay otra posibilidad que amar al otro; en cambio, querer acostarse con otro y pasarla rico no es amor. Amor es compromiso y cerebralmente está en el cerebro truhán. Uno no se enamora de una mujer porque tiene unas tetas buenísimas, uno se enamora de su cerebro, porque con él se interactúa y se avanza, con las tetas no.Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Amar es bailar, no hacer gimnasia. Encontrar eso es muy difícil; hallarlo es un tesoro.


No sé ustedes pero LO AMÉ!!!!

25 de julio de 2013

El Final

Clavó su mirada en el fondo del vaso. Decepcionado notó que estaba vacío. Se vio tentado a pedir otro más, pero sabía que de continuar, no habría retorno. Buscó en su billetera y en sus bolsillos. Tenía lo suficiente para pagarle al barman y regresar a su casa. Pagar con la tarjeta abriría una puerta más cercana a un abismo, que a otra cosa. Cuando entró al bar dijo, me tomo lo que pueda pagar en efectivo. Dos whiskys dobles y una soda. Poco para momentos. Cuando uno sabe que dos tragos no son suficientes, no debe tomar más,decía siempre en sus reuniones sociales.

Pagó y sin mayores ganas salió del lugar. Decidió a último minuto caminar antes de agarrar un taxi. Manos en los bolsillo y pies casi que a rastras, emprendió su camino. Necesitaba aclarar sus ideas ahora que todo iba a cambiar.´

En ningún momento se detuvo a pensar que de pronto estaba armando una tormenta en un vaso con agua. Era normal que entrara en un hoyo negro cuando las cosas no salían como él quería. Sacarlo de ahí era complicado. Tanto, que estaba más solo que nunca. Su esposa lo abandonó, sus amigos se fueron apartando y hoy solo le quedaba su madre enferma.

Ella se había convertido en su razón de ser, en su motivo. Pero esta noche no. Esta noche era todo, menos eso.

El día había comenzado normal. Como comenzaban todos sus días. Un desayuno mediocre. Realmente nunca aprendió a cocinar. La cama quedaba medio tendida. Cinco minutos en el cuarto de su madre. Un beso en la frente, un nudo en la garganta y un par de instrucciones a la enfermera y rumbo a la oficina.

Su rutina no tenía nada fuera de lo común. Era un tipo extremadamente aburrido. O más bien, se había convertido en uno.

Llegó a la oficina, se sentó en su escritorio. Organizó los informes, cuadró cuentas. El único sobresalto fue que la cafetera se dañó y no se pudo tomar el tradicional cafecito de después del almuerzo, minutos durante los cuales, hablaba de cualquier cosa con su asistente.

Aunque, pensándolo bien, ahora con dos tragos en la cabeza y en medio de la penumbra de la calle, Marianita lo había mirado con un cierto pesar cuando la saludó por la mañana. ¿O será que ahora se lo está imaginando? Aunque no tiene nada de raro que toda la organización supiera, menos él.

A las 5:30 de la tarde, Marianita, que era un ser humano de los más buenos que había conocido, una señora demasiado decente para ser cierto, entró a su oficina y con voz temor le dijo: "Doctor, lo necesita el Señor Marsh". Eso sí que era extraño, al máximo jefe siempre se lo encontraba en las juntas semestrales. Asumió que necesitaba algo especial. Así que tomó su Ipad -o más bien el de la empresa-, para tomar nota en caso de que sea necesario.

Al entrar, sentados en la mesa de juntas se encontraba un trío de sujetos bien vestidos que tenían a leguas cara de abogados. Se preocupó. Entendió que esto no iba por buen camino. El señor Marsh lo invitó a sentarse, y aunque prefería pasarla de pie, aceptó, poniendo un aire de sumisión en sus palabras.

- Como ud. sabe Señor Mendieta, esta compañía tiene dentro de su filosofía optimizar los recursos y generarle la mayor cantidad de ganancias a sus a sus accionistas.

A partir de ese instante dejó de escuchar. Sabía que todo ese discurso era para decirle que no iba a continuar en la empresa. Comenzó a hacer cuentas. La deuda de la casa, la enfermera, la medicina... Sin trabajo, sería demasiado imposible, y a su edad, en un país como este, donde la edad firma la sentencia de defunción laboral de cualquier persona, todo sería más complicado. Poco a poco sus pensamientos lo arrastraron al hoyo negro donde manda el negativismo y sus preocupaciones más profundas.

Cuando pudo volver a concentrarse, escuchó lo siguiente:

- ... Y teniendo en cuenta su desempeño durante 15 años de trabajo, y las condiciones de su contrato, tomando como referencia la caída en 2 puntos de su productividad, no tendrá derecho a indemnización  solo a la liquidación. Lo sentimos mucho, Señor Mendienta, y gracias por tantos años de servicio. Lo dejo con los abogados para que le expliquen su situación. Y como si nada pasara, el señor Marsh le extendió la mano como señal de despedida.

Los abogados le explicaron que adicionalmente, como había solicitado varios créditos a la empresa sumado a las vacaciones adelantadas para cuidar a su madre, la liquidación que le correspondería se vería disminuida en 3/4 partes del total.

Al final de cuentas, lo habían dejado en la calle y sin un peso.

No podía pensar claramente. Asintió a toda la palabrería de los abogados y salió como alma en pena del lugar. Eran casi las siete de la noche. Y fue así como terminó en el barsucho de la esquina.

Le dio miles de vueltas al asunto y no encontró una salida sensata al asunto. No tenía hermanos, y su padre había muerto hacía ya bastantes años. Necesitaba un milagro.

Llegó a su casa caminando. Desertó de tomar un taxi cuando se vio demasiado envuelto en sus pensamientos, como para tener que lidiar con un taxista dicharachero. Y así, podría aplazar un poco la llegada al inicio de su nueva vida, sin trabajo y sin nada.

Cuando entró, la enfermera se había retirado a dormir, así que si madre estaba sola dormida en el cuarto. Se paró a sus pies y mentalmente balbuceó una frase ininteligible. Caminó lentamente, como evitando que ella lo escuchara (le gustaba pretender que ella podía sentirlo). A su lado, agarró la mascarilla, que era lo único que se la mantenía atada a la tierra, y la separó de su cara. No sintió ganas de detenerse. Era descabellado, pero era lo único que podría hacer.

Agarró la mano de su madre, y sintió como su escasa vida se escurría entre sus dedos. Lloró, como cuando era niño que lloraba abrazado a ella. Le pidió mil veces perdón. Le rogó a Dios por su vida. Se fue apagando poco a poco. Se decía a sí mismo que ella así no iba a sufrir más.

Salió del cuarto y cerró la puerta. Se sintió liberado, pero cinco minutos después entendió que había matado a su motivo, a su razón de ser. Ahora sí, realmente, no le quedaba nada. No valía nada.

Marianita lloraba desconsolada en su puesto de trabajo. Todos en el piso, estaban en shock. Los periódicos, la radio y la televisión, todos al unísono, hablaban de lo mismo. "Luego de matar a su madre se suicida reputado ejecutivo de la Empresa Marsh and Co."

Según las noticias, una sobredosis de calmantes fue la vía para lograr acabar con su sufrimiento. Según las noticias, estaba agobiado por las deudas. Según las noticias, Mauricio Mendieta aún conservaba su empleo. Nadie dijo que la empresa le había quitado todo. Nadie mencionó la carta que dejó en su mesa de noche. Nadie habló bien de él. Todos los acusaron de desequilibrado. A los pocos días todos lo olvidaron, y Mauricio Mendieta se convirtió en un número más de los hombres que se suicidaron luego del incremento de los niveles de desempleo en el país.




19 de julio de 2013

In - Tolerancia

Hoy amanecí con la pregunta sobre nuestra intolerancia. En mi búsqueda por la respuesta, miro hacia atrás, para poder encontrar el momento preciso en el que nos volvimos intolerantes. Y es ahí cuando recorriendo los libros de historia, noto que siempre lo hemos sido. Y no solo eso, sino que somos un país que usa la muerte como herramienta.

Es como si en este país matar por las ideas se haya convertido en parte de nuestra esencia. Pero me rehúso a creerlo. Aquí nos hemos matado por todo desde siempre: para conquistar los unos a los otros; para liberarnos de esos unos; por las leyes; por los partidos; por la política... 

Matamos por la tierra, por el oro, por la palma. Matamos a nuestros compañeros, a nuestros hermanos, incluso a golpes padres masacran a sus hijos y esposas... 

Matamos por envidia, por soberbios, por egoístas...

 Autor:Gustav Klimt 
 Fecha:1916 

Matamos por el fútbol, por el color de una camiseta. Matamos borrachos, porque la plata nos da ese poder. Matamos por la revolución, como mecanismos anti-revolucionario...

 Matamos a los líderes, matamos a los pobres. Matamos por plata, un celular, por unos tennis...

Incluso matamos con nuestras palabras.

Quisiera despertarme un día, ver a mi alrededor y saber que vivo en el país donde la muerte NO es el medio para lograr todos los fines. Y donde las palabras construyan y no maten.

4 de julio de 2013

Los 30... Sucks (¿?)

Los seres humanos vivimos llenándonos de mentiras. Todo el día nos repetimos discursos que nos ayudan, quizá a sobrevivir este 'mundo dual complicado', como me dice mi doctora del reiki. Desde temas como el príncipe azul, la princesa desvalida, el sapo que rehabilitado se convierte en el hombre de tus sueños... hasta la vida feliz de una familia con carro, casa, beca, hijos y vacaciones cinco estrellas. Todos son cuentos con lo que nos rellenamos.

Nos autoconvencemos de una idea, y caminamos toda la vida buscándola. Supongo que eso le da un poco de sentido a nuestra existencia, y bastante frustración y motivos de suicidio, cuando no lo conseguimos.

Otras de las mentiras más comunes que nos venden y nos comemos, es que los treinta son la mejor década de nuestra existencia. Ay mujeres. Nos venden artículos que nos dicen que a los 30 ya tenemos el puesto que queremos, hemos salido con los hombres que queremos, y somos independientes, pilas y que viajamos y nos gastamos la plata en moda y maquillaje. Que eso debe ser suficiente para adorar los 30 y renegar de los veinte o de la adolescencia.

Bueno, les voy a decir lo que pienso. Sí, los treinta están bien, pero son peores de lo que nos quieren hacer ver. Veamos por qué.

A los 30, nos toca madurar. Ser responsable. Asumir nuestra propia responsabilidad. La excusa de la recién graduada que aun puede 'parasitear' de sus padres, se va acabando. Comienza toda la familia a dar lora con el tema de 'el novio para cuando', si eres soltera y disponible; 'y el matrimonio para cuando', si tienes un novio; 'el hijo para cuando', si estas casada o te fuiste a vivir con tu pareja; 'el otro hijo para cuando', si te adelantaste y en los 20 ya construiste tu familia. Y no contentos con eso, también comienzan 'recuerda que no de puedes gastarte toda la plata y tienes que comenzar a ahorrar'; 'el carro para cuando', 'la casa para cuando'... Y así. Podrían darnos discursos infinitos sobre la responsabilidad y sus distintas manifestaciones.

Los 30 no son los 20. Un día a los 30 y tantos te levantas y como por arte de magia, eres todo un ser lleno de celulitis. Entonces te toca correr a comprar el kit para removerla y prevenirla, dejar de tomar coca cola y disminuir las cinco tazas de tinto que te tomabas al día. Compras crema reductora e inicias los masajes.

Pero entonces, la desgracia ha comenzado: ya no adelgazas con la facilidad de antes, y todo lo que te comas engorda. Adiós helado, adiós el chocolate. El postre queda solo para el cumpleaños, y el té verde comienza a convertirse en tu mejor amigo.

Y cuando ya crees que tienes la dieta controlada: sopa y ensalada cuatro veces por semana, de merienda manzana, una sola harina al día, poco en la cena y NADA de dulces... Te das cuenta que eso no es suficiente. El estado físico está jodido. Subir un par de pisos corriendo es algo imposible. Tocó hacer deporte. Algunas trotan, otras hacen crossfit, algunas vamos a zumba y otras se la pasan haciendo cardio.

Pero como a los 30 te comienzan a cobrar las primeras cuentas de cobro del abuso de los 20, cuando menos piensas, te miras al espejo y todas las líneas de expresión se te comienzan a marcar. Para qué me reí tanto, para qué fruncí tanto el ceño... Toca comprar la mundial de la crema. Ya una no es suficiente: toca entonces bloqueador, humectante de día, humectante de noche, la del contorno de ojos, la especial para desmaquillar, para después de ir a tierra caliente, la de después de la rumba.

Como si eso no fuera poco, llegas a los 30 y salir a rumbear ya no es lo mismo. Las de 20 se ven mucho más regias que tu, pueden mostrar más piel que tu y, sobre todo, pueden perder la compostura y tu no. Claro, la competencia aprieta. Si llegas a los treinta soltera, te toca entrar en una competencia a muerte con las de 20 por lograr ligarte a alguien. Y si de casualidad de pasaste de tragos... el guayabo se vuelve en una condena de casi dos días en los que sientes que de verdad vas a morir.

Creo que a los 30 seguro tienes para la cuota inicial de tu casa, compraste el carro que querías, has conocido varios países con los que siempre soñaste, pero a los treinta comienza la decadencia y le llega a uno la decencia. A los 20 uno podía ser irresponsable, cagarse el mundo, y aun así seguir siendo bella con un culo firme, pero a los ¿34, 35, 36? Toca ser coherente disciplinada, responsable, seria, bien puesta, bien hablada.

Así, creo que si bien los treinta tienen todas sus ventajas en materia de autonomía económica e independencia, no podemos olvidar que también tiene sus desventajas, tantas, que a veces quisiera volver a los 20 y perder el control más seguido, o llegar pronto a los cuarenta para perderle el miedo al botox y a rellenarme las marcas de la comisura del labio, y definitivamente ya haber asumido que muchas cosas se quedaron atrás y que ya no hay posibilidad de devolverse.

*Nota: Como muchos me han dicho que soy muy negativa... les cuento que decidí mostrar la parte negra de los 30, porque ya muchas han dedicado millones en letras a hablar bien de ésta década. Aquí algunos links:

Elogio al elogio de los 30 en Susana y Elvira
LOS 30, SON LOS NUEVOS 20 O SIMPLEMENTE LOS 30 SON NUESTROS MEJORES AÑOS?
Poema: No tengo treinta años.